Los siete misterios de México

Los siete misterios de México

Por Manuel Carballal
Mundo Misterioso ha recorrido miles de kilómetros, a lo largo y ancho de México, para recopilar infinidad de enigmas y misterios que todavía perviven en las entrañas del país azteca. A medio camino entre el folklore, la superstición, y las fronteras de la ciencia, estos son los principales siete misterios de México…
 
1. Peyote: el misterio nacional
Desde que el antropólogo, y posterior brujo, Carlos Castaneda publicó su Enseñanzas de Don Juan, los conceptos chamán y mexicano se hicieron sinónimos. Castaneda explicaba en sus libros gracias al peyote, un cactus alucinógeno local, y a la pericia del indio yaki don Juan Matus, su percepción de la realidad se alteró iniciaticamente para siempre. A partir de ese instante desde todo el mundo viajaron hasta el país curiosos y estudiosos, en busca del Peyote.
 
Algunos de aquellos primeros viajeros de la conciencia tuvieron la fortuna de encontrarse en su camino con autoridades en la materia, como la bruja Maria Sabina, la sabia de los alucinógenos de Huautla. Huautla es una comunidad en la sierra mazateca del estado de Oaxaca donde María Sabina trabajaba con los hongos alucinógenos, y con el Peyote, para producir estados alterados de conciencia. Y hasta Huautla peregrinaron intelectuales, políticos, antropólogos, estudiantes, etc, en busca del Peyote, y otros alucinógenos chamánicos.
 
Actualmente el Instituto Nacional Indigenista de Huautla, tras comprar un terreno de 120 metros cuadrados, muy cerca de la casa donde vivió María Sabina, prepara la construcción de un Museo de María Sabina, dedicado al Peyote, los hongos alucinógenos y el chamanismo mexica.
 
Poco antes de fallecer, el 22 de noviembre de 1985, María Sabina advirtió de que los nuevos sistemas de cultivo, la contaminación, etc, mermaría la existencia del Peyote y los hongos alucinógenos en los sembrados mexicanos, y también de que muchos charlatanes intentarían aprovecharse de la fama del Peyote para estafar a los turistas. Y así fue. Sin embargo, en algunos lugares todavía se desarrollan rituales ancestrales, normalmente limitados a los mexicas nativos, donde el peyote es el elemento mágico principal.
 
Mundo Misterioso tuvo la oportunidad, impagable, de participar en una toma ritual de peyote, con chamanes mexicanos, durante el transcurso de un Temascal de Guerreros (un ancestral ritual del fuego precolombino). Y a pesar de la extrema dureza física de la experiencia, nosotros también fuimos protagonistas del extraordinario viaje psíquico que genera el “venado azul” (peyote) en el espíritu de quienes lo ingieren durante el transcurso de un ritual. Y podemos certificar que todavía hoy, bien entrado ya el siglo XXI, es posible encontrarse con el “aliado” del que hablaba Castaneda, en las entrañas de algunos bosques mexicanos. Pero el viajero deberá ser prudente y aprender a discernir entre los oportunistas que le aborden en el hotel o en la parada del autobús para venderle semillas de Peyote, o venderle un “ritual iniciático” por un puñado de dólares, y los verdaderos chamanes que conciben el peyote como un aliado espiritual, con el que no se puede comerciar…
 
2. La Llorona… La “Santa Compaña” mexicana
“Consumada la conquista -dicen los cronistas de Indias- y poco más o menos pasada la media noche, principalmente cuando había luna, los habitantes de la gran ciudad de México despertaban espantados al oír, en la calle, tristes gemidos lanzados por una mujer a quien afligía sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico. Las primeras noches, los vecinos contentábanse con persignarse o santiguarse, al oir aquellos lúgubres gemidos que eran, según ellos, de ánima del otro mundo; pero fueron tantos y repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados y despreocupados, quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir por las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las obscuras noches o en aquellas en que la luz pálida y transparente de la luna caía como un manto vaporoso sobre las altas torres, los techos y tejados y las calles, lanzaba agudos y tristísimos gemidos”.
 
Este es el inicio de una leyenda que se prolonga desde la conquista de México hasta nuestros días. “La Llorona” es un ser espectral, al estilo de la española “Santa Compaña”, que vaga por los caminos de todo el país azteca, dejándose ver por algunos vivos que tienen la fortuna de presenciar tan insólita aparición… o infortunio. La aparición de “La Llorona” como otras criaturas espectrales del folclore mexicano ha contribuido enormemente en la particular concepción que los mexicanos tienen de la muerte y del más allá. Y es que la visión de esa mujer espectral causa un profundo pánico e impotencia a todos los que aseguran haberla visto. Mundo Misterioso ha tenido la oportunidad de recoger en diferentes puntos de México testimonios reales, y recientes, de la aparición.
 
Gloria Rosa Pérez, vecina del pueblo de Ameca-Ameca, nos narraba así su escalofriante experiencia:
 
“Cuando tenía 10 añitos, mi abuela y yo asistimos al velatorio de una vecina. Al volver a casa, por el camino del pueblo (Ameca-Ameca) oímos un ruido y la abuela me dijo que me voltease a ver quien venía, y vi a una mujer vestida de blanco, con el pelo suelto, volando sobre el camino. La mujer volaba hacia nosotros pero no llego a alcanzarnos en ningún momento. Al llegar junto a un árbol se detuvo y entonces empezó a gritar. Y de pronto desapareció en el aire…”
 
Otro de los casos contemporáneos de la aparición de “La Llorona”, que recopilamos personalmente en México, nos llega de labios de un testigo radicalmente opuesto a Gloria Rosa Pérez. Se trata de la experiencia de Alberto Islas, ex-policía judicial, hombre de clase social y cultural media alta, que nos recibe en su domicilio de la Colonia Miguel Hidalgo, en la periferia del Distrito Federal.
 
“Yo estaba con mi novia, hace ya muchos años, y la había acompañado a casa para despedirnos después de una tarde paseando y, en fin, lo que hacen todos los novios. Ya había anochecido, y yo acababa de dejarla en la puerta de su casa, y entonces la vi. Era una mujer, de unos treinta o cuarenta años. Llevaba un vestido blanco muy holgado, y semitrasparente. Tenía el cabello suelto, y negro como el azabache. Estaba como flotando y de pronto empezó a gritar. Eran unos gritos espeluznantes, unos lamentos de verdad sobrecogedores… y de pronto desapareció en la noche. Como si la hubiesen jalado desde el más allá…”
La tradición de “La Llorona” tiene sus raíces en la mitología de los antiguos mexicanos. Sahagún, en su Historia (libro 1º, Cap. IV), habla de la diosa Cihuacoatl, la cual “aparecía muchas veces como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en Palacio; decían también que de noche voceaba y bramaba en el aire… Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera, que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente”. Nos encontramos, por tanto, ante un episodio viviente, actualizado y totalmente real para sus protagonistas, del antiquísimo folclore mexica hecho carne… eso si, carne espectral…
 
3. El valle de las luminarias
En mayo de 1607 los españoles fundaban la ciudad del valle de Santiago. Sin embargo aquella región, como todas las del México precolombino, existían mucho antes de la llegada de Hernán Cortés. Y lo que hoy es Santiago, era conocido como Camémbaro, que significa “Pais de las Siete Luminarias”. Como explica con detalle J.J. Benítez en Mis enigmas favoritos, el nombre Camémbaro se debe a los 7 volcanes extinguidos (en realidad 13, aunque solo 7 importantes) que se alzan en un margen de 7 kilómetros cuadrados.
En torno a esos siete volcanes, las “siete luminarias”, existen todo tipo de misterios. Ya los cronistas de indias mencionaron leyendas como la del “Chan”, un monstruo que supuestamente viviría en una de las luminarias, la Alberca, que como las demás ha sustituido la incandescente lava por lagos de aguas profundas. En otros, como el Yuriría, dice la tradición que cambia el color de la aguas poco antes de los terremotos.
 
Benítez recoge en su libro testimonios directos de la aparición del Chan, como Guillermo García Aguilar, José Manuel García Rivera, etc, que nada tienen que envidiar a los relatos sobre el monstruo del lago Ness.
 
Pero tal vez uno de los enigmas más extraordianarios del Valle de las Luminarias es el que acaparó la atención internacional hace veinte años. En dichas fechas varios campesinos del valle, como Óscar Arredondo o José Carmen García, asombraron a la opinión pública con unos frutos y legumbres de colosales dimensiones. Matas de apio de un metro de altura, hojas de acelga de 1,85 m., cebollas de 15 kg. y otros prodigios vegetales, anonadaron a propios y extraños. Sin embargo la presión de las multinacionales hizo que los campesinos del Valle de las Luminarias desapareciesen de los médios de comunicación, y que dejasen de producir aquellos prodigios que podían haber contribuido notablemente a paliar el hambre en el mundo.
 
Ante la curiosidad de investigadores como Benítez, por averiguar el origen de aquella técnica secreta para producir tales legumbres gigantes, algunas voces sugirieron que se trataba de conocimientos legados por seres “no humanos”, y relacionados con los ciclos de la astrología aplicados a la agricultura (¿?)
 
Pero es imposible concluir esta breve referencia al valle de las Luminarias sin citar su enigma por excelencia, apuntado ya por Ignacio Ramírez en su libro El Nigromante, a finales del siglo pasado. Y es que los siete volcanes que conforman esa región, vistos desde el aire, resultaron ser una réplica exacta de las siete estrellas de la Osa Mayor… ¿cómo puede existir una réplica en el suelo mexicano de la costelación de El Carro?… ¿Casualidad?
 
4. Volcanes: señales en el cielo y en la tierra
Cuando el visionario español Saulo Sabá se atrevió a profetizar un próximo contacto con extraterrestres, desde el plató del programa Crónicas Marcianas (el de más audiencia en todas las televisiones de España), ubicó ese inminente aterrizaje OVNI en un lugar muy concreto, y no debido al azar: El volcán Popocatepetl.
 
Los volcanes han supuesto siempre un punto de inflexión en la mitología mexica. Un buen ejemplo lo supone el Valle de las Siete Luminarias, al que ya nos hemos referido. En México esos volcanes, rodeados de leyendas, son numerosos. En algunos se realizaban sacrificios humanos, otros eran considerados una puerta incandescente al infierno, y otros el hogar de los dioses del abismo. Pero de todos los volcanes mexicanos dos resultan especialmente importantes desde el punto de vista mistérico: el Ixta y su “pareja” el Popo o Popocatepetl.
 
Según pudo averiguar Mundo Misterioso en el Museo Arqueológico de México D.F., ya Sahagún, en su Historia General de las cosas de la Nueva España (Tomo II, pág. 479 y ss) se refiere al Popocatepetl y al Ixtactepetl, y los misterios que lo rodeaban. Así que también visitamos estos volcanes y recogimos sus leyendas antiguas y contemporáneas.
 
En tiempos de la Conquista, los aztecas contaban una romántica historia sobre el origen de estos volcanes, que nada tiene que envidiar al Romeo y Julieta de Shakespeare.
 
El rey azteca, dice la leyenda, tenía una única hija, Ixta, que se desposará con el mejor de sus guerreros. Y ese resulta ser Popo, quien en plena batalla contra una tribu enemiga de los aztecas es víctima de una conspiración. Los enemigos hacen correr el rumor de que Popo ha muerto en combarte, e Ixta, llevada por la desesperación, se suicida. Cuando Popo regresa a la corte del cacique y descubre la muerte de su amada la traslada a las afueras del pueblo donde también morirá de amor. Los dioses decidieron convertir sus pirámides funerarias en dos volcanes, uno frente al otro, y desde entonces el Popo deja oir sus lamentos, y correr sus lágrimas de lava, para recordar que todavía vela la tumba de su amada Ixta.
 
Leyendas nativas aparte, esta documentado que desde antes de la Conquista se celebraban rituales de sacrificios humanos en ambos volcanes, que eran considerados morada de dioses por los antiguos mexicas. Curiosamente en los últimos cinco años tanto el Ixta, como especialmente el Popocatepetl, han sido objeto de numerosas presencias OVNI. Tanto los observatorios sismológicos, que vigilan atentamente cada sacudida de los volcanes, como los habitantes de los pueblos cercanos a los mismos, afirman escuchar sonidos extraños provenientes del interior, y misteriosas luces sobrevolando los cráteres… Los extraterrestres profetizados por Saulo Sabá no se dejaron ver ante las cámaras de televisión, sin embargo las fotografías de OVNIs sobre el Popocatepetl, como sobre otros volcanes mexicanos, cada vez son más…
 
5. Mayas: ayer y mañana de un enigma
El 11 de agosto del año 2012 será el día en que regresarán los dioses… Esto al menos es lo que aseguran los especialistas que han interpretado los grabados de ciertas estelas mayas, conservadas en emplazamientos arqueológicos de Guatemala y México, que Mundo Misterioso ha podido visitar.
 
Esta profecía es el ariete de muchos nacionalistas aztecas que, en el inicio del siglo XXI, intentan relanzar la cultura, el idioma, y las tradiciones arrebatadas por los españoles tras la conquista de México. Sin embargo ni siquiera los descendientes de aquellos mayas tienen muy claro cual fue el origen de su cultura y, lo que es más inquietante, porqué desapareció su pueblo.
 
Los emplazamientos mayas de la selva del Petén, con Palenque a la cabeza, como los enclaves arqueológicos aztecas, del norte y centro del país, todavía encierran muchos misterios.
 
La arquitectura es uno de ellos. La colosales construcciones piramidales de Teotihuacan, por ejemplo, poco tienen que envidiar a los recintos funerarios egipcios. Mundo Misterioso, por ejemplo, ha tenido la oportunidad de recorrer -en exclusiva- los túneles y galerias subterráneas de algunas de las pirámides mexicanas, cerradas al turismo, descubriendo canales de ventilación (probablemente utilizados con fines rituales) idénticos a las pirámides faraónicas.
 
Pero otro de los aspectos mistéricos de las construcciones mayas son los rituales mágicos que los sacerdotes mayas continúan haciendo en la actualidad. Chamanes como Ricardo “Gorila” Cervantes permitieron a Mundo Misterioso asistir a ceremonias ancestrales, heredadas directamente de los sacerdotes mayas, en los templos subterráneos de algunas tumbas y pirámides mayas, que permanecen vetados a los ojos de los turístas. En este caso el viajero que desee asistir a estos rituales mayas o aztecas, trasmitidos generación tras generación, de unos chamanes a otros, deberá someterse dócilmente a todo tipo de pruebas e “interrogatorios” con los que el sacerdote evaluará si es oportuno o no que el extranjero acceda a tales ritos cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. En los tiempos en que soberanos como Pacal, pisaban el suelo mexicano. Si el resultado del examen es positivo, pasará a engrosar las listas de los que aguardan, pacientemente, al año 2012… el año del regreso de los dioses.
 
6. México: Capital internacional de los OVNIs
Desde que el periodista José Jaime Maussan Flota presentó a los televidentes un documental sobre el contactado suizo Billy Meier, a principios de los noventa, las cosas han cambiado mucho. Aquel episodio de la serie 60 Minutos marcó un antes y un después en la vida de Maussan, y también en la concepción del fenómeno OVNI para los mexicanos. En 1991 Jaime Maussan fundó la empresa Programas de Investigación, y a través de ella produciría, tras el éxito de audiencia sin precedentes en la televisión mexica por el video sobre Meier, un sin fin de documentales sobre el fenómeno OVNI que alcanzaría su momento álgido con el programa Los Vigilantes. Maussan consiguió que miles de mexicanos, seguidores de sus programas televisivos saliesen a las azoteas, a los caminos y a las playas de todo el país, para vigilar los cielos con sus cámaras de video. La consecuencia fue que México se convirtió en el país del mundo con mayor número de avistamientos OVNI reportados… y grabados en video.
 
Sin entrar en polémicas, hasta los detractores de Maussan deben reconocer que él consiguió la mayor sensibilización de un país para con el fenómeno OVNI en toda la historia. Y si por un lado México se convirtió, desde finales de los noventa, en la incuestionable capital mundial de la ufología, gracias a Los Vigilantes, también debemos reconocer a Maussan el haber conseguido exclusivas periodísticas ufológicas sin precedentes. Este periodista mexicano logró quebrar el silencio del contactado Billy Meier, quien le concedió una entrevista exclusiva tras años de alejamiento de la prensa; consiguió entrevistar a astronautas -como Gordon Cooper- que le relataron sus incidentes OVNI en el espacio; consiguió filmar en el Area 51, etc.
 
Por todo ello, y entre defensores y detractores apasionados, Maussan convirtió en México el fenómeno OVNI en algo habitual. Por esa razón desde México nos han llegado casos, como el de Las Lomas, o los citados OVNIs del Popocatepetl, que se han convertido ya en clásicos para toda la ufología internacional. Y por ello también los mexicanos, sin duda la población humana con mayor grado de “cultura ufológica” al margen de matizaciones, han sido los primeros en conocer casos tan controvertidos como el de Jonathan Reed, que se han hecho ya un lugar en los clásicos más polémicos de la ufología internacional, junto a otros affaires como Roswell, Meier, Adamski o UMMO…
 
Ahora los relatos ancestrales sobre los dioses blancos, la serpiente emplumada, los carros voladores de los dioses, e incluso algunas representaciones arqueológicas realmente sugerentes, de dichos “carros voladores”, son revisadas desde la optica de la ufología, lo que abre un sinfín de posibilidades a la imaginación.
 
7. Guadalupe: los ojos de un misterio
La inminente canonización del indio Juan Diego, protagonista de la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac, ha vuelto a generar una encendida polémica en la opinión publica mexicana en torno a los milagros atribuidos a dicha aparición. Según el magisterio católico, la intervención del indígena Juan Diego, beatificado el 6 de mayo de 1990 por Juan Pablo II, habría salvado la vida de un joven de 19 años que había intentado suicidarse en el Distrito Federal. Pero esta no fue la única noticia “milagrosa” relacionada con Guadalupe que el pasado año llegó a la prensa internacional…
 
La tecnología digital también arrojó nuevas claves para comprensión de uno de los fenómenos más sorprendentes de la milagrería mexicana: el misterio de los ojos de la Virgen de Guadalupe. Según declaraba a Mundo Misterioso el ingeniero José Aste Tönsmann, ese mismo año 2001 había viajado al Vaticano para presentar el fruto de sus ultimas reflexiones y estudios, en torno al “milagro de la Virgen de Guadalupe” ante la Santa Sede.
 
El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe es la escena en la que Juan Diego mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes en la estancia el manto con la misteriosa imagen. Era el 9 de diciembre de 1931. La técnica que ha utilizado para sus últimos estudios el ingeniero Aste Tönsmann es la del proceso digital de imágenes usado por los satélites y por las sondas espaciales para transmitir informaciones visivas, y que confirman el resultado de análisis ópticos anteriores.
 
En la presentación de sus conclusiones ante el Vaticano, el ingeniero se aventura a ofrecer porqué considera que en los ojos de la Virgen hay un mensaje “escondido” para nuestro tiempo, cuando la tecnología es apta para descubrirlo, y cuando dicho mensaje es más necesario. “Este puede ser el caso de la imagen de la familia en el centro del ojo de la Virgen, en una época en que la familia está bajo un serio ataque en nuestro mundo moderno”. Un mensaje, además -opina Tössmann- profundamente antirracista, pues varias etnias se encuentran reflejadas. Reflexión que no deja de ser especialmente oportuna en la época de racismo y xenofobia que vivimos en este principio de milenio.
 
La situación de las estrellas que decoran el mando de la Virgen, además, coinciden con la situación exacta de las constelaciones que eran visibles en el cielo el día de la aparición ante Juan Diego… ¿alguien puede imaginar más enigmas en una misma aparición? 

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El misterio de los 3 treces

El misterio de los 3 treces

Por Chris Aubeck
Una manifestación recurrente en los acontecimientos sobrenaturales es el fenómeno de los “tres treces.” Es difícil saber clasificar el fenómeno porque aparece tanto en casos de poltergeist como en la ufología y parece que tiene una extensión mundial.
 
El fenómeno consiste en la repetición del número tres en situaciones extrañas. Puede que se oigan tres golpes muy fuertes en una pared exterior de la casa tres veces seguidas, o se observa algún milagro luminoso tres o nueve veces, u ocurre algo insólito tres días seguidos. La mayoría de las veces el número está relacionado con la muerte.
 
Se encuentra un caso típico en Folklore, Prince Edward Island, un libro del folklorista Ramsay Sterling publicado en Charlottetown en 1973. La informante de Sterling explicó que, en el verano de 1967, su madre había llegado para pasar unas semanas con la familia en Ellerslie.
 
“En la segunda semana que estuvo con nosotros, vino a mi dormitorio una noche muy tarde para preguntarme si yo había llamado en su puerta. Había escuchado tres golpes pero cuando se levantó para abrir la puerta y mirar, no vio a nadie en el hall. Al día siguiente descubrimos que nadie había estado cerca de su cuarto y que sólo ella había escuchado los golpes. Estábamos seguros de que se lo había imaginado todo, pero tres noches después sucedió otra vez. En esa ocasión yo también escuché lo que parecían tres golpes en el hall. De nuevo no pudimos descubrir quién o qué era responsable. La semana siguiente mi madre volvió a su casa y yo me olvidé del asunto por completo.”
 
Al día siguiente de la partida de su madre decidió acostarse temprano. Sin embargo, en el medio de la noche, fue despertada por la voz de una mujer que le llamaba. Le parecía la voz de su madre. Ya que no podía dormir, bajó a la cocina. Eran las tres de la mañana. Estaba segura de que todo había sido un sueño y dejó de pensar en ello. Pero por la mañana, una llamada telefónica de una amiga de su madre le hizo cambiar de opinión:
 
“Ella había subido al dormitorio de mi madre sobre las tres menos cuarto la noche anterior. Mi madre parecía estar muy enferma y, unos minutes después, murió. Entonces supe lo que [los sonidos] habían significado”. (1)
 
Otra folklorista, Marie Trevelyan, menciona el mismo fenómeno en su libro Folk-Lore and Folk Stories of Wales [El Folklore y las Historias Tradicionales de Gales] (Londres, 1909): “Si se escuchan tres golpes en la casa por la noche, pronto habrá una muerte,” nos avisa. Este presagio de la muerte, el Tolaeth, siempre estaba relacionado con el número tres de una manera u otra. Por ejemplo, en un caso del año 1903, un pescador fue despertado en su cama por ruidos extraños en su casa, incluyendo golpes, el movimiento de las sillas y el arrastre de unos pies. Sucedió durante tres noches sucesivas, y una semana después su único hijo se ahogó en el mar.
 
En su obra, Trevelyan cuenta una antiquísima historia galesa, La Escapada Afortunada de Dewi Cwmdyfran. En este cuento, un hombre llamado Dewi, de Cwmdyfran, cerca de la ciudad de Carmarthen, pactó con el Diablo vivir hasta los cien años a cambio de su alma eterna. Para lograr esto, el Diablo le dio la instrucción de dejar un saco de trapos en su cama siempre que la Muerte se acercase o llamase a su puerta. Si Dewi se escondiera en el armario y fingiera roncar, la Muerte creería que estaba acostado y se llevaría el saco de trapos en su lugar.
 
Pasó un tiempo. Cuando llegó el día, la Muerte golpeó a la puerta tres veces. No contestó nadie. Creyendo que el hombre estaba profundamente dormido, abrió la ventana, entró y cogió el saco, huyendo a la calle con él. Algo parecido ocurrió la segunda vez, unos años después, logrando engañar a la Muerte de nuevo.
 
La tercera vez que la Muerte vino de visita a la casa de Dewi, sin embargo, después de su noventa cumpleaños, él estaba profundamente dormido, roncando en la cama. No escuchó cómo se acercaba el espíritu, y no tuvo tiempo para colocar el saco de trapos en su lugar. La Muerte entró en el cuarto triunfalmente y agarró a Dewi, quien se despertó y intentó luchar contra ella. Pero fue inútil: no se puede engañar a la muerte en su tercera visita. Por supuesto, se entiende por el titulo del cuento que Dewi, al final, no escapó de la Muerte pero sí del Diablo, cuya parte del pacto no se cumplió. (2)
 
El folklore de Adams County
Las historias de los habitantes de Adams County, Illinois, siempre me han aportado muchos datos. En los años treinta el ministro de la iglesia anglicana, Harry Middleton Hyatt, recogió miles de testimonios de entre los residentes del condado, catalogando sus costumbres, creencias y experiencias personales. Fueron publicados en un volumen de 723 páginas por la Fundación Alma Egan Hyatt en 1935 (3). El valor histórico del estudio es inestimable porque conserva y comunica los pensamientos y las ideas de la sociedad norteamericana antes de la Segunda Guerra Mundial. La obra consiste en 10.949 testimonios, con una extensa sección dedicada a las misteriosas luces, esferas de fuego, velas voladoras, estrellas y destellos que se vieron en la región en las primeras décadas del siglo XX y las interpretaciones que hacía la gente de ellos. No pudo haber ninguna influencia ufológica sobre los testimonios en ese tiempo, dado que la era de los ‘platillos volantes’ aún no había comenzado.
 
Lo primero de lo que uno se percata al leer los informes de Adams County es que las luces desconocidas del cielo y otros fenómenos se identificaban automáticamente con presagios, especialmente los de la muerte. Decenas de testimonios personales describían las luces como una señal de que alguien de la comunidad enfermaría o moriría. En algunos casos existe una conexión bastante clara, en otros es más discutible. En todos los casos se empleaba el término inglés token para hacer referencia a esos fenómenos, una palabra antigua anglosajona que procede del verbo tácen, “señalar, indicar.”
 
No sólo las luces fueron consideradas como avisos, sino también otros fenómenos extraños: animales desconocidos, voces sin dueño, y fantasmas; todos parecían traer algún mensaje. Casi siempre el número tres entraba en escena: los animales token se veían durante tres días; las voces hablaban tres veces; se oían ruidos extraños tres veces o tres días sucesivos; las llamadas importantes y las muertes ocurrían a las tres de la mañana; los acontecimientos importantes sucedían en periodos de tres meses, tres semanas o tres días. Un testigo entrevistado por Hyatt dijo:
 
“Yo creo en los tokens. Mi madre no se sentía bien y unos tres meses antes de que muriera, la mecedora donde siempre se sentaba subió y bajó tres veces, levantándose en el aire sin que nadie la tocara. Supe entonces que serían tres días, tres semanas o tres meses, y fueron tres meses”.
 
Las experiencias de los abducidos
Ahora consideremos la siguiente anécdota, también de Adams County: “Yo creo en los avisos. Tenía una vecina que escuchó tres golpes en su puerta durante tres noches seguidas. Cada noche ella fue a la puerta pero no había nadie allí. La tercera noche, justo cuando ella empezó a abrir la puerta, una gran estrella apareció en la puerta. Entonces supo que indicaba la muerte: su madre moría en California alrededor de la misma ahora que apareció la estrella en su puerta”.
 
¿Qué tiene que ver esta experiencia con las abducciones extraterrestres? La conexión es tan sorprendente como enigmática.
 
En su libro Transformation (1988), el abducido y novelista Whitley Strieber afirmó que había escuchado, el 27 de agosto de 1986, “nueve golpes en un lado de la casa, tres series de tres,” como un componente de su contacto con los extraterrestres. No pudo entender qué podían significar, pero presintió que estaban íntimamente relacionados con las actividades de los alienígenas que continuamente le raptaban. Si éste fuera el único caso de este tipo se podría considerar la experiencia de Strieber una mera coincidencia. Sin embargo, como él pudo comprobar, no es así. En una obra posterior, The Communion Letters, Strieber apunta que para muchos abducidos “las cosas aparecen en series de tres, u ocurren a las 3:33, o pasan tres noches seguidas.” (4)
 
Mis propias pesquisas me han llevado a la misma conclusión. Para confirmar la existencia del fenómeno de los tres treces en la ufología moderna, envié una carta al sitio web de UFO UpDates, preguntando a los miembros si tenían alguna información que añadir (5). La primera respuesta que recibí fue del abducido norteamericano John Velez. Aunque expresó cierta desconfianza acerca de las obras de Whitley Strieber, y que él mismo no había escuchado los golpes, sí apunto que ambos él y su mujer habían oído una serie de pitidos electrónicos esporádicamente durante varios años. Sonaban en tres series de tres. A veces se repetían los pitidos en ciclos de nueve durante una hora o más. Velez me explicó que la fuente del sonido no se podía localizar en su casa, la habían buscado en todas las habitaciones sin ningún éxito. Los pitidos han persistido durante sus 32 años de matrimonio.
 
Además, Velez me aseguró que había conocido muchos casos de abducciones en los que se escuchaban los mismos pitidos digitales (6). La carta de John Velez fue seguida por una del investigador Bill Hamilton, quien dijo que no sólo había encontrado el fenómeno años antes en un caso de abducción, sino que incluso poseía una grabación del sonido en una cinta! (7) Esto era fascinante, y parece demostrar que quizás un fenómeno auténtico se esconde detrás de las anécdotas tradicionales. Otra carta de Velez enviada al mismo día indicaba que el sitio web de PEER, un grupo dirigido por John Mack, había publicado informes de otros abducidos que habían oído pitidos antes de sus experiencias. Sin embargo, todavía no se ha hecho un estudio profundo acerca del origen de estos sonidos, por lo que no puedo confirmar que siempre se oigan en series de tres o nueve.
 
Una comunicación posterior del ufólogo Kevin Randle apuntó que “este fenómeno de golpes o pitidos, en múltiplos de tres, a menudo en tres series de tres, es conocido en la literatura demoníaca.”(8) La misma semana me mandó tres textos donde se ve muy bien que, de hecho, el fenómeno es bastante común en la demonología y en los casos de posesión.
 
Curiosamente, 18 meses después de la experiencia que tuvo Whitley Strieber, pero muy poco tiempo antes de la publicación de su libro, numerosas personas en Glenrock, Wyoming, fueron despertadas por “una serie de nueve golpes en tres grupos de tres en sus coches, en las paredes o en los tejados de sus casas, o en sus puertas.” Un articulo sobre el suceso se publicó en la prensa semanas antes de la publicación de Transformation (9). Según el articulo, “la serie de nueve golpes secos” fue escuchada por todos a la vez el domingo por la mañana a las 2:45 a.m. La policía recibió llamadas de varios residentes asustados, pero todos “descartaban la posibilidad de que fuera una broma… Los residentes miraron por las ventanas de sus casas rápidamente y inspeccionaron sus propiedades,” pero no vieron a nadie. Para colmo, el articulo mencionó también un OVNI que se vio en las proximidades la misma noche.
 
En su obra Breakthrough, Strieber describe de nuevo “la extraña fuerza” de los nueve golpes que sonaron “en un lado de la casa.” Procedían “de un sitio cerca del tejado donde nadie pudo haber estado.” (10)
 
Golpes en las abducciones y el folklore
Es interesante comparar su experiencia con los siguientes testimonios de Adams County: “Mi padre estaba enfermo. Era una noche cálida y yo estaba tumbado en un colchón de paja en el suelo para cuidarle, cuando sonó como si alguien cogiera una tabla y la golpeara contra el lado de la casa tres veces muy fuerte. Di un salto, porque me asustó. Miré, y vi cómo mi padre moría. Había sido un aviso, porque me había dormido y no le habría visto morir si el aviso no me hubiera despertado.”
 
“Una noche estaba sentado en el salón cuando escuché golpes en la pared. Empezaron en el techo y siguieron hasta el suelo. Lo hizo tres veces. No pude averiguar lo que fue, pero era un presagio que me comunicaba la muerte de mi hermano, porque murió en dos días.”
 
Quizás la diferencia más notable entre los casos tradicionales y los ufológicos es que en los últimos no existe una clara conexión entre los golpes y la muerte Hay cierto paralelismo en los libros de Strieber, porque tiende a hablar del papel que supuestamente desempeñan los alienígenas a la hora de la muerte, y de las experiencias extrañas de los moribundos, pero no llega a relacionar los números tres y nueve con presagios negativos. No obstante, las extrañas luces que parecían invadir su hogar coinciden muy bien con las anécdotas de Adams County, donde cada OVNI se consideraba la señal de una muerte cercana.
 
Para ver si un caso antiguo sería catalogado como un incidente ufológico por alguien especializado en el temática, envié el testimonio de un token del año 1900 a un conocido investigador de abducciones norteamericano. Éste es el token que le mandé:
 
“Hace tres años vivía en la mitad de una casa. La mujer que tenía la otra mitad tenía un niño que estaba enfermo. Al subir las escaleras, al final del último tramo, había tres escalones más que conducían al cuarto del niño. Una noche, cuando yo estaba subiendo para acostarme, sin pensar en nada en particular, al llegar casi hasta el último escalón, una luz brillante me deslumbró mientras pasaba por delante de mí como un rayo, y vi cómo se pegó con la forma de una gran estrella en el panel de la puerta del pequeño. Me asustó tanto que me fui corriendo hasta [la casa de una amiga]. Le pregunté qué creía ella que podía ser…”
 
La amiga de la testigo le dijo que probablemente descubriría el significado del token en los siguientes 24 horas. Y eso es exactamente lo que pasó: el niño “se puso peor esa noche, y murió el día siguiente cuando bajó la marea. Había sido la señal del niño que yo había visto, y rezo para nunca ver otra.” (11)
 
El ufólogo inmediatamente identificó la historia del token como indicación de una posible abducción: “He catalogado decenas de incidentes así; me parece un caso muy típico.”
 
Una experiencia religiosa
Tras recopilar diversos casos de los “tres golpes” y de la repetición del número tres en general, encontré evidencias de la recurrencia de este fenómeno a lo largo de la historia, y hasta la actualidad. Se puede encontrar el fenómeno en la literatura demonológica moderna sobre las posesiones (en la que se supone que el Diablo se burla de la trinidad al realizar sus actividades en series de tres (12)), en los ritos masónicos, en los libros ufológicos y en el folklore tradicional.
 
¿Podía tener su origen todo en la Biblia? Según el Nuevo Testamento, Cristo fue crucificado a la tercera hora, empezó a agonizar en la sexta hora y murió a la novena. Se encuentra el número tres repetido en todo el Antiguo y Nuevo Testamento: en el Libro del Génesis 1:13 la tierra surgió del agua primordial el tercer día de la creación; más adelante (Génesis 18:2), un trío de divinidades aparecen ante Abraham; tres fueron los muertos que el Mesías resucitó; tres los idiomas escritos en la cruz; tres los oficios de Jesucristo: profeta, cura y rey. De hecho, el erudito E. W. Bullinger (1837-1913) hizo un estudio del tema bajo el titulo El Número en la Sagrada Escritura: Su Diseño Sobrenatural y Significado Espiritual (disponible en inglés en Internet en http://philologos.org/bpr/files/n007.htm).
 
El fenómeno no se restringe a la religión cristiana. Los números tres y nueve están íntimamente asociados con la muerte en muchas culturas. Entre los aztecas se creía que el infierno estaba divido en nueve niveles, el soberano de cada uno también reinaba sobre nueve divinidades nocturnas. Los chamanes Chuvache de Volga, quienes también dividen sus dioses en grupos de nueve, realizan ritos de sacrificio en los que nueve verdugos matan a nueve victimas. Sus vecinos, los Cheremisse y los Yakuto, también destacan este número en sus ritos (13). En Irán, o más específicamente en el Zend Avesta, encontramos una descripción del rito funerario de lavar la ropa del difunto nueve veces: las primeras tres con orina, las siguientes tres veces con tierra, y finalmente tres veces con agua. Si alguien entra en contacto con el cadáver debe realizar un rito para el que se requieren tres agujeros llenos de orina de buey. (14)
 
Las experiencias de los sacerdotes
Algunos curas han profesado haber tenido experiencias con los golpes. El abuelo del fundador de la Iglesia Metodista, el Reverendo Samuel Wesley, estuvo involucrado en una manifestación del fenómeno en el siglo XVIII. Todo empezó el 1 de diciembre de 1716, cuando la criada de la familia Wesley escuchó unos gemidos sombríos que parecían proceder del comedor de la casa. Cuando la señora Wesley y otros miembros de la familia se enteraron lo trataron como si fuera una broma, hasta que fueron todos despertados por unos golpes fuertes en el cuarto de los niños unas noches después. Sólo Samuel Wesley no oyó nada aquella noche, y al principio los demás decidieron no decirle nada por si acaso fuera un presagio de su muerte. No obstante, cuando el fenómeno se repitió más veces y decidieron contárselo, se negó a creerles. Aquella noche él mismo escucho nueve golpes fuertes al lado de su cama.
 
A partir de entonces, toda clase de fenómenos paranormales invadieron el hogar y empezaron a preguntarse si era todo un token para el Reverendo o para su hijo mayor. Pero afortunadamente la “infestación” se acabó el febrero del año siguiente sin que se produjera muerte o desgracia alguna. (15)
 
Un caso parecido data de septiembre del año 1934. El principal testigo era el Reverendo G. S. Hewins, quien vivía en la casa parroquial en East Staffordshire, Inglaterra.
 
Sobre las 4:00 de la madrugada, la mujer del reverendo oyó a alguien “deslizarse por el rellano en zapatillas.” Inmediatamente creyó que era su sobrino pequeño, que estaba con ellos y se encontraba enfermo. Sin embargo se dio cuenta de que el aire se volvía cada vez más helado mientras el ser se acercaba a su cama. Se quedó tumbada, con los ojos cerrados, si atreverse a abrirlos. Se le ocurrió que algo que jamás había experimentado le estaba vigilando, y por instinto agarró una pequeña cruz en la mano, creyendo que le protegería de toda maldad.
 
Unos momentos después (“que parecieron ser horas”) escuchó un profundo suspiro, y el ser desapareció. Como apuntó más adelante el reverendo en una carta para el gran investigador de poltergeists, Harry Price, “Su propia creencia es que se trataba de algún hombrecillo apenado, que, al salir [del cuarto], se sintió más alegre que cuando entró. Ella durmió profundamente después [pero] yo no me desperté en ningún momento, ni sentí la visita en absoluto. Ella estuvo nerviosa toda la semana.” (16)
 
Pero eso no fue todo. En septiembre de 1935 la misma mujer, quien por entonces había insistido en cambiar de dormitorio a un ala distinta de la casa, “fue despertada por tres tremendos golpes y escuchó unos pasos.” Aterrorizada, despertó a su marido para contárselo, pero no se volvió a escuchar nada raro aquella noche, ni aquel año.
 
Un año después, en septiembre de 1936, ni el reverendo ni su mujer estaban en casa y nada extraño les sucedió.
Pero en el mismo mes del año 1937, ¡ocurrió de nuevo! En esta ocasión, ahora en su dormitorio original, el reverendo escuchó “tres golpes fuertes en la puerta del cuarto a las 6:30 de la madrugada. Esta vez mi mujer no los oyó. Me pareció muy extraño e inexplicable.”
 
Es tentador especular si una segunda serie de tres golpes se habría escuchado en 1936, cuando el matrimonio se encontraba de viaje. Por otro lado, ¿es relevante que el fenómeno siempre se manifestaba en el noveno mes del año?
 
La última experiencia que el reverendo apuntó sucedió en 1938: “A las 12:30 de la noche el 17 [de septiembre], mi mujer se despertó de repente y escuchó dos golpes fuertes. Ella cree que el primero debió haberle despertado. Me despertó a mí y me dijo: ‘Ha llegado’”.
 
Strieber escribe que sus nueve golpes fueron seguidos por dos golpes juntos, que él interpreta como “fracaso” (es decir, su incapacidad de salir de su casa para investigar lo que había causado el ruido). ¿Sucedió algo parecido en la casa parroquial?
Harry Price planeó una visita a la casa del párroco en 1939 para experimentar la visita anual en persona, pero por desgracia el estallido de la Segunda Guerra Mundial hizo que esto fuese imposible. Esto es una pena, porque habría sido interesante comprobar si las experiencias del reverendo y su mujer fueron seguidas por una enfermedad grave o una muerte familiar.
 
Para terminar, veamos unos ejemplos más recientes del fenómeno que pueden consultarse en Internet. Evidentemente, los archivos WWW no son conocidos por su fiabilidad, pero he elegido tres que son representativos de alrededor de 150 testimonios personales disponibles en la red. Por lo menos muestran que la creencia sigue viva.
 
Nova Scotia, Canadá: 1986
En la página Paranormal Story Archives del sitio web “About.com” encontramos una carta que describe un incidente token ocurrido en octubre de 1986. El autor, Rick P., dice que él y su mujer escucharon un “¡bang bang bang!” muy fuerte en la pared de su casa en Dartmouth, en Nova Scotia, Canadá. La pareja, que se encontraba leyendo tranquilamente, se asustó pero al salir no encontraron a nadie. La noche siguiente se sorprendieron al ver cómo la puerta del granero se abrió sola “unos tres pies” y se cerrara sin que nadie la tocara.
 
No pensaron que tuviera ningún significado, pero al día siguiente por la noche escucharon tres golpes fuertes en la puerta principal de la casa. Rick se levantó en seguida para abrirla, pero no había nadie allí. Creyeron que debían haber sido unos niños gastandoles una broma. Pero unos 15 minutos después oyeron un terrible sonido en el suelo de la cocina, como si un ser invisible estuviera rascándolo con sus uñas. Pudieron seguir el ruido mientras se movía desde una habitación a otra. Decidieron que se debía a ratas o ratones en el sótano. Sin embargo, al bajar por las escaleras para corroboralo, Rick y su mujer escucharon de repente tres golpes fortísimos en la puerta del patio. Rápidamente miraron por la ventana, pero, de nuevo, no había nadie, y comprobaron que tampoco había ratones en el sótano.
 
La siguiente noche los golpes se repitieron en la puerta. El matrimonio empezó a darse cuenta de que parecía como si alguien quisiera llamar su atención. Al salir al jardín comprobaron que el rocío en la hierba no había sido pisado. Luego oyeron lomismo en la puerta del garaje. Todo era inexplicable. El autor de la carta escribe que comenzaron a sospechar que el fenómeno había sido un forerunner (un sinónimo de token) de que alguien iba a morir. Dos días más tarde, su cuñado le llamó para comunicarle que su madre se estaba muriendo. De hecho, murió veinte minutos después de colgar el teléfono. (17)
 
El Ángel de los Tres Golpes: 1990s
Otro sitio que publica testimonios particulares es http://www.angels-online.com. Aquí, se recogen las historias de personas que creen que sus experiencias son manifestaciones de la voluntad de Dios. No me extrañó demasiado hallar un informe sobre el fenómeno de los tres golpes allí, entre las historias de milagros y encuentros con seres angélicos. Titulado Three Knocks, la autora anónima dice que el incidente ocurrió “hace más de cinco años,” lo cual lo data al comienzo de los 90.
 
La testigo estaba tumbada en la cama, esperando a que llagase su marido después de su turno de trabajo en un molino cercano. De repente escuchó lo que parecía ser una caja de música en alguna parte de la casa. Se levantó y buscó por la casa creyendo que su marido le había traído un regalito, pero no había nadie allí. Entonces creyó escuchar unos niños fuera jugando con una pelota: “Toc, toc, toc, como el sonido de un balón de baloncesto golpeando el suelo tres veces.”
 
En aquel momento la mujer empezó a llorar mientras le entró “una sensación sobrecogedora de paz.” Tras haber perdido su empleo y haberse quedado sin dinero, ella creía que quizás era Dios comunicándola que no debía preocuparse. Más tarde el mismo día contó a su hermana lo sucedido. Su hermana le contó que existía un refrán antiguo que decía que “cuando escuchas tres golpes, estás a punto de perder un ser querido.” Como no era una persona muy supersticiosa, no prestó ninguna atención al aviso. Sin embargo, tres días después, su madrina sufrió una trombosis y murió el mismo mes. La autora de la carta concluyó que la música y los tres ruidos se debían a la visita de un ángel cuya misión era prepararla para la perdida de alguien importante.
 
Brisbane, Australia: c.2000
El mismo fenómeno surge en un caso de poltergeist de Australia, mencionado en el sitio web australiano Archive X. Adam Royle, quien incluye su dirección electrónica en su carta, escribe que ha tenido dos experiencias con fantasmas en su vida. La primera ocurrió “entre las 9:00 y las 9:30 de la tarde.” Estaba a punto de acostarse cuando “oí tres golpes en mi armario.” Abrió la puerta para ver si su gato se había quedado atrapado dentro de alguna manera, pero no encontró nada. Como el resto de la familia estaba dormida en el otro lado de la casa, volvió a su cama y intentó olvidarlo. Pero, después de un rato, los tres golpes sonaron de nuevo. Esta vez no se sintió muy cómodo. “Lo que me desconcertaba era que las ventanas de mi cuarto estaban cerradas y vivíamos en la segunda planta de un bloque,” dice.
 
Su segunda experiencia ocurrió una mañana cuando se encontraba en la ducha. Mientras se lavaba el pelo vio “una brillante luz” que pasó lentamente ante sus ojos desde la ventana a la puerta. La puerta estaba cerrada y el sol brillaba sobre el otro lado de la casa, así que no cree que pudo haber sido la luz del sol. La carta de Royle acaba con una petición aparentemente sincera: “No creo que fueron fantasmas malvados ni nada así, pero si sabes algo de estos temas por favor escríbame…”
 
En fin. Mi postura, en lo que “el fenómeno de los tres treses” se refiere, es de cierto escepticismo pero mantengo la mente abierta a casi cualquiera sugerencia seria. Prefiero pensar que mi contribución al estudio de lo paranormal es más descriptiva que interpretativa, así que dejaré que vosotros decidáis si hay algo de cierto en estas historias.
 
En las supersticiones y la mitología existen muchos números recurrentes: el 7, el 13, incluso el 666. Pero la verdad es que no conozco otra serie de números que se repitan con tanta regularidad, tanto en los temas paranormales como en el folklore, y esta coincidencia por sí sola me parece suficientemente interesante como para justificar este articulo.
 
Sin embargo, su relación con la ufología es bastante más oscura: aún no he encontrado ninguna prueba que muestra claramente que el fenómeno de “los nueve pitidos” data de una época anterior a la publicación del libro de Whitley Strieber. ¿Acaso fue él que introdujo este elemento en las historias de abducciones? No sería la primera vez que el autor de Communion ha incorporado elementos folklóricos en las historias de abducción OVNI, pero hasta que tenga datos más concretos no puedo llegar a ninguna conclusión firme.

COMBUSTION HUMANA

COMBUSTION HUMANA
La condesa Cornelia Bandi, de 62 años, vivía cerca de Verona en abril de 1731. Según parece, la condesa se había acostado después de cenar y se quedó dormida después de conversar varias horas con su doncella. Por la mañana la doncella volvió a despertarla y presenció una escena horripilante. La habitación estaba cubierta de hollín y el suelo de un extraño líquido amarillo y grasiento que hedía de forma poco usual. La cama se hallaba intacta salvo por las sábanas revueltas, indicando que la condesa se había levantado. A un metro y medio de la cama había un montón de cenizas, dos piernas intactas con medias, entre las que yacían el cerebro, la mitad de la parte trasera del cráneo, el mentón y tres dedos ennegrecidos. Todo el resto eran cenizas que si se tocaban dejaban en la mano una humedad grasienta y hedionda.
¿Qué fue lo que le ocurrió a la condesa?, su caso es el primero documentado de lo que hoy llamamos combustión humana espontánea o CHE. A pesar de los casos existentes, bien documentados y con testigos fiables, no es un fenómeno aceptado por toda la comunidad científica, quizás porque no se le ha encontrado una explicación satisfactoria, y sin embargo sabemos lo que es.

Sin embargo sus superiores no le tomaron en serio y el caso fue archivado con la explicación del forense como válida.
Otro caso sorprendente que parece avalar lo anterior es el que le tocó sufrir a un bombero londinense, Jack Stancey, cuando acudió a un aviso en un inmueble abandonado. La casa no tenía señales de daños por fuego, pero cuando Stacey examinó su interior, se encontró el cuerpo en llamas de un vagabundo al que conocía como Bailey. Tenía una hendidura de unos diez centímetros en el abdomen y las llamas salían por ella con fuerza, como en un soplete. Para apagar esta violenta llama, Stacey dirigió el chorro de la manguera al cuerpo del vagabundo, extinguiendo la llama en su origen. No hay duda de que el fuego se inició en el interior del cuerpo. La víctima estaba con sus dientes hundidos en la escalera de madera y fue necesario una palanca para abrir sus mandíbulas. No llegó a saberse la causa real del incendio. En el edificio no había gas ni electricidad, y no se encontraron cerillas. Incluso en el caso de que el vagabundo hubiese dejado caer un cigarrillo encendido sobre sí mismo, se ha demostrado que no habría sido suficiente para producir una llama tan destructora.
 
Sin embargo, para aquellos que ya se imaginan el horrible sufrimiento de las víctimas quizás tengan alivio, se ha demostrado que la CHE sólo se produce en personas vivas porque inhalaron grandes cantidades de humo, pero afortunadamente las víctimas parecían adormecerse al iniciarse la combustión.  
 
El caso de Jack Angel parece ser una prueba de ello. En 1974, en Georgia, Estados Unidos, Angel se fue a dormir y despertó cuatro días mas tarde con unas quemaduras tan horribles que fue necesario amputarle el antebrazo derecho.
 
Por otra parte, el pijama y las sábanas de la cama estaban intactos y no sintió ningún dolor hasta varias horas después de haber recuperado la consciencia. Angel no pudo recordar cómo se hizo las lesiones, incluso bajo regresión hipnótica.
 
Se cree que la CHE puede explicarse también con la teoría del efecto mecha. Esta teoría sostiene que en un cuerpo obeso y vestido con suficientes capas de tejidos inflamables, los vestidos en llamas pueden actuar como mecha externa y la grasa del cuerpo puede arder como una vela. En caso de que el cuerpo esté en contacto continuado con una llama y halle una buena aportación de oxígeno, ni siquiera es necesario que la víctima sea obesa.
En 1982, en Londres, Jeannie Saffin, una mujer disminuída mental, ardió en llamas mientras estaba sentada en una silla de madera en la cocina de su casa. Su padre, que estaba sentado cerca, vio un destello luminoso. Al girarse hacia Jeannie, observó que estaba envuelta en llamas, pero Jeannie no gritaba ni se movía. Su padre la empujó hacia el lavadero y llamó a su yerno, que corrió a la cocina para ver qué pasaba. Pudieron apagar las llamas, pero Jeannie murió más tarde en un hospital. El agente que hacía las averiguaciones no encontró ninguna causa aparente de lo que había pasado y así lo hizo constar. Dijo que los parientes de Jeannie creían que era una víctima de la CHE. El veredicto fue muerte accidental, porque, como dijo más tarde el juez, la CHE no existe y muerte accidental es casi lo mismo que muerte por causas desconocidas.
La combustión humana espontánea es ese tipo de hechos que, hasta que la ciencia no los explica, no existen y por tanto no son causa de nada. De modo que, como en muchos otros asuntos, sólo nos queda rogar que no nos ocurra a nosotros.
La CHE se caracteriza por el extremo calor que genera, de modo que podemos distinguir el fenómeno de un incendio corriente. Normalmente es muy difícil reducir a una persona por completo a cenizas, aunque nos lo propongamos; para ello es necesario mantener la llama durante horas sin parar de echar combustible. De hecho está comprobado que un cadáver mantenido 8 horas en un crematorio a 1100º C aún deja los huesos sin muestras de degradación grave ni quedar reducidos a polvo. En los crematorios ordinarios se alcanzan los 900º C, así que no se reducen completamente a cenizas los cadáveres, quedan los huesos que pasan a un cremoledor que los muele y los deja convertidos en polvo. Siempre, y en todos los casos, las cenizas resultantes son grises, mientras que en la CHE son completamente blancas, lo que demuestra que las temperaturas son mucho mayores, algunos las estiman en 2500º C, lo que es bastante calor si tenemos en cuenta que los incendios que destruyen edificios rara vez superan los 250º C.
En el caso de Leon Eveille, de 40 años, que fue encontrado completamente quemado en el interior de su coche cerrado en Arcis-sur-Aube (Francia) el 17 de junio de 1971. El calor había fundido los cristales del coche. Se calcula que un coche al quemarse alcanza una temperatura aproximada de 700º C, pero que para que se funda el cristal la temperatura tiene que superar los 1000º C.
En 1986, cuando un saludable hombre de 58 años, que irónicamente era un bombero jubilado, ardió hasta morir en su casa de Nueva York. Todo lo que quedó de él fueron algunos huesos y dos kilos de blancas cenizas. Como en muchos de estos casos, nada de la casa resultó afectado, y ni siquiera se encendió una caja de cerillas que tenía cerca.
Otro caso fue el que le tocó al detective John Heymer, agente del Departamento de Investigación Criminal, considerado uno de los mejores investigadores en CHE. Fue requerido a principios de enero de 1980 para investigar un caso en Gwent (Reino Unido).
Cuando entró en el salón de la casa lo primero que le sorprendió fue el calor sofocante y la humedad reinante en la sala, así como el tinte anaranjado de la luz que iluminaba lo que quedaba de Henry Thomas, de 73 años. En la alfombra había un montón de cenizas blancas en el centro, en un extremo yacían un par de pies enfundados en sus medias, y en otro una calavera ennegrecida. La luz de la bombilla desnuda se mezclaba con la del día, pero lo que le daba el tinte anaranjado era la fina capa de carne vaporizada y condensada que lo cubría todo en la habitación. Lo realmente extraño del caso es que la habitación no presentaba apenas señales de incendio, tan sólo parte del sillón en el que se hallaba sentada la víctima y la alfombra bajo la que se hallaban los restos, que tan sólo estaba chamuscada unos pocos centímetros.
Pero ¿cómo puede arder el cuerpo de una persona que contiene 45 litros de agua?. Si Thomas quedó reducido a cenizas por una elevadísima temperatura, ¿cómo no ardieron otros objetos cercanos más inflamables como la alfombra o el sillón? El forense expuso su teoría sobre lo ocurrido: Thomas, que no era fumador, había caído de cabeza por accidente dentro del hogar de carbón y empezó a arder, cayó de espaldas en el sillón que sólo ardió mientras estuvo en contacto con la llama, al poco tiempo el sillón se rompió y dejó caer a Thomas sobre la alfombra hasta que murió. El resto de los objetos no ardieron debido a que la combustión del cuerpo agotó el oxígeno de la sala, no pudiendo entrar más debido a que la puerta estaba sellada con burlete.
Al investigador John Heymer todo eso le pareció falso y expuso su teoría, avalada por años de experiencia en medicina legal. El incendio era un caso claro de CHE; comenzó dentro del cuerpo del fallecido, que empezó a arder en el sillón para luego caer sobre la alfombra para quedar reducido a cenizas por completo. Para el detective la CHE es causada por la reacción entre el hidrógeno y el oxígeno a escala celular dentro del cuerpo de la víctima, y que ésta es la única fuente de calor factible que puede reducir un cuerpo a cenizas.
El resto del mobiliario no ardió porque el primer fogonazo consumió casi todo el oxígeno de la habitación, y como la reacción mencionada no necesita un ambiente con este elemento fue la única que pudo continuar hasta que no quedó mas cuerpo que ardiera.

El misterio de los círculos de trigo

El misterio de los círculos de trigo
Por Scott Corrales
Con motivo del estreno de la película Signos (Signs) el pasado día 2 de agosto, protagonizada por los actores Mel Gibson y Joaquin Phoenix, la presentadora canadiense Karen Bulow comentaba a su público en la estación radial CFRB en Toronto: “No sé por qué hay tanto interés en los dichosos círculos, soy de Saskatchewan, y venimos experimentándolos desde hace años”. El comentario jocoso de la presentadora hacía eco de las creencias de los canadienses de la lejana provincia de las praderas, un lugar donde podía suceder de todo, desde encuentros con OVNIS y Bigfoot hasta -como no- círculos en las cosechas.
Pero los vecinos de la cosmopolita Toronto tal vez se habrían sentido menos seguros al saber que en 1.993, al otro lado del Lago Ontario, la pequeña población de Medina (estado de Nueva York, EUA) había recibido un extraño regalo de origen desconocido: un enorme y todavía inexplicado circulo justo en medio de los trigales y maizales de la región. No se trataba de uno de los complejos y portentosos círculos británicos, llenos de posibilidades matemáticas, astronómicas y filosóficas, sino una enorme circunferencia apta para los sembrados de los sencillos granjeros estadounidenses.
Las autoridades no supieron qué decir sobre el asunto, y los investigadores de dichos temas tomaron fotografías y lanzaron toda suerte de conjeturas. Solo el granjero, nacido en Medina, pidió que los forasteros hiciesen sus pesquisas lo más pronto posible y que lo dejaran en paz -ya era agosto, época de cosechar el maíz y llevarlo al mercado-.
Señales del mas allá
Conocidos como círculos de maíz, círculos de cultivo, agriglifos y por muchos nombres más, el fenómeno de los extraños diseños que aparecen en los cultivos en distintas partes del mundo desde hace décadas han representado un misterio apasionante para los que se han dedicado concretamente a su investigación, adoptando el mote de “cereólogos” (cereologists, en inglés). Muchos investigadores llegaron al tema por medio de la ufología (estudio de los OVNIs), mientras que otros lo hicieron motivados por el mero hecho de encontrarse ante el enigma de como fueron creados estos enormes diseños. Al comienzo de la nueva oleada de interés en los circulo de maíz, que data de comienzos de los años ’80, se consideraba -al menos entre los ufólogos-que estos círculos representaban un perfeccionamiento de los antiguos “nidos de platillos” (saucer nests, en inglés) que aparecían con frecuencia en la casuística de los primeros avistamientos OVNI en Estados Unidos y muchas partes del mundo. Era posible creer que los nuevos círculos de trigo, de dimensiones prodigiosas, representaban el aterrizaje de naves de otro mundo, cuyos sistemas de propulsión antigravitatoria -dignos de la ciencia ficción- aplastarían el maíz sin dañarlo. La explicación valía, tal vez, para los círculos sencillos como el de Medina, pero… ¿que clase de aparato podría haber hecho las formaciones británicas?
Los círculos de maíz se caracterizan por el hecho de que las plantas de maíz quedan torcidas, pero no dañadas, durante el proceso de formación del círculo; en ciertos diseños, existen anillos sumamente angostos que rodean la imagen principal, siendo un rasgo sumamente difícil de falsear. No solo eso, sino que las plantas quedan dobladas en direcciones opuestas, entrelazadas para formar capas múltiples. Los testigos que han tenido la suerte de presenciar la creación del fenómeno coinciden en que “una fuerza invisible” parecía ejercer presión desde el aire mientras que se escuchaba un sonido parecido al batir de las alas de un pájaro o un zumbido agudo, casi eléctrico, que causa averías en equipos electrónicos. A veces pueden verse destellos luminosos de color azul, rojo y anaranjado.
El misterio, según los expertos, apareció por primera vez en Australia en 1966, donde los vecinos de la provincia de Queensland, tierra de pantanos y serpientes venenosas, descubrieron óvalos perfectos y sencillos cuya creación no podía achacarse a la acción humana. Fue entonces que se les tachó de “nidos de platíllos” y pasaron a formar parte de los enigmas pendientes de la ufología. En agosto de 1.980 se descubrieron los primeros diseños circulares cerca de Westbury en la comarca británica de Wiltshire, famosa por su actividad ovni. En aquel momento, el investigador Ian Mrzyglod pensaba que se trataban de marcas producidas por el aterrizaje de un platillo volador, pero el físico Terence Meaden consideraba que los círculos de Wiltshire tenían un origen mucho menos dramático, siendo producidos por tolvaneras, que se producen en Gran Bretaña más que en ningún otro lugar en el planeta. La actividad, en consonancia con las teoría de Meaden, se repitió durante los siguientes veranos, sobre todo el de 1.983, al grado de que la prestigiosa revista Flying Saucer Review publicó varias noticias de Colin Andrews y Pat Delgado sobre las “formaciones”, que ahora aparecían entrelazadas con una complejidad intrigante y geométrica.
Esto obligó al físico Meaden a revisar su teoría, agregando la posibilidad de que “fuerzas eléctricas y torbellinos múltiples con forma de embudo” pudiesen ser la causa del asunto, pero la teoría comenzaba a sonar más extraña que el fenómeno plasmado en los trigales británicos. La prensa comenzó a sospechar fraude a la par que miles de personas comenzaban a interesarse por el fenómeno de los círculos de maíz, considerándolos como mensajes de otro mundos o pedidos de ayuda por parte de la “madre naturaleza” a raíz de los desmanes de la humanidad.
Para mediados de los ’80, la organización ufológica BUFORA se constituía como la autoridad máxima en cuanto a los círculos británicos, y los principales exponentes de esta vertiente investigadora -Andrews, Delgado, George Wingfield y Jenny Randles- dominaban las páginas de las revistas sobre el tema y la autoría de una recopilación de ensayos, Mystery of the Circles (El misterio de los círculos, publicado en 1.986). Curiosamente, Mrzyglod, el primero en interesarse en el tema, se apartó de la ufología completamente, molesto por la “carencia de sentido común” entre los interesados por el fenómeno.
Los investigadores de BUFORA opinaban que los círculos eran el resultado de efectos meteorológicos y en pequeña medida, el producto de fraudes. Esta sería la última vez que los cuatro grandes estudiosos se verían de acuerdo al respecto: para 1.990, Andrews y Delgado seguirían una vertiente paranormal, atribuyendo la creación de los círculos a “fuerzas desconocidas” mientras que Jenny Randles se aferraba a las conclusiones más prosaicas como los vórtices de viento, sustentándose en la teoría de los vórtices electromagnéticos de Meaden. En 1.985, sólo había un total de 17 círculos de maíz; para 1.990, la cifra superaba más de mil.
Mientras que los expertos cambiaban de parecer o se aferraban a sus teorías, las formaciones seguían multiplicándose prodigiosamente, creando conciencia entre el público al grado que en 1.991, la recopilación de la obra musical del grupo inglés Led Zeppelin ostentaba un complejo círculo de maíz en su portada: el famoso “pictograma doble” de julio de 1.990, formado en West Kennett Long Barrows, Wiltshire.
De la ciencia a lo paranormal
Aunque BUFORA defendía a ultranza las teorías de los vórtices electromagnéticos o plasmáticos de Terence Meaden, y organizaciones como MUFON también siguieron la vertiente “científica”, el fenómeno de los círculos de maíz presentaba características que rayaban en lo místico.
Algunas de las formaciones británicas (los pictogramas de Lansing y Haddington, ilustrados en la revista Cereologist de julio de 1.991) parecían mostrar el implemento religioso hindú denominado vajra, emblema de lo inquebrantable, que también aparece en el arte de las tribus nativas del oeste norteamericano. No pocos afirmaban haber tenido experiencias sobrenaturales al internarse dentro de los círculos. La Sra. Bryce Bond se sintió paralizada de manera repentina mientras que una voz le decía: “Venimos en son de paz. No te lastimaremos. Estás en el medio de nuestra nave espacial. No somos de tu dimensión”. (Cereologist, primavera 1.991). Otros testigos afirmaron haber experimentado “cambios de tiempo” dentro de los círculos, y de haber visto fogatas rodeadas por campesinos medievales desde su perspectiva. Algunos psíquicos dijeron que era posible predecir el momento en que se produciría uno de los extraños fenómenos, aunque sólo tuvieron éxito en vaticinar el lugar, no la hora.
Los círculos de maíz también se vieron conectados con las apariciones marianas de Medjugorje, en la antigua Yugoslavia. Entre los mensajes recibidos por los jóvenes videntes de la Virgen que se manifestaba en dicha población bosnia figuraba la predicción de que en el mes de junio de 1.991 la Virgen dejaría una marca permanente en la tierra, evento interpretado como un circulo de maíz de grandes dimensiones o complejidad.
Círculos en EUA y Canadá
Las intrigantes formaciones geométricas aparecían como hongos en un mundo consternado por los avistamientos ovni de Bélgica (1989-91), los secuestros por alienígenas y las delirantes historias sobre extraterrestres y bases subterráneas en el oeste norteamericano. La reacción de la ufología estadounidense consistió en agregar el fenómeno de los círculos de maíz a la volátil mezcla de fenómenos que se manejaban en el momento. Algunos, como Jon Erik Bekjord, se lanzaron a la tarea de “descifrar” los círculos, empleando alfabetos antiguos como el tifinagh de los beréberes y el ogham de los antiguos celtas, obteniendo mensajes que decían “huyan de este sitio” y afines. Algunos estudiosos del nuevo fenómeno lo denominaron UGM o unidentified ground markings (marcas terrestres no identificadas), ya que los círculos, si bien manifestaron una preferencia por los trigales de Wiltshire, se producían sobre césped, nieve y otras superficies en otras partes del mundo.
En 1.991, el científico W.C. Levengood analizó muestras tomadas a un círculo aparecido en la población de Dandrige, Tennessee (EUA) un año antes, descubriendo que las emisiones de partículas alfa eran mucho más bajas de lo normal en dicho círculo. Se especuló que “algo” cambiaba la composición química de la tierra para que absorbiera agua, absorbiendo las partículas alfa. Dicha posibilidad serviría para corroborar la teoría de los vórtices plasmáticos del inglés Meaden. “La fuerza detrás de estas formaciones”, declaró el sabio, “está alterando la biofísica y la bioquímica fundamental de estas plantas”.
Otro estadounidense, Sheldon Wernikoff, logró duplicar en el laboratorio “los vórtices múltiples de plasma” propuestos por Meaden. (Mufon Journal, Octubre 1.991).
El estado de Pennsylvania experimentó sus propios “agriglifos” el 24 de mayo de 1.992, cuando formaciones extrañas aparecieron en los trigales de Linfield y Limerick, a poca distancia entre sí. Bruce Rideout, psicólogo de la universidad de Ursinus, fotografió ambos fenómenos y tomó muestras. Según la investigadora Linda Moulton Howe, las secciones de trigo daban el aspecto de haber sido “peinadas” en direcciones opuestas, y también fue posible apreciar un ligero doblaje o reorientación de los nódulos de crecimiento del trigo. Howe piensa que las formaciones pueden ser “marcadores hechos en tejido viviente, creados por una inteligencia avanzada para controlar experimentos realizados en el pasado, presente y futuro del planeta”.
En la lejana Saskatechewan, donde los círculos de maíz son cosa común, algo sumamente raro ocurrió el 29 de agosto de 1.992. Cerca de la población de Milestone, un granjero descubrió que un simpático puerco espín había quedado “aplanado” en forma de equis -como en los dibujos animados- justo en medio de un círculo aparecido en un trigal. El animal, con peso promedio de veinte libras y estatura de doce pulgadas, había sido inexplicablemente compactado a un grosor de tres pulgadas. Joe Rennick, el propietario del cultivo manifestó que el animal silvestre debió haber quedado atrapado al borde del círculo justo cuando se estaba formando. Dado que los puerco espines forman una bola espinosa como protección contra sus enemigos, es posible que el animal haya rodado hasta el centro del círculo en formación, donde fue aplastado por fuerzas desconocidas.
Los puerco espines parecen tener mala suerte: en 1.989, en Estevan, Saskatechewan, otro puerco espín había muerto dentro de dos círculos eslabonados. El animal había quedado completamente carbonizado, descomponiéndose en una sustancia parecida al hollín. Los laboratorios de la policía montada canadiense (RCMP) determinaron que la sustancia carbonizada no había sido producida por ninguna clase de fuego o calor.
Llegaron los falsificadores
 Mientras que los creyentes en el fenómeno de los círculos de maíz meditaban sobre el posible orígen de  los mensajes que encerraban (el “visualizador remoto” Ed Dames, director de la empresa Psi-Tech, alegó haber visto platillos volando a baja altura sobre los cultivos, creando las formaciones), no se dieron cuenta de que un gran nubarrón se acercaba, amenazante, para nublar su felicidad. No se trataba en este caso de siniestros “hombres de negro” ni agentes del gobierno con ordenes de suprimir toda la información sobre los círculos, sino dos ingleses de edad avanzada, vecinos de Southampton, frecuentadores de pubs y con un sentido del humor innegable. Sus nombres: Dave Chorley y Doug Bowen, mundialmente conocidos como “Dave y Doug”, como si se tratara de una antigua pareja de comediantes de vodevil.
Dave y Doug irrumpieron en el mundo de los círculos de maíz inesperadamente, alegando haber falsificado los primeros círculos de maíz en 1.975 inspirados -como no- en los misterioso nidos de ovnis en Tully, Queensland (norte de Australia) lugar en el que había residido Doug Bowen durante la década de los ’60. Una noche, compartiendo cervezas en un pub, Bowen le dijo a su amigo que no sería mala idea hacer un círculo parecido a los “nidos” australianos para ver la reacción de la comunidad ufológica. Valiéndose de una barra de hierro y un instrumento diseñado especialmente por ellos, bautizado “el aplastatallos” (una tabla de madera atado a una cuerda), Doug y Dave se lanzaron a la tarea de fabricar los famosos agriglifos.
Pero se toparon con el problema de que la prensa británica no parecía estar interesada en lo más mínimo en sus logros. No sería hasta casi seis años después, según ellos, que estando a punto de desistir en su empeño, los medios hicieron eco del “triple círculo” de Cheesefoot Head. Entusiasmados, los dos amigos siguieron sus actividades con aún más ahínco y en el mayor de los secretos, aunque uno de ellos -Bowen- se vio obligado a confesar la naturaleza de sus actividades a su mujer, quien sospechaba que sus actividades nocturnas tenían que ver más con la infidelidad que con el ingenio.
En breve, mientras que los dos amigos se desternillaban de risa al ver las reacciones que producían sus círculos entre los miembros de la comunidad ufológica inglesa y los “cereólogos”, se dieron cuenta de que habían surgido otras formaciones en el maíz que no eran de su autoría, pero que tampoco llevaban la firma de los marcianos: Bowen y Chorley habían dado luz a una serie de grupos falsificadores de círculos que adoptaban nombres jocosos como La pandilla de Bill Bailey, Circlemaker4 y otros.
Entre los nuevos falsificadores se encontraba un joven periodista estadounidense, Jim Schnabel, quien acabaría por documentar sus vivencias en el libro titulado Round in Circles, que describe no sólo la manera de falsificar círculos -hasta los más complejos- sino las reacciones francamente paranóicas de los integrantes de la cereología: estos últimos opinaban que Doug y Dave no eran más que “tontos útiles” utilizados por los servicios de inteligencia para restarle prestigio al fenómeno de los agriglifos. También afirmaban que los periódicos que reproducían las fotos de los círculos estaban vinculados al gobierno, que uno de los granjeros afectados por las formaciones compartía el mismo apellido que el director del periódico había realizado “labores de defensa para el gobierno, o que un periodista que postulaba un acercamiento escéptico a los círculos de maíz era nieto de un ministro del gobieno de la ex-primer ministro Thatcher,demasiado cerca del gobierno como para no ser espía”, escribe Schnabel. Ni decir tiene que las declaraciones del joven periodista cosecharon poca simpatía entre los cereólogos: Schnabel pasó a formar parte del bando de los malosos y espías que intentaban suprimir “la verdad” de los círculos de maíz.
Por otro lado, los cereólogos creyeron haber obtenido su “santo grial” en una videograbación que mostraba una bola de luz bajando del cielo, orbitando un sembrado a alta velocidad y formando un círculo de maiz antes de salir disparado a gran velocidad. El vídeo conocido como “Oliver’s Castle”, representaba la respuesta al engima, hasta que se descubrió que la persona que presentó la filmación era un experto en efectos visuales. La revista británica UFO Encounters acabó publicando un artículo que descartaba rodaje como un fraude más.
Pero existían argumentos más racionales para contradecir la afirmación de que todos los círculos de maíz eran fraudulentos: Bowen y Chorley no podían adjudicarse, por ejemplo, el enorme agriglifo de Saskatechewan de 1.974, y menos los ocurridos en otras partes del mundo, especialmente cuando algunos de los círculos canadienses en 1.991 y 1.992 se formaron durante las noches en que los dos bromistas ingleses creaban sus propias formaciones en los campos de Wiltshire. También se da el caso de que los círculos fraudulentos no presentan los cambios a nivel celular detectados en EUA, Canadá y el Reino Unido, y mucho menos las diferencias magnéticas y radiactivas.
Dave Chorley falleció a fines de los ’90, y una nueva generación de “artesanos del maíz” ha surgido para proseguir la labor de crear círculos en los campos ingleses todos los veranos. Sus actividades han sido documentadas por los camarógrafos de una variedad de programas de televisión, aunque las formaciones creadas por estos grupos no exhibe la perfección de los círculos elaborados por fuerzas desconocidas hasta el momento.
¿Letrero de bienvenida o prohibido entrar?
“Si digo que soy capaz de concebir otro mundo que se encuentra en comunicación secreta con ciertos habitantes ocultos de esta Tierra, digo que también puedo concebir que otros mundos estén tratando de establecer comunicación con todos los habitantes de esta Tierra…” Estas palabras de Charles Fort, el gran estudioso de lo paranormal, escritas a comienzos del s. XX, representan para muchos la clave del misterio de los círculos de maíz.
Los que se suscriben a la creencia de que los círculos de maíz representan formas de comunicación también admiten la posibilidad de que el destinatario de dichos mensajes no sea nuestra humanidad, sino otros seres avanzados y ocultos que comparten el planeta. El mejor ejemplo sería imaginar al hombre o mujer que recoge el correo de su buzón y pone las cartas sobre una mesa o una silla, donde un perro o gato pueda olfatear los sobres o revistas y hasta echarlos a tierra, si quiere… pero la mascota jamás sabrá su propósito ni contenido, ya que no están dirigidos a ellos (con la excepción de la carta del veterinario, recordando al amo que es hora de vacunar a sus mascotas).
Por otro lado, la película Signs nos presenta los círculos de maíz no como medios de comunicación, sino como puntos de referencia de navegación, indicadores utilizados por invasores extraterrestres para coordinar sus operaciones, hecho que ha suscitado la cólera de muchos investigadores. El controvertido investigador Steven Greer, director del Proyecto Disclosure, manifestó que “distintas fuentes en los medios de comunicación y los servicios de inteligencia le habían advertido que se haría todo lo posible por fomentar el temor hacia los ovnis y los ET. Después de todo, para tener un enemigo, hay que lograr que la gente sienta odio por un individuo o grupo de personas, o en este caso, todo un género de seres”. Se refirió al guión de Signs como un ejemplo de “demonización de los ET, con una interpretación sumamente limitada del fenómeno de los círculos de maíz”.

EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS

EL TRIANGULO DE LAS BERMUDAS

Durante la década de los ’60 y ’70, la creencia en el Triángulo de las Bermudas – ese trilátero imaginario formando por los vértices de las islas de Puerto Rico, Bermudas y Cayo Hueso en la Florida – no sólo era la moda, sino una materia de rigueur para cualquier interesado en la melange de temas que rodeaban al fenómeno OVNI y lo paranormal. La biblioteca personal de cualquier entusiasta casi seguramente incluía un buen número de libros, la mayoría de ellos ediciones rústicas, acerca de los misterios del mar: buques desvanecidos, objetos no identificados saliendo del mar, y la posibilidad de que la mítica Atlántida aún estuviese activa bajo las olas del Atlántico después de miles de años.
Autores como Charles Berlitz, Richard Winer y John Wallace Spencer se convirtieron en los máximos exponentes de la realidad de la figura geométrica en el agua que devoraba aparatos hechos por el hombre sin dejar rastro de ellos. Otros autores se vieron obligados a pescar misterios en otros mares: algunos, como Jay Gourley, los encontraron en el Lago Ontario, cuyas anomalías magnéticas siguen siendo una realidad hasta el presente; otros como Kevin Killey echaron sus redes en el “Meridiano del Diablo” cerca de la australiana isla de Tasmania.
 
Pero con el paso de los años, y la aparición de nuevas obras investigativas como la de Lawrence David Kusche, que apuntaban hacia un origen mundano de las desapariciones, o al hecho de que muchas de las embarcaciones jamás existieron, el interés por el Triángulo de las Bermudas comenzó a menguar, o al menos dejó de ser una fascinación para la nueva generación de fanáticos de lo paranormal. No obstante, todavía existe una cantidad de eventos sin explicar que tienen su origen en las aguas del Atlántico – eventos que jamás han sido incluidos en los libros que tratan sobre el tema.
 
“Atención, les habla el capitán…”
 
El 11 de junio de 1998, el vuelo 1844 de la US Airways con destino a Filadelfia desde San Juan de Puerto Rico, se encontró con una turbulencia considerable en pleno vuelo: una perturbación lo suficientemente fuerte como para suspender el servicio de bebidas y comida inmediatamente. El capitán se disculpó profusamente con los pasajeros, indicando que el aparato se encontraba “fuera del alcance de cualquier radar basado en tierra” y por consiguiente, no podía solicitar el cambio a una menor elevación. Mientras que el Boeing 737 seguía siendo juguete de las corrientes de aire, algunos pasajeros comentaron abiertamente sobre el Triángulo de las Bermudas, omitiendo las consecuencias sufridas por los aviones que entran en dicha zona. Después de varias horas, la turbulencia se redujo y el avión llegó a su destino sin percances. La turbulencia y los bolsones de aire pueden resultar atemorizantes, pero los viajes que parecen carecer de incidentes pueden ser igual de espeluznantes, como veremos a continuación:
 
      
   El ejemplar de la revista Pursuit de julio de 1973 incluyó un caso bastante dramático narrado por Robert J. Durant, conocido por sus pesquisas ufológicas. Durant entrevistó a un piloto que volaba el trayecto entre la ciudad de Nueva York y San Juan de manera rutinaria, acostumbrado a los disturbios que suelen producirse en la zona y que en ocasiones han sido lo suficientemente fuertes como para arrojar a los pasajeros de un lado de la cabina al otro. En este caso, el piloto dijo que sus oficiales y la tripulación habían comentado sobre la tranquilidad del vuelo.
Pero poco después de haberse producido el comentario, destellos de electricidad estática de color violáceo
 
 El pasajero promedio con la suerte de conseguir un asiento de ventanilla en un vuelo comercial apiñado tiene a veces más cosas que ver por la ventana que los cielos de color azul irreal y nubes blancas que se extienden hasta el infinito. Debido a la congestión de las rutas aéreas, resulta posible ver hasta otros aviones pasando de largo a alturas estratosféricas. El que esto escribe tuvo la oportunidad de mirar por la ventanilla y ver, desde una perspectiva de treinta mil pies, un buque de carga surcando las aguas del Atlántico. Si el observador fortuito llega a ver semejantes cosas, podemos esperar que las tripulaciones de los aviones de línea lleguen a ver objetos aún más inesperados.
El 13 de abril de 1963, la tripulación de un Boeing 707 viajando desde San Juan hasta Nueva York presenció algo totalmente inesperado: luego de haber despegado normalmente del aeropuerto de Isla Verde y ascendido a la altura de crucero de 30,000 pies media hora después de haber dejado Puerto Rico, el copiloto advirtió a sus compañeros de vuelo que se producía un fenómeno desconocido debajo del reactor: una enorme “burbuja” que se formaba en la superficie del Atlántico.
 
Los hombres en la cabina de vuelo del 707 no daban crédito a lo que estaban viendo. La burbuja aumentaba de tamaño, y los cálculos posteriores realizados por el piloto indicaron que el fenómeno tenía casi una milla de ancho por media milla de alto. ¿Habían presenciado, acaso, una detonación submarina, una erupción volcánica, o uno de los fenómenos característicos de la zona? Treinta y ocho años después, “la burbuja” sigue siendo un misterio. Algunos han aventurado la posibilidad de que la tripulación del 707 pudo haber presenciado la explosión submarina de un dispositivo termonuclear, o una prueba artificial siendo realizada en el fondo del mar.
 
Las manifestaciones de alta extrañeza no resultan fuera de lo común en esta región del Atlántico, aunque, a veces, su explicación resulta prosaica. El 21 de agosto de 1969, los ciudadanos de la República Dominicana presenciaron una enorme nube blanca que se expandió a dimensiones prodigiosas, formando círculos concéntricos antes de disiparse. El pánico cundió entre los testigos, quienes temían que “el fin del mundo” había llegado, o que la nube presagiaba algún evento de significado oculto. No obstante, resultó ser parte de una operación denominada “proyecto Stormfury”, cuya meta consistía en acribillar a los huracanes con yoduro de plata para disminuir su potencia. Semejantes experimentos, realizados a alturas estratosféricas, a menudo resultan visibles a cientos de millas de distancia.
 
Desapariciones de alta extrañeza
 
El marinero puertorriqueño Roberto Gainer casi llegó a ocupar su puesto en la tradición de los que se han esfumado por completo en las aguas tropicales. Por suerte, la inmortalidad decidió pasarlo por alto.
 
Zarpando de San Juan en el mes de octubre de 1976 a bordo de una balandra, el navegante de 23 años de edad se disponía a disfrutar de un día de actividad marítima cuando el timón de su nave se rompió repentinamente. La balandra se vio arrastrada cientos de kilómetros hacia el mar abierto por poderosas corrientes, y el radio transmisor de Gainer carecía de la potencia necesaria como para comunicarse con la costa. Durante las dos semanas y media que siguieron, el barquito fue arrastrado a quinientas cincuenta millas de Puerto Rico. De no haber sido por la casi providencial aparición de un carguero alemán que captó la balandra en su radar, la desesperación del joven Gainer habría sido achacada al voraz Triángulo de las Bermudas.
 
Pero al igual que sucede con la aviación, hay desapariciones misteriosas que tienen matices paranormales y hasta ufológicos. El caso de Freddy Miller, relatado detalladamente por Sebastián Robiou en su monumental Manifiesto OVNI: Cuba, Puerto Rico, Republica Dominicana (Ed. Punto y Coma, 1979) corresponde a esta categoría.
 
El 5 de mayo de 1959, una embarcación salió de la ciudad de Santo Domingo con rumbo hacia la playa de Boca Chica a 20 millas de distancia. A pesar del magnífico tiempo primaveral y la tranquilidad del mar, el velero de diecinueve pies que transportaba al productor y director de televisión Freddy Miller y sus pasajeros (dos mujeres y dos niños), desaparecieron sin dejar rastro alguno. Se realizó una búsqueda de tanto las aguas dominicanas como las adyacentes utilizando los servicios de rescate de la época, pero jamás volvió a saberse nada de las cinco personas.
 
Trece años después, el 22 de septiembre de 1973, Virgilio Gómez, un gerente de ventas para una de las compañías de seguros mejor conocidas de la República Dominicana, iba de camino a visitar una granja experimental, propiedad de la universidad nacional, en las afueras de San Cristóbal, 15 millas al oeste de Santo Domingo, para aconsejar a los propietarios sobre la clase de seguros que debían tener.
 
A eso de las 9 a.m. mientras que Gómez se desplazaba hacia su destino, vio que una persona le hacía señas desde el borde del camino. “Pensé que lo prudente sería evitarlo”, diría el agente de ventas posteriormente en una entrevista. “Pero al acercarme, me di cuenta que el sujete iba vestido completamente de verde y que habían dos mas parados a 5 ó 6 metros de distancia del primero. Pensando que podría tratarse de una garita militar o algún accidente, decidí reducir la marcha con cuidado. Me detuve a 10 metros de la primera persona y mantuve el motor encendido…”
 
Según Gómez, el hombre en el traje verde le dijo que se llamaba Freddy Miller, y que “supuestamente” se había ahogado junto con otras personas, aunque de hecho lo había rescatado un aparato moderno, “un módulo conocido a la gente como OVNI”.
 
Creyendo que se trataba de una tomadura de pelo, Gómez le hizo el juego y le preguntó al hombre que de dónde venía. Se quedó pasmado cuando el personaje repuso sobriamente que venía de Venus, y que su rescate se debía “a sus conocimientos en la tecnología de la radio”, agregando que no había cupo para los desventurados pasajeros del velero, y que tampoco habrían sobrevivido al “proceso de adaptación”.
 
Gómez señaló que su interlocutor alienígena tenía una piel grisáceo-amarillenta que resultaba repugnante, carecía de pelo, y hablaba en un tono de voz grueso y ponderoso. El cuerpo del ser estaba cubierto por un mono de color verde sin cremalleras ni bolsillos. Llevaba un gran reloj pulsera “parecido al que utilizan los submarinistas” en la muñeca izquierda.
 
El agente de seguros pudo ver un vehículo a medio ocultar en la maleza al lado del camino, cosa que le hizo darse cuenta de que la situación no era una broma. La nave de configuración ovalada tenía un brillo parecido al del cromo y tenía el aspecto de una pelota de fútbol americano, sin ventanas y sin remaches.
 
El supuesto “Freddy Miller” pasó a explicarle que tanto él como sus compañeros estaban realizando investigaciones en la “fosa de Milwaukee”, la trinchera submarina que alcanza profundidades de hasta 20,000 pies y que forma parte de la fosa de Puerto Rico. Los supuestos extraterrestres estaban preocupados por la posibilidad de que se produjese actividad sísmica en dicho lugar, con consecuencias devastadoras para Haití y la República Dominicana.
 
Se le aseguró a Gómez que los alienígenas “harían lo posible por evitar el cataclismo” programado para el 28 ó 29 de octubre de ese año, y le pidieron que abandonase la zona inmediatamente. Acatando la orden del extraño sujeto, el agente de seguros se alejó del lugar, inspeccionando su espejo retrovisor para ver si podía presenciar el despegue del OVNI. De repente se sintió invadido por una sensación de temor, y aceleró hasta alcanzar su destino original.
 
Al regresar a su hogar esa noche, Gómez informó a su esposa y parientes del encuentro con “Freddy Miller” y sus experiencias aquella mañana. La historia no tardó en difundirse entre los parientes de Gómez, y dentro de poco, el agente de seguros se vio obligado a relatar su experiencia durante el transcurso de una cena cívica. El caso salió en los principales periódicos dominicanos. Según fuentes, Virgilio Gómez posteriormente llegó a ver una foto familiar en grupo y pudo indicar cual de ellos era Freddy Miller.
 
A pesar de los visos de alta extrañeza del encuentro de Gómez, es un hecho innegable que la actividad sísmica era considerable el día en que se produjo el incidente. El investigador Sebastián Robiou indicó que se produjo un temblor en la fosa de Milwaukee pocas horas después del encuentro con “Freddy Miller”.
 
Pero, ¿y que hay con “Freddy Miller”? Las fotos del desaparecido deportista y productor de televisión muestran a un hombre calvo, mayor y con espejuelos que no guardaba parecido alguno con el ser que conversó con Virgilio Gómez. A pesar de sus actividades en el mundo de la televisión, el verdadero Miller carecía de experiencia significativa en tecnología radial, el motivo por su resurrección a manos de los “venusinos”. Aunque este caso ha caído en el olvido, ocupa un lugar de honor entre los misterios del mar.
El Triángulo: ¿desactivado por exorcismo?
 
Los cínicos afirman que la pérdida de interés en el Triángulo de las Bermudas se debe a que no se han producido desapariciones en los pasados 25 años. Los percances se deben ahora a la falta de pericia de los navegantes o a las víctimas del narcotráfico, pero las mejoras en el sistema de navegación LORAN y ahora la navegación por satélite (SATNAV) han ayudado a que el bote más pequeño regrese a puerto seguramente.
 
      
 Otros afirman que el fin del misterio en el confín occidental del Atlántico Norte se debe a circunstancias tan extrañas como las desapariciones.
A comienzos de la década de los ’50, el Reverendo Donald Omand – cuya fama en el mundo de lo paranormal alcanzaría dimensiones insospechadas después de sus exorcismos en el lago Ness y en varias casas encantadas en Inglaterra – aceptó la invitación extendida por un amigo de Miami a dar un paseo en su yate,
  
 “Dainty Dinah”. Cuando el yate perdió de vista la costa de la Florida, se produjo un cambio abrupto en las condiciones meteorológicas, y la embarcación quedó a la merced de una mar embravecida y vientos aullantes. El propietario del yate informó al reverendo que los cambios repentinos eran característicos del “Triángulo de las Bermudas”.
 
“Nunca sospeché que veinte años más tarde me vería enfrascado en un intento por desentrañar sus misterios y vencer las fuerzas diabólicas que lo ocupaban”, escribiría Omand en sus memorias. “Aunque en aquel momento no pude atisbar el futuro, estaba muy consciente del presente”.
 
El reverendo Omand describió que el sonido producido por el viento y las olas se parecía un canto, o gemidos provenientes de cientos de gargantas, cambiando de una nota musical a la otra. Se dio cuenta de que lo que presenciaba era un evento sobrenatural. “Repentinamente, la tormenta amainó y dejé de escuchar el canto. Me di cuenta entonces de que las voces que cantaban llevaban siglos de estar muertas: se trataban de las almas de los esclavos africanos que murieron en el cruce desde Africa hasta las colonias americanas. Muchos de ellos habían sido arrojados por la borda en esta parte del mar”, escribió Omand. Antes de regresar a Inglaterra, el reverendo comentó su teoría con algunos estadounidenses, quienes la encontraron francamente descabellada. Pero otros, como el Rev. Martin Luther King, le escucharon con gran interés y coincidieron con su interpretación.
 
En 1977, el Rev. Omand manifestó ante un congreso internacional que la causa de los eventos en el Triángulo de las Bermudas se debía a los cientos de esclavos que murieron en tormentas, o que fueron echados al mar por estar enfermos o en mal estado antes de llegar a las Indias Occidentales o Norteamérica. “[Entre ellos] pudo haber habido una personalidad dominante, casi seguramente un hechicero, quien maldijo esta región del mar. Sabemos que en el Africa existe esta clase de personas y yo mismo he experimentado la envergadura de sus poderes”.
 
El 16 de enero de 1978, el reverendo Omand realizó su exorcismo del Triángulo, un evento cuidadosamente sincronizado con otras ceremonias que se llevarían a cabo en Miami y en Puerto Rico. “Se ofrecerán plegarias por todos los que han muerto en el Triángulo, y por los esclavos que murieron durante el cruce desde Africa, pidiendo a Dios que el amargado corazón, vivo o muerto, responsable por las condiciones del mar, conociese la compasión cristiana y pudiese superar los poderes del Maligno”.
 
A las 7:30 a.m., el reverendo comenzó el exorcismo, concluyendo con el rito mozárabe y la invocación final, esparciendo agua bendita sobre las aguas del Atlántico. Omand se desmayó poco después de haber concluido el rito, advirtiendo a los presentes que era algo que siempre le sucedía.
 
Doce días después, el 28 de enero de 1978, un Boeing 727 de la aerolínea National que volaba entre Miami y Newark, perdió potencia en sus tres motores y cayó casi en picado una distancia de siete mil pies. La avería en los tres motores era algo que iba contra todos los cánones de la aviación moderna, pero cinco minutos después, los tres motores volvieron a funcionar y no hubo muertos que lamentar. Se afirmó que el final feliz del incidente se debió al éxito de la ceremonia realizada por el reverendo Omand.
 
Conclusión
 
¿Existen regiones en el mar que infundan más temor que otras, o que son más misteriosas que otras, o acaso sólo se debe a la percepción humana de los hechos? Después de todo, cada uno de los cuerpos de agua de nuestro mundo tiene su propia casuística de enigmas sin resolver y regiones en dónde se producen anomalías. Debido a la ubicación del continente americano con respecto al Atlántico, y los patrones de conquista y emigración seguidos por las naciones europeas, tal vez conocemos este mar un poco mejor que otros, pero exista o no un Triángulo de las Bermudas, siempre habrá misterios marinos que comentar. 

Zona del Silencio

Zona del Silencio, puerta del universo
Un desierto cuya inmensidad bordean montañas con aspecto de cráteres, donde abundan aerolitos esparcidos en sus alrededores, así como el recuerdo de un cohete espacial que cayo en su árido territorio, hacen de la misteriosa Zona del Silencio, en el norte del País un escenario sideral.
A esta impresión contribuye la magnifica vista de la bóveda celeste que se tiene desde ahí, la cual permite apreciar constantes lluvias de estrellas y algunos satélites artificiales en movimiento, acompañada del manto silencioso que efectivamente cubre este lejano paraje, a donde se dice no penetran las ondas electromagnéticas de la radio.
En el llamado Vértice de Trino, confluencia de los estados de Coahuila, Durango y Chihuahua, delimitada por la peculiar Sierra del Diablo y vigilada por el solitario cerro llamado Pastelone o de San Ignacio, la Zona del Silencio produce realmente ese encuentro con la callada quietud de la naturaleza por la sensación de vacío y alejamiento que caracteriza el lugar.
Sin embargo, una poderosa energía magnética, responsable de la atracción de los cuerpos celestes hacia el sitio, es en realidad lo que puebla este singular desierto mexicano y lo reviste de un ambiente denso que pesa sobre el visitante, remontándolo a otra dimensión, distinta de la normal. Así, la Zona del Silencio ofrece no solo un paisaje insólito sino también una experiencia sensorial.
Para su fortuna, ha sido designada “Reserva de la Biosfera de Mapimí”, y el Instituto de Estudios del Desierto, organismo gubernamental duranguense, vigila que su prodigiosa flora -que incluye a los endógenos nopales morados- y su sorprendente fauna -tortugas y reptiles únicos en el mundo – se mantengan alejadas de la contaminación mundana.
Por eso, es difícil penetrar a la Zona del Silencio a través de polvorientas e interminables brechas, y los campesinos de ejidos como Las Lilas, en Coahuila, dan la impresión de ser los mas alejados de la civilización moderna, viviendo en un confín del mundo, solitario y remoto.
A 64 kilómetros de la carretera que va de Torreón a Químicas del Rey, en Coahuila, y otros tantos del ferrocarril que conecta con Estación Carrillo, Chihuahua, o de la salida hacia Ceballos, Durango, el desierto ocupa al menos 160 mil hectáreas de silenciosa y desolada extensión.
 
 Cayó el Athenas y llego la fama
En los primeros años de la década de los 70, un cohete de la NASA llamado Athenas cayo en la región debido a un desperfecto.
Varias semanas duro su búsqueda en las inmediaciones de Medanos, sitio ubicado en la parte duranguense de la Zona del Silencio que se caracteriza por sus formaciones rocosas similares a estalagmitas, como dedos de una mano gigante.
A pesar del esfuerzo de los técnicos norteamericanos, los aparatos de radar utilizados no aportaban dato alguno, e incluso el rastreo desde el aire resulto infructuoso.
Cuando al fin fue localizado el cohete, se tendió un tramo de vía férrea desde Estación Carrillo, pero la revista México Desconocido afirma que los especialistas no solo se llevaron el cohete, sino también varias toneladas de arena del desierto con el pretexto de que estaba contaminada, bajo un fuerte dispositivo de seguridad.
Eso origino rumores de que la zona poseía cualidades magnéticas desconocidas, que aumentaron cuando el lugareño Harry de la Peña descubrió un punto a donde no llegaban las ondas de radio. Sus declaraciones originaron una investigación realizada por universitarios de Torreón, quienes propusieron la teoría de que un cono magnético cubría esta región y bloqueaba diferentes tipos de señales.
Sin embargo, el autor de este articulo si pudo sintonizar la radio en la ladera del Cerro Pastelone, y se afirma que quienes se dedican a estudiar la región no han podido localizar de nuevo la tal “zona silenciosa”.
 
Es posible que el magnetismo mencionado mas bien influye en la frecuencia con la que se pueden apreciar numerosas estrellas fugaces que “caen” hacia el desierto y se acercan tanto que parecen bolas de fuego.
Este fenómeno natural que agrega movimiento a la bóveda celeste coincide con la aparición un globo sonda que pasa cada 90 minutos, y es claramente visible desde el lugar, por lo que algún observador podría confundirlo con un objeto volador no identificado.
Entre cráteres, estrellas, cohetes y misterio, la aventura espacial se complementa al visitar una de las zonas donde cayó un meteorito, ubicado en el ejido Las Lilas, en la que es claramente visible un área circular cubierta con rocas metalicas pulverizadas.
Un letrero indica el sitio preciso con una única leyenda: “Meteorito”l. Al internarse en su pedregoso contorno se aprecian las muestras de roca metálica lisa por la ignición o bien, porosa como espuma del metal que hierve a gran velocidad antes de chocar contra la Tierra.
Es importante agacharse a recopilar algunos aerolitos, de muy distinta textura a las rocas comunes, porque dicen que representan la buena suerte que viene del espacio.
 
Habitantes del Silencio
Manos recias y piel curtida por el fuerte sol caracterizan a Miguel García, comisariado ejidal de Las Lilas, lejano poblado en el que viven 18 familias.
“No, por aquí no pasa nada”, expreso al negar posibles avistamientos de naves o meteoros, señalando que la vida en la desértica zona es tranquila, aunque no fácil. Al darle la mano, se percibe la rudeza del trabajo que ejecuta don Miguel y la aridez del clima que le ha agrietado la piel.
En regiones como esta, se establecen fideicomisos de riesgo compartido para estimular la ganadería con capital gubernamental, y hacer posible la economía de la región. En particular, en Las Lilas se invirtieron este año 224 millones 51 mil pesos para habilitar ocho mil 865 hectáreas de agostadero con 350 “unidades animal” que equivalen a vacas con becerro o bien, caballos.
Siguiendo la indicación de don Miguel, fue posible dar con un banco de fósiles, otro elemento de interés que también posee la Zona del Silencio.
Por haber sido en la Era Cenozoica parte del Mar de Thetis, el gran desierto chihuahuense que abarca esta región esta lleno de caracoles y conchas marinas fosilizados, que esporádicamente surgen de las candentes arenas. Un letrero pide a los visitantes que no se lleven los fósiles, pero difícilmente alguien vigila que la orden se cumpla.
Solo están presentes los extraños nopales de color violeta, los numerosos cactus que llaman “viejitos” por sus espinas que simulan cabello blanco, los nopales rastreros que sirven de alimento al ganado, o matorrales como el hojase o la gobernadora.
La fauna silvestre de la región incluye las escasas tortugas endógenas, que están siendo conservadas en el Instituto de Estudios del Desierto para evitar su extinción, así como a veloces liebres, palomas silvestres que cantan al salir el sol, uno que otro coyote, y otros reptiles que por fortuna permanecen ocultos en tiempo de calor.
Para abandonar la Zona del Silencio, hay que batallar con los peligrosos bancos de arena, en los que los vehículos pueden quedarse varados. El calor es sofocante. Poco a poco se va reduciendo la alta efigie del Pastelone al alejarse hacia la carretera, sin perder su aspecto de cráter lunar, similar a los que muestra en la lejanía la Sierra del Diablo.
La atmosfera sorprendente de un desierto magnético, que atrae meteoros a la Tierra y donde el silencio reina a lo largo de kilómetros de blancas arenas, quedo atrás, al fin. Regresar de la Zona del Silencio es como volver de otro mundo a la realidad.
LA ZONA DEL SILENCIO.
Región desértica del noroeste de México, donde existen amplias fajas de terreno en las que no funcionan los aparatos radiorreceptores, radiotransmisores ni televisores. Se desconoce su delimitación y su extensión exacta, pero se le sitúa a 50 km del poblado de Ceballos, en los límites de los estados de Durango, Coahuila y Chihuahua. En 1966, el ingeniero Augusto Harry de la Peña, geofísico de la empresa Petróleos Mexicanos, se internó en la región para revisar unas instalaciones y cuando quiso comunicarse con sus compañeros, el radio de su automóvil no funcionó. Cuando regresó a la estación central pidió que revisaran el aparato, pero no se le encontró ninguna avería. Esto le sucedió una vez más y pensó que era un coincidencia, pero cuando le ocurrió una tercera vez decidió investigar la causa. Su primera conclusión fue que en la región había áreas en las que la transmisión y recepción de las señales de radio eran imposibles. Peña llamó a estas áreas: «zonas de silencio», nombre que más tarde se le adjudicaría a toda la región. En 1966, el ingeniero Carlos Cabrera Cruz, investigador de la Comisión Nacional de Energía Nuclear, y su equipo, realizaron pruebas de polarización vertical con transmisores walkie talkie de 27 megahertz en amplitud modulada, y demostraron que las ondas de radio no se propagan fácilmente en estas áreas, sino que son absorbidas, probablemente, por campos de energía electromagnética. El 11 de julio de 1970 una nave especial tipo Athena, que fue lanzada desde la base New River, Utah, para ser recibida en White Sands, Nuevo México, sufrió un desperfecto en su sistema de dirección y se desvió más de 1.500 km para caer cerca del cerro de San Ignacio, la parte más electromagnética de la Zona del Silencio. La búsqueda, el hallazgo y el rescate de la nave requirieron tres semanas, pero los científicos de la NASA permanecieron en el área mucho tiempo más, durante el cual hicieron un muestreo completo de la región. Levantaron planos topográficos y fotogramétricos; tomaron muestras de tierra, de minerales, de insectos y de plantas; quemaron la hierba del perímetro donde había caído la nave y se llevaron las cenizas. Hasta la fecha no se han dado a conocer los resultados de esta investigación. Según los estudios realizados por otros científicos, el electromagnetismo característico de la Zona del Silencio tiene tres causas posibles: la corriente de un mar o un gran río subterráneo; la composición del subsuelo, en donde puede haber grandes depósitos de petróleo, carbón o magnetita; y la gran cantidad de meteoritos que caen en la región (se han contado 38 meteoritos en un lapso de tres horas). Todo el suelo de la región está cubierto de fragmentos espaciales, desde micro meteoritos hasta piezas mayores. Gran parte de la superficie de estos meteoritos se desintegra a su paso por la atmósfera y se convierte en polvo metálico, que se deposita en el suelo y en las piedras de la región. Otros fenómenos de importancia que ocurren en la Zona del Silencio son la absorción de energía solar, que es 35% mayor que en otras regiones del mundo, y el intenso bombardeo de radiaciones cósmicas. Estos hechos han provocado mutaciones en las plantas y en los animales del lugar. La Zona del Silencio es un área representativa de las regiones áridas del norte mexicano y a pesar de la escasez de lluvias, posee una fauna de una riqueza asombrosa. Por esta razón fue declarada, por la UNESCO, Reserva de la Biosfera. De de este lugar es la tortuga gigante, que es la tortuga terrestre más grande de Norteamérica y una de las más grandes del mundo. Este animal carece de cola, tiene una quilla que le impide meter la cabeza en el caparazón y posee ojos amarillos para protegerse de los rayos solares. Otros habitantes del área son el coyote, el punga, el lobo, el venado, el antílope, la víbora de cascabel, la liebre, el camaleón, el lagarto del desierto y la rata canguro (un animal que no toma agua en toda su vida). La flora del área está constituida principalmente por un arbusto conocido como gobernadora; nopales de color violeta, que desarrollaron esa coloración para protegerse de los intensos rayos solares; palma sin frutos, fibrosa y muy resistente; sangre de drago; lechuguilla, cardenche espinosa y líquenes. Además del misterio que la envuelve y de los fenómenos extraños que allí ocurren, la Zona del Silencio ofrece al visitante la incomparable y seductora belleza del desierto inmensamente iluminado, con sus extrañas formas de vida y crepúsculos extraordinariamente bellos.
 
 
La enigmática “Zona del Silencio”
 
Durango, (Notimex).- El fuerte viento levanta intensas tolvaneras, el sol que hacía “arder la arena” queda oculto en sólo unos segundos, mientras roedores, alacranes y víboras se esconden, es la “Zona del Silencio”, llamado por algunos “La Puerta del Universo”.
La primera porción de tierra que emergió del agua del actual territorio mexicano, hace mil millones de años, fue parte del Mar de Tetis, hoy es una porción del semidesierto donde se hace difícil la vida para el ser humano, y su característica es la incomunicación.
Las ondas de radio no llegan ni salen y los oídos duelen, además, en este gran espacio de 50 kilómetros cuadrados, en pleno desierto de Chihuahua, es frecuente la caída de meteoritos.
De acuerdo con datos históricos, en los primeros años de la década de los 70, un cohete Athenas de la Agencia Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), cayó por un desperfecto en esta región.
Varias semanas duró la búsqueda de la nave en las inmediaciones de Medanos, sitio ubicado en la parte duranguense de la Zona del Silencio, que se caracteriza por sus formaciones rocosas similares a las estalagmitas.
A pesar del esfuerzo de los técnicos estadunidenses, los aparatos de radar utilizados no aportaban dato alguno, e incluso el rastreo desde el aire resultó infructuoso.
Cuando al fin fue localizado el cohete, se tendió un tramo de vía férrea desde Estación Carrillo, para llevar los restos de esa nave.
La población cree que los especialistas no sólo se llevaron el cohete, sino también varias toneladas de arena del desierto, con el pretexto de que estaba contaminada.
A partir de ese hecho, se reforzó la versión de que la Zona del Silencio poseía cualidades magnéticas desconocidas.
Años antes, el técnico de la empresa Petróleos Mexicanos (Pemex), Augusto Harry de la Peña, descubrió un punto donde no llegaban las ondas de radio.
La Zona del Silencio comprende una superficie de 50 kilómetros cuadrados en el noreste de Durango, se ubica en el paralelo 27, en el cual, por coincidencia, se localizan también el Triángulo de las Bermudas y las Pirámides de Egipto.
Enigmático lugar, donde las ondas hertzianas no pueden transmitirse normalmente, hoy es uno de los sitios de mayor interés turístico en la entidad, sobre todo para quienes gustan del turismo de aventura.
A unos 200 kilómetros al noreste de la ciudad de Gómez Palacio, en la Comarca Lagunera de Durango, dicha zona se le ha relacionado con el Triángulo de las Bermudas, debido a una intensa actividad magnética.
En 1966, el geofísico Harry de la Peña se internó en la zona con el propósito de revisar unas instalaciones, pero cuando quiso utilizar su radio no lo pudo hacer.
Aunque lo mandó revisar en dos ocasiones, pensando que se trataba de una falla del equipo, luego del tercer intento empezó a sospechar que se trataba de algún fenómeno.
La Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN) comisionó a Carlos Cabrera Cruz y un equipo de investigación, que descubrió en la franja afluencia de energía entre 30 y 70 por ciento, a veces esporádica y otras cíclica que interrumpía la comunicación.
Con esta investigación quedó de manifiesto que en dicha zona las ondas de radio no se propagaban con facilidad, como en cualquier otra parte del mundo y se lanzó la hipótesis de que eran absorbidas por campos de energía electromagnéticos.
Por otra parte, en 1969 el astrónomo Bernard Lovell detectó un meteorito desde un observatorio en Jodrel Bank, Inglaterra, comenzó a seguir su trayectoria, mientras seguía también la de la nave espacial soviética sonda-Venus.
Al trazar las direcciones coincidió con otros científicos que el meteorito y la nave espacial tenían trayectoria de impacto, cuyos datos sirvieron para que ésta cambiara su rumbo, y sorpresivamente, el meteorito también lo hizo para seguir la trayectoria de impacto.
 
Tras nuevo cambio de ruta en la nave espacial, el meteorito volvió a su ruta original, en la atmósfera de la Tierra sufrió particiones y el pedazo más grande dio una vuelta completa y cayó cerca de la población de Allende, Chihuahua, junto a la Zona del Silencio.
Por la noche, la Zona del Silencio se convierte en un planetario por su impresionante vista de la bóveda celeste y permite apreciar lluvias de estrellas y algunos satélites artificiales en movimiento.
Por su importancia, la Zona del Silencio quedó enclavada dentro de la “Reserva de la Biósfera de Mapimí”.
El Instituto de Estudios del Desierto, organismo gubernamental duranguense, vigila que su flora, la cual incluye a endógenos nopales morados, y su sorprendente fauna, tortugas y reptiles únicos en el mundo, se mantengan alejadas de la contaminación.
La fauna silvestre de la región incluye veloces liebres, palomas silvestres que cantan al salir el sol, uno que otro coyote, y otros reptiles que por fortuna permanecen ocultos en tiempo de calor.
La zona alberga a cactáceas como el arco iris (echinoserus pectinatus), otros con un fruto, como chilitos rojos (mammilaria Pottsii), crece abundantemente el zacate navajilla, delicioso bocado para el ganado vacuno y se encuentra el falso peyote cara de piedra fósil (ariocarpus fissauratus), que le llaman la roca viviente.
En esa zona también existen arbustos, que están representados por encinos enanos y algunos huizaches, que sirve de sombra a los animales.
Para los aventureros, la Zona del Silencio es toda una experiencia que inicia en bicicleta
por el poblado de Cevallos, cabecera del municipio de Mapimí, y punto de entrada a la Reserva de la Biósfera del Mapimí.
La Reserva de la Biósfera del Bolsón de Mapimí fue la primera en su tipo en el país, y muy a pesar de los biólogos y científicos que la administran, aquí también está la famosa Zona del Silencio, misma que atrae a muchos visitantes, tanto nacionales como extranjeros.
Hace mil millones de años esta zona fue generadora de vida marina, hoy forma parte del Desierto Chihuahuense, donde rara vez llueve (260 milímetros al año), forzando tanto a la flora como a la fauna del lugar, a desarrollar técnicas especializadas para sobrevivir en este hábitat.
Es en este espacio de extrañas formas de vida, de atardeceres multicolores, de noches estrelladas y de acontecimientos sin precedente, donde convergen los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila. NTX/GC/CL/HTV
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COMO LLEGAR A LA ZONA DEL SILENCIO
Para llegar a la Zona del Silencio puede llegarse desde Torreón, Coahuila, por la carretera 49 rumbo a Jiménez, Chihuahua. Tras 82 km se llega al pueblo de Ceballos, Durango, desde donde deben transitarse 55 km hacia el este por brecha.
Se recomienda al visitante llevar un buen vehículo para entrar en este sitio, aunque el acceso es relativamente fácil; también es indispensable la contratación de un guía experto y llevar suficiente agua.
En el mismo poblado de Ceballos pueden conseguirse suficientes suministros para alistarse a la aventura en la Zona del Silencio. Otra curiosidad es que mucha gente de Ceballos son coleccionistas en cierne, pues poseen cantidades impresionantes de meteoritos y fósiles de aquél lugar de formas insólitas, los que pueden verse si así lo solicita el visitante.

Las Líneas De Nazca

Las Líneas De Nazca
En el Perú, a 400 kilómetros al sur de Lima y a 50 kilómetros de la costa del Pacífico, se extiende la meseta desértica de Nazca, cubierta de gran cantidad de dibujos y figuras geométricas que solo pueden apreciarse desde el aire. 
No fue sino hasta 1927, mil años después de la presunta desaparición de los nazcas, que comenzamos a vislumbrar la magnitud del misterio, cuando un piloto peruano descubrió casualmente la increíble red dibujada en el suelo. El arqueólogo americano Paul Kosok, el primer investigador que intento resolverlo, llegó al lugar en 1939.
 Increíbles figuras de animales se encuentran en las pampas de Nazca.
Extendiéndose sobre más de 500 Km2, las líneas de Nazca fueron trazadas despejando la fina capa de piedras oscuras que cubren el desierto para dejar al descubierto el suelo más claro.
Hay marcas de tres tipos bien definidos: líneas rectas, en zigzag o dibujos espirales que pueden alcanzar hasta 5 Km de largo; figuras geométricas en forma de franjas de gran tamaño que se asemejan a las “pistas de aterrizaje”; representaciones de animales que sobrepasan frecuentemente los 150 metros de largo.
En la ladera de ciertas elevaciones que bordean el desierto, dibujos de seres humanos de una ejecución diferente y más primitiva que son atribuidos a los paracas, predecesores de los nazcas en la región.
Las figuras trazadas geométricamente a través de los relieves del terreno, como si estos no existieran, y recubiertas por el polvo de los siglos resurgieron en todo su esplendor gracias al trabajo de una matemática alemana llamada María Reiche. Les dedicó toda su vida a partir de 1945, dividiendo su tiempo entre la investigación y la conservación de las líneas trazadas en el cielo.
¿El Mayor Libro Astronómico?
Al igual que Paul Kosov, al que comenzó por secundar y a quién debemos la definición anterior, María Reiche piensa que las líneas rectas (que forman generalmente motivos solares que se entrecruzan) constituyen una especie de calendario astronómico que permite calcular fechas y estaciones.
¿Quiénes y qué aparatos utilizaron para hacer estas figuras, si solo se pueden ver desde el cielo?.
Sin embargo los estudios por computación realizados en 1968 por el astrónomo norteamericano Gerald Hawkins (famoso por descubrir los alineamientos astronómicos de Stonehenge) no permiten encontrar una cantidad de alineamientos suficiente para sobrepasar el simple efecto de la casualidad.
Sin embargo la etnóloga Simone Waisbard y su hijo Jack, experto en informática, se percatan al estudiar el plan del conjunto de figuras geométricas y de representaciones de seres vivos, de que se trata de un calendario meteorológico. O más bien de numerosos calendarios superpuestos en el curso de los siglos, lo que deja suponer por ejemplo la sobreimpresión de una “pista” sobre un magnífico pájaro de más de 100 metros de longitud. Otro experto en el tema, el explorador inglés Tony Morrison, atribuye a los dibujos trazados un significado religioso, basado en las costumbres y en la religión de los nazcas. Para él, las líneas son senderos sagrados que unen altares (que pueden ser materializados por los numerosos montículos de piedras unidas por estas líneas); los dibujos, homenajes a los dioses del cielo, y las grandes “pistas”, los lugares de reunión para el culto.
Transportar y Levantar Estatuas
¿Cómo pudieron los nazcas trazar dibujos tan perfectos sin verlos? María Reiche afirmó que lo hicieron agrandando “maquetas”, de las que encontró huellas cerca de algunas figuras animales.
¿Qué finalidad tienen esas figuras? ¿Son un libro astronómico, un sistema de riego, una manera de orientarse desde el aire?
El norteamericano Jim Woodman, junto al aeronauta inglés Julian Nott, intentó probar que los nazcas sabían fabricar globos aerostáticos para supervisar el trazado de las figuras. Trabajando a partir de dibujos encontrados sobre piezas de alfarería y después de constatar la presencia de huellas de fuego al centro de la red de las pistas, fabricó un globo en 1975, el Cóndor I, con cuerdas y telas del mismo tipo de las que fueron encontradas en las momias nazcas, y le colgó una barquilla de caña en forma de pequeña góndola. El globo se elevó 90 metros antes de caer, salvándose milagrosamente ambos aeronautas. Pero existen pruebas de que los nazcas pudieron volar… Hipótesis osada pero más sensata que la del suizo Erich von Daniken, para quien las “pistas” serían un aeropuerto rudimentario para extraterrestres que vinieron a visitar nuestro planeta en el pasado. A menos que los magníficos dibujos de animales sean una señalización gigante edificada por los fieles en el curso de los siglos para guiar a unos “dioses” para su hipotético retorno.