El mito de las "Rusalki".

Dentro de la mitología eslava, una rusalka (plural:rusalki) era un fantasma, ninfa del agua, súcubo o demonio que vivía en un canal. De acuerdo con muchas tradiciones, una rusalka era una sirena, quien vivía en el fondo de los ríos. A medianoche, acostumbraban salir y bailar en los prados. Si veían a un hombre hermoso, lo encantaban con canciones y bailes, y entonces lo conducían al fondo del río a vivir con ellas.
Existe otra versión que sostiene que una rusalka es el alma de una mujer joven, que ha muerto cerca de un río o un lago, y encanta dicho lugar.
Debido a que el lugar al que pertenece es el río en que murió, la rusalka puede salir de él y trepar a un árbol, donde se sienta y canta, puede ir a un muelle y cepillar su cabello, o unirse a otras y bailar en el campo.

En algunas ocasiones se dice que los ojos de una rusalka brillan como fuego verde, en otras se dice que ellas son extremadamente pálidas. Su cabello es descrito como de color verde, y siempre húmedo. Según algunas leyendas, si se secase su cabello, la rusalka moriría.
Se cree que las “rusalki” eran más peligrosas durante la Semana de las Rusalkas a principios de Junio. Durante este tiempo, abandonaban las aguas profundas para columpiarse en las ramas de los abedules y de los sauces por las noches. Nadar en esta semana estaba estrictamente prohibido por miedo a que las sirenas arrastrasen al nadador hasta el fondo del río.
Rusalka es también una ópera con música de Antonín Dvořák y libreto de Jaroslav Kvapil (1868-1950), estrenada en Praga el 31 de marzo de 1901.
El libreto contiene elementos que aparecen también en La Sirenita de Hans Christian Andersen y Undine de Friedrich de la Motte Fouqué.
El aria más conocida de la ópera es la Canción a la luna, que canta Rusalka para pedirle que la convierta en un ser humano que pueda ser amado por el Príncipe.
El primer acto tiene lugar en un lago a la luz de la luna. Allí, tres ninfas acuáticas bailan felices hasta la llegada de su padre, un espíritu de las aguas que se pone a jugar con ellas. En ese momento, Rusalka, la 4º hermana, se despierta y confía a su padre que se ha enamorado de un joven que suele ir al lago a bañarse. Rusalka explica que quiere tener un alma y así ser humana para poder estar con el hombre al que ama. El padre, tras advertirle que si hace eso perderá la inmortalidad y viendo que está decidida, le dice que vaya a hablar con la bruja Jezibaba quien le ayudará pero con condiciones. Si quiere ser humana, será a cambio de su voz. Otra condición que le pone es que si su amado la rechaza, no será ninfa ni humana y tendrá que vagar por el lago en soledad. Rusalka, que sólo piensa en el amor, acepta. Llega el hombre, que resulta ser un príncipe y le pregunta si es ninfa o humana. Rusalka lo abraza y se la lleva al palacio…

Se decía que en el fin de lo tiempos rusalka estaría con un ser humano único quien seria su procedente de las nuevas generaciones a seguir y él los guiaría a una nueva era de poder y magnitud como ser único y todopoderoso. En su mano derecha tendría a Flintz
Conocedor de todos los secretos de todo ser vivo en este universo, y a su izquierda a Rusalka misma conocedora de toda las ciencia, sabiduría e inteligencia.
Nunca hay que confundir a una rusalka con una sirena, ni hablarles de ellas, ya que ambas especies femeninas acuáticas se detestan.
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