El Misterio de la Muerte

El Misterio de la Muerte

“Creemos erradamente que la muerte existe, sin embargo es un nuevo nacimiento para el Espíritu, porque siendo de naturaleza Divina, es inmortal y eterno”

INTRODUCCION

La muerte, suceso que tanto angustia al Ser humano, suceso que nos llena de terror no tanto por él mismo, sino por el desconocimiento que de él se tiene, es lo más natural del mundo, porque nacer y morir es exactamente igual a dormir y despertar o a despertar y dormir, según el punto de vista con que lo veamos.

A través de la historia, se han tejido una gran cantidad de cuentos y comentarios acerca de lo que se cree es ese proceso mal llamado muerte, porque en realidad, muerte no existe. Todo en la naturaleza lleva un proceso de cambio, de transformación permanente, de evolución; no existe muerte tal como se la suele conceptuar.

Lo muerto, muerto está; pero el hecho de que un cadáver a las pocas horas empiece a descomponerse, implica que allí la vida continúa en actividad; no la vida interna, no la vida espiritual del Ego, que como fuerza álmica animó la materia, sino otros tipos de vida, inferiores quizás, pero absolutamente necesarias en la economía de la naturaleza para la transmutación y progresiva evolución de la materia que ha de convertirse nuevamente en los elementos constitutivos de la forma.

EL MISTERIO DE LA MUERTE

¿Qué ha pasado con ese ser tan querido que antes le veíamos hablar, pensar, reír, amar, actuar, sentir, en una palabra, vivir? El no ha desaparecido; ha dejado únicamente el traje que estaba usando, tal como nosotros cada noche, que antes de entregarnos al sueño nos quitamos la ropa que hemos usado durante el día, bien sea porque ya esté sucia, rota, etc., sin llenarnos de tristeza por hacerlo, para luego sumergimos en la inconsciencia del sueño, como análogamente ocurre con el proceso llamado muerte. Por lo tanto no hay nada de terrorífico en ella.

Cuando llega el momento en el cual por enfermedad, accidente o por secuencia natural de los años se ha de abandonar la materia en la cual hemos estado (viviendo), el Espíritu se va sumergiendo en un sueño cada vez más profundo, hasta que por fin logra desprenderse definitivamente de la materia porque ya no le es útil para continuar adquiriendo experiencias.

Pero igualmente, así como cada mañana nos despertamos llenos de energía, deseosos de continuar nuestra jornada cumpliendo con nuestros deberes, así mismo, después de un relativo período de tiempo que dura aproximadamente mil años en los mundos espirituales, nos despertamos a una nueva aurora de la vida, porque necesitamos seguir adquiriendo experiencias.Por lo tanto elegimos aquellos que han de ser nuestros padres, nuestro medio ambiente físico y social, el cuerpo y la salud que hemos de tener, etc., para comenzar una nueva etapa de evolución para el Espíritu en una nueva encarnación.

Siempre el Ser humano se ha preocupado por el nacimiento y por mantener relativamente bien la organización psico y fisiológica del cuerpo, pero no nos hemos preocupado por la muerte; siempre nos coge desprevenidos y nunca sabemos que es lo que vamos a enfrentar y que debiéramos hacer en ese momento.Allí es donde debemos prepararnos, por eso debemos aprender la ciencia del buen morir, que es la ciencia de la muerte.

Cuando la persona se encuentra en agonía, lo que suelen hacer los parientes es entregarse al llanto, a los lamentos y dejarse llevar por la manifestación del dolor, que es natural, porque los sentimientos no se pueden controlar con la razón, pero la consciencia sí puede iluminar la sensibilidad para que esos momentos de separación de nuestros seres queridos no sean tan difíciles ni tan dolorosos.Si fuéramos conscientes de qué es lo que sucede en esos momentos, la separación física no sería tan dolorosa.

Lo que debemos es mantener la calma y la armonía interior; rodear el lecho del moribundo en silencio, con la mayor armonía posible, liberando con nuestro interno ser, la mayor cantidad de amor hacia ese ser y si sabemos imaginar luz, imaginarla blanca, muy radiante, rodeando a esta persona que se está enfrentando a ese proceso de cambio, porque no hay muerte, sino cambio.

El silencio es indispensable.Entregarse a gritos, escenas de histeria y lamentos, lo único que hace es retener al agonizante, impidiéndole desprenderse totalmente de ese cuerpo que ya le está pesando demasiado haciéndole sufrir, porque ya cumplió con sus deberes y su objetivo de adquirir experiencias en esa encarnación.

Cuando ya el médico comprende que no se puede hacer absolutamente nada por mantener más allá de un límite adecuado la encarnación de esta persona, lo mejor es dejar que la naturaleza siga su rumbo de una manera absolutamente natural, porque es un crimen aplicarle al moribundo morfina y estimulantes para hacer que reaccione una y otra vez a la consciencia vigílica, sacándolo del estado de inconsciencia en el que naturalmente se va sumergiendo.

Al conversar con las personas que han fallecido de esa manera, dicen:

—“El sufrimiento fue increíble, jamás en mi vida había sufrido tanto, fue como si me retuvieran con violencia a una cárcel de la cual quería escapar”. También al preguntarle a las personas que han fallecido y que se encuentran en los planos suprafísicos: ¿Cómo estás? ¿Qué sientes?, responden:

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