LA ENFERMERA DEL ISSSTE

LA ENFERMERA DEL ISSSTE
Más cosas cuentan en el ISSSTE de Reynosa, Edificio que en un principio fue el panteón municipal hace muchos años. Se dice que el fantasma de una enfermera muerta hace más de 30 años ronda los pasillos, pisos, departamentos y todas las instalaciones del hospital.
Dicen que una vez un muchacho subió en el elevador y lo acompañó una enfermera, éste le preguntó a que piso iba y ella le contestó que al segundo, al llegar y voltear a verla antes de abrir las puertas… ¡ya no estaba!
En otra ocasión, asistieron muchachos estudiantes de medicina de una universidad local y se la pasó haciéndoles travesuras; les jalaba el pantalón, les movía el instrumental, manazos en salva sea la parte, les tocaba el hombro… y más.
También acostumbra adelantarse  a las rondas de las enfermeras de guardia dándoles el medicamento o checarles la presión a cada enfermo del hospital, así cuando llega la enfermera, el paciente le dice: “ya vino una enfermera, gracias”.
Por otra parte Doña Mary, quien trabaja en el ISSSTE desde hace 25 años y actualmente se desempeña en el área de Nutrición, platica que una vez: “hace unos veinte años, más o menos, el elevador se desbarató y yo venía con vasijas en las manos y al último dejé la charola con vasos, al bajar las escaleras, se me dobla un poco el pie derecho, entonces yo aventé la charola con todos los vasos… pero algo me detuvo éste brazo (el derecho), yo no vi a nadie…”, dijo.
A eso de los dos días amaneció su brazo marcado con los dedos de una mano “santa” que la ayudó a no caer.
“Yo digo que fue ella quien me ayudó a no caer”, comenta convencida.
Por otra parte, doña Rosa Carmen Salazar; quien labora en el mismo departamento, platicó que hace unos 18 años, ya a la hora de la salida, regresó por el pasillo y al voltear al área de cocina, observó a una enfermera  con un uniforme antiguo y ella era bajita de estatura, güerita, menudita y de cabello largo al hombro.
Otra de estas historias cuenta que una vez le estaban dando mantenimiento a la planta de máquinas un ingeniero y su cuadrilla y este sintió que una mano helada lo tomó del hombro (el estaba cocinando) y volteó para que luego no ver a nadie, ya que el departamento estaba cerrado.
“Salió disparado y no quiso comentarlo a los demás para no crear pánico; terminaron y ya no volvieron”, rememora Doña Rosa Carmen.
La enfermera se la pasa dando sus rondas por el ISSSTE y deambula todas las noches y madrugadas por los pasillos y elevadores… y cuentan que se la pasa suspirando… que es un suspiro lastimero y triste, muy triste.
REPORTAJE POR: Adolfo Kott Gramlich desde Reynosa, Tamaulipas.
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