La Colina de las Cruces de Lituania

A unos 13 km de Šiauliai, la cuarta ciudad más grande de Lituania se levanta un lugar cuanto menos sorprendente, y su nombre se lo ha ganado con justicia: La Colina de las Cruces.

La colina de las cruces de Lituania es un cerro que cuenta con 50.000 de esos elementos. A pesar de la gran cantidad de cruces presentes, no se trata de un cementerio. Una creencia popular establece que aquel que deje una cruz en lo alto de la cima, tendrá éxito. Hoy en día este lugar está envuelto en el misterio y la leyenda.

La ciudad fue fundada en 1236 como un puesto de defensa para evitar los asaltos de los Caballeros Teutónicos en el norte del país, sin embargo, no conseguirían frenarlos y la Orden controló el lugar durante todo el siglo XIV. Algunas fuentes afirman que  la colocación de las primeras cruces  en las inmediaciones de la colina data de este periodo. Pronto se convertiría en una tradición usada como símbolo de desafío ante el invasor. Los años fueron pasando y el Catolicismo Lituano se sirvió del lugar para utilizarlo también como emblema ante la opresión.

Un salto en el tiempo nos lleva hasta finales del siglo XVIII, entonces la República de las Dos Naciones se dividía una vez más. Inicialmente estaba formada por la unión del Reino de Polonia y el Grand Ducado de Lituania, no seguía las fronteras de los países como los conocemos actualmente, ocupaba también Bielorrusia, parte de Ucrania, Estonia, Letonia, etc. En su momento de máximo esplendor, sus territorios comprendían casi 1 millón de km cuadrados y en esta extensión vivían más de 11 millones de habitantes. Sin embargo, también conoció momentos de flaqueza, fue entonces cuando el enemigo se echó encima dividiendo sus tierras, hasta tres se pueden contar las veces que se modificaron sus fronteras, y fue en la tercera cuando Rusia se adueñó de Lituania hasta el río Niemen.

Hubo levantamientos armados contra los rusos en 1831 (Revolución de los Cadetes) y en 1863. Los resultados fueron insatisfactorios, pero además de eso, los familiares no encontraron los cuerpos de los fallecidos. Al no poder darles sepultura utilizaron la colina de forma simbólica como un improvisado cementerio. El número de cruces empezaba a crecer, en 1895 había 150 grandes cruces. Tras la Primera Guerra Mundial (los alemanes ocuparon el país durante tres años) la colina se había convertido en un lugar para rezar por las víctimas, la paz y el país, un país que como vemos sufrió las bajadas y subidas de la marea bélica que inundó Europa en el siglo XX.

No pasarían muchos años hasta que el peligro vino por Oriente, los rusos antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial habían tomado posiciones. En 1940, acorde con lo firmado en el pacto de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética (Pacto Ribbentrop-Mólotov), los rusos movieron sus ejércitos invadiendo Lituania entre otros países. Los alemanes en pleno conflicto recuperaron el territorio y al final de la guerra volvió a las manos de Stalin como la República Socialista Soviética de Lituania.

En esos años la Colina de las Cruces ya contaba con 400 rodeadas de miles de pequeñas cruces. A los soviéticos parece que no les gustó mucho la idea e hicieron lo imposible para borrar el lugar del mapa. Intentaron nivelar la colina en varias ocasiones, arrasaron con todo quemando o convirtiendo las cruces en chatarra, incluso aguas residuales y desechos se convirtieron comunes en la colina. La vigilancia se hizo intensiva y se llegó al punto de querer construir una presa en las cercanías usando el río Kulvė para sumergir para siempre el sagrado lugar.

Sin embargo, nuca se imaginarian los rusos que todas sus profanaciones no servirian de mucho. En el momento que “se despistaban” y aprovechando la oscuridad de la noche, las cruces empezaban a nacer de nuevo en la colina volviendo a demostrar su significado original.

Con la caida del régimen comunista, el número de cruces comenzó a crecer hasta llegar a convertirse en lo que es hoy, algo así, como la meca de Lituania, un lugar de peregrinaje donde poder dejar testimonio por un familiar, un amigo, etc.

Se estima que ya en 1990 alrededor de 50.000 cruces adornaban la colina. En esa década pasó por aquí el Papa Juan Pablo II y bedijo desde aquí a la nueva Lituania y la nueva era para la Europa post soviética. Los años pasaron y hoy por hoy más de 100.000 cruces grandes, pequeñas, de madera, de metal, etc. se amontonan unas sobre otras formando una imagen única. Rosarios, estatuas, fotografías y todo tipo de objetos completan la estampa que atrae a un número considerable de peregrinos cada año.

Uno de los riesgo que corren lugares como éste es la invasión turística. Ya se pueden ver en los alrededores incluso puestos donde venden los típicos souvenirs o las cruces para que hagas tu aportación a la obra. Sin duda la colina sigue conservando toda su magia y si tienes suerte y no hay demasiada gente, si se levanta algo de viento, con el sonido de las cruces podrás disfrutar de una melodía que evoca esa soledad que caracteriza a la colina.

Si pretendes visitar Lituania o su país vecino Letonia (la Colina de las Cruces se encuentra muy cerca de la frontera) no dudes en visitar este fantástico lugar.

FUENTES: http://www.historiasdeleste.com/  http://diario.apps.tadevel.com/

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