Alejandrito.

En 1995, un niño de 13 años y su madre se encontraban en un panteón de México, cuando ella se quedó dormida. El menor, sin sueño y aburrido, permaneció sentado sobre una tumba, cuando sintió que una mano le tocaba el hombro. Asustado, volteó y se dio cuenta de que se trataba de otro niño que le decía: “Soy Alejandrito Chávez, ¿quieres jugar?”. Se veía amable, así que aceptó.

Con una lámpara y una bolsa llena de canicas empezaron a jugar; de repente, Alejandrito le dijo al otro niño: “Tu mamá te ama mucho, tienes suerte, yo siempre extraño a la mía.” – ¿Con quién vienes?, le preguntó. Y respondió que con sus abuelos. Todo parecía ir bien; siguieron jugando hasta que el sueño los venció.

A la mañana siguiente, cuando estaban sirviendo la comida, en el mismo panteón, el adolescente se topó con una tumba que decía: “Aquí yace mi querido hijo Alejandro Chávez”. La impresión era grande. Más tarde, cuando una mujer se acercó a esa tumba, él no pudo resistirse y preguntó por el aspecto del niño, que según su lápida, había muerto a los 9 años; ella le describió al infante… Era el mismo con el que había jugado durante la noche.

FUENTE: http://de10.com.mx/

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