La aterradora Isla de Poveglia

La isla de Poveglia, también conocida como la “isla del no retorno”, la “isla de los muertos” y la “isla de la locura”, en el siglo XVII sirvió como zona de cuarentena durante las epidemias de peste. Todas las personas infectadas con la enfermedad, las sospechosas de estarlo y los cuerpos de los muertos por la peste eran llevados a Poveglia. A partir de 1922, la isla albergó un hospital psiquiátrico hasta 1968, en el que dicen había un médico que torturó y asesinó a multitud de pacientes.

Tiene la fama y para los aterrorizables, con eso basta. Pero no es ni remotamente la única isla de Venecia utilizada como espantoso depósito de muertos y sospechados de apestados.  Tampoco es el único lugar donde hayan torturado a enfermos mentales.

Es cierto; Poveglia fue un horroroso depósito de muertos y moribundos hasta el punto que se asegura que el 50% del suelo superficial está compuesto por cenizas y restos humanos. Pero muy cerca de ella se encuentra la isla Lazzaretto Vecchio, con una situación nada diferente. A esa isla llegaban cada día  500 víctimas y presuntas víctimas de la peste. Y es seguro que en la desesperación y el apuro, no había isla ni canal donde no arrojaran muertos. ¿Por qué razón hacemos la salvedad de “presuntas víctimas”? Pues porque bastaba que estornudaras para que sospecharan que tenías la peste, te agarraban entre cuatro y te llevaban a esa isla donde, ahí sí, no te escapabas de contraer la temida peste negra. La peor pandemia en la historia de la humanidad.

De la peste negra hay antecedentes desde tiempos bíblicos, pero la que afectó Europa en el siglo XIV, con un pico entre 1347 y 1353, fue la peor de todas. Mató a unos 25 millones de personas en ese continente y otros 60 millones en Asia. Estamos hablando de un 30% de los habitantes de las zonas más populosas del mundo.

Aunque debido a la superpoblación faltaban alimentos y sobraban conflictos, quizás no fue la pobreza aterradora de ese período histórico, sino la manera de alimentarse la que debilitó las defensas de gente de todas las clases sociales. No se salvaba nadie y no había plegarias ni pócimas ni relicarios que sirvieran de nada. Desconociendo la existencia de la bacteria Yersinia pestis y su singular trayectoria a bordo de una pulga de las ratas, ¿a qué cosa podría echársele la culpa en medio de la atroz ignorancia medieval? A los judíos, naturalmente, más adelante también acusados de introducir la sífilis.  Aunque tampoco ayudó que los persiguieran y mataran; la peste también los mataba a ellos, a los moros y a quien se cruzara por el camino, así fuera rey, sacerdote o mozo de cuadras. (http://es.wikipedia.org/wiki/Peste).Cuando apareció el sida, se acusó a los negros de África y a los haitianos, de haberlo gestado. El racismo puede ser muy ingenioso.

El campanario se distingue desde lejos, la iglesia fue construida en el siglo XII, pero ya no cumple esa función. Desde el siglo XVIII es una farola, aunque conserva todo el aspecto de un campanario. No quedan vestigios del aspecto original del octógono, del cual hay innumerables reseñas militares, como por ejemplo, que fue utilizado por los ingleses durante las guerras napoleónicas, para emboscar a los franceses.

Ese templo parece haber sido de relevancia, pues en había reliquias que hoy se exhiben en la iglesia de Malamocco.

Cuando se produjo la epidemia de peste, ni los príncipes se escapaban de ser confinados en la isla para correr la misma horrible suerte que sus súbditos. Así lo determinaban los médicos que los atendían con esa singular máscara con pico de ave, cuya funcionalidad era la de servir de depósito a yuyos que se suponía filtraban lo que fuera que producía la enfermedad.

Convertida en ánfora de muerte, día tras día Poveglia fue un sitio en que los pestilentes cadáveres, amontonados como basura, ardieron devorados por el fuego, levantando altas humaredas, que impregnaban el aire de un inquietante olor a carne chamuscada… Aunque lo peor estaba por venir, ya que después se decretó que también los afectados por la peste, estando vivos, serían llevados a la isla. Por ello, en unos pocos años, más de 160.000 personas, entre hombres, mujeres, niños y ancianos, terminaron sus días abandonados en aquella siniestra isla…

Según se sabe, tan colosal crematorio llegó a ser Poveglia en el siglo XIV, que una ancha capa de su suelo está prácticamente conformada de restos humanos, de modo que todavía los remanentes de aquellas osamentas continúan llegando a las costas. A causa de todo esto, la isla se ha transformado en una especie de zona podrida, pues la humedad de sus suelos, mezclándose con las cenizas humanas, ha hecho que se cree una capa de materia pegajosa; que, pese a su carácter repulsivo, es ideal para el cultivo de vides.

Tiempo después de que Poveglia quedara totalmente abandonada, sobre ella se edificó, en el año 1922, un enorme hospital psiquiátrico con un gran campanario que aún hoy puede verse desde las costas venecianas, incluso en aquellas tardes en que la isla yace envuelta en niebla fantasmal.

Ahora bien, todos sabemos que algunos enfermos mentales, tales como los esquizofrénicos, ven alucinaciones que confunden con la realidad, aunque así mismo circula la creencia de que, en realidad, muchas veces los “locos” pueden percibir auténticos espíritus. Así, los pacientes del psiquiátrico fueron la primera fuente de que brotaron numerosos informes de fantasmas; los cuales, según los enfermos mentales, pertenecían a víctimas de la peste negra y estaban inmersos en un estado de profundo tormento. Pero, como quienes veían a los fantasmas eran “locos”, los testimonios sobre almas en pena fueron desacreditados.

Un malvado doctor castigado por los espíritus

La parte más negra de la historia de Poveglia fue cuando el director del hospital psiquiátrico empezó a usar a los enfermos mentales para experimentar, en la torre del campanario, nuevos métodos de curación, que incluían procesos como lobotomías y trepanaciones, dentro de los cuales se empleaban cinceles, martillos y taladros de mano, que a veces, en medio de la intensa agonía de los “conejillos de indias”, acababan de abrir las bóvedas craneales con un resultado que no era la sanación, sino la muerte o la agudización de la enfermedad, todo con una estela de sufrimiento, sangre y esquirlas, que salpicaban la limpieza del lugar de operaciones, como indicios irrefutables de lo cruel que puede ser la Ciencia en manos equivocadas.

Se cuenta que muchos fueron las pacientes que murieron por los experimentos, o que fueron literalmente torturados con excusas científicas. Pero las atrocidades del doctor no habrían de quedar en la impunidad; puesto que, tras varios años de experimentar con los enfermos, el médico empezó a ver a los espíritus de los que habían muerto por sus experimentos y a los espíritus que habían quedado de aquellos tiempos en que la peste azotó Italia. Prisionero del terror cotidiano que le infundían sus visiones, el doctor, según se supo por una enfermera que presenció el suceso, terminó por saltar desde lo más alto de la torre del campanario… Al caer, se cuenta que, mientras se retorcía de dolor sobre su sangre, el terror se apoderó de su cara cuando, subitámente, del suelo surgió una niebla que lo envolvió y lo “estranguló hasta matarlo”…

Aquel fue el fin del perverso doctor, y desde entonces su espíritu condenado pasó a engrosar las filas de las almas que penan en la silente Poveglia. Pero no es cualquier fantasma: él habita en la torre del campanario y, según se cuenta, a veces hace sonar la campana, y muchos escuchan su ronco tañer, sabiendo que muy probablemente no hubo viviente alguno que pudiera haberlo causado…

Tras la muerte del doctor

Después de que el médico que experimentaba con enfermos mentales se suicidara saltando de la torre del campanario, el hospital psiquiátrico fue clausurado y la isla quedó aún más sola hasta que, después de que el gobierno italiano la vendiera, su nuevo propietario intentara, en la década de 1960, vivir allí, cosa que no consiguió porque los fantasmas turbaban constantemente su paz…

Posteriormente al incidente de los 60, la reputación de la isla se ennegreció todavía más cuando una familia adinerada compró una propiedad en la isla y mandó a construir una casa allí. Supuestamente pasarían unas vonitas vacaciones en la casa de Poveglia, pero lo cierto es que no aguantaron un solo día, y que lo que experimentaron allí estuvo casi a la altura de Amityville, ya que ni siquiera aceptaron contarlo; pero, el desgarro que una de las hijas sufrió en la cara y por el cual tuvieron que hacerle 14 puntos de sutura, habla más que suficiente sobre lo que esa pobre familia vivió en la isla maldita…

Después de lo sucedido con aquella familia, varios psíquicos visitaron la isla en busca de signos de actividad paranormal, relatando que todo el tiempo sentían una atmósfera densa, pesada y oprimente, que tenían la sensación de que alguien les respiraba en el cuello, que a veces se cruzaban sombras con forma humana y, esto es lo peor, que podían escuchar alaridos y gemidos, como si, además de almas en pena, los horrendos sucesos del pasado hubiesen quedado estampados en el plano astral, repitiéndose una y otra vez, como ecos en una oscura habitación…

Abundan así las historias, no solo de psíquicos sino de buscadores de aventuras que han comprobado en carne propia la ruptura entre el más acá y el más allá que existe en Poveglia. Tal fue el paradigmático caso de un grupo que se adentró en el hospital y allí, entre las paredes deterioradas por el paso del tiempo, escucharon con claridad a una voz sin fuente alguna que, en tono disgustado y contundente, les dio esta orden: “Salgan inmediatamente y no vuelvan”…

Como ese hay muchos más casos escalofriantes, aunque hace poco, pero solo durante el día, la isla fue sometida a un proceso de restauración.

FUENTES: http://www.pasarmiedo.com/  http://viajes.elpais.com.uy/

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