TLACANEXQUIMILLI

TLACANEXQUIMILLI
LOS FANTASMAS DE LA NUEVA ESPAÑA


Tlacanexquimilli: El envoltorio humano de cenizas

El “Tlacanexquimilli”, según los que creyeron verlo, era una especie de bulto que contenía cenizas humanas, que rodaba por el suelo, dando gemidos como los de un enfermo y su aparición era señal de calamidades e infortunios.
Según los testimonios orales transmitidos de generación en generación en el Valle de México, si algún trasnochador lo encontraba en su camino, era necesario que lo agarrase y no lo soltara, aunque el bulto lo suplicara de forma lastimera; después de aguantar cuatro o cinco súplicas, el duende azteca decía “te doy toda la riqueza que deseas, para que seas próspero en el mundo”.

A veces, por las noches, los más desafortunados, podían toparse con algunos seres que les provocaban un pánico indescriptible. Uno de estos fantasmas, tlacanexquimilli, era el de un cuerpo con apariencia humana pero sin cabeza y sin pies, que rodaba por el suelo quejosamente y lanzaba gemidos que helaban la sangre. Esta tipología fantasmal continúa con la que llamaban cuitlapanton, o también conocida como centlapachton. Se trataba de una mujer enana, que poseía una larga melena hasta la cintura y que tenía incómodos andares, como si no pudiese doblar sus rodillas. Parecía además poseer poderes, pues cuando algún testigo era un valiente soldado que quería prenderla, la pequeña mujer desaparecía de donde estaba para aparecer en otro lugar de la estancia y así continuaba jugando al gato y al ratón hasta que desaparecía por completo. Igual de huidiza era otra aparición nocturna, en este caso se trataba de una calavera. Esta se aparecía súbitamente a los caminantes y tras saltar a las pantorrillas de algunos de los viandantes, se escondía a sus espaldas y les perseguía durante parte del trayecto. Solo podían ya oírla pero si alguno se atrevía a asirla, ésta cambiaba rápidamente de lugar no dejando más opción al osado que correr despavorido de miedo deseando llegar a un lugar seguro. No es el único fantasma con alusión a la muerte. Muchos decían ver un difunto con mortaja incluida, dando alaridos y quejidos. Cuando alguien conseguía atraparlo, éste desaparecía dejando en su lugar algún objeto pequeño. Consideraban que era una especie de juego o ilusión creada por el dios Tezcatlipoca. Y no fue la única. Parece que esta deidad podía transformarse en un animal parecido al lobo, un coyote seguramente al que llamaban coyotl. Se le podía encontrar en medio del camino interceptando el paso a los caminantes y evitando así que siguieran por el camino que llevaban. En este caso parece que su dios no pretendía burlarse de ellos, sino muy al contrario, salvarles de las desgracias que podían sufrir si seguían por la dirección en la que iban.

Fin del libro de los agüeros

FUENTE: HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE LA NUEVA ESPAÑA, I ( CAPITULOS 11 A 13).

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