Los chinos podrían haber llegado a América antes que Cristóbal Colón.

El mayor experto chino en la dinastía Shang, el arqueólogo Tang Jigen, está dispuesto a realizar pruebas de ADN para determinar si existió una conexión temprana entre la dinastía Shang y las civilizaciones preíncas. De esta forma también se comprobaría que navegantes chinos arribaron al continente americano mucho antes que Cristóbal Colón.

“Hasta el momento no tenemos evidencia científica, aunque hay estudiosos chinos que han propuesto esta teoría a partir de leyendas sobre el desplazamiento de un grupo humano perteneciente a la dinastía Shang. Hay que hacer estudios comparativos más profundos”, propone Tang, de la Academia de Ciencias Sociales de China.

 

Desde hace dos décadas, los investigadores chinos Song Baozhong y Wang Dayou estudian los contactos entre la antigua China y la América precolombina. En el 2006 recorrieron el Perú, Ecuador y Bolivia, tras los pasos de lo que se conoce como el “viaje de los Yin hacia el este”. De acuerdo con sus hipótesis, los antiguos peruanos tendrían origen chino.

La última capital de la dinastía Shang estuvo ubicada en la ciudad de Yin. Fue allí donde el reinado alcanzó su apogeo, pero también su ocaso. Este período se conoce como Shang-Yin. Según antiguos libros chinos, cuando la dinastía colapsó, un desencantado príncipe Yin, que rechazó ceder el poder a sus enemigos, partió de China con su ejército y se dirigió hacia el este.

Los expertos chinos afirman que los clanes que dieron forma a las culturas de México y el Perú son descendientes directos de los Yin. La última etapa de la dinastía Shang coincide cronológicamente con la primera etapa de la cultura Chavín. Desde entonces, los intercambios podrían haber sido más frecuentes y en distintas épocas.

DINASTÍA MADRE

En 1999, el arqueólogo Tang hizo historia cuando descubrió vestigios de una antigua ciudad amurallada de la dinastía Shang (1600 a.C – 1046 a.C) en la provincia de Henan. No solo es la primera dinastía china cuya existencia está comprobada con hallazgos arqueológicos, sino que además es considerada la cuna de la civilización china.

“La historia de la escritura en China se inicia en la dinastía Shang. Los huesos oraculares son evidencia científica de que se trata de uno de los sistemas de escritura más antiguos del mundo”, explica el experto. Estas inscripciones se hicieron sobre caparazones de tortugas y huesos de animales, en ocasiones con un pincel.

A través de los huesos oraculares se ha podido conocer la genealogía real completa de la dinastía Shang, así como sus creencias y organización social. “El culto a los ancestros, el concepto de familia y los ritos son de esa época”, señala Tang. El bronce estaba destinado a vasijas ceremoniales y armas.

Según el arqueólogo, la estructura arquitectónica llamada ‘siheyuan’, compuesta por un patio rodeado por cuatro edificios, y que perduró hasta el siglo pasado, aparece en la dinastía Shang. En el sitio arqueológico de Yinxu –donde habitaba el grupo Yin– se han encontrado tumbas y palacios que son prototipos de la arquitectura china.

“Mataron a mucha gente y esa fue una de las razones de su fin. Hacían sacrificios humanos para honrar a sus ancestros. Las víctimas podían ser de buena posición social o esclavos. Pero también secuestraban a campesinos para sacrificarlos. Hemos encontrado muchos cuerpos sin cabeza”, cuenta el arqueólogo.

EXTRAÑAS COINCIDENCIAS

A principios del 2014, durante una visita académica, un profesor de la Universidad de Stanford le mostró piezas de la cultura Chavín. Tang reconoció ciertas similitudes con la dinastía Shang. “Aunque hasta aquí no podemos concluir que los Yin cruzaron el océano rumbo a Mesoamérica. Aún estamos lejos de ese punto”, sostiene.

Contemporánea a la dinastía Shang floreció la cultura Sanxingdui, en la provincia de Sichuan, considerada una misteriosa civilización que no aparece documentada en los antiguos libros chinos. Hallazgos como grandes máscaras cubiertas de láminas de oro y cabezas de bronce son hasta hoy un enigma para los especialistas.

Un motivo que aparece en las vasijas de bronce de la época Yin (dinastía Shang) y en las máscaras de Sanxingdui es el Taotie, una mezcla de dragón y felino, con ojos protuberantes, marcadas ventanas nasales, colmillos, cuernos y garras. Suele estar representado con un cuerpo y dos cabezas que pueden ser de dragón, fénix o serpiente.

Se trata de un ogro de la mitología china, uno de los 9 o 14 hijos del dragón. Su nombre se debe a su voraz apetito. Es un tótem protector que está ligado a un contexto religioso o de guerra, ya que se registra en piezas o herramientas que cumplen estas funciones. Simboliza la valentía, la agresividad y la fuerza.

Para Song y Wang, este elemento chino está presente en cerámicas y esculturas preincaicas, siempre de carácter religioso o guerrero. El felino de la iconografía Chavín es en realidad la representación de Taotie, que además aparece en un pectoral de oro y en la Estela de Raimondi, afirman convencidos.

Estas y otras representaciones –según los estudiosos chinos– se extienden a las culturas Mochica, Nasca, Paracas y hasta los incas, donde además es posible reconocer antiguos caracteres chinos en ceramios, artefactos, túnicas, tapices y geoglifos. En todos los casos, los trazos están dispuestos y vinculados al concepto de poder.

“Hemos llegado al punto de que es necesario hacer estudios científicos. Propongo comparar el ADN de restos de la dinastía Shang con los de la cultura Chavín o posteriores. Podemos mandar las muestras a laboratorios en EE.UU. o Canadá. Solamente con estas pruebas confirmaríamos un pasado compartido”, plantea Tang.

FUENTE: http://www.laentradasecreta.com

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Arqueoastronomía.

Arqueoastronomía es el nombre que en los últimos años se ha dado a todo un conjunto de disciplinas que tratan sobre el papel del cielo en las culturas de la antigüedad.

En el Nuevo Mundo, los arqueoastrónomos han estudiado principalmente como las civilizaciones prehispánicas de América Central vieron el cielo, y, en particular, la preocupación de los mayas por ello, con un calendario que incluía complejos ciclos entrelazados, algunos de ellos basados en sus observaciones de los planetas. Tales arqueoastrónomos tienen abundantes evidencias a su disposición: la orientación de los edificios, inscripciones en piedra, un puñado de códices que sobrevivieron a la conquista, e, incluso, entrevistas con los descendientes de los pueblos estudiados.

En Europa, los arqueoastrónomos se han concentrado en el estudio de los monumentos prehistóricos -especialmente tumbas y santuarios- para ver si se pueden descubrir pruebas acerca del interés por el cielo de sus constructores.

Para la mayoría, estas pruebas, si existen, se hallan en la orientación de los monumentos. Este tipo de arqueoastronomía remonta la historia de la astronomía hasta la prehistoria, al igual que la arqueología lleva hasta dicho tiempo a la historia social.

No todos los arqueólogos han dado la bienvenida a este nuevo tipo de aproximación, y es fácil comprender por qué. Muchos arqueólogos tienen un historial basado en el estudio de humanidades, mientras que la naturaleza de la arqueoastronomía es astronómica y estadística.

Así, el que el eje del famoso monumento de Stonehenge en Inglaterra esté orientado hacia la salida del Sol en el Solsticio de Verano (21 de junio), pudo deberse tanto a la casualidad, como a la intencionalidad de sus constructores, no siendo fácil decidir entre ambas alternativas. En la dirección opuesta, el eje del monumento encara la puesta de Sol en el Solsticio de Invierno (21 de diciembre), y, sin embargo, esto no supone ninguna evidencia adicional de una motivación astronómica por parte de sus constructores, sino la misma prueba presentada en diferente forma. Los argumentos sobre Stonehenge rápidamente degeneran en disputas técnicas sobre estadísticas, discusiones que la mayoría de arqueólogos no suelen poder comprender.

Sin embargo, saben bien cuando un arqueoastrónomo cataloga equivocadamente, como a veces pasa, de forma conjunta monumentos que pertenecen a diferentes culturas y períodos. Y, por supuesto, también saben cuando la vena lunática de la arqueoastronomía enuncia absurdas hipótesis, como sucede a menudo.

Como resultado de esto ha habido, hasta hace poco, un abismo entre arqueólogos, con una preparación tradicional, y arqueoastrónomos, con una educación basada en los conocimientos astronómicos. Este abismo es más lamentable en aquellos arqueólogos que correctamente enfocan las costumbres funerarias como reflejo parcial de las actividades más solemnes propias de una cultura, dado que una costumbre en la orientación de las tumbas, si existe, es una de esas costumbres, que la mayoría de los arqueólogos suelen descuidar en sus estudios.

Además, la orientación es una dirección, y ésta es medible en ángulos, es decir, en números. Una costumbre en la orientación es una costumbre  poco usual, quizás única, dado que es una costumbre funeraria cuantificable.

Como resultado, es fácil decidir si una costumbre de la Cultura A es la misma, similar a, o bastante diferente de una costumbre propia de la Cultura B, y esto puede proporcionar unos indicios valiosos sobre las relaciones entre ambas.

Afortunadamente, está empezando a ser cada día más común que trabajen en equipo arqueoastrónomos y arqueólogos, para su mutuo beneficio. En particular, la técnica de medición de orientaciones puede fácilmente ser enseñada en aire libre (o en una conferencia) en una hora. Pero la tarea debe ser llevada a cabo de forma competente: muchos mapas de yacimientos arqueológicos tienen flechas marcando el Norte de forma incorrecta.

Supongamos que estamos estudiando una tumba que tiene una entrada y un eje de simetría. En este caso se podrá decir que la tumba está orientada en una cierta dirección (que nosotros diremos que será preferentemente aquella de la vista desde el interior hacia afuera, mejor que al revés). A lo largo de este eje emplazaremos dos polos, usualmente uno en la mitad de la piedra de detrás y el otro en medio de la entrada, y trataremos de medir la orientación de la tumba, que es la dirección desde el primer polo hasta el segundo. Los ángulos se deberán medir en azimuth, en el sentido de las agujas del reloj desde el Norte geográfico (el Norte en sí mismo tendría un azimuth  00 , el Este tiene un azimuth de 900, y así sucesivamente).

La primera cuestión que surge es la duda entre usar un teodolito o una brújula magnética. El teodolito es un instrumento muy exacto, por lo que es apropiado si el monumento ha sido construido con gran precisión -como por ejemplo, un templo griego-. El método de uso con él descansa sobre el hecho de que sabemos la dirección del Sol en cada momento a lo largo del año, y en que tablas con esas direcciones se publican anualmente. El teodolito se sitúa en línea con los dos polos, y mide la diferencia entre la dirección del Sol y la orientación de la tumba. Dado que con las tablas sabemos la dirección real del Sol en el momento de la observación, podremos hallar la orientación de la tumba por adición o sustracción. Obviamente, en ausencia del Sol, no podremos usar un teodolito, así como si el terreno es muy desigual, puede ser muy difícil el transportar el mismo hasta el yacimiento y emplazarlo en línea con los dos polos. Si, además, la tumba fue construída de manera pobre o está tan mal preservada que la posición exacta del eje esté mal definida, puede incluso no ser conveniente el intentar usar el teodolito.

Una brújula magnética mide la diferencia entre la orientación de la tumba y el Norte magnético (no con respecto al geográfico), y lo hará tanto en un día soleado como en uno lluvioso. Para convertir estas medidas de la brújula en azimuths, necesitamos saber la diferencia entre el norte geográfico y el magnético, que, por desgracia, cambia de lugar en lugar y también de año en año.

En la actualidad, en España, el Norte magnético se encuentra a unos pocos grados al Oeste del Norte geográfico, y hay que descubrir -por ejemplo, mediante la información de los planos de la Cartografía Militar– las diferencias para cada región y para cada momento del año en que se está trabajando.

Desafortunadamente, puede suceder a veces que la roca de la región sea ígnea y aparezca alguna anomalía magnética que afecte a esta diferencia. En este caso, la consulta a un geólogo debe ser solicitada siempre, porque aunque las anomalías significativas suelen ser poco habituales, cuando ocurren pueden crear problemas serios a los usuarios de la brújula.

Si sospechamos que el motivo para la orientación fue astronómico, deberemos entonces medir también la altitud angular de la línea del horizonte en el dirección de la orientación, es decir, a cuantos grados sobre el horizonte se encuentra la cima de la colina o montaña hacia la que la tumba se orienta. Esto es porque el Sol, la Luna y las estrellas no salen o se ponen de manera vertical, sino que lo hacen siguiendo una trayectoria inclinada.

Supongamos, por ejemplo, que sospechamos que una tumba en Andalucía, que fue construida en el tercer milenio a.C., se orienta hacia la salida del Sol en el Solsticio de Invierno. En esa latitud y en esa época, el Sol salía ese día con un azimuth de 120 0  siempre que no hubiera una colina o una montaña de por medio en esa dirección.

Pero si el horizonte en esa dirección hubiera sido montañoso, y las cimas se alzaran unos 50, entonces el Sol debía ascender 50 verticalmente antes de que pudiera ser visto desde la tumba, mientras seguía con su movimiento hacia el Sur.

Un simple cálculo demuestra que el Sol se habría movido 50 hacia el sur antes de salir tras la montaña. El azimuth del eje de la tumba en este caso sería, por lo tanto,  no de 120 0, sino  de 120 0 más 50 , es decir 1250. Ésta es una diferencia considerable, igual a diez veces el diámetro del Sol.

Cuando hemos medido las orientaciones de tantas tumbas como sea posible de una cultura concreta en una región determinada, podemos preguntarnos si tenemos pruebas de que sus constructores siguieron una costumbre en la orientación de las mismas.

Cuando ellos se levantaban una mañana y se planteaban la construcción de una tumba, ¿había algunas orientaciones permitidas y otras que no lo eran?. Casi siempre hallamos que la respuesta es afirmativa, y vemos que el conjunto de orientaciones de las tumbas giran en torno a ciertos azimuths, o series de los mismos,  y que otros casos son raros, o inexistentes.

Un buen ejemplo de este razonamiento nos lo proporciona mi propia experiencia estudiando las tumbas de Menorca de la Edad del Bronce conocidas como Navetas.

Un año tuve la oportunidad de medir las orientaciones de siete de ellas, y descubrí que todas yacían dentro de un mismo cuadrante -un cuarto de círculo- (si bien no es relevante para el propósito de este artículo decir de que cuarto se trataba).

Esto era significativo en sí mismo, dado que se pudiera haber esperado siete orientaciones más dispersas si hubieran sido elegidas al azar. Un año más tarde visité las restantes once navetas conocidas, y cada vez que mi colega y yo nos aproximábamos a una nueva, nos preguntábamos si estaría orientada dentro del mismo cuadrante que las anteriores.

Dado que hay cuatro cuadrantes en un círculo, las probabilidades de que la primera naveta estuviera orientará dentro del mismo cuadrante que las otras puramente por azar eran de uno a cuatro. Sin embargo, esa era su orientación. La segunda naveta también se orientaba hacia el mismo cuadrante, y las posibilidades de que ambas estuvieran orientadas hacia el mismo cuadrante por azar multiplicadas por uno a cuatro se convertían en sólo de uno a dieciséis. La tercera naveta también se orientaba hacia el mismo cuadrante (con lo que la probabilidad de que la coincidencia fuera debida al azar descendía hasta sólo una entre sesenta y cuatro), y así sucesivamente hasta la decimoprimera.

Por tanto, las posibilidades de que la orientación fuera fruto de la mera casualidad, eran sólo de una entre muchos millones, por lo que podemos estar bastante seguros de que los constructores de navetas seguían una cierta costumbre cuando escogían las orientaciones de esas tumbas.

Las orientaciones individuales, medidas con competencia, son hechos concretos, por lo que cualquier persona que cuestione los datos puede volver al yacimiento y medir de nuevo las orientaciones. El hecho de que las orientaciones no sean fruto del azar -el que sus constructores siguieran unas costumbres- normalmente constituye una certeza matemática.

Pero cuando pensamos en las posibles razones para dichas costumbres, nos movemos en el reino de las hipótesis, y dejamos atrás las certezas.

Podemos imaginarnos muchos tipos de razones para tales costumbres (y sin duda muchas de esas razones son posiblemente impensables en nuestras mentes modernas). Las orientaciones podían haber estado condicionadas por el clima -las tumbas se encaran hacia el calor del sol, o para evitar determinados vientos-. Las tumbas podrían haber estado orientadas hacia una legendaria tierra de procedencia, o bien hacia una montaña sagrada, o quizás a una tumba de prestigio de especial significado. Todas estas posibilidades deben ser tomadas en consideración, y sólo si hay razones para rechazarlas, nos sería permitido concluir que la motivación al construirlas fue astronómica.

Un buen ejemplo de motivación astronómica, del que fuimos testigos, lo encontramos en una zona al sur de Salamanca, donde tuvimos la oportunidadde medir seis tumbas dispersas en una región llana, las cuales, sin excepción, se encaraban dentro de un arco de sólo ocho grados. Parece imposible imaginar como tal repetición pudo conseguirse al azar, excepto si pensamos en la observación del cielo.

Si tenemos buenas razones para creer que la costumbre en la construcción de tumbas estuvo basada en la astronomía, debemos considerar diversas posibilidades. Para ayudarnos a decidirnos entre ellas, necesitamos primero entender la aparición de los cuerpos celestiales en la antigüedad.  El Sol entonces salía y se ponía de forma muy parecida a como lo hace hoy en día, aunque las variaciones de los lugares de salida y puesta del Sol en el horizonte eran más amplios que actualmente.

Como ahora, la Luna salía (y se ponía) cada mes con unas variaciones en el lugar de salida y puesta, similares, pero no idénticas, a las del Sol. La Luna tenía, como en la actualidad, un ciclo de 18,6 años. Durante nueve años, la Luna salía y se ponía cada mes en el horizonte con unas variaciones algo menores que las del Sol, mientras que durante los siguientes nueve años las variaciones eran algo más grande. A mediados de este segundo ciclo de nueve años, la variación en el lugar de la salida de la Luna era el más grande posible: cada mes la Luna salía y se ponía más al norte y más al sur que durante toda una generación, y es posible que esas salidas extremas fueran significativas para los constructores de tumbas.

Actualmente, ese lugar de salida es conocido como el “sitio de la mayor detención de la Luna” (Lunar Standstills), un término escogido a semejanza del de Solsticio (que viene a significar sitio en que el Sol se detiene).

Las estrellas, sin embargo, son menos sencillas de interpretar. Ellas, ciertamente, son libres de moverse a nivel individual (con su movimiento propio), pero dada su enorme lejanía, esos movimientos son muy pequeños desde la Tierra, y raramente tienen importancia para los arqueastrónomos, ni siquiera en períodos de miles de años.

No obstante, el marco completo del cielo estrellado ha cambiado considerablemente desde la antigüedad. Esto es debido a que la tierra no es una esfera perfecta, sino que esta algo achatada por los polos, por lo que la atracción gravitacional del Sol y de la Luna causan que el eje de la tierra se tambalee como si del trompo de juguete de un niño se tratara.

La posición del Polo Norte Celeste ha variado sensiblemente desde la antigüedad. Así, hasta hace sólo tres mil años, la Cruz del Sur era visible desde las Baleares. Afortunadamente para los arqueoastrónomos, las posiciones en otros tiempos de todas las estrellas más brillantes están comodamente disponibles en un catálogo publicado por el Center for Astrophysics, en los EE.UU.

Una vez hemos reunido todas las pruebas y sabemos como aparecían los cuerpos celeste en el tiempo en que nuestras tumbas a estudiar fueron construídas, nos aproximamos a la dificultosa tarea de la interpretación.

Para decidirse entre hipótesis alternativas podemos llegar a tener que usar la Navaja de Ockham, principio así llamado en honor del filósofo inglés del siglo XIV, que nos indica que si dos hipótesis nos informan igualmente bien acerca de las evidencias, habremos de optar por la más sencilla.

Por ejemplo, en Creta, en el pueblo de Armenoi al sur del puerto de Rhethymnon, se encuentra un cementerio del período minoico tardío con unas trescientas tumbas. Éstas no están en la superficie sino que sus pasillos de entrada (“dromos” en griego) y sus cámaras están talladas en la roca. Cuando se abandonó el cementerio, la tierra y la hojarasca cubrieron los pasillos de entrada, por lo que las tumbas y su contenido se preservaron intactos hasta nuestros días. Como las paredes de los pasillos son rectas paralelas que están aún en perfecto estado, se pueden medir las orientaciones de las tumbas con una exactitud inusual, mejor que un grado. Hasta ahora más de 224 tumbas han sido excavadas, proporcionándonos un conjunto de datos que es probablemente único tanto en cantidad como en calidad. Sorprendentemente, cada tumba individual está orientada hacia más o menos el Este, hacia algún punto entre el Noreste y el Sudeste. La franja de variaciones en la orientación es virtualmente idéntica a la variación anual de los lugares de salida de la Luna, y por lo tanto ligeramente más amplia que la variación de los lugares de salida del Sol. Es tentador concluir diciendo que las tumbas fueron construidas con una orientación que se correspondía con la de la salida del Sol o de la Luna el día que empezaba su construcción (dicha práctica de orientación hacia la salida del Sol nos es familiar por los registros históricos sobre la construcción de iglesias en Inglaterra).

Consideremos primero la posibilidad de que estén orientadas hacia algún punto que señale la salida del Sol. La posición del lugar de salida del Sol sobre el horizonte cambia rápidamente en primavera y otoño (cuando sale más cerca del Este, en el equinoccio), y más lentamente cuando se acerca el Solsticio de verano o el de Invierno. Por lo tanto, era lógico suponer que la mayoría de las tumbas estarían orientadas hacia algún punto cerca del lugar donde se produce la salida del Sol durante los Solsticios, y que serían relativamente pocas las orientadas hacia el Este. Pero de hecho éste no fue el caso.

Para explicar porque las evidencias no fueron las que cabría esperar, tuvimos que realizar una segunda suposición: quizá a causa de que los veranos fueran demasiado calidos y los inviernos demasiado fríos, los constructores de tumbas normalmente iniciaban su trabajo en primavera u otoño, y no en verano o invierno. Por razones similares, aceptamos la misma suposición para la hipótesis de que cada tumba se orientó hacia el lugar de la salida de la Luna el día en que las obras se iniciaban.

Si, en cambio, nos limitamos a suponer tan sólo que los constructores simplemente cumplían la función de planear tumbas en cualquier dirección hacia la salida del Sol o de la Luna, la hipótesis es suficiente para explicar los datos, por lo que, según el principio de la navaja de Ockham, ésta sería la hipótesis preferida frente a las dos suposiciones anteriores más complicadas.

Dado que la actual variación de orientaciones de las tumbas es casi idéntica con la de la salida de la Luna, ésta puede ser la explicación que finalmente adoptamos.

Este ejemplo, usando datos únicos en cantidad y calidad, quizás ha resultado más complejo de lo que el lector pudiera haber esperado. No obstante, sirve para remarcar la diferencia que un arqueoastrónomo debe tener siempre en la mente entre, por un lado, el conjunto de las pruebas de la orientación y de la existencia de costumbres subyacentes, y, por otro lado, las interpretaciones especulativas de los motivos que subyacen a dichas costumbres.

Por Michael Hoskin

FUENTE: http://www.laentradasecreta.com

El Necronomicón y los mitos de Cthulhu.

“Sobre los Primordiales, escrito está que esperan siempre en la Puerta, y la Puerta está en todo tiempo y en todo lugar, pues Ellos no saben de tiempo ni lugar, más están en todo tiempo y en todo lugar, aunque parezcan no estar, y entre Ellos los hay que pueden tomar formas y rasgos diversos y cualquier forma y cualquier rostro que deseen y las Puertas están en cualquier sitio para Ellos. Dondequiera que el hombre disponga las Piedras y pronuncie tres veces las palabras prohibidas allí se abrirá y Ellos pasarán…”

Este es un supuesto fragmento del Necronomicon (El Libro de los Nombres Muertos), extraño libro prohibido de saber arcano, considerado por muchos como una ficción y por nosotros como una realidad.

El encargado de popularizar el concepto del Necronomicon como “Libro Prohibido” fue el escritor norteamericano Howard Phillips Lovecraft (1890‑1937), el cual lo mencionó por primera vez en 1922. Brevemente, la historia del Necronomicon es resumida por Lovecraft puntualizando que el título original era Al‑Azif y su autor un poeta loco de Sana (Yemen) que había vivido en la época de los Omeyas hacia el año 700, llamado Abdul Al‑Hazred, el cual había explorado las ruinas de Babilonia y los subterráneos secretos de Memphis, pasando diez años en la soledad del desierto que cubre el sur de Arabia, del que se dice que está habitado por espíritus malignos y por fantasmas ancestrales. Los que se internan en él cuentan que se producen fenómenos extraños y sobrenaturales. Los últimos días de su vida, Al‑Hazred, vivió en Damasco, donde escribió el Necronomicon, ocurriendo su muerte o desaparición en extrañas circunstancias hacia el 738. Al‑Hazred pretendía haber visitado la ciudad de Irem y sus pilares y conocer los secretos de una raza más antigua que la humanidad. Fue un ferviente adorador de entidades desconocidas a las que invocaba con extraños nombres como Cthulhu o Yog‑Shothoth.

La otra parece que fue traducida posteriormente al griego y al latín, siendo prohibida por el Papa Gregorio IX en 1232. Parece que la edición árabe se perdió mucho antes. La primera versión que tenemos (por ahora) del Necronomicón, nos llega de la mano del célebre mago y alquimista británico John Dee (1527‑1608) The Necronomicon or, the Book of dead names. Pero este manuscrito de Dee, conocido como Liber Logaeth, está escrito en un código cifrado, que debido a su inmensa complejidad, no pudo ser traducido hasta 1970‑1974 por el criptólogo David Langford con la ayuda de un ordenador y con el asesoramiento del ocultista Robert Turner. Lo que resulta curioso es el hecho de que el propio Lovecraft, en las novelas que escribió entre los años 20 y 30, cita determinados estudios y ritos prohibidos que se encuentran tal cual en el manuscrito cifrado de John Dee. Si este manuscrito no se develó hasta mucho después de la muerte de H.P.L. ¿Cómo es que éste ya lo poseía?… ¿Quizás la afiliación del padre del propio Howard Phillips a ciertas Ordenes Secretas hizo que su hijo tuviese acceso al citado libro…?

El investigador Jacques Bergier, que estuvo en contacto con Lovecraft, nos dice que éste le confesó que el Necronomicon salió de su imaginación y que realmente no existía. Este se contradice con la propia obra de H.P.L., pero no es extraño que hablase así alguien que, aunque era capaz de proyectarse con su onirismo hasta la misma puerta del Abismo que separa los mundos, sentía un pánico cerval ante todo lo desconocido. Normalmente, todas las obras de Lovecraft, que califican al Necronomicon de impío y terrorífico, terminan con la muerte del protagonista a manos de una entidad foránea o haciéndole caer en la locura. En sus escritos, el Necronomicon termina quemándose o guardado bajo siete llaves en alguna biblioteca arcana.

Hacia los años 70, en USA, se publicó una obra conocida como El Necronomicon de Simón, edición que podemos encontrar en español publicada por la editorial Edaf. El citado Necronomicon, aunque indudablemente interesante para todos los aficcionados al Ocultismo, no pasa de ser una recopilación de ciertos manuscritos de magia sumeria.

Aparte de este texto que citamos, la única referencia que tenemos del Necronomicon son las citas que de él hace el propio H.P.L. en sus obras (El Horror de Dunwich, El que acecha en el umbral, La llamada de Cthulhu, La sombra sobre Innsmouth, A través de las Puertas de la Llave de Plata, etc.), y por supuesto los manuscritos de John Dee.

Según el propio Lovecraft y su obra, la Tierra fue la morada donde los Antiguos fueron desterrados y fundaron sus extrañas ciudades. De su simiente surgieron distintas razas semi‑terrestres que poblaron la Tierra…

“Los Antiguos fueron, los Antiguos son y los Antiguos serán. Desde las oscuras estrellas Ellos vinieron antes de que naciera el hombre, sin ser vistos ni oidos, Ellos descendieron a la antigua Tierra.

Bajo los océanos se reprodujeron mientras las edades pasaban, hasta que los mares abandonaron la tierra, después Ellos salieron como enjambre en todas sus multitudes y la oscuridad reinó en la Tierra. En los helados polos Ellos levantaron poderosas ciudades, y en los lugares elevados los templos de Aquellos a quienes la naturaleza no pertenece y los Dioses han maldecido.

Y la simiente de los Antiguos cubrió la Tierra, y sus hijos perduraron a través de las edades…“

(De Liber Logaeth)

Posteriormente fueron arrojados por los Dioses Mayores a los vacíos de entre los planos o a las cavernas sumergidas bajo el agua…

“Ellos han paseado entre las estrellas y sobre la Tierra… Los Antiguos pisaron los caminos de la oscuridad y sus blasfemias fueron grandes sobre la tierra, toda la creación se inclinó bajo su poder y los conoció… Y los Señores Mayores abrieron sus ojos y advirtieron sus abominaciones. En su ira, Ellos levantaron su mano contra los Antiguos, arrojándolos lejos de la Tierra al Vacío que hay más allá de los planos donde reina el caos y los cuerpos no permanecen. Y los Señores Mayores pusieron su Sello sobre la Puerta, y el poder de los Antiguos no prevaleció…

Y Cthulhu surgió de entre las profundidades y montó en cólera contra los Guardianes de la Tierra. Ellos anularon su poder con Poderosos sortilegios y lo encerraron dentro de la ciudad de R’Lyeh, donde bajo las olas, dormirá el sueño de la muerte hasta el fin del Eón…

Los Antiguos esperan, en los rincones que hay entre los espacios conocidos por los hombres, el momento de su vuelta. Porque la Tierra los ha conocido… y los conocerá en el tiempo a venir…“

(De Liber Logaeth)

Algunos estudiosos del ocultismo piensan que los “tiempos a venir” no están muy lejanos, y que el Aeon de Cthulhu se acerca de forma inexorable, así es que el hombre debe estar preparado para la resurgencia atávica que, posiblemente, le espera y “Cthulhu volverá a despertar de sus sueños de R’Lyeh y nuevamente caminará por la Tierra…”

Los Mitos de Lovecraft no son una simple invención romántica, sino que se basan en antiquísimas tradiciones, reflejos arquetípicos de ciertas estructuras mágicas y mitológicas que se pierden en la noche de los tiempos.

La utilidad mágica de las poderosas energías ancestrales, pertenecientes a lo más profundo del subconsciente humano, expresadas en forma caótica y desbordante por los Grandes Antiguos, son estudiadas en profundidad para su recuperación de “entre los intersticios de los planos que configuran los Universos”, por misteriosas Ordenes Secretas de Magos. Intentando, de esta forma, su adecuada canalización hacia formas no destructivas que proporcionen al hombre la posibilidad de acceder al siguiente paso en la evolución.

Por Fr. Zuen Levanah

FUENTE: http://www.laentradasecreta.com

La Roca Waffle: ¿Rareza geológica o un residuo de una tecnología de hace 300 millones de años?

Una roca gigante en la orilla oeste del lago Jennings Randolph sigue confundiendo a los investigadores y visitantes. La enigmática conformación reticular impreso en el lado de la roca es una simple rareza geológica, o el residuo de una tecnología antigua. El origen de la piedra se remonta a hace 300 millones de años.

La maraña de patrones geométricos es tan lisa que es difícil de creer que este es un fenómeno natural. Si no es una estructura natural, significaría que su origen se atribuye a una antigua civilización en posesión de una tecnología avanzada desconocida.

Algunos incluso creen que la roca muestra claramente marcas causadas por la intensa radiación dejada por el tren de aterrizaje de una nave espacial aterrizando en la Tierra hace millones de años, o quizás más recientemente. El hecho es que hasta que no haya una respuesta definitiva al enigma, todo el mundo puede imaginar la causa favorita.

Hace mucho tiempo atrás, alrededor de 1930, en el área del condado de Mineral, Virginia Occidental, había un pequeño pueblo llamado Shaw. No lo encontrarás en ningún mapa moderno, debido a que ya no existe. Donde una vez estuvo Shaw esta ahora un pequeño lago, el lago Jennings Randolph para ser precisos, pero no fue un desastre natural lo que condenó a Shaw a su desaparición, fue el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU.. Se pidió a los residentes de Shaw empacar sus vidas y irse, ya que el gobierno había decidido instalar una represa en el río Potomac, que fluía a través del pequeño pueblo. Varios de los residentes estaban poco preocupados por su propio bienestar ya que estaban a punto de perder una extraña roca conocida localmente como The Indian Rock (la roca de los indios), que estaría enterrada bajo metros de agua con la realización del proyecto de la presa. ¿Por que los indios estaban tan preocupados por esta roca, sabían algo importante acerca del origen de la roca que nosotros ignoramos?

El descubrimiento de la roca se hizo publico en 1984 y se informó en un artículo en el Saturday Evening Post. La roca fue apodado la “Roca Waffle” por el impresionante patrón geométrico, al igual que las marcas dejadas por la rejilla utilizada al cocinar los famosos waffle.

Originalmente, la piedra estaba enterrada, pero durante la construcción del lago se decidió trasladarla ha otro lugar para poder observarla. Un pequeño trozo de la roca también está en exhibición en el Instituto Smithsoniano de Historia Natural en Washington.

A través de los años, el origen de la Roca Waffle ha sido objeto de numerosas teorías. Las especulaciones van desde impresiones del patrón de la piel de un reptil gigante a la evidencia de que antiguos viajeros espaciales visitaron la Tierra. Otros, especialmente en la comunidad científica, creen que la roca es una formación geológica natural.

A raíz del descubrimiento, tras un primer análisis, el coronel Martin W. Walsh Jr., Comandante del Cuerpo de Ingenieros llegó a la conclusión de que la roca era de origen natural, según lo informado por el artículo en el Saturday Evening Post en diciembre de 1984. Planteó la hipótesis de que la arena depositada por las corrientes se habían consolidado en los curiosos “pliegues” durante la Orogenia Apalache, que ocurrió hace unos 300 millones de años.

A través de los años, el origen de la Roca Waffle ha sido objeto de numerosas teorías. Las especulaciones van desde impresiones del patrón de la piel de un reptil gigante a la evidencia de que antiguos viajeros espaciales visitaron la Tierra. Otros, especialmente en la comunidad científica, creen que la roca es una formación geológica natural.

A raíz del descubrimiento, tras un primer análisis, el coronel Martin W. Walsh Jr., Comandante del Cuerpo de Ingenieros llegó a la conclusión de que la roca era de origen natural, según lo informado por el artículo en el Saturday Evening Post en diciembre de 1984. Planteó la hipótesis de que la arena depositada por las corrientes se habían consolidado en los curiosos “pliegues” durante la Orogenia Apalache, que ocurrió hace unos 300 millones de años.

Sin embargo, estos son sólo especulaciones. La verdad es que la ciencia no es capaz de explicar el origen de la roca.

Por esta razón, de acuerdo con los investigadores más exóticos, la posibilidad de que la roca no es de origen natural puede no ser rechazada con certeza. Pero si es así, ¿qué herramientas o maquinaria se utilizaron para crear este modelo tan increíblemente perfecto?

Los teóricos de los antiguos astronautas creen que podría tratarse de la marca dejada por una nave espacial visitando la Tierra millones de años atrás. Historiadores alternativos, sin embargo, creen que la grilla es parte de los vestigios de una civilización desconocida que vivió en nuestro planeta en los tiempos antiguos, en posesión de sofisticadas tecnologías inimaginables para nosotros.

En resumen, ¿es una extraña creación de la madre naturaleza, una marca dejada por los viajeros extraterrestres o los restos de un avanzada civilización perdida en las brumas del tiempo? El veredicto aún no se ha emitido … cada uno juzgue por sí mismo, hasta que se demuestre lo contrario.

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Después de más de 300 años, descifran la misteriosa Carta del Diablo.

La carta del diablo es una misiva cifrada alojada en el convento de Palma di Montechiaro en Italia. Su mensaje ha desconcertado a los investigadores durante más de trescientos años. Se cree que la carta fue escrita en 1647 por la mano de Sor María Crocifissa della Concezione bajo la dirección de Lucifer.

La Hermana María entró en el convento benedictino de Palma di Montechiaro a la edad de 15 años. Según los historiadores, la Hermana María despertó de un desmayo con un extraño sentimiento de que el diablo “la había controlado”. Notó que estaba cubierta de tinta y varias cartas estaban esparcidas sobre su escritorio. Examinando las cartas, encontró una mezcla ininteligible de manuscritos antiguos y anagramas misteriosos. La Hermana María admitió a otros en el convento que las notas eran mensajes de Lucifer entregados a la Hermana María en un estado de ensueño.

Durante siglos, los investigadores fueron incapaces de descifrar el contenido críptico de la carta (sólo una carta sobrevivió), hasta septiembre de 2017 cuando los investigadores del Centro de Ciencias Ludum de Catania, Sicilia descifraron la carta usando un sofisticado algoritmo encontrado en la web oscura.

El algoritmo criptográfico utilizado para descifrar la carta fue descubierto en un software que se cree fue escrito por un estado-nación (probablemente los Estados Unidos). El software era único, inteligente y muy bien escrito.

“Usamos el software con el griego antiguo, el árabe, el alfabeto rúnico y el latín para descifrar parte de la carta”.

Su trabajo funcionó. Al igual que las huellas dactilares que aparecen en una ventana empañada, el mensaje de la carta comenzó a desentrañar el mensaje pieza por pieza. Su primer vistazo al significado retorcido de la carta reveló esta simple frase:

“Dios piensa que puede liberar a los mortales, pero el sistema no funciona para nadie”.

Los investigadores dicen que el texto encriptado también contienen fragmentos de texto que degradan a Dios, a Jesús y al Espíritu Santo como “pesos muertos” que la humanidad debe intentar esquivar. Otra frase pasó a decir “tal vez ahora, Styx es verdadero.” Styx es el río mítico que separa la humanidad del inframundo.

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El misterio de la calavera pintada.

Un empleado del hospital Wilhelminen en Viena, Austria encontró la semana pasada en un prado cercano al hospital una calavera en el interior de una cacerola.

El misterioso cráneo, hallado en Ottakring, había sido pintado a mano con decoraciones florales y una cruz central. Según un arqueólogo, este cráneo perteneció a un hombre de edad avanzada.

 

Las autoridades realizaron pruebas y verificaron que el cráneo es auténtico, pero desconocen de donde ha salido y porque fue pintado de esta forma.

Además de las decoraciones con flores, el cráneo presenta en la parte frontal central un texto que dice “gehängt 1612” (ahorcado 1612), sin embargo los expertos en arqueología sostienen estos huesos son demasiado pequeños para ser del siglo XVII, si bien hasta la fecha no se ha conseguido una datación precisa.

También el nombre de Amelie Lagrange aparece en este cráneo, sin embargo la arqueóloga Karin Fischer-Ausserer confirmó que el mismo perteneció a un hombre.

Fischer-Ausserer dijo que el cráneo es real, aunque parece conformado por distintas partes diferentes. En la parte posterior se encuentra pegada una pieza hecha con vértebras de vaca y también se cree que la mandíbula puede ser de una persona diferente.

“Se trata de una recopilación de varios componentes, ensamblados artísticamente” comentó, agregando que este hallazgo es “probablemente una broma extraña”.

La arqueóloga afirmó igualmente que el cráneo no está relacionado con ninguna muerte violenta o crimen.

Lo que resulta misterioso es qué hacía ese cráneo en un prado y porqué fue pintado de esta manera.

Desde mi punto de vista y dada mi formación profesional, la pintura del cráneo observada sólo a través de la fotografía difundida mantiene un color demasiado vivo y fresco como para tener más de 400 años, por lo que descartaría la antigüedad de la misma. La pintura parece haberse realizado en un tiempo muy próximo al hallazgo.

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La leyenda de los 7 gigantes de los Urales.

Man Pupu Nyor es uno de esos lugares que huelen a tiempo y a leyenda. Sobre su meseta solitaria, teñida por el viento y la soledad, se alzan siete gigantes de piedra. Siete asombrosas formaciones rocosas que resisten el devenir de los años, contando una historia que los mortales hemos etiquetado de leyenda.

Los llaman los siete gigantes de los Urales y son una especie de moais de entre 30 y 45 metros de altura, alzados sobre un altiplano, que el viento ha ido esculpiendo a lo largo del tiempo. Juntos forman un legado geológico único en el mundo que te encantará conocer.

Man Pupu Nyor, la montaña de los dioses

Estamos en un inhóspito rincón de la República de Komi, en los montes Urales. Los siete gigantes que atisban este gélido altiplano son, en realidad, una curiosa formación geológica llamada Man-Pupu-Nyor, que en idioma mansi significa “pequeña montaña de los dioses”.  Atraen rápidamente la atención por su espectacularidad y por la soledad del escenario donde se alzan. Seis de ellos emergen agrupados, mientras que uno se distancia del resto, como si los observara o los vigilara.

Nos dicen los geólogos que sus corazones de piedra deben tener una antigüedad de unos 200 millones de años. Es muy probable que en el pasado aquí se ubicara una montaña, pero el tiempo, la lluvia y la erosión, perfiló con hábiles manos de artesano estas formaciones tan espectaculares, estos siete pilares admirados desde siempre por los chamanes y brujos del pueblo mansi. No debemos olvidar tampoco que los Urales son una de las cordilleras más antiguas de la Tierra, así que casi podemos considerar a estas rocas como auténticos titanes de otro tiempo. De ahí que no nos extrañe tampoco la existencia de esa leyenda que los mansi -esta tribu de antiguos brujos y cazadores- tejieron alrededor de sus siete gigantes de piedra.

La leyenda de los siete gigantes de los Urales

Dicha leyenda se ha trasmitido de generación en generación en los Urales, desde que los mansi habitaran esta montaña sagrada, llevando a cabo la que era su humilde vida de antaño. Eran grandes cazadores y expertos curtidores de piel, hombres y mujeres acostumbrados a la rudeza de su tierra.
En aquel tiempo su líder era Kuuschay, hábil cazador de osos y ciervos. Tenía dos hijos y uno de ellos era una joven alta y esbelta que gustaba recorrer aquellas montañas y sus altiplanos corriendo y cantando.
No tardó en enamorarse de ella uno de los gigantes. Uno llamado Torev, que junto a su familia, estaba en las montañas de Haraiz. Tan prendado estaba de la muchacha, que no dudó en pedirle su mano al viejo Kuuschay. Pero el líder de los mansi se negó.
¿Qué ocurrió entonces? Torev llamó a sus cinco hermanos. A los otros gigantes. Juntos intentaron raptar a la joven a la fuerza. Llegaron al pueblo con su imponente presencia y lo asediaron, lo atacaron con fiereza y sin piedad. Los mansi se vieron incapaces de hacer frente a tan temibles enemigos, así que su lider, Kuuschay, empezó a suplicar clemencia y ayuda a los buenos espíritus de la tierra.
El cielo, entonces, se tornó oscuro y metálico. Las nubes bajaron de las montañas y ocultaron todo el poblado de los mansi, pero el gigante Torev se enfureció aún más. Cogiendo su maza, empezó a golpear por todos lados a ciegas, llevado por la rabia. Rompió la muralla de cristal que protegía la fortaleza del líder mansi, pero este y su pueblo ya habían huido a las montañas cercanas.
Al amanecer salió a caballo el hijo del líder. Era el joven Pygrychum, encabezando a su ejército de guerreros. En sus manos llevaba un escudo y una espada, una espada que alzó sobre su cabeza justo en el momento en que los seis gigantes se acercaron con temible fiereza hacia ellos.
Era una espada mágica que los espíritus buenos le habían otorgado para salvar a su pueblo, pero tenía un precio. Justo cuando esa espada obtuvo el brillo del sol, una luz cegadora rodeó a los gigantes, convirtiéndolos de inmediato en piedra para siempre. No obstante, el haz de dicho resplandor también lo alcanzó a él, de ahí que los gigantes de los Urales sean siete. Seis de ellos agrupados y uno, en la distancia, vigilando que nunca más vuelvan a enturbiar la paz de esa tierra inhóspita, pero de nobles personas.
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