Historias reales de terror 4

'Un día cuando tenía unos 16 años y estaba con mi familia terminando de cenar, todos se quedaron en el comedor pero yo quise subir a ver la tele. Cuando iba subiendo las escaleras sentí una mano enorme y rasposa que me jaló del tobillo e hizo que me cayera. Grité y todos vinieron, yo estaba llorando como loca, mi papá buscó por todos lados y no había nada. Nos subimos al cuarto y de la puerta se veía hacía la calle, en la esquina vi una mujer joven con una bata blanca y con el cabello largo y rizado pero no se le veían los pies, era como si estuviera flotando. Pegué un grito de terror, no sabía qué pasaba pero mi hermana mayor corrió, me abrazo y me dijo que ella también la había visto. Me quedé dormida llorando. 12 años después sigo subiendo las escaleras de mi casa corriendo...'- JoviiZz Payan de Segoviano.

Una mano grande y rasposa…

“Un día cuando tenía unos 16 años y estaba con mi familia terminando de cenar, todos se quedaron en el comedor pero yo quise subir a ver la tele. Cuando iba subiendo las escaleras sentí una mano enorme y rasposa que me jaló del tobillo e hizo que me cayera. Grité y todos vinieron, yo estaba llorando como loca, mi papá buscó por todos lados y no había nada. Nos subimos al cuarto y de la puerta se veía hacía la calle, en la esquina vi una mujer joven con una bata blanca y con el cabello largo y rizado pero no se le veían los pies, era como si estuviera flotando. Pegué un grito de terror, no sabía qué pasaba pero mi hermana mayor corrió, me abrazo y me dijo que ella también la había visto. Me quedé dormida llorando. 12 años después sigo subiendo las escaleras de mi casa corriendo…”

– JoviiZz Payan de Segoviano.

'Cuando vivía en mi ciudad natal me mudé de casa unas cinco veces antes de terminar en un lugar permanente. Una de esas casas tenía dos pisos y yo era la única que dormía en el cuarto de abajo. Una noche mi perro empezó a ladrar y se metió corriendo a mi cuarto, le ladraba a la puerta y no se le quería acercar para nada, me saqué de onda y revisé, pero no había nadie, así que decidí dormir. Momentos después me desperté sintiéndome incómoda, extraña y, sin motivo alguno, empecé a sentir mucho miedo. Me acurruqué de lado intentando dormir cuando, de pronto, sentí a alguien abrazándome y no podía moverme ni gritar. Sólo cerré los ojos muy fuerte y pensé en todos los rezos que me se hasta que me quedé dormida. Nunca supe quién me abrazó o que fue lo que pasó...'- Kenya MIllán.

El abrazo final.

“Cuando vivía en mi ciudad natal me mudé de casa unas cinco veces antes de terminar en un lugar permanente. Una de esas casas tenía dos pisos y yo era la única que dormía en el cuarto de abajo. Una noche mi perro empezó a ladrar y se metió corriendo a mi cuarto, le ladraba a la puerta y no se le quería acercar para nada, me saqué de onda y revisé, pero no había nadie, así que decidí dormir. Momentos después me desperté sintiéndome incómoda, extraña y, sin motivo alguno, empecé a sentir mucho miedo. Me acurruqué de lado intentando dormir cuando, de pronto, sentí a alguien abrazándome y no podía moverme ni gritar. Sólo cerré los ojos muy fuerte y pensé en todos los rezos que me se hasta que me quedé dormida. Nunca supe quién me abrazó o que fue lo que pasó…”

– Kenya MIllán.

'Mi prima tuvo un bebé y a los pocos días su esposo tuvo que irse de viaje, así que mi hermana y yo fuimos a su casa para que no estuviera sola. Eran como las 9 de la noche, estábamos las tres viendo la tele en la habitación de arriba cuando empezamos a escuchar pasos en la planta de abajo. Alguien abría la puerta de la cocina y azotaba la puerta del baño. Pensamos que el esposo de mi prima había regresado antes, así que bajamos, pero no había nadie. Volvimos a la habitación pero seguimos escuchando los ruidos. Esperamos en silencio hasta que llegaron mis tíos y nunca supimos quien había sido...'- Miguel Ángel Pérez.

El esposo fantasma.

“Mi prima tuvo un bebé y a los pocos días su esposo tuvo que irse de viaje, así que mi hermana y yo fuimos a su casa para que no estuviera sola. Eran como las 9 de la noche, estábamos las tres viendo la tele en la habitación de arriba cuando empezamos a escuchar pasos en la planta de abajo. Alguien abría la puerta de la cocina y azotaba la puerta del baño. Pensamos que el esposo de mi prima había regresado antes, así que bajamos, pero no había nadie. Volvimos a la habitación pero seguimos escuchando los ruidos. Esperamos en silencio hasta que llegaron mis tíos y nunca supimos quien había sido…”

– Miguel Ángel Pérez.

'Un día estaba haciendo tarea en la cocina en la madrugada cuando algo raro ocurrió. Escuché el grito de un señor, no entendí lo que dijo y pensé que tal vez era algún borracho de la calle así que lo ignoré. Pasó un rato y empecé a escuchar a lo lejos un silbido que entonaba una melodía que no había escuchado antes, lo volví a ignorar pensando que quizá venia de la calle o de la casa de mis vecinos, pero empecé a escucharlo cada vez más cerca. Traté de no prestarle mucha atención, no era la primera vez que pasaban cosas rara en esa casa, pero el silbido se acercaba cada vez más. De pronto se detuvo y lo siguiente que escuché fue que abrieron la puerta para bajar las escaleras y unos pasos pesados como los de un hombre que traía botas. Regresó el silencio y cuando me tranquilicé, escuché el mismo silbido cerca de mi oído y una mano estaba recargada en mi hombro, me paralicé del miedo que sentí y cuando reaccioné sólo pude llamar a mi papá que fue corriendo con preocupación hacia mi. Le conté lo que había pasado y fue a inspeccionar la puerta conmigo, estaba abierta pero esa puerta nunca estaba abierta, la cerró y cuando íbamos bajando vio que en el escalón había una huella de un animal y me dijo que me fuera a dormir. Ya no he vuelto a escuchar ese silbido inolvidable, pero la mano me dejo un recuerdo, cada que volteo a mi hombro siento que la veo aunque sé que no es real...'- K Jacqueline Baez.

Un silbido aterrador.

“Un día estaba haciendo tarea en la cocina en la madrugada cuando algo raro ocurrió. Escuché el grito de un señor, no entendí lo que dijo y pensé que tal vez era algún borracho de la calle así que lo ignoré. Pasó un rato y empecé a escuchar a lo lejos un silbido que entonaba una melodía que no había escuchado antes, lo volví a ignorar pensando que quizá venia de la calle o de la casa de mis vecinos, pero empecé a escucharlo cada vez más cerca. Traté de no prestarle mucha atención, no era la primera vez que pasaban cosas rara en esa casa, pero el silbido se acercaba cada vez más. De pronto se detuvo y lo siguiente que escuché fue que abrieron la puerta para bajar las escaleras y unos pasos pesados como los de un hombre que traía botas. Regresó el silencio y cuando me tranquilicé, escuché el mismo silbido cerca de mi oído y una mano estaba recargada en mi hombro, me paralicé del miedo que sentí y cuando reaccioné sólo pude llamar a mi papá que fue corriendo con preocupación hacia mi. Le conté lo que había pasado y fue a inspeccionar la puerta conmigo, estaba abierta pero esa puerta nunca estaba abierta, la cerró y cuando íbamos bajando vio que en el escalón había una huella de un animal y me dijo que me fuera a dormir. Ya no he vuelto a escuchar ese silbido inolvidable, pero la mano me dejo un recuerdo, cada que volteo a mi hombro siento que la veo aunque sé que no es real…”

– K Jacqueline Baez.

FUENTE: https://www.buzzfeed.com

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