SUPERSTICIONES

SUPERSTICIONES

Una superstición es una creencia en hechos sobrenaturales. Surge cuando se atribuyen poderes extraordinarios a ciertos objetos y se busca en ellos la explicación a algunos sucesos sorprendentes, como las coincidencias. También se consideran supersticiones ciertas creencias en materia religiosa que a veces se llevan hasta extremos ridículos, llegando al fanatismo
·         Desde tiempos remotos el número trece ha sido fatídico según la creencia de la muerte violenta que sufrieron varios dioses decimoterceros de la antigüedad y también por la suerte que corrió el decimotercer invitado de la última cena.
·         La corona circular colocada sobre las tumbas o en la puerta principal de los cementerios tenían la intención de encerrar simbólicamente el espíritu e impedirle volver.
·         Antiguamente debido a la altura que solía tener el patíbulo, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del reo. Cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto. De ahí viene la superstición del temor a pasar por debajo de la escalera.
·         Según la superstición, si derramamos sal hay que apresurarse a tomar un pellizco y arrojarlo por encima del hombro izquierdo. En otros tiempos se creía que ese era el sitio en donde el diablo espera pacientemente que nuestra naturaleza pecadora renuncie al alma para siempre. La sal que arrojamos iría encaminada a cegarle temporalmente para que el espíritu tenga tiempo para volver a quedar afianzado en la buena suerte.
·         Dañar el espejo, según las antiguas creencias era dañarnos a nosotros mismos. Romper el espejo era considerado dañar el alma y trae la mala suerte durante siete años. Este periodo puede deberse a la creencia de que el cuerpo experimenta un cambio en la constitución fisiológica cada siete años.
·         Durante muchos siglos antes del cristianismo los pueblos célticos de Europa rendían culto a los árboles pues los consideraban representantes de los dioses en la tierra. Resultado de estas creencias es nuestra superstición de tocar madera para llamar la buena suerte.
·         Los  egipcios y griegos venían en el estornudo un augurio. Así, era bueno estornudar por la tarde, mientras que hacerlo saltar de la cama o al levantarse de la mesa podía ser nefasto. Aquel que había estornudado al nacer era tenido por dichoso. En todos los casos, los griegos exclamaban ¡Vivir! ¡Que Zeus te conserve! Por su parte, los romanos empleaban la expresión ¡Salve!, ante la circunstancia; y serían los primeros cristianos quienes sustituyeron la invocación de los dioses paganos por el suyo, y que tal circunstancia proviene el ¡Dios te bendiga!, que más tarde se simplicaría diciendo ¡Salud!, ¡Jesús! o expresiones semejantes.
·         Antiguamente los médicos cortaban un ratón por la mitad y lo ponían en las encías de los niños que tenían problemas de dentición. En épocas pasadas, los niños que nacían con seis dedos eran sacrificados. Ésta práctica fue abandonada en 1685, gracias a la insistencia de un médico llamado Riolan. 
·         En enero de 1989, una intervención quirúrgica en el hospital de Nottingham terminó antes de lo previsto. Una paciente que estaba siendo operada de cáncer mediante una técnica eléctrica, explotó. Según los médicos, la deflagración fue producida por una chispa que contactó con una fuga de gases del estómago de la mujer.
·         Entre los indios tobas, que habitan en el Chaco (Argentina), cuando el curandero o payac dictaminaba que el paciente no tenía cura, se le remataba de un golpe de macana en la cabeza.
·         Los médicos del siglo XVI recomendaban para cortar las hemorragias nasales del paciente, se frotase la nariz con orina. En la segunda dinastía Han, hace unos 2000 años, los enfermos de la región china de Schuan eran encarcelados pues se les acusaba de portar castigos divinos.
·         En la antigua Babilonia no existían los médicos y los enfermos se exhibían en los mercados para que la gente que pasaba les aconsejara cómo curarse.
·         En Egipto el gato estaba considerado como la reencarnación de los dioses en el trance de comunicarse con los hombres y manifestarles su voluntad. Los gatos también eran momificados y todo aquel que se atrevía a matar un gato era acreedor de la pena de muerte. En el siglo XII la Iglesia comenzó una persecución a los gatos, a los que consideraba símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas. Se alentó de tal forma esta persecución que llegó a convertirse en espectáculo la quema de estos animales en las hogueras la noche de San Juan. Se reivindicó la existencia de los gatos a partir del XVII debido a su habilidad para la caza de ratas, causantes de temibles y desoladoras plagas. Durante el siglo siguiente recuperó su prestigio y por su belleza sirvió como modelo para múltiples cuadros y esculturas..La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él se le considere representante de la mala o la buena suerte, según las circunstancias o lugar en que naciesen. El gato negro puede traer buena o mala suerte dependiendo del lugar y la circunstancia de su encuentro: unos dicen que el gato negro es portador de mala suerte, mientras que otras creen que la mala suerte la trae el rojo. Se dice que el vaticinio es nefasto si se cruza en el camino de una persona de derecha a izquierda. También que pierde este carácter de maldad si tiene un lunar blanco en alguna parte del cuerpo. En Europa y Norteamérica se considera que un gato negro trae buena suerte si camina hacia ti, pero si se aleja se lleva la suerte consigo. Lo mismo sucede si el gato se cruza de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, considerado de mal agüero. Desde tiempos lejanos las madres deben tener los gatos alejados siempre de los bebés porque “sorben el aliento” del niño como los vampiros. Si observamos a los gatos cuando los tenemos en el regazo tienden a acercarse a la boca y husmear. No es difícil imaginar que, dado el miedo a las fuerzas tenebrosas, este gesto parecería un intento de sorber que podría poner en peligro a un niño, pues el gato le sorbería la vida.
 
·         Si el número 13 por sí solo es considera de mal agüero es aún más fatídico si conincide en el calendario con el martes, según la tradición española, o con el viernes en el equivalente anglosajón.
·         El origen de la maldad atribuida al martes se debe a su asociación con el dio Marte, dios de la guerra que implica la muerte. La consideración del martes como día fatídico ha dado origen a varios refranes:
 
Ø  El martes, ni te casas ni en embarques.
Ø  El martes ni gallina eches, ni hija cases.
Ø  El martes ni hijo cases, ni cochino mates.
Ø  En martes ni tela urdas,m ni hija casas, ni las lleves a confesar porque no dirán la verdad.
Ø  El martes ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu ropa tajes.  
Ø  Al parecer cortarse las uñas en el aciago martes saldrán padrastros.
Ø  Los hijos nacidos en martes serán desgraciados, tendrán una vida corta y su ideal será la guerra.
La tradición anglosajona considera el viernes como día de mal fario por ser el día en que Cristo fue crucificado. La unión del viernes y el trece se ha popularizado en España como consecuencia de la serie de películas “Viernes 13” (“Friday the 13th”).
En la tradición anglosajona del viernes, correspondiente a nuestro martes, da mala suerte cortarse las uñas y el pelo durante ese día.
 
·         Nunca ha de abrirse un paraguas en el interior de la casa, ni siquiera en un recinto cerrado y tampoco en el vestíbulo o porche de cualquier lugar. Contravenir este precepto da rienda suelta a un mal que, en ocasiones, puede desencadenar la muerte.  Esta superstición es relativamente reciente, puesto que los paraguas, como tales, no fueron introducidos en Europa hasta el siglo XVII.
Su simbología procede, no obstante de los parasoles orientales, símbolos de la realeza que dimana de la divinidad, y del palio.  Desde ese ángulo, se interpretaba que usurpar la condición divina por medio del uso del paraguas o la sombrilla e interrumpir el itinerario del reino de la luz (el sol) contribuía a desairar a los dioses y sólo se permitía que, excepcionalmente, sustituyera al recinto personal de cobijo y protección (la casa) en las salidas al exterior. 
Así, el abrir el paraguas en casa constituye una doble provocación: por un lado, a la dignidad de los dioses, y por otro, al libre curso del reino de la luz. Otra interpretación más racionalista pretende que esta superstición fue creada de forma artificial, en los orígenes de la implantación del paraguas en Europa, con el fin de evitar los posibles accidentes que los primeros y desprevenidos usuarios del armatoste provocaban al intentar abrir las primeras varillas, que eran metálicas.
No obstante la simbología oriental que establece una vinculación del paraguas (artefacto moderno) con las fuerzas, maléficas y benéficas, de la naturaleza persiste en nuestro país y, en esa línea el que abre un paraguas en día soleado ha de ser consciente de que está invocando, cual anónimo chamán, la lluvia.
Si el paraguas se nos cae, anuncia una decepción en el plano amoroso o de los negocios. En este caso, ha de ser siempre otra persona la que lo recoja del suelo para, de este modo, evitar el riesgo.
Si un paraguas abierto se usa de ventilador, girándolo y girándolo, espanta la suerte y si, impulsado por el viento, se vuelve hacia atrás, también.  No se puede colocar un paraguas sobre la cama y tampoco sobre una mesa, aunque si alguien se le olvida en algún lugar extraño, es signo de que el destino le tiene reservada alguna sorpresa agradable.

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