EL ENIGMA DE LAS CABEZAS REDUCIDAS

EL ENIGMA DE LAS CABEZAS REDUCIDAS

Se llaman tzantzas las cabezas reducidas hasta el tamaño de un puño. Se trata de una especial forma de momificación utilizada por los indios jíbaros del Ecuador, Venezuela, Colombia y Perú, para conservar las cabezas de sus enemigos como cabezas-trofeo o cabezas-talismán mágico. La palabra tzantza procede de la lengua jíbara.

Muchos han creído que los indios reducen la cabeza entera, pero no es así, ya que el hueso no se puede encoger. Por lo tanto, lo primero que hace el jíbaro es deshuesar la cabeza recien cortada, para lo cual secciona la piel de la parte posterior y media del cuello. Hecho esto, va cortando cuidadosamente, separando la piel del hueso. Previamente el indio cose los párpados y labios para que no se separen y desgarren.

Una vez extraído el esqueleto cefálico y facial, hierve la piel así obtenida en agua mezclada con hierbas aromáticas, cortezas ricas en tanino y el jugo astringente del chinchipi, que es una liana tropical. Con esto se curte la piel y la putrefacción no tiene lugar. Al mismo tiempo la ahuma con chamisa y reza extensas letanías y cantos sagrados, apartado en un lugar escondido de la selva mientras va realizando pacientemente sus operaciones. Luego coloca una piedra redondeada y caliente del tamaño aproximado de la cabeza dentro de la bolsa de piel humana que acaba de hacer y va planchando la parte exterior sobre este molde. Añade constantemente arena muy caliente por los espacios que quedan entre la piedra y la piel que se va encogiendo poco a poco.

Más tarde cambia la piedra caliente por otras de menor tamaño. Durante todas estas operaciones permanece abierto el corte que dió en la nuca. Cuando por encogimiento de la piel llega al tamaño requerido y la cabeza ha tomado la forma adecuada, con la última piedra da por terminado el encogimiento y sutura la incisión de la región occipital y nucal. Tiñe luego la cabecita en negro con carbón vegetal o negro de humo, la frota con aceite y la peina (el pelo se ha conservado perfectamente). A continuación hace un orificio en el vertex para sujetar allí un cordón del que la cabeza quedará suspendida.

La cabeza así reducida y momificada adquiere una consistencia de cuero o cartón duro, conservando las facciones muy parecidas a las que tuvo en vida el individuo.

Las tribus de jíbaros son muy numerosas y su habitat es la región más selvática que separa a los países de Suramérica citados. Las tribus que más han practicado la reducción de cabezas son las establecidas en el Alto Marañón como los muratas, huambisas, aguarunas, antipas y achuaré. En total se calcula en unos 20.000 indios los que forman estos grupos, aunque no se puede saber con precisión pues en su mayor parte rehuyen el contacto con la civilización, aislándose en los lugares más recónditos de la selva que conocen a la perfección. En algunos lugares tienen a veces contactos con los misioneros capuchinos (Colombia, Venezuela) pero son muy reacios a dejarse aculturar.

Desde que se consiguió la primera cabeza reducida, se despertó el interés y la codicia de etnólogos, coleccionistas y Museos, logrando en los contactos esporádicos con los indios intercambiarlas por armas de fuego y otros productos nuevos para ellos. Más tarde al comenzar a escasear estos trofeos, las luchas de los jíbaros por conseguir cabezas, estuvieron a punto de exterminarlos a ellos mismos. Intervinieron los Gobiernos de los países donde había indios de estas tribus y se detuvo la masacre, pero comenzó la falsificación de cabezas reducidas. Los indios aprendieron a “fabricarlas” y para ello daban forma humana a la parte posterior de la piel de animales haciendo pasar la cola por cabellera y moldeando la piel sobre una piedra tallada en forma de cabeza humana. La técnica de la reducción de la piel siguió siendo la tradicionalmente conocida por ellos, pero estas burdas falsifiaciones fueron pronto descubiertas. También se llegó incluso a explotar este negocio con cabezas humanas verdaderas, extraídas de tumbas por algunos desaprensivos traficantes blancos que utilizando fórmulas de reducción parecidas a las usadas por los indios, lograron resultados muy semejantes haciendo pingües negocios con ellas.
Los indios mundurucú y los parintintins, practicaron también la momificación de la cabeza (cabeza-trofeo). Estos grupos de indios habitan entre los ríos Madeira y Tocantins del Brasil. Cuando obtienen la cabeza de un enemigo la llevan a su cabaña, extraen el cerebro por el agujero occipital, lavan cuidadosamente el cráneo rellenándolo de algodón, lo secan muy bien y lo cuelgan sobre una lumbre con mucho rescoldo donde por la acción del calor continuado, la carne se va secando y apergaminando. Los ojos son extraídos substituyéndolos por resina y algodón pintado sobre el que pegan un diente de animal pequeño para imitar los bordes de los párpados. Luego, una vez bien preparada así la cabeza, peinan cuidadosamente el cabello que queda suave y colocan una cuerda con asa sujeta a la boca. La cara es pintada cuidadosam,ente y añaden unos adornos plumarios sobre las orejas. Luego el indio ostentará su cabeza-trofeo durante las fiestas de la tribu. De la misma forma preparan las cabezas de algunos familiares o personas muy respetadas en la tribu sacándolas de sus escondrijos solamente en solemnidades especiales.

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