Leyenda La extraordinaria belleza de la llorona.

La belleza de ella era inigualable, era una mujer que provocaba deseos a los hombres y envidias a las mujeres. Un día cayó en la tentación, y su marido al enterarse planeó el sorprenderla con su amante. Ella, termino con la vida de su esposo y de su amante, huyendo para dedicarse a la vida galante.

Tiempo después, tuvo gemelos y como estos le estorbaban los ahogó en el río, arrepintiéndose enseguida y pidiendo ayuda, se volvió loca al ver que solo ella era rescatada. En Meoqui, después de las 12 de la noche se aparece una mujer, a veces no solo como fantasma sino como una mujer normal de belleza sin igual. No es normal que una dama camine sola a esas horas apresurando el paso al ser saludada por los caballeros. Esa bonita mujer, se llamaba Catalina y de día visitaba a las amistades que ignoraban que fuera la llorona.

En un baile al que asistió Catalina, bella pero llena de melancolía, se retiró antes de las doce y mientras los músicos cenaban, se oyó el grito estremecedor de la llorona, y una de las damas meoquenses, en tono de broma insinuó que Catalina era la llorona. Después un foráneo impactado por la belleza de Catalina, al final del baile le ofreció llevarla a casa, ella acepto y antes de las 12, ella rauda y veloz bajo del carro, y desapareció al doblar la esquina, oyéndose después el lamento de la llorona, el joven trato de encontrar a Catalina sin encontrar la huella de ella. De cuando en cuando se le ve en el vado, pero solo el destino sabe si algún día será de nuevo feliz o seguirá lamentándose.

FUENTE: http://www.paratodomexico.com

Anuncios

Leyenda La Cueva del Toro.

Llegada la noche y pasadas las campanadas de la iglesia de San Roman, no había ser humano que se atreviese a pasar por este lugar a menos que fuese por una fuerte necesidad.

La leyenda cuenta que al dar las doce de la noche se escuchaba la respiración de la bestia que feroz salía hacia los baluartes, retando a los que la custodiaban, quienes aterrados con esta terrible visión disparaban sin provocarle daño alguno y por el contrario provocaban que remetiera más fuerte contra la muralla para después continuar su camino hacia la ciudad y regresar antes del amanecer a su cueva.

En su recorrido por la ciudad, al momento de llegar a un cruce de calles en lo que es su centro en forma de cruz, el toro bramaba rascando la tierra para convertirse en un caballero. El cual entraba en casa de alguna bella dama, a la que con hechizo citaba al otro día a las doce de la noche a la entrada de su cueva.

Al amanecer las bellas se sentían soñadas por haber estado, según ellas, con su príncipe azul. Llegando la noche de ese día la bella dama, a la cual se le había aparecido la bestia, se preparaba para ir al lugar acordado para su cita. Al llegar a la cueva, la bestia en forma de caballero, la esperaba y abrazándola la metía en lo profundo de la oscuridad, perdiéndose sin poder regresar jamás.

La leyenda dice que un buen día los ciudadanos se pusieron de acuerdo para ahogarlo, haciendo que la corriente de agua de las lluvias fluyeran hacia la cueva. Lo cual resultó inútil porque a los pocos días apareció nuevamente con su siguiente víctima, al verlo los valientes campechanos que velaban en el lugar, protegidos con cruces y talismanes lo atacaron con sus armas sin hacerle daño. El toro tomó un cuchillo con el que le saco el corazón a su víctima y luego de hacerlo se convirtió en un frondoso árbol de mamey. El cual existe hasta hoy en la entrada de la Cueva del Toro en el Barrio de San Román. Se asegura que todavía se siente el rugir de aquel toro.

FUENTE: http://www.paratodomexico.com

Leyenda La Calle de la Cruz Verde.

En la esquina de Regina y Correo Mayor, en el Centro Histórico, hay una casona que en su vértice tiene una inmensa cruz tallada sobre la piedra del muro, dispuesta de tal manera que su base forma la esquina y sus brazos, uno dobla para la calle Regina antes conocida como Cruz Verde y el otro para la calle Correo Mayor, antes denominada de los Migueles. Cuenta la leyenda que esta cruz dio origen al nombre de la calle y que permanece como símbolo imperecedero del entusiasmo provocado por un amor correspondido.

En el año de 1566 arribó a México, Don Álvaro de Villadiego y Manrique, hombre joven y refinado, quien venía como miembro de la comitiva que acompañaba al recién nombrado Virrey, Don Gastón de Peralta. Fastuosa fue la entrada en medio de la algarabía que la presentación del excelentísimo provocaba y por su elegancia, en medio de la pompa, Don Álvaro resaltaba.

Por dos años gobernó el virrey y fue sustituido por los licenciados Muñoz y Carrillo, visitadores de México, quienes abusando de su poder cometieron horrores y emitieron arbitrarias ordenanzas.

El pueblo abatido, se hizo presa del júbilo al conocer la misiva que llegaba desde España anunciando el relevo de tan repudiados sustitutos. Don Alonso, partidario del ex virrey, no quiso disimular su alegría y salió a participar de las manifestaciones de alborozo, que en medio de las calles la muchedumbre realizaba.

Pocas cuadras caminó en medio del alboroto, cuando atónito quedó al observar, asomada en un balcón, a una bella damisela por quien de inmediato su corazón se aceleró. Se trataba de doña María de Aldarafuente y Segura, hija de un modesto empleado de la Real Hacienda.

Nada fácil le quedó a Don Álvaro, conquistar el corazón de tan bella doncella, primero por la aparente indiferencia de la dama y segundo por la celosa custodia de sus padres que en ningún instante la dejaban sola.

Pasado un buen tiempo y cuando la esperanza se desvanecía, un fortuito descuido de la diligente mamá, ocasionado por un breve quebrantamiento de salud, le presentó la oportunidad a Don Álvaro para poner en manos de su amada, una carta en la que su amor le revelaba y sus intenciones de boda le planteaba. En ella además le pedía que si no le podía dar respuesta por escrito, su decisión le revelara colgando del balcón una cruz blanca como señal de su negativa o al contrario una cruz verde, si a su amor y a sus intenciones ella correspondía.

Eterna fue la espera hasta que por fin un buen día, una cruz verde colgada del balcón, le concedía a Don Álvaro la felicidad tan anhelada. Con el consentimiento de su amada como argumento y con ayuda de un sacerdote amigo, en poco tiempo, logró vencer la oposición inicial que la familia de la novia presentaba.

Finalmente para su dicha, a los quince días, frente al altar de la iglesia, los nuevos esposos se juraron amor eterno. Don Álvaro lleno de gratitud, quiso conmemorar la señal que significó la retribución a su amor, por lo que ordenó instalar en el vértice de la casa de Doña María una cruz verde de piedra que diera desde el suelo hasta el nivel del balcón.

FUENTE: http://www.paratodomexico.com

Leyenda La Maldición de Cabo San Lucas.

Cuenta la leyenda que cuando Cabo San Lucas era un lugar poco poblado llegó un barco con enfermos de fiebre amarilla que días antes había estado en La Paz, donde les negaron la entrada a puerto. Este barco llego al muelle de cabo San Lucas y los presentes al percatarse de la palidez de las personas que estaban en proa, les negaron la entrada.

Era uno de esos días calurosos y desde el interior del barco salió una mujer de edad avanzada que con su andar mostraba lo enferma que estaba. En brazos traía a un niño y lo único que pidió la anciana y los tripulantes de este barco a los presentes que se encontraban en el muelle, fue un poco de agua y de alimento. Estos no solo les negaron los víveres, sino que además el agua y la comida la lanzaron al mar y después soltaron unas carcajadas de burla.

Se dice que esto provocó la ira de los tripulantes de este barco que eran húngaros y además videntes. La mujer maldijo a todas las generaciones de quienes estaban presentes en el muelle, quienes morirían de forma atroz e incluso maldijo al puerto de Cabo San Lucas diciendo que un día desaparecería cuando el mar se viniera encima de ellos cobrando lo negado y lo robado. Seguido de esto el barco se fue.

Narran que el señor Thomas Ritchie, en esos momento llegó y al ver que el barco se iba pregunto qué sucedía. Al conocer este hecho envió a dos personas de su confianza para que trajeran el barco de regreso ya que él les podía brindar lo que necesitaban. Sin embargo cuando el bote se acercó al barco ellos se negaron a regresar, insistiendo en la maldición que recaería sobre ellos.

Aunque esto aparece en las notas y bitácoras de algunas familias que posteriormente llegaron a vivir a Todos Santos y a La Paz, no se sabe a ciencia cierta si en verdad ocurrirá. Sin embargo los presagios de un final catastrófico se han hecho presentes por años.

FUENTE: http://www.paratodomexico.com

Leyenda La Faraona de Agua Caliente.

El casino y los bungalows de Agua Caliente eran un lugar impresionante, lleno de árboles y pájaros exóticos que traían de otros países, para resaltar la belleza de este lugar. En el teatro, se traían a los artistas más prestigiosos y famosos de la época, entre ellos se encontraba La Faraona, una bailarina cautivadora.

La Faraona había sido contratada para trabajar en el Casino por unas pocas fechas, sin embargo, su éxito fue tal, que extendieron su contrato por un tiempo muy largo. Al terminar cada presentación, la bailarina se encontraba en el casino, con un caballero inglés, del cual estaba enamorada. Sin embargo, él no estaba interesado en ella, sólo en su belleza y en la suerte que ésta tenía en el juego. Se decía que La Faraona traía un hermoso brazalete de esmeralda que como talismán, le permitía ganar suntuosas sumas de dinero.

La Faroana entregaba todas sus ganancias al caballero inglés, ya que éste era descendiente de un Lord, y le prometía un título de nobleza para después ambos irse a vivir a Inglaterra. Mucho tiempo duró este romance, el cual todos en el lugar conocían, ella cada vez más enamorada, y él cada vez más rico. Un mañana, muy temprano, el caballero inglés salió despavorido del bungalow en el que vivía con La Faraona. Gritaba desesperadamente pidiendo auxilio, decía que habían intentado envenenarlos, que la bailarina había muerto, y que el sentía que le pasaría lo mismo.

Dicen que la noche anterior a este atroz crimen, un velador del Casino vio a través de la ventana del bungalow de la pareja, mientras que hacía su trabajo. El velador pudo ver cómo los dos contaban sobre la mesa el dinero que habían ganado, muchas monedas de oro que después guardaron en un baúl que cerraron con llave, la cual guardaron en el ropero. El inglés después de guardar la llave, se bebió su copa de vino y se acostó. El velador cuenta, que junto a las copas de vino, había también un revólver. Vio como la bailarina entraba a otra habitación, para salir vestida con una bata blanca bordada de perlas. Después, sigilosamente se acercó a su enamorado y con delicadeza, metió la mano bajo la almohada donde él dormía para sacar la llave del ropero. Abrió el ropero y sacó el baúl. Guardó el revólver en su bata y salió del bungalow arrastrándolo.

Era una noche lluviosa, pero no le importó a la bailarina, tampoco le importó el peso de baúl, ella se perdió en el jardín, entre los árboles. El velador no quiso seguirla por temor a que ésta le disparada, sin embargo, intrigado por lo que ocurría, se quedó a esperar si ella regresaba. Una hora después, La faraona regresó a toda prisa, y al cerrar la puerta despertó al inglés, que de inmediato se percató de que ya no estaba la llave bajo su almohada, y que el ropero estaba abierto. También se dio cuenta de que el baúl ya no estaba, buscó el revólver y al no encontrarlo, se abalanzó contra su pareja con la intención de ahorcarla, el velador no pudo intervenir. El inglés arrojó a la bailarina a la cama, mientras que esta reía histéricamente, después con cierta angustia, y de la nada comenzó a llorar con rabia y desesperación, pues se dio cuenta de que él no la amaba, sólo estaba con ella por interés. Después de un rato ambos se tranquilizaron.

Comenzaron a discutir, después ella sirvió dos copas de vino, y sin que este viera, sacó un pequeño frasco de entre sus pechos y vació su contenido en ambas copas. Se acercó al oído de su pareja, le susurró algo y le entregó la copa, los dos bebieron al mismo tiempo, el veneno hizo efecto inmediatamente. Ella cayó al piso. El hombre salió a pedir auxilio. Pudieron salvarlo, y después de este suceso, el inglés abandonó la ciudad para nunca más volver.

No se sabe lo que pasó con el cuerpo de La Faraona. Muchos aseguran que las noches lluviosas, se puede ver a la bella bailarina paseando por lo que fueron los jardines, protegiendo su tesoro. Dicen que ella posee una belleza resplandeciente, que sus pies descalzos parecen besar el césped. Que danza al caminar, con su bata blanca bordada de perlas.

FUENTE: http://www.paratodomexico.com

Leyenda de la Laguna de Santa Maria del Oro.

Cuenta la leyenda que, hace muchos años, en el estado de Nayarit había una vez una ciudad llamada Michiztlán donde vivían el rey con su esposa e hija, una hermosa joven llamada Tepozilama, a quien el rey cuidaba con extrema atención.

, Tepozilama salió a pasear en compañía de sus damas, cuando de pronto, vieron un venado herido de muerte. Al acercarse para auxiliarlo, la voz de un joven y apuesto guerrero las detuvo, a lo que Tepolizama contestó: ¿Quién eres y que haces aquí? El joven guerrero contestó: Soy Pintontli.

Los dos jóvenes se enamoraron sabiendo que había problemas entre la ciudad de Tepozilama y la de Pintontli, pero su amor fue tan grande que poco les importó.

Tiempo después, durante las festividades de la ciudad de Michiztlan, Tepozilama se ausentó para verse con Pintontli. El padre de la joven, al darse cuenta de su ausencia, interrogó a sus damas de compañía para que le indicaran el lugar donde se encontraba la princesa. El rey, con su guardia personal, fue en busca de Tepozilama al lugar donde le habían indicado las damas, un rincón escondido entre las ciudades en guerra. Ahí fue donde encontró a Tepozilama, en compañía de Pintontli.

Ella al acercarse frente a su padre dijo: “Padre mío, yo se que mi pecado es muy grande pero estoy enamorada y pido que me desposes con él”, a lo que el rey contestó: “Jamás mi hija estará enamorada de mis peores enemigos. Llévensela, amárrenla y no le den de comer”. Lo mismo, hicieron con Pintontli.

Así, Tepozilama y Pintontli atados, tan cerca pero tan lejos,lloraron por días y noches su desgracia, hasta que sus lágrimas formaron la enorme y hermosa laguna que hoy en día se conoce como la Laguna de Santa María del Oro, en Nayarit, México.

FUENTE: http://www.paratodomexico.com

Leyenda El Ánima de la Anacahuita.

En el camino que va de Icamole a El Milagro, es donde sucedió, en 1915, el enfrentamiento revolucionario entre villistas y carrancistas. La leyenda surge porque en ese hecho hubo mucha mortandad.

Entre las víctimas, queda un soldado insepulto de nombre Roberto Cisneros Jaramillo, a la vera del Camino Real. Como en aquel entonces se movilizaba un ferrocarril, resulta que un carretero que se desplazaba a los demás ranchos en su carreta, se atasca con su medio de transporte en el cruce ferroviario. Él, entonces, se encomienda al ánima para que le ayude a sacar la carreta con sus animales antes de que llegue el tren y promete dar sepultura a los cadáveres de los soldados que habían quedado a flor de tierra.

Así comienza la leyenda del ánima de la anacahuita, que siempre estaba florida aunque el verano fuera seco. El carretero hizo la tumba de piedra del soldado que había quedado insepulto. Pasa el tiempo, 20, 30, 40 años y a la tumba se le hace un altar rudimentario. Actualmente el árbol ya no existe, pero si la capilla en donde se venera a aquel soldado

FUENTE: http://www.paratodomexico.com