El primer fantasma documentado de la Historia.

Considerado como el primer testimonio escrito sobre la existencia de fantasmas de la historia, el relato de Plinio el Joven ofrece la precisa y aterradora descripción sobre un supuesto suceso “paranormal” acaecido en una casa de Atenas, asediada por una presencia fantasmagórica.

En realidad, antes del testimonio de Plinio el Joven, ya existió otro anterior sobre este fenómeno, ejemplificado en la obra Mostellaria,- o El aparecido-, del comediógrafo latino Tito Maccio Plauto (254-184 a. C.), aunque desde la farsa y la comicidad. Por tanto no se considera un testimonio fidedigno de casa encantada con presencia documentada de fantasmas, a pesar de que el lugar es el mismo, Atenas. Eso sí, pudo servir de inspiración a Plinio  para narrar su espeluznante historia…

Cayo Plinio Cecilio Segundo, más conocido como Plinio el Joven (61-113 d. C.), fue sobrino e hijo adoptivo de Plinio el Viejo, el célebre autor de la Historia Natural. Amigo del historiador Tácito y alumno de Quintiliano, se le consideró como un hombre adelantado a su tiempo. Su carácter moderado y equilibrado le llevó a ascender en su cursus honorum a cónsul suffectus en el año 100 y posteriormente a gobernador de la provincia de Bitinia.

Su obra, las cartas o epístolas, reflejan la sabiduría de este hombre que fue, el primero, en describir la fenomenología volcánica a través de la erupción del Vesubio, considerado por muchos como el precursor de la moderna vulcanología, o también el primero en adoptar una postura de prudencia y expectación frente a los procesos abiertos en contra de los cristianos, cuando era gobernador de Bitinia, a través de las correspondencias mantenidas con el emperador Trajano, a quien además le dedicó un panegírico sobre su figura cuando subió al trono.

UNA CARTA FANTASMAGORICA 

Pero, no menos interesantes son las cartas de Plinio el Joven, referidas a los sucesos paranormales atribuidas a las apariciones de fantasmas.

Sin duda, la más interesante es la descripción sobre la aparición fantasmal en la llamada “casa encantada de Atenas”, recogida en la carta nº 27 del libro VII de sus Epístolas, concretamente los versículos 5 al 11.

Destinada la carta a Lucio Licinio Sura, amigo personal del emperador Trajano, cónsul tres veces y originario de Tarraco (Tarragona), dicho documento narra una serie de extraños sucesos cuyos elementos son los siguientes: casa grande, espaciosa, vacía y abandonada. Los anteriores propietarios huyeron presas del terror, al presenciar el deambular de un supuesto espectro que se aparecía; la imagen del fantasma tenia la apariencia de un anciano flaco y desdichado, con barba larga y cabello erizado, vestido con ropas andrajosas y llevando un caminar lento y pesaroso, debido a que llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacudía delatando su presencia de lejos.

Por aquellos dias el filósofo Atenodoro, llegado a la ciudad, iba buscando casa por Atenas. Viendo que la casa deshabitaba se alquilaba por un precio irrisorio, y se interesa por ella. Tras preguntar los motivos del económico alquiler, Atenodoro es informado de la situación. Aún a pesar de ello, el filósofo acepta pasar la noche en la casa.

LA APARICIÓN DEL FANTASMA

La historia en sí está dividiad en dos partes;

  • El atardecer en la domus, en la que el filósofo ordena que se le prepare una cama en parte delantera de la casa, pide unas tablillas, un estilo, una lámpara, y manda a todos los suyos al interior de la casa.
  • La velada, donde el incrédulo Atenodoro concentra su espíritu, sus ojos y su mano en escribir, para tratar de mantener su mente ocupada ante posibles ruidos, aparentemente irreales, en medio de un silencio sepulcral.
  • De repente, empieza a escuchar el serpenteante sonido de unas cadenas, y el filósofo, lejos de inmutarse, sigue con su tarea. El ruido va incrementándose, hasta que, finalmente el filósofo levanta la vista y encuentra a la presencia fantasmal prácticamente delante suya coincidiendo con la descripción dada. La figura infernal, le hace una señal como llamándole, pero Atenodoro, en un alarde de sangre fría, vuelve a trabajar con las tablillas. Pero la presencia de nuevo, atrae su atención agitando las cadenas.
  • Finalmente Atenodoro se arma de valor, se levanta, coge la lámpara y va tras el fantasma, quien se dirige al patio de la casa. De pronto, el fantasma se desvanece, se esfuma. Para dejar marcado el lugar de la desaparición, Atenodoro, pone hojas y hierbas a modo de señal y espera a la mañana siguiente. En el desenlace de esta aterradora historia, el filósofo, al alba, acude a los magistrados de la ciudad y aconseja que se excave el lugar donde está la señal ya que Atenodoro advertía las razones de aquella presencia de ultratumba. Cuando se realiza, la sorpresa es mayúscula. Encuentran huesos insertos y mezclados en cadenas que, el cuerpo del cadáver, putrefacto por el paso del tiempo y la tierra, había dejado descarnados y corroídos por las cadenas.
Conclusión
En la antigua Roma, era muy importante proporcionar al difunto una tumba o sepulcros que solían siturase a ambos lados de las calzadas, en la salida de las principales ciudades. A pesar de ser también corriente la incineración, hacia el siglo II de nuestra era,  la inhumación ganó terreno, y es por ello que los restos encontrados recibieran este tipo de enterramiento.
La conclusión a esta historia, es simple y muy acorde con esta visión de la muerte en el mundo romano. La aparición del espectro se debió, lógicamente, a que no había recibido un entierro debido y por ello, se aparecía infundiendo terror a los pobres residentes de la casa.
El fantasma advirtió a Apolodoro, de que lo único que quería era que se le diera una sepultura digna. Tras estos hechos, así se hizo, y desde entonces la casa dejó de tener a la presencia fantasmagórica y recuperó su normalidad.
Este relato de Plinio fue el precursor de un género literario conocido como “novela gótica” aparecida en Inglaterra a finales del XVIII, en donde se convierte en la inspiración de autores como;
  • Horace Walpole y su obra “El Castillo de Otranto”,
  • Mattew G. Lewis con “El monje” ,
  • Charles Maturin, con su relato ficticio Melmoth el errabundo, donde cita explícitamente, en un par de ocasiones, el testimonio de Plinio, junto con unas reflexiones sobre las posibles coincidencias existentes entre la visión pagana y la visión cristiana de la aparición de los espíritus, y por último,
  • El  Conde Potocki quien tras un pasaje de la obra La Vida de Apolonio de Tiana, incluye la traducción completa del relato de la casa encantada de Atenas para darlo a conocer a los lectores.
FUENTE: http://arquehistoria.com/
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