LA LEYENDA DEL TESORO DE RANCHO VIEJO

 

El jueves 21 de marzo de 1811 a las nueve de la mañana en un recodo estrecho de un paraje con escasa vegetación fue tendida una emboscada a los insurgentes encabezados por Ignacio Allende, su hijo Indalecio, Mariano Jiménez y Joaquín Arias en Acatitia de Baján , por el Capitán realista Ignacio Elizondo quien apostó a unos indígenas, provistos de lazos y reatas a quienes dio instrucciones de aprehender y atar a todos los que pasaran por el sitio, personalmente los instó a capitular, lo que finalmente hicieron después de un fallido intento por defenderse, en el cual perdió la vida el hijo de Allende y en el que Joaquín Arias resultó herido. Al final marchaba Don Miguel Hidalgo y Costilla escoltado por veinte hombres, y luego de ser presionado por los españoles, terminó por entregarse.

Derivado de este importante pasaje histórico da inicio en San Buenaventura una de tantas leyenda que han sido transmitidas bien sea de padres a hijos, escritas en reconocidos libros o estampadas en aquellos programas o folletos perdidos por ahí en alguna vieja castaña, y que hasta el día de hoy no se conoce con certeza si verdaderamente existió el Tesoro de Rancho Viejo ……

 

“ Respecto a las cosas que como botín de guerra se les quitó a los insurgentes en el asalto de Baján, no se ha podido inquirir su paradero final, a pesar de la muchas pesquisas que se han hecho con este motivo. El efectivo recogido, que como se dijo era una gran suma (mas de dos millones de pesos ) en moneda acuñada y barras de plata y oro; no existe documento que justifique su inversión o último destino. La voz popular ha asegurado siempre que la mayor parte de esos dineros quedaron entre los principales jefes, percibiendo el erario una parte relativamente pequeña.

Mi abuelo Don José María Ramón, que para esa fecha contaba con 11 años, refería que en en la misma tarde que entró Elizondo con los presos de Baján, los atajos de mulas siguieron por la calle Real hasta la plaza donde descargaron los arrieros las cargas reales* y barras de plata, formando una trinchera larga en la cuadra de Don Ramón Múzquiz, y tan alta que les daba casi al hombro a los arrieros; y que en la mañana del día siguiente que volvió a la plaza, instigado por la misma curiosidad, ya no había absolutamente nada, asegurándose que todo el dinero lo habían llevado a la casa de Don Tomás Flores, que quedaba por la calle Real donde hacía esquina con la del “Ciprés” para el sureste. Era voz popular que la mayor parte del oro, que eran muchos marcos, se repartió entre los principales autores de la contrarrevolución, tocándole a Don Ignacio Elizondo la mejor parte, además de que mando furtivamente del propio Baján la noche del 21 de marzo, con su propio compadre Don Antonio Rivas, consistente en un atajo de mulas y dos carros cargados con plata acuñada y en barras, que sin pasar por Monclova tomaron el camino que va por Castaños a Pozuelos, y de allí pasando por Nadadores , al “Rancho Viejo” de Santa Gertrudis, que era propiedad el referido Rivas; y donde se asegura, que fueron ocultados estos valores. Muerto el Capitán Elizondo de una manera trágica, quedó su compadre Rivas único dueño de ese cuantioso tesoro, que al fin ni él ni sus hijos pudieron disfrutar, debido a que falleció de una muerte repentina, que no le permitió ni siquiera decir a su familia el lugar donde había ocultado tan inmensa riqueza.

Lo que si se sabe de cierto, es que Don Antonio Rivas fue en San Buenaventura el hombre más acaudalado y de mayor validez social en su época. El y su esposa construyeron la capilla de San José, que quedaba contigua y en comunicación con la Parroquia de su pueblo, donando la imagen que es de talla y de regulares dimensiones, así como también seis barras de plata “pasta” para que se fabricaran seis candelabros grandes, un manifestador (púlpito), dos atriles para evangelio y epístola, un frontal grande dos ciliares y cruz alta, incensario con naveta (cofre), y una fuente con hisopo para asperges (rociador para agua bendita).

Ordenaba además en su testamento que si no era suficiente la plata donada para su manda, él diría a su esposa de donde se había que tomar lo que faltare; que dejaba treinta pesos para cada uno de las mandas forzosas y un día de agua en la Hacienda de Santa Gertrudis, para que quedando entre sus herederos tuviera la pensión de tres misas cada año la patrona del Rancho, que también donó, y cincuenta pesos para misas por su alma y la de sus padres y abuelos” …
…….con su muerte Don Toño Rivas se llevó un gran secreto a la tumba, que ni sus propios parientes y largos años de intensas búsquedas han podido dar con el Tesoro de Rancho Viejo.

(1) Transcripción original del Libro General del Estado de Coahuila escrito por el Dr. Regino F. Ramón en el año de 1917.

(2) Información recopilada y enviada por el Ing. Rodolfo Vasquez Carrillo

* La barra de plata, como tengo dicho se estimaba en mil cien pesos acuñados; la carga de reales equivalía a 3,000 pesos repartidos en dos sacos de mil quinientos cada uno; y el marco de oro igual a 8 onzas o 50 castellanos.

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