El Misterio de la Muerte

El Misterio de la Muerte

“Creemos erradamente que la muerte existe, sin embargo es un nuevo nacimiento para el Espíritu, porque siendo de naturaleza Divina, es inmortal y eterno”

INTRODUCCION

La muerte, suceso que tanto angustia al Ser humano, suceso que nos llena de terror no tanto por él mismo, sino por el desconocimiento que de él se tiene, es lo más natural del mundo, porque nacer y morir es exactamente igual a dormir y despertar o a despertar y dormir, según el punto de vista con que lo veamos.

A través de la historia, se han tejido una gran cantidad de cuentos y comentarios acerca de lo que se cree es ese proceso mal llamado muerte, porque en realidad, muerte no existe. Todo en la naturaleza lleva un proceso de cambio, de transformación permanente, de evolución; no existe muerte tal como se la suele conceptuar.

Lo muerto, muerto está; pero el hecho de que un cadáver a las pocas horas empiece a descomponerse, implica que allí la vida continúa en actividad; no la vida interna, no la vida espiritual del Ego, que como fuerza álmica animó la materia, sino otros tipos de vida, inferiores quizás, pero absolutamente necesarias en la economía de la naturaleza para la transmutación y progresiva evolución de la materia que ha de convertirse nuevamente en los elementos constitutivos de la forma.

EL MISTERIO DE LA MUERTE

¿Qué ha pasado con ese ser tan querido que antes le veíamos hablar, pensar, reír, amar, actuar, sentir, en una palabra, vivir? El no ha desaparecido; ha dejado únicamente el traje que estaba usando, tal como nosotros cada noche, que antes de entregarnos al sueño nos quitamos la ropa que hemos usado durante el día, bien sea porque ya esté sucia, rota, etc., sin llenarnos de tristeza por hacerlo, para luego sumergimos en la inconsciencia del sueño, como análogamente ocurre con el proceso llamado muerte. Por lo tanto no hay nada de terrorífico en ella.

Cuando llega el momento en el cual por enfermedad, accidente o por secuencia natural de los años se ha de abandonar la materia en la cual hemos estado (viviendo), el Espíritu se va sumergiendo en un sueño cada vez más profundo, hasta que por fin logra desprenderse definitivamente de la materia porque ya no le es útil para continuar adquiriendo experiencias.

Pero igualmente, así como cada mañana nos despertamos llenos de energía, deseosos de continuar nuestra jornada cumpliendo con nuestros deberes, así mismo, después de un relativo período de tiempo que dura aproximadamente mil años en los mundos espirituales, nos despertamos a una nueva aurora de la vida, porque necesitamos seguir adquiriendo experiencias.Por lo tanto elegimos aquellos que han de ser nuestros padres, nuestro medio ambiente físico y social, el cuerpo y la salud que hemos de tener, etc., para comenzar una nueva etapa de evolución para el Espíritu en una nueva encarnación.

Siempre el Ser humano se ha preocupado por el nacimiento y por mantener relativamente bien la organización psico y fisiológica del cuerpo, pero no nos hemos preocupado por la muerte; siempre nos coge desprevenidos y nunca sabemos que es lo que vamos a enfrentar y que debiéramos hacer en ese momento.Allí es donde debemos prepararnos, por eso debemos aprender la ciencia del buen morir, que es la ciencia de la muerte.

Cuando la persona se encuentra en agonía, lo que suelen hacer los parientes es entregarse al llanto, a los lamentos y dejarse llevar por la manifestación del dolor, que es natural, porque los sentimientos no se pueden controlar con la razón, pero la consciencia sí puede iluminar la sensibilidad para que esos momentos de separación de nuestros seres queridos no sean tan difíciles ni tan dolorosos.Si fuéramos conscientes de qué es lo que sucede en esos momentos, la separación física no sería tan dolorosa.

Lo que debemos es mantener la calma y la armonía interior; rodear el lecho del moribundo en silencio, con la mayor armonía posible, liberando con nuestro interno ser, la mayor cantidad de amor hacia ese ser y si sabemos imaginar luz, imaginarla blanca, muy radiante, rodeando a esta persona que se está enfrentando a ese proceso de cambio, porque no hay muerte, sino cambio.

El silencio es indispensable.Entregarse a gritos, escenas de histeria y lamentos, lo único que hace es retener al agonizante, impidiéndole desprenderse totalmente de ese cuerpo que ya le está pesando demasiado haciéndole sufrir, porque ya cumplió con sus deberes y su objetivo de adquirir experiencias en esa encarnación.

Cuando ya el médico comprende que no se puede hacer absolutamente nada por mantener más allá de un límite adecuado la encarnación de esta persona, lo mejor es dejar que la naturaleza siga su rumbo de una manera absolutamente natural, porque es un crimen aplicarle al moribundo morfina y estimulantes para hacer que reaccione una y otra vez a la consciencia vigílica, sacándolo del estado de inconsciencia en el que naturalmente se va sumergiendo.

Al conversar con las personas que han fallecido de esa manera, dicen:

—“El sufrimiento fue increíble, jamás en mi vida había sufrido tanto, fue como si me retuvieran con violencia a una cárcel de la cual quería escapar”. También al preguntarle a las personas que han fallecido y que se encuentran en los planos suprafísicos: ¿Cómo estás? ¿Qué sientes?, responden:

—“siento una paz muy grande”.

Cuando se llegan a recordar los instantes de fallecimiento que se han tenido en otras encarnaciones, se encuentra que el momento de desincorporación fue de absoluta paz, de armonía total, y que al salir totalmente de la materia que le estaba atrapando, lo que se siente es una paz infinita.

Si no le tenemos miedo a entregarnos al sueño, ¿por qué le hemos de tener miedo a fallecer?Si el proceso es exactamente el mismo; la única diferencia es que cuando nos entregamos al sueño, tenemos la posibilidad de retornar al cuerpo en un momento determinado.Cuando fallecemos, ya no existe el mecanismo psico y fisiológico que nos permite vincularnos a la materia para continuar la encarnación.

A las personas en agonía se les observa sonreír; se le ve mirar perdidamente al espacio, ningún lugar en especial, saludar a alguien, mientras dicen por ejemplo a sus hijos:

—“saluden a su tía, mira que vino a visitarnos”.

Las personas que están al lado del lecho de muerte, dicen:

—“está desvariando, es la agonía, ya se va a morir”.

No comprenden que realmente lo que está sucediendo en ese momento, es que la persona al estarse retirando de su cuerpo denso, se torna clarividente; puede ver con facilidad el Mundo del Deseo que es la región inmediatamente superior (en vibración) al Mundo Denso.Allá se encuentran amigos, familiares y conocidos que ya le han precedido al mundo tetradimensional.No es que ellos estén desvariando, realmente es que están viendo a aquellos que ya se han marchado de este mundo objetivo.

A muchas personas a quienes les han fallecido seres queridos, se dan cuenta en los días siguientes, que de un momento a otro perciben o creen ver a la persona que ha fallecido, pero que cuando ya enfocan su mirada, definitivamente desaparece la visión.No es que desaparezca, es que tenemos en nuestros ojos algo que se llama el punto ciego; es un punto ciego para lo físico, pero es una avenida clarividente para los mundos suprafísicos.Si supiéramos enfocar a través de ese punto ciego, podríamos mirar lo que los ojos físicos no pueden ver.

Se habla de los mundos invisibles; si fueran invisibles, nadie los habría visto, pero el hecho de que haya personas que tengan la capacidad de verlos, implica que no son invisibles, sino que son visibles a la facultad clarividente que se ha entrenado para desarrollar la capacidad de verlos.

Algunas personas que están desincorporando, dicen que “hay mucha luz, demasiada luz”, a pesar de que su cuarto se encuentra en penumbra.Es porque estamos en la oscuridad de la materia densa y los planos suprafísicos son planos de luz, porque allí no existe materia que pueda oscurecer relativamente ese mundo a donde pasamos cada noche cuando nos entregamos al sueño y al final de nuestra encarnación cuando ya hemos cumplido con nuestros deberes terrestres.

Muchas personas dicen:

—“yo me soñé con fulano de tal y él ya está muerto”.

Yo les digo: ¿Y lo viste muerto?

—“No, yo lo vi como era, más joven quizás y hasta se veía alegre”.

Es que no está muerto; nosotros al entregarnos al sueño pasamos al mundo donde se encuentran aquellos que nos han precedido, al momento de la desincorporación.Si pudiéramos recordar nuestros sueños más profundos, nos daríamos cuenta que estamos en compañía de aquellos que decimos han fallecido, pero que seguramente están más vivos que nosotros.

Muchas veces, aquellos que quedan con el dolor profundo por el luto sufrido, hay días en que se despiertan muy felices y no saben por qué.Si lograran recordar sus sueños, sabrían que estuvieron en contacto con sus seres queridos y que esa es la razón de su dicha.

Cuando abandonamos el cuerpo físico, estamos en el mismo nivel de frecuencia vibratoria que aquellos llamados muertos.Por lo tanto, todas estas personas nos pueden ver y nosotros también a ellos; nos relacionamos, compartimos, charlamos, paseamos.
¿Cómo podemos hacer que aquellas personas que han fallecido se acerquen a nosotros y poder recordar con más plenitud esa experiencia?Si han pasado por lo menos tres días del fallecimiento nuestro ser querido o de nuestro amigo, podemos antes de entregarnos al sueño, sumergirnos en una profunda meditación, imaginando vívidamente a aquella persona que falleció, pero no imaginarla enferma, herida, sufriendo.Debemos imaginarla como en sus mejores épocas, alegre, sana, feliz.

Nos vamos quedando dormidos con esa imagen y llega el momento en el cual, por una reacción de afinidad simpática, atraemos a aquella persona al lado de nuestro lecho y cuando nos quedamos dormidos, que es cuando nuestro Espíritu se retira de nuestro cuerpo por la coronilla, lo primero que vemos es a aquella persona querida a la cual con nuestra imaginación y amor, habíamos contactado.

Si colocamos un despertador para una hora o dos horas después de habernos dormidos y al despertar, nos quedamos totalmente quietos, concentrándonos profundamente en el entrecejo tratando de ver lo que hicimos en los mundos sutiles, podremos recordar con quién nos vimos y qué hicimos.
Es un entrenamiento maravilloso que si lo verificamos con persistencia, tanto cuantas veces nos despertemos en la noche y al despertar en la mañana al despertar, llegará el momento en que el mundo espirituales, llamado Mundo del Deseo, se abrirá ante nuestra vista psíquica, la clarividencia se activará y podremos comprobar por nosotros mismos lo que estamos recibiendo por ahora como simple teoría.
Es la posibilidad de despertar todas esas facultades, es la posibilidad de comprender y comprobar por nosotros mismos, los asertos de la ciencia esotérica investigados a lo largo de miles de años por cientos de esoteristas que se han entrenado en este campo para verificar lo que ya antaño les habían ido enseñando.
Para comprender como ocurre ese proceso, tenemos que analizar la constitución psico- física y espiritual del ser humano, porque no solamente somos materia.La materia tal como la pueden conceptuar nuestros sentidos, es la reacción natural de fuerzas muy sutiles.
Tan densa e impenetrable que vemos la materia, pero si pudiéramos penetrar a nivel molecular dentro de ella, nos encontraríamos con una especie de galaxia, plena de sistemas solares, en donde los átomos con sus electrones estarían separados inmensamente los unos de los otros, pero manteniendo la armonía de sus órbitas gracias a las fuerzas de cohesión molecular que es lo que mantiene la dureza y estabilidad relativa de la materia.
Por la materia y energía son solamente los dos polos de la SOLA COSA ÚNICA Y ETERNA, que es uno de los nombres conceptuales con los que se le suele llamar a la Divinidad, el ARQUITECTO de seres y de cosas, La Inteligencia Cósmica que ha hecho posible la existencia del Universo, de todos los seres y de todas las cosas. Materia y energía, no son diferentes substancialmente.Ambas son absolutamente necesarias y están compartiendo una actividad permanente.Ya lo dijo el Sr. Einstein y la ciencia física lo ha confirmado: “la materia es energía condensada y la energía es materia que sutilizado”.Es lo que sucede cuando la Vida llamada Espíritu unas veces se encuentra condensada, sumergida en la materia llamada cuerpo y otras veces, se libera de la esclavitud de la carne para liberarse nuevamente a planos más sutiles, los mundos espirituales, en donde realmente es su verdadera morada, su verdadero hogar.
Para comprender mejor la dualidad de espíritu-materia, tenemos que saber que estamos constituidos por diferentes cuerpos o vehículos en donde el cuerpo denso, es solo uno de los que el Espíritu utiliza para la adquisición de consciencia.Cada uno de éstos cuerpos, está en relación con uno de los mundos en los cuales, nuestro Ego habitando uno de esos cuerpos o estados de vibración de la energía, debe tener su permanencia relativa.
El cuerpo denso junto con la energía vital, nos mantiene activos y sanos.Tienen su centro de acción en el Mundo Físico, este que conocemos relativamente y que está constituido por sólidos, líquidos y gases.Pero los sólidos, líquidos y gases, mantienen su actividad, debido a la energía vibratoria que produce el calor, la radiación que no se concibe ni como sólido ni como líquido ni como gas, es un cuarto estado, muy sutil y responsable de que los otros tres estados puedan interactuar.
Cuando a los sólidos se les aplica calor, se estimula su vibración molecular y poco a poco se convierten en líquidos al derretirse o en gases al quemarse y si se le sigue aplicando calor, continúa aumentando la vibración molecular hasta que llega el momento en que es tal la separación de las moléculas que se vaporiza o sutiliza. Así mismo, cuando el Ego está en un cuerpo denso; puede manifestarse, pero llegado el momento cuando tiene que abandonar la materia, en el proceso equivocadamente llamado muerte, ya el cuerpo denso no le es necesario en el estado de vibración relativamente superior en el cual se encuentra.

En la llamada muerte abandonamos los cuerpos denso y vital o la vitalidad, para abandonar el Mundo Físico.
Pero los otros mundos que no son lugares en el espacio sino estados de consciencia, se interpenetran los unos con los otros y con el Mundo Físico, tal como está correlacionado el Mundo Físico con los gases y con las ondas de energía llamadas electromagnéticas bien sea de la radio, de la televisión, de los rayos cósmicos, rayos X, rayos gama, ultravioleta y muchos otros.Cada uno ellos tienen un nivel de vibración particular; a mayor nivel de vibración, mayor sutilidad, pero todos están absolutamente interpenetrados.
El mundo donde se encuentran los llamados “muertos”, quienes en verdad están relativamente más vivos que nosotros, se encuentra aquí mismo rodeándonos, en un grado de vibración diferente, más sutil, porque ya no tienen la materia, la cual relativamente les condiciona para la manifestación física.
Además de los cuerpos denso y vital, tenemos un cuerpo de deseos o emocional, el cual nos permite llevar una vida muy activa durante muchas décadas, en los años posteriores a haber fallecido físicamente, en las regiones llamadas purgatorio y Primer Cielo situadas en el Mundo del Deseo.
Posteriormente nuestro Ego debe abandonar ese cuerpo emocional en un proceso llamado la segunda muerte, para seguir su vida relativa en el cuerpo mental, en el mundo mucho más sutil de vibración llamado el Segundo Cielo situado en el Mundo del Pensamiento o Mundo Mental, hasta que finalmente el Ego abandona ese último cuerpo que relativamente le servía para actuar en ese plano, para sumergirse en la Vida Divina, en el mundo espiritual llamado Tercer Cielo, en donde va asimilar las experiencias que logró aprovechar en su anterior encarnación.
El cuerpo denso nos proporciona experiencias, el cuerpo vital la salud, el cuerpo emocional es el que nos hace enojar tanto, pero también nos hace desear y estar activos, y el cuerpo mental que es el que nos hace pensar con más o menos claridad.Estos cuatro cuerpos: físico, vital, emocional y mental, es lo que constituye la personalidad; es lo que el Ego, la chispa divina que mora en nosotros, abandona después de ese período llamado encarnación, quedando la divina Individualidad, el Ego, Yo, el cual es Consciencia, Sensibilidad e Imaginación.Eso es realmente nuestro ser: un centro de consciencia, de amor y de poder.
Para hablar acerca de lo que es la muerte, se han tejido varias teorías: la materialista, la teológica y la renacentista.
La teoría materialista dice que vamos de la cuna a la tumba, que simplemente desde el momento en que nacemos, empiezan todos los procesos psico y fisiológicos a ir derivando la posibilidad de que podamos pensar, amar y que la consciencia se va actualizando a medida que avanzamos en edad, pero que cuando llega el momento de abandonar el cuerpo al morir, hasta ahí llegó todo y por lo tanto desaparecen la consciencia, las experiencias adquiridas y la Vida.
Es la teoría racionalista, positivista, materialista.Pero si vamos a la ciencia que es la que apoya esta idea, entonces, podemos observar, que está contradiciéndose en un postulado muy básico, que es el postulado de la conservación de la energía, el cual dice:“nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”.Entonces, ¿cómo pensar que se van a destruir las posibilidades de consciencia, de amor, de imaginación creadora, de facultades mentales, de intelectualidad, de composición musical, de maestría en el arte, en la ciencia, en la literatura o en cualquier campo que se hayan adquirido, al momento de morir?
¿Para qué ese proceso de una encarnación que muchas veces es muy corta, para que se pierda absolutamente toda la genialidad relativa que un ser pueda lograr?Y si no se pierde entonces, ¿a dónde va?La ciencia material no tiene la posibilidad de dar respuesta a esta inquietud.
La teoría teológica, dice que al momento de nacer, “Dios insufló en la nariz del hombre, y este fue un anima viviente” y que sólo al momento del nacimiento es cuando el Espíritu viene a la existencia y que después de la muerte, según sus actos, irá a un cielo o a un infierno (¿hipotéticos?) por toda la eternidad.
Además esta teoría afirma que se salvarán ciento cuarenta y cuatro mil de éstos bien amados hijos de Dios.Imaginemos a Dios emanando parte de su Vida, de su Ser, de su Esencia Espiritual,a miríadas de Espíritus, la Vida que alienta en nosotros, para que de los miles de millones de chispas divinas de su ser, ¡sólo ciento cuarenta y cuatro mil se salven y los demás se vayan a al fuego eterno del infierno ! ¿Habrá realmente razón de perfección en ese plan divino?Además, si algún Ser humano es malo, si es perverso, entonces, Satanás se los lleva para el infierno.Si a Dios, le pueden ganar almas, no puede ser Dios.Y si Dios permite que nosotros, sus hijos nos condenemos, no puede ser bueno.
Dice la teología que “para que la Voluntad Divina se pueda cumplir en nosotros”, es la razón por la que hay unas muy pocas personas ricas, bellas, felices, sanas, con todas las posibilidades para satisfacer sus necesidades y generalmente con mucho más de lo que necesitan, mientras que la inmensa mayoría de la humanidad es pobre, fea, huraña, enferma, miserable y triste.¿Podremos llamar esto un plan Cósmico y justicia Divina:enviar unos muy pocos a ser felices y a otros, la mayoría, a sufrir?Eso no puede ser un plan Divino, porque no es coherente, ni bondadoso, ni amoroso, ni lógico.
Pero hay más, si a la persona no le echan agua en la cabeza, entonces se va para el limbo, un lugar que nadie sabe dónde queda, ni para qué sirve, pero que definitivamente el niño no bautizado, no queda “ni para Dios ni para el diablo”.
Estas teorías materialista y teológica nos llevan a pensar que satisfacen la inquietud de conocimiento del ser humano, del alma, que como decía Amado Nervo “es como un cáliz que sólo se llena con la eternidad”.
Y llega el momento en que empezamos a inquirir: ¿Quién soy realmente?¿De dónde vengo?¿Qué estoy haciendo aquí y para dónde voy? ¿Cuál es mi misión en esta vida? ¿Únicamente vine aquí a sufrir y nada más que a dar tumbos?¿Únicamente vine aquí a comer, a dormir y a cohabitar?¿Es esto realmente un plan divino, un plan cósmico?¿Voy a vivir aquí veinte, treinta, cincuenta, quizás noventa años y se acabó todo después de sufrir o de gozar mucho según lo que relativamente pueda suceder?
El destino del Ser humano no es el de gozar ni el de sufrir, sino el de adquirir experiencia, lo que da la base para la teoría renacentista, que es el conocimiento que el esoterista, ha logrado ir investigando profundamente después de desarrollar la facultad clarividente, que forma parte de las cualidades inherentes que todos tenemos.
Al investigar con la facultad clarividente, se observa en planos suprafísicos a aquellos seres que están prestos a renacer o reencarnar y también qué es lo que pasa con aquellos seres llamados muertos, después del momento del fallecimiento.
Muchas personas dicen: “la muerte es un misterio tan insondable, que nadie ha regresado para contárnoslo”.Si, si han regresado y son demasiados, han regresado a través de encarnaciones sucesivas y ahora recuerdan sus vidas anteriores y también lo que pasa en los planos suprafísicos.Tienen además la capacidad de desligarse de su cuerpo en los momentos de sueño profundo y pasar conscientemente a aquellos planos, observar a sus habitantes —los llamados muertos— hablar con ellos y conocer el misterio de la muerte.
La teoría renacentista explica que en el principio, la Divinidad, Dios, emana de sí y en su propio campo áurico o campo de energía, llamado Sistema Solar, una inmensa cantidad de chispas divinas o Espíritus, los cuales como chispas de la llama, tienen en sí la posibilidad de convertirse en llama.
Ese es el proceso maravilloso de la evolución: que la chispa divina evolucione a través de millones de años dentro de la forma, para desarrollar todas las cualidades cósmicas que tiene en sí misma.Si no tuviéramos esas posibilidades, ¿de dónde surgiría la maestría, la sabiduría y la genialidad de los prohombres de todas las razas?Justamente, es porque tenemos la esencia misma de la divinidad que puede ser despertada mediante procesos adecuados.
Gracias a la evolución, progresivamente iremos de lo bueno a lo mejor, de lo mejor a lo óptimo y de lo óptimo a lo superior, siempre en perfeccionamiento progresivo, perfeccionamiento que no podemos hacerlo en veinte, cincuenta, ochenta o noventa años, si es que estamos encarnados todo ese tiempo.
Leonardo De Vinci, que mostró la maestría en mecánica, física, anatomía, fisiología, pintura, escultura, que era inventor, etc., le preguntaron:
—¿Maestro, para saber con tal perfección una sola de esas ciencias se necesita toda una vida; usted sabe casi todas las ciencias, cómo ha hecho?
A lo que respondió:
—“Es muy sencillo, recuerdo mis últimas cuarenta vidas”.
Obviamente tenía un estado de consciencia superior; había logrado a través de su evolución desarrollar algo de esas cualidades infinitas que el ser humano tiene por desarrollar.Eso es lo que debemos saber, que por medio de encarnaciones sucesivas a través del tiempo, podemos ir desarrollando ingentes cualidades.
Encarnamos aproximadamente cada mil años y por lo general alternadamente: una encarnación como varón, otra como mujer, etc., porque nuestro Espíritu es andrógino, es decir que tiene en sí el germen divino de lo masculino y de lo femenino, sin ser el Espíritu de un sexo en particular, pero con la posibilidad de manifestarse como mujer o como varón según las necesidades evolutivas que esté necesitando, en un momento determinado de la experiencia cósmica.
Cuando la persona exhala su último suspiro, es decir, cuando se detiene definitivamente el corazón y ocurre el fallecimiento físico, el Espíritu se retira del cuerpo denso por el nervio pneumogástrico hasta el cerebro y luego por la coronilla, llevando consigo algunos átomos que tienen información de la constitución de los cuerpos físico, vital, emocional y mental.Después, el cuerpo vital empieza a salirse poco a poco del cuerpo físico, hasta que queda flotando aproximadamente 1metro de altura sobre el cadáver, en la misma posición en la cual está este, siendo interpenetrado por los cuerpos emocional y mental, y su morador el Espíritu.
Entonces el Ego (que no es posible verlo ni por el ojo clarividente más avanzado, porque ver al Ego significaría ver a Dios), queda en un estado de trance profundo, que va desde unas horas hasta tres días y medio, según el tiempo que esa persona hubiera podido permanecer despierta, pero no más de tres a tres días y medio. En ese momento comienza el llamado proceso post-mortem o visión del panorama, que consiste en que el Ego empieza a observar todas las imágenes de los hechos realizados en la encarnación que acaba de terminar, imágenes que se habían acumulado subconscientemente en el cuerpo vital, que es en donde se encuentra radicada la memoria, pasando toda la información que está archivada en el cuerpo vital hacia su siguiente cuerpo en grado de sutilidad que es el cuerpo emocional, cuerpo en el cual el Ego va a continuar su existencia durante un período de tiempo que dura alrededor de un tercio del tiempo físico vivido.

El estado post-mortem es un estado como de profunda concentración en el cual el Ego observa su vida anterior —sin intervenir mental ni emocionalmente— lo que hizo en los últimos años de su encarnación (posiblemente en la ancianidad), luego en la edad madura, posteriormente en la adolescencia, después en la infancia, finalizando en elmomento en el cual nació.A ese proceso, que es una retrospección, se le llama visión del panorama, lo que le ha de permitir al Espíritu fijar la información de todos los actos de su vida (o encarnación) anterior, desde el cuerpo vital hacia el cuerpo emocional, en donde el Ego ha de continuar en su vida post-mortem.
Durante ese proceso, no se debe interrumpir para nada al fallecido que se encuentra en ese estado de profunda concentración a la cual está sometido el Ego, porque todavía, aunque parcialmente, está el cuerpo vital interpenetrando el cuerpo denso, y siendo el cuerpo vital relativamente sensible a los estímulos externos, reacciona ante ellos afectándolo como cuando el cadáver se punza para inyectarle formol o cuando se le realiza la necropsia.
Incluso los cadáveres de personas relativamente obesas, sin aplicarles formol, en veinticuatro horas no se descomponen liberando el olor característico; por eso uno debedecir en la funeraria: —no le apliquen formol, es mi responsabilidad—.Y ellos tienen que respetar nuestra decisión.
En los casos en los que se prepara de esta manera al cadáver o se le realiza la necropsia, se interrumpe al Ego sacándolo de su profunda concentración, y al no poder hacer la visión del panorama de su vida, se retira definitivamente de su cuerpo vital, sin hacer su trabajo.
Lo mismo ocurre si se crema el cuerpo inmediatamente, porque al hacerlo, se destruye también el cuerpo vital porque está formado por átomos físicos.Igualmente, el ulular de las sirenas en los sepelios, el sonar de campanas y los lamentos y gritos de los deudos abalanzándose sobre el cadáver o sobre el féretro, sacan de ese profundo trance a ese ser que lo único que necesita es paz y silencio.

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