Ligan Calendario Azteca a extraterrestres

Ligan Calendario Azteca a extraterrestres

Ligan Calendario Azteca a extraterrestres

Todo inició en 1970 cuando Guadalupe Rivera realizó un viaje de trabajo a la Sierra Gorda de Querétaro para trabajar en el Programa Mazahua Otomí del gobierno del Distrito Federal, y debía ubicar los sitios de donde venían las ‘Marías’ (indígenas) que llegaban a la Ciudad de México.
Así comenzó su relato la hija del muralista Diego Rivera, quien sostiene que el Calendario Azteca es la maqueta de una nave espacial.
‘En El Bizarrón se detuvo el vehículo donde viajábamos y vimos venir lo que yo creí una nave espacial, del Poniente hacia el Oriente, donde estábamos nosotros’, relató.
Entrevistada, la escritora señaló que ‘era una bola roja, y a partir de entonces comencé a estudiar qué era eso que se aparecía y conocía bien sobre la franja que va del Océano Pacífico al Golfo de México, a la altura de donde se localiza el Estado de Guanajuato’.
Al abundar en su relato, dijo que en esa zona que atraviesa el país, la gente conoce esas bolas como ‘Brujas rojas’. ‘Sin embargo, yo siempre pensé que eso debía ser una nave espacial. Más adelante pensé que era la Serpiente Emplumada. Entonces recordé uno de mis libros favoritos, el Popol Vuh’.
Recordó que en este último encontró el relato de que un Dios llegó y se paró sobre las aguas. Y sus plumas verdes y rojas iluminaron las aguas.
‘Los que salieron de ahí movieron las montañas, secaron los ríos y devolvieron a la Tierra la capacidad de hacer que crecieran las plantas’, añadió enseguida.
Entonces, señaló la entrevistada notoriamente emocionada por sus recuerdos, pensó que el libro se refería a naves espaciales, porque no había humanos que pudieran hacer toda esa labor. ‘Hice una asociación: En el Popol Vuh hablan de una Serpiente Emplumada, y en el Calendario Azteca también hay una’.
Al dedicarse con detenimiento a observar y estudiar el Calendario Azteca, ella descubrió ‘que las dos serpientes están alrededor de esa piedra monumental y que luego están otros personajes. Con esa idea desarrollé la hipótesis de que el Calendario Azteca es la maqueta de una nave espacial’, dijo convencida.
De ahí le surgió la idea de escribir una novela ‘sobre la Sierra Gorda, sus personajes, y cómo ellos buscan a las naves y las encuentran en cuevas de la misma Sierra’.
Es ‘Los círculos de los dioses’, que anoche dio a conocer y para ello invitó a María Luisa ‘La China’ Mendoza y Brian Nissen, escritores.
‘Concluí, junto con mi hoy difunto esposo, de que el Calendario Azteca es una maqueta de una nave espacial’, reiteró Rivera, quien en ese entonces no se atrevió a difundir sus ideas porque sus amigos sicoanalistas le aconsejaron que no siguiera desarrollando esas ideas porque la tomarían por loca.
‘Ahora que ya hice una carrera política y administrativa, que ya tengo una personalidad bien identificada en la vida política de México, hoy me doy el lujo de comentar lo que pienso desde hace 40 años sin que me tilden de loca’, subrayó convencida.
En su investigación incluye un llamado a la defensa de la cultura prehispánica, nuestros pueblos y tradiciones.
‘Todos los pueblos de América, sobretodo los mesoamericanos, debemos darnos cuenta que este territorio fue cuna de culturas tan antiguas y tan importantes como la china, la hindú, y la tibetana’.
Las nuestras fueron grandes civilizaciones desaparecidas, añadió la entrevistada, ‘y hoy mi deseo es que se cree esa inquietud por decir que si es cierto que vinieron extraterrestres, cómo nos trajeron la cultura, hasta dónde hemos llegado y por qué dejamos de ser tan importante como los egipcios’.
Ella considera que merecemos ser tan importantes en la historia de la humanidad como son los egipcios, ‘pero nadie nos hace caso’. A los aztecas se les ve como sanguinarios, y los Atlantes de Tula pudieran ser cosmonautas; lo importante es que veamos que la América Indígena fue una cultura a la altura de la India’.
Lamentó que nadie habla de las altas matemáticas que desarrollaron los mayas, ni de los sistemas cosmogónicos de los teotihuacanos, pero ella, en su investigación, sí habla de esas cosas. Su interés que ‘quienes llevan sangre indígena tengan conciencia de que fuimos tan grandes como las civilizaciones que hoy se toman como modelo’.
mzr
Fuente: http://www.actiweb.es/vortice/pagina5.html

La dama del cementerio

La dama del cementerio
No hay en el mundo cementerio sin su dama. Esta historia tiene como protagonista a una mujer.
Un hombre quedó encerrado en el cementerio al terminar el horario de visitas. Inquieto comenzó a dar vueltas por el lugar en busca del sereno para que le abriera la puerta.
No lo encontró pero advirtió que frente a una tumba estaba una mujer de pie. El hombre se le acercó entonces y le contó su situación, alegrándose de ver a alguien más por allí.
La mujer le respondió que a ella le había ocurrido lo mismo y que no se preocupara, ya que conocía un lugar desde donde podrían salir. Con la dama como guía, el sujeto la siguió entre las lápidas, hasta que ella se detuvo indicándole una de las paredes perimetrales del cementerio.
Al comprobar que no había ninguna puerta, el hombre le preguntó cómo hacer para salir por ese lugar inaccesible.
–Así– le respondió la mujer mientras atravesaba el muro.
Fuente: La dama del cementerio


OTRA HISTORIA MAS…
La taberna presentaba un aspecto acogedor, ambientada con un gran fuego que había caldeado la sala y que, junto con el alcohol que se consumía, ayudaba a los clientes a sentir una sensación agradable. Pero a aquella hora de la noche, el bullicio casi había desaparecido, pues a pesar de que todas las mesas estaban ocupadas, cada grupo de personas conversaban susurrando mientras iban apurando sus bebidas. Aquellas gentes de campo vestían sencillamente, cosa que les asimilaba a la modesta taberna. La planta baja consistía en un enorme comedor con unas treinta mesas redondas de madera, distribuidas sin gracia y con cuatro viejas sillas cada una; y al fondo de la sala, un gastado y descolorido mostrador era atendido por el mozo, que guardaba tras de sí una variada gama de botellas. El local disponía también de un sótano donde se almacenaban las reservas de la casa, todas en enormes toneles de madera caduca reposando año tras año en la oscuridad. El piso de arriba constituía la vivienda de los que regentaban la posada, y disponía además de seis habitaciones que se alquilaban.
En conjunto, la espartana taberna ofrecía un panorama pintoresco a la vez que anticuado, siempre con los mismos muebles, el mismo servicio, el mismo ambiente, las mismas charlas y risotadas a media tarde y, ahora, por la noche, los mismos susurros de los clientes acompañados por el crepitar del fuego.

Y en medio de todo este conjunto, aislado en una mesa y tragándose ya el sexto vaso de vino, se encontraba el joven Gastón de Lavigni. Con una mirada vidriosa contemplaba los rostros de todos aquellos que le rodeaban, al mismo tiempo que bebía… para olvidar. Gastón provenía de una adinerada familia aristocrática influyente en París, vivía en una enorme mansión, se había codeado con las más altas jerarquías sociales y estaba prometido a la hermosa condesa de Montre-Saint. Cualquiera hubiese dicho que el joven era feliz, pero cuánto se habría equivocado. No, no conocía la felicidad, ni siquiera la gran fortuna que tenía se la había otorgado. Y todo por haberse enamorado de quien no debía, de una joven camarera que conoció en un café parisino. Evidentemente sus padres no aceptaron aquella relación, a aquella chica de clase baja procedente de una modesta familia. Padres e hijo se discutieron violentamente y Gastón decidió romper con su programada vida, con aquella vida llena de fiestas falsas, de sonrisas hipócritas, de amistades interesadas… y se marchó. Por eso se encontraba ahora en aquella miserable taberna, situada en una remota comarca rural de Francia de la que ni siquiera recordaba su nombre.
El joven, deseoso de olvidar por unos momentos todos aquellos dolorosos pensamientos, engulló otro vaso de vino y, tragándose con éste sus lágrimas, prestó atención a la conversación que se iniciaba en la mesa de al lado.
– Os lo aseguro, amigos – susurraba un viejo desdentado a sus tres compañeros – ayer la volvieron a ver; la Dama del Cementerio salió de nuevo para realizar su baile. Un viajero que estaba de paso me lo contó. Y por su rostro aterrorizado, os digo que no mentía. Afortunadamente para él, hoy mismo ha abandonado la región. Es todo un logro que haya tenido tanta fuerza de voluntad.
Gastón se levantó, y medio tambaleándose se acercó a la mesa; la charla cesó inmediatamente y todos le miraron con atención.
– Perdón, caballeros, pero no he podido evitar oír lo que estaban contando, y me apetece escuchar una de esas leyendas locales que abundan aquí. ¿Quién es esa Dama del Cementerio?.
El viejo desdentado inspeccionó atentamente a Gastón, y tras unos segundos, le invitó a sentarse.
– Muy bien, escuche si quiere, pero no se trata de una leyenda, sino de un hecho real que traspasa la barrera de lo sobrenatural y que le helará la sangre.
Gastón, abrumado por las palabras del viejo y por la considerable cantidad de alcohol que llevaba en el cuerpo, se acomodó al lado de los cuatro hombres y pagó una botella de vino para que la conversación no se apagara. El viejo prosiguió.
– Pues bien, joven, debe saber que hace mucho tiempo vivió en esta comarca una hermosa y alegre muchacha a quien todos querían. Con su bondad y amor se había ganado el cariño de todos aquellos que la rodeaban, pues sólo con verla la alegría le llenaba a uno el corazón y se desvanecían todas las preocupaciones. Qué hermosa era, cómo correteaba por los prados, con una preciosa sonrisa que nunca se borraba de su cara; con cuanta amabilidad trataba a los demás – el viejo hizo una pausa y bebió – Pero por desgracia, la vida es a veces injusta hasta con los más inocentes. Una terrible enfermedad se apoderó de ella, y ni los esfuerzos de los mejores médicos pudieron salvarla. Iba languideciendo día a día, iba muriendo poco a poco, hasta que por fin jamás despertó. La enterraron en el cementerio de esta comarca, pasado el bosque. Y es aquí donde empieza lo inexplicable. Tan hermosa y buena había sido, que incluso la Muerte se apiadó de ella; un ser tan precioso y perfecto no debía quedarse para siempre bajo tierra, y por eso, cada noche, se le permite salir al exterior y ronda por el cementerio, cantando, bailando… recordando una vida que antes llevó pero a la que nunca volverá.
– Bueno – interrumpió Gastón – si de verdad es tan bella, mandádmela a la habitación cuando la veáis.
Empezó a reírse sonoramente, pero pronto se detuvo. El viejo y sus acompañantes lo miraban con expresión severa, como si estuvieran profundamente ofendidos por la chistosa impertinencia del muchacho.
– Escúcheme bien – dijo el viejo elevando la voz – no se atreva a burlarse de lo que no conoce, porque en la vida no sólo existe aquello tangible y material que usted puede ver y tocar, sino que a menudo nos rodean unos misterios inexplicables que nada tienen que ver con este mundo. Y ahora deberá perdonarnos; es tarde y tenemos que marchar.
Gastón se quedó solo de nuevo; estaba demasiado cansado para seguir pensando en la historia del anciano, y se retiró a su habitación para descansar. Aquella noche durmió profundamente.
A la mañana siguiente, se despertó con un ligero dolor de cabeza. Observó por la ventana el precioso día que había amanecido y decidió que daría un largo paseo. Así pues, envolvió su camisa de seda con una larga y elegante capa negra, se puso el sombrero de copa y los guantes y bajó por las escaleras al comedor de la taberna. Se encontró con la hija de los posaderos, una atractiva joven que le dedicó una larga mirada y una sonrisa. Era fácil para Gastón ganarse los favores de las muchachas. Era un joven apuesto de 27 años, vestido siempre con suma elegancia y dotado de una corpulencia considerable. Por un instante pensó en devolverle la sonrisa a la chica, pero a su memoria volvieron los amargos recuerdos de aquella camarera de París; no, no volvería a enamorarse, así que bajó la vista y salió al exterior. Los rayos del sol le bañaron al instante; una fresca brisa golpeó su cara, e inició el paseo por el estrecho camino de arena acompañado por el trinar de los pájaros. Tras una hora de marcha se cansó del monótono paisaje, así que se decidió a atravesar el bosque. Allí dentro, entre los espesos árboles, la temperatura era más baja, había menos luz y se respiraba una mayor humedad. Siguió caminando, pensando en sus cosas, hasta que finalmente salió del bosque y se topó con una gran puerta enrejada.
Había llegado hasta el cementerio.
Contempló la verja durante un par de minutos, y recordando inconscientemente la historia contada por el viejo, se decidió a entrar. Aquel lugar de reposo tenía un aspecto apacible; había un hermoso jardín muy bien cuidado, con unos grandes rosales frescos de un rojo intenso; los pájaros revoloteaban el cementerio, y el viento movía acompasadamente las largas hileras de abetos y chopos, mudos guardianes del santo lugar. Gastón paseó largamente por aquellos jardines, y en un recodo de mullida hierba, se tumbó. Qué bien le sentaba aquel tibio calor del sol combinado con la suave brisa. Cerró los ojos para pensar, y sin darse cuenta se durmió arrullado por el viento y los pájaros.
El frío le despertó. Lo primero que vio cuando abrió los ojos fue el oscuro cielo estrellado, adornado con una blanca y enorme luna llena. Vaya, había permanecido dormido casi todo el día y la noche le había sorprendido. Pese al frío siguió tumbado unos minutos más. El viento había aumentado en intensidad; su lastimero susurro recorría ahora todos los rincones del cementerio, al mismo tiempo que los árboles se movían a un lado y a otro al unísono, juntos, incapaces de quebrantar el monótono ritmo que la naturaleza les había impuesto. Gastón decidió que ya era hora de levantarse y volver a la taberna, pero entonces algo le detuvo; había oído un suave sonido, una dulce melodía que apenas era audible. Sin levantarse, se tumbó boca abajo y observó la oscuridad. Sí, ahora lo oía más claramente. Se trataba de una música, una música que nunca antes había escuchado, dulce y acogedora en demasía, sobrenatural, hipnótica, triste, que más parecía un lamento que una melodía realizada por algún instrumento banal.
El muchacho permaneció en el suelo a la vez que una extraña sensación se apoderaba de él, una mezcla de pasión y temor que juntas constituían un deseo de quedarse irresistible. Y allí, penetrando la oscuridad con su mirada, buscando desesperadamente aquello insólito que esperaba encontrar, la vio por fin. Gastón se frotó los ojos varias veces, pero aquello no era una ilusión. Dios santo, la figura que tenía ante sí era la mismísima Dama del Cementerio; así que era cierto, no se trataba de una mera leyenda para los corazones cobardes, no… ¡vivía! ¡Vivía por algún extraño capricho de las fuerzas ocultas, de un mundo de tinieblas al que ningún mortal podía acceder! Gastón permanecía inmóvil ante la fascinante visión. Se trataba de una chica extremadamente bella, una diosa hipnotizadora que atraía sin remedio al estúpido robado. Unos largos cabellos pelirrojos que le llegaban hasta la cintura flotaban en el aire mientras ella danzaba y danzaba, giraba y giraba, reía y reía… Su palidez sobrenatural contrastaba con la negra noche, sus finos rasgos faciales desgarraban con un brillo intenso los ojos de Gastón que, entrado en trance, se consumía en una vorágine de placer y terror, de locura y cordura… Cómo bailaba. Su largo vestido de blanco satén dejaba entrever un cuerpo perfecto, un cuerpo que nunca estuvo destinado a los hombres, que incluso a la Muerte había prendado. Y la música aumentaba, el ritmo se aceleraba, y el baile se convirtió en una espasmódica danza, donde ella se fundía por entre las lápidas, por entre las cruces, toda blanca, iluminando la noche que retrocedía por donde ella pasaba. Santo cielo, los límites de la cordura, las reglas de la vida… nada se respetaba dentro de aquel cementerio, donde la fantasía se mezclaba con la realidad. Y allí, jadeando, sudando, con el corazón desbocado, Gastón se convulsionaba de forma enfermiza, observando aquel impío baile, aquel macabro capricho de la Muerte, aquel espectáculo bello y a la vez grotesco que nunca debió presenciar.
Y de pronto todo desapareció; la noche volvió a reinar en el cementerio y el silencio se dejó oír con su pesada calma. Gastón seguía mirando a la nada, crispado, inmóvil. Pasaron varios minutos antes de que pudiera reaccionar, y lo hizo con un apagado grito mientras realizaba verdaderos esfuerzos para respirar. Se levantó precipitadamente para huir de aquel lugar, y al dar la media vuelta, se topó con el viejo desdentado, que lo agarró firmemente.
– Esto que ha visto no es para usted; ella pertenece al mundo de los muertos. Váyase o lo lamentará.
Gastón jadeaba y temblaba, tenía que marcharse, y con el brazo empujó al anciano e inició una desbocada carrera, una carrera infernal entre los árboles y arbustos del bosque, tropezando, cayendo, rasgándose…
– ¡Escúcheme – gritó el viejo – debe marcharse! ¡Si no lo hace le convertirá en su amante eterno! ¡Márchese o nadie podrá ayudarle!
Pero el joven no oía ya las palabras del anciano, y como un demente llegó a su habitación de la posada, sudando y con el rostro desencajado. Se sentó para tomar aliento. No podía ser… no… aquello que había visto no podía ser real; pero sabía que lo era, porque su corazón se lo advertía. Dios… aquella chica… tenía que ser suya. Ahora que la había visto debía apoderarse de ella, llevársela… El recuerdo del baile le atormentaba, y la imagen de ella estaba ahora en su cerebro, como un sueño, como una sombra… Sí, tenía que ser suya al precio que fuera… al que fuera.
No pudo dormir en lo que quedaba de noche. Sólo a veces cerraba los ojos durante algunos minutos, pero entonces veía a la Dama del cementerio que se acercaba a él, le llamaba, le solicitaba como su amante… y Gastón se despertaba gritando. Durante todo el día no bajó al comedor, y esperaba impaciente a que volviese la noche para ir en busca de su amor.
Al fin la oscuridad llegó de nuevo. Como una sombra, salió de la posada y se dirigió al lugar maldito. Entró en el cementerio y esperó en el mismo lugar que la noche anterior, con unas apagadas risotadas que denotaban el fin de su cordura. No tuvo que esperar mucho; de nuevo sonó la música y ella apareció, más bella que nunca, más blanca, más brillante, resplandeciendo con una palidez mortal, con sus risas y sus giros… y Gastón se levantó. Hipnotizado avanzó hacia ella, incapaz de hablar, incapaz de detenerse, sin voluntad… La Dama lo vio y se detuvo; cesó la música y el baile. Sólo el silencio reinaba ahora, y Gastón seguía avanzando; alargó la mano para tocarla, pero entonces se detuvo. Ella ya no reía, lloraba, lloraba amargamente… y algo despertó a Gastón de su trance. Miró al suelo y… y gritó como nunca lo había hecho antes ¡Decenas de manos descarnadas le habían agarrado los pies y tobillos, las piernas… y tiraban de él de una forma brutal, clavando los huesudos dedos en sus carnes, perforándolo, produciendo un dolor inhumano imposible de resistir. Y Gastón se hundía en el suelo, era arrastrado bajo tierra por los muertos que no perdonaban su impertinencia, el intento de llevarse a su reina blanca y resplandeciente, y Gastón se acercaba cada vez más hacia la morada maldita de la Muerte. Sus desgarradores gritos llenaron la noche y un búho levantó el vuelo asustado. Gastón se agarraba a la tierra en un último intento por no ser engullido, babeando y chillando de terror, rasgándose los dedos, partiéndose las uñas, mientras la Dama del cementerio permanecía inmóvil, llorando y mirando al desdichado joven. Y así, sin nadie que atendiese sus horrendos chillidos de terror, Gastón fue devorado y tragado por la tierra, y lo último en desaparecer fue su mano crispada y desgarrada, que moviéndose frenéticamente intentaba aferrarse a algún asidero que le salvase del olvido.
A partir de entonces, con la desaparición de aquel chico recién llegado, pocos eran los que se atrevían a cruzar el cementerio de noche. Pero los que lo hicieron, relataron una visión horrible: bajo la luna, una bella muchacha pelirroja, con un vestido blanco, danzaba y bailaba por el lugar acompañada de una dulce melodía; tras ella, un joven demacrado, con jirones de ropa que reflejaban vestigios de una vestimenta elegante, la seguía gimiendo, con una huesuda mano tendida hacia adelante, intentando alcanzar lo inalcanzable, intentando conseguir el amor de la Dama del Cementerio.
FUENTE: http://www.fortunecity.es/poetas/cuentos/136/Tierras/Relatos/Sanson/22_La_dama_del_cementerio.htm

EL CADEJO

EL CADEJO
Un cadejo es un animal legendario de la región mesoamericana extendida entre las zonas rurales e incluso urbanas de Centroamérica. Se dice que es un mítico perro (o dos perros) que generalmente se le aparece a quienes deambulan a altas horas de la noche y al cual se le atribuyen poderes misteriosos.

Las diferentes versiones de la leyenda en centroamérica describen a un cadejo blanco y uno negro (generalmente benigno y maligno respectivamente), o simplemente un solo cadejo negro (generalmente beningo). La leyenda del Cadejo es el vestigio de una antigua creencia que supone que todo humano posee un animal de compañía. Este mítico animal es el doble del hombre, de tal manera que la enfermedad o la muerte del primero conllevan la enfermedad o la muerte del segundo. En la actualidad, se puede establecer comparaciones de lo anterior con el pensamiento cristiano, que expresa que el hombre tiene un ángel guardián que lo protege de los peligros. La creencia supone la existencia de un animal compañero para cada hombre. Ese animal es el Cadejo blanco. También este personaje tiene su resonancia precolombina maya en un espectro bienechor guardián de los caminos.
Dicho animal acompaña al hombre en todos sus viajes solitarios por la noche; y en la versión de dos cadejos, el blanco lo protege y lo defiende contra los malos espíritus encarnados en El Cadejo negro, color tenebroso que simboliza la muerte, o sea, el mal en todas sus manifestaciones.
El cadejo blanco como protector acompaña al hombre que trasnocha hasta su casa lo hace muchas veces desde las sombras y sin dejarse ver, normalmente se siente como un presencia que no puedes localizar. Su finalidad es defender al borracho o trasnochador del cadejo negro
El cadejo negro dependiendo de la cultura que enfoca la leyenda puede tener dos fines, matar a las personas de dudosa moral a las que no puede defender el cadejo blanco siempre a altas horas de la noche, o simplemente golpearle y aplastarle, en ambas creencias el cadejo nunca muerde (salvo en su lucha con el cadejo blanco) y causa el daño golpeando y aplastando, debido a su gran tamaño deja al hombre al que ataca como si hubiera recibido una paliza.
Esta es una recopilación de las distintas leyendas del cadejo o cadejos como también es llamado en distintas culturas y paises:
HondurasLa historia del cadejo es que es un perro negro que se aparece a las 12:00a.m.. Si a una persona buena se le aparece el perro negro, le aparece un perro blanco que le defiende. Pero si esta persona es mala, el perro negro la mata.
El SalvadorLa leyenda dice que tras observar todos los males que aquejaban al pueblo, Dios decidió crear una figura que atemorizara al humano pero con el fin de protegerle. De allí surgió un ser con morfología de perro, con los ojos rojos y de color blanco como las nubes que se encargaría de protegerle. El demonio, enojado por la acción del Padre, formó una copia idéntica pero de color negro, que provoca pavor en aquel que le observa. Existen por tanto dos cadejos: el blanco y el negro; el primero representa la bondad y a quien se lo encuentre lo cuida. El negro, por el contrario, de ser molestado atacará a quien lo perturbe. Incluso el cadejo blanco eventualmente defiende a quien resguarda al encontrar el cadejo negro en su camino, trabándose entre los dos una fiera lucha.
MéxicoEn México se presenta también la leyenda de este ser sobrenatural, se presenta generalmente en la región Soconusco, en el estado de Chiapas.Se asemeja definitivamente a un perro negro con abundante pelaje ojos rojos y pezuñas. Para hacer amistad con él, es necesario cuando uno lo encuentre, caminar cerrado, con los pies juntos, pues esto evitará que el ser se meta enmedio y nos lleve con el. Cuando este cerca hay que dar un escupitajo en nuestra palma de la mano, y darsela. Según cuenta esta leyenda, un joven es maldecido por su progenitor a volverse un alma en pena con la figura de un perro negro de gran tamaño y cubierto de cadenas. La misión del Cadejo es advertir a la gente que se da a beber y a enfiestarse que sigan el camino de la virtud, mediante el miedo que causa su aparición en las noches.
Costa RicaOtra versión de Costa Rica (donde es conocido como “Cadejos”) dice que fue en otro tiempo un sacerdote, el cual deformó el sentido religioso de la comunidad en la que era cura párroco. Por ello, Dios lo castigó condenándole a permanecer cien años en la figura de un animal. Pasados los cien años, el Cadejos se suicidó arrojándose al cráter del volcán Poás. Pero se dice que no murió y que es él quien provoca los estremecimientos del coloso. La leyenda afirma que el Cadejos es un espectro con forma de perro negro cargado de cadenas. Sus ojos refulgen en la noche y su cola es larga y mechuda. Tiene patas de cabra y dientes de jaguar.
Se dice que es eterno aliado del hombre. Cuida a los borrachos al volver a sus casas, y amedrenta a los niños desobedientes.

GuatemalaSegún las leyendas en Guatemala, es un animal fantásmagórico que aparece en suelo guatemalteco. La versión más conocida de este animal es la de forma de un perro de color negro y ojos rojos que pareciera tienen fuego. Se cree que cuida a aquellos que se embriagan y deambulan por las noches ayudándoles a encontrar el camino a casa o bien durmiendo cerca de ellos para evitar les roben o dañen. Las otras versiones refieren que este ser tiene dualidad, el negro y blanco, este último cuida de mujeres en el mismo estado físico, sin embargo éstos son rivales y no pierden oportunidad de agredirse, aunque se narra que se han unido para salvaguardar a sus protegidos de otro espectro como La Llorona, Siguanaba o de algún maleante. También este personaje tiene su resonancia precolombina maya en un espectro bienechor guardián de los caminos.
NicaragüaEn las noches, a altas horas, cuado generalmente los hombres van de regreso para sus posadas, depuse de visitar a sus mujeres, un perro grande y fuerte, de color blanco, sigue a aquellos a poca distancia, custodiándolos, hasta dejarlos en sus casas. Este perrote es el Cadejo, el amigo del hombre trasnochador; quien se siente garantizado cuando se da cuenta que es seguido por dicho animal. Todos los peligros desaparecen: el perro blanco lucha y vence siempre defendiendo al hombre.
Te contaré una leyenda sobre este personaje.
Se dice que había una pareja de amantes, Jacinto (nombre inventado) le decía a Margarita (nombre inventado) que se casaría con ella, pero llegó un día en que Jacinto no volvió a buscar a Margarita. Un día ella se enteró de que él se había casado con otra. Ella, de enojo y rabia por haber jugado con sus sentimientos, hizo pacto con el diablo para que le diera el poder de convertirse en Cadejo y así pudiera matar a Jacinto. El diablo le concedió su deseo así que todas las noches ella se convertía en Cadejo, salía de su casa en forma de Cadejo y empezaba a revolcar a los perros que, al verlo, se le iban encima.
Ya después de darles su susto a los perros iba a casa de Jacinto y empezaba a querer tumbar la puerta, la rasgaba, en fin… trataba de hacer hasta lo imposible por poder entrar a esa casa. Todos los días era lo mismo, hasta que un día Jacinto se reunió con varios vecinos para que le ayudaran a atrapar al cadejo. Así que todos fueron por palos y piedras, rociados con agua bendita o ya sea con orín, y una noche todos estaban en casa del Jacinto esperando a que se apareciera el cadejo.
Ya entrada la noche oyeron a los perros ladrar así que sabían que el Cadejo ya había salido de su guarida (nadie sabía de dónde salía ni quién era) así que ya que el cadejo estaba enfrente de la casa de Jacinto queriendo entrar, uno de ellos abrió la puerta y el Cadejo pudo entrar. Al momento que entró todos empezaron a golperlo hasta que lo dejaron casi muerto. Lo que hicieron fue amarrarlo a un árbol y esperar a que amaneciera, (ya que con el amanecer se deshacía el hechizo o como se llame) cuando vieron que era Margarita, y antes de quedar completamente loca, por tantos golpes, dijo que lo había hecho para poder matar a Jacinto por no haberse casado con ella. 
Un caso de Sherlock Holmes
En el cuento Un hombre valiente, de Eduardo Chaves Montero, se lee el siguiente párrafo:
“-Les venía diciendo del finao Hilario Campos. Tenía como l’edá tuya, Tino, cuando comenzó con una malacrianza terrible… tomaba guaro… y cada día llegaba más tarde a la casa.
“Una noche, venía pasao’e tragos con una yegua retinta que tenía; y al pasar por este camino la yegua de un brico lo tiró al suelo y salió espantada dando relinchos. Dentre los matorrales salió un perro como Miguelillo di’alto, negro, con los ojos como brasas; echando humo por el hocico y arrastrando una cadena brillante. Él echó a correr, pero el animal lo agarró del cuello de la camisa y se lo llevó. Otro día lo jallaron en aquel guindo que ven allá… todo jediondo a puritico azufre y rasguñao de la cabeza a las patas… Lo llevaron donde el dautor [doctor] , y de ahí al asilo’e locos.”
Este párrafo es en gran manera similar a un texto de El sabueso de los Baskerville. Un caso de Sherlock Holmes de sir Arthur Conan Doyle, autor de los libros del famoso detective y de su amigo y compañero el doctor John Watson. En el capítulo dos, La maldición de los Baskerville se da una supuesta carta escrita por un descendiente homónimo de Hugo Baskerville dirrigida a sus hijos Rodger y John, con orden de no revelar el contenido a su hermana Elizabeth.
Existió una historieta costarricense de nombre Kadejos, en la revista K-Oz Cómics, cuyo protagonista era una encarnación mitad-perro, mitad-hombre de este mito. Originalmente, Hámaron era un bombero que murió heroicamente, por lo cual es elegido por fuerzas místicas para ser el guardián de las puertas de la dimensión Beminal (mundo de las leyendas) y la Tierra.
Kadejos rehuye su responsabilidad y regresa a la Tierra, pero el cambio dimensional altera su mente, borrando sus recuerdos. Con la ayuda de una maestra de primaria llamada Tryni, asume el papel entonces de vigilante de Costa Rica, hasta que se enfrenta a otros guerreros de Beminal: Cancerbero y La Llorona. Pese a su victoria, él decide acompañarlos para reasumir su compromiso.
Entonces, el dios Anubis, que ha tomado posesión del cuerpo de un empresario millonario, se lleva al Cancerbero y lo convence de unirse a su plan de abrir las puertas de Beminal para traer su ejército y conquistar la Tierra.
A su retorno a Beminal, Kadejos recupera su memoria, le es entregado su verdadero atuendo como guerrero de Beminal y se le alían dos guerreros más: La Cegua y El Chupacabras. El equipo combate a las otras dos cabezas del Cancerbero, hasta que se unen a este y revela su verdadera forma.
FUENTES: http://es.wikipedia.org/wiki/Cadejo, http://www.kruela.ciberanika.com/leyen136.htm, http://www.visionmiedo.com/?p=5066

EL WENDIGO

EL WENDIGO
El Wendigo es uno de los seres menos conocidos dentro de la criptozoologia, y muchas veces se confunde con el termino Windigo, aunque se trata de dos criaturas diferentes, mientras que el Windigo es un ser espiritual, el Wendigo es un ser vivo. El Wendigo es descrito como un ser raquítico, hasta el punto de inanición, su piel esta tensada a lo largo de su cuerpo ajustándose a sus huesos. El color de su tez es similar a las cenizas de la muerte, y sus ojos parecen estar hundidos en sus cuencas, donde deberían estar sus labios ahora solo hay vestigios de piel y sangre, sucio y apestoso el Wendigo tiene ampollas en su piel y exude un olor de descomposición, a muerte y corrupción. Es sabido que el Wendigo es un espíritu que prefiere habitar lugares solitarios, por ello suele esconderse en bosques, lo cual le permite acechar silenciosamente a su presa, nunca esta a la vista y espera el momento indicado para abalanzarse sobre ella. Según la leyenda este ser mitad humano mitad bestia llama a sus víctimas por su nombre, la llamada se asemejaría al embrujo de las sirenas e impulsa a los que la escuchan a adentrarse en el bosque donde las da caza.


“El Wendigo” (también conocido como windigo, windibum o witiko) es una criatura o espíritu propio de la mitología de los indios del norte de EE. UU. y Canadá, que se supone habitaría en los bosques más septentrionales y profundos del continente americano. Aparentemente es una personificación de la llamada atávica -y la fascinación rayana en la locura- que los bosques profundos y la naturaleza más salvaje provoca en los hombres y, en su faceta más oscura, un mito para explicar la bestia en la que se puede convertir un ser humano cuando hace caso de dicha llamada. Este mito podría estar relacionado con historias entre los pueblos indios acerca de casos de canibalismo para sobrevivir a los duros inviernos de estas duras zonas del continente.
En psiquiatría se ha considerado la psicosis por windigo como un caso de psicosis particular y propia de una cultura (en este caso la amerindia).
El Wendigo se personifica unas veces como el viento sobre las copas de los árboles o como un espíritu, otras como un ser musgoso que habita en lo profundo del bosque, otras como una terrible criatura mitad bestia mitad hombre. El Wendigo “llama” a sus presas por su nombre, y cuando éstas oyen su llamada no pueden evitar el correr a las profundidades del bosque y perderse para siempre.
Leyendas y cuentos
Ya que hay muchas historias y cuentos sobre el wendigo, se da hincapié a muchas cosas. Se cree en muchas cosas tanto del mundo sobrenatural como son los espíritus malignos como un gran monstruo o zombie que vive en los bosques o en las montañas heladas. También el wendigo se manifiesta cuando el hombre come la carne de otro hombre. supuestamente absorbe su fuerza y espíritu; ésta acción causa en el individuo poseído por el Wendigo un hambre que no se puede saciar con nada y lo único que quiere es comer mas carne humana ya que el hambre a su vez crece y crece hasta que el hombre muere ya que no existe algún exorcismo eficaz contra la posesión de un wendigo. En el famoso cuento de Algernon Blackwood titulado “El Wendigo”, aparece como un ser temido por los indígenas de los bosques del norte de América, comedor de musgo y no de humanos. Personifica la llamada atávica de la naturaleza al animal que supuestamente llevamos todos dentro, ya que sus víctimas oyen una voz que les llama, y como hechizadas, inician una alocada carrera que les conduce a lo más profundo de las selvas boscosas del Gran Norte a gran velocidad (y altura), quemándose sus pies (que se convierten en garras) y sangrando sus ojos.
Las leyendas acerca del Wendigo son numerosas, así en unas es una personificación de un gran cazador que se perdió en el bosque y por alimentarse con carne humana fue castigado y se transformó en algo parecido a un zombie, con grandes manos con garras y muy ágil, que se alimenta de carne humana. En otras se dice que es un espíritu del bosque, corpulento y con pelo blanco, que se alimenta de musgo. En casi todas se cuenta que comía guerreros que se aventuraban demasiado en los grandes bosques desiertos y helados del norte de Estados Unidos y Canadá y que se perdían en los mismos.
Sin embargo, existen otras interpretaciones más felices de este ser, convirtiéndolo en un mero acompañante de los viajeros. Cuando una persona viaja sola por el bosque, el wendigo la sigue y desaparece cuando el mismo se vuelve para cerciorarse de si hay alguien a su espalda. En estas interpretaciones el wendigo es totalmente inofensivo en sí mismo, pero el miedo que puede provocar lleva a la pérdida del viajero en el bosque o a su despeño por un precipicio.
El mito del wendigo ha sido frecuentemente utilizado en la literatura, el cine y la television. Una de las primeras obras de ficción fue el relato El Wendigo de Algernon Blackwood de 1909. El escritor H.P. Lovecraft en sus Mitos de Cthulhu, asocia al Wendigo con el dios ártico Ithaqua. Stephen King también menciona al wendigo en su novela Cementerio de mascotas. La película Ravenous (que fue un fracaso de crítica y taquilla) toca también el tema del Wendigo. Además han habido capítulos dedicados al Wendigo en series de televisión como Supernatural, Charmed, Blood Ties y Fear Itself. También aparecen wendigos en juegos de rol como Dungeons and Dragons y hay un superhéroe de la Marvel Comics llamado Wendigo.
En el juego de rol Hombre lobo: El Apocalipsis hay una tribu ficticia llamados Wendigos
En la criptozoología, la leyenda del Wendigo, suele tratar de relacionarse como una variante o pariente de Pie Grande.


FUENTES: www.visionmiedo.com, http://mundoinexplicado.blogspot.com/2005/06/wendigo-el-espiritu-de-los-lugares.html, http://es.wikipedia.org/wiki/Wendigo

Incubos y súcubos: los demonios del sexo

Incubos y súcubos: los demonios del sexo
 
 
 
Todo sobre esas criaturas infernales que atacan a hombres y mujeres durante la noche para pervertirlos, robar su energía sexual y matarlos a polvos
De entre los muchos demonios que atacan sexualmente a los hombres y mujeres, tal vez los más fascinantes sean los íncubos y los súcubos, unas terribles critaturas que pululan por el mundo desde el medioevo y pueden envenenar tu mente, extraerte la energía sexual y espiritual, endemoniarte, volverte loco de terror y placer y, si no pones remedio, incluso acabar con tu vida para mandarte directamente al infierno, sin contemplaciones ni ordalías. Vamos a retratarlos con cámara Kirlian para intentar prevenir, en la medida de lo posible, sus devastadores efectos:
ÍNCUBO (del latín incubare -“yacer”- procede el nombre de este demonio, que significa “me acuesto sobre ti”).
Descripción: Se trata de un demonio con forma masculina que ataca a las mujeres por la noche, en la cama, casi siempre mientras duermen. La apariencia del íncubo no es necesariamente atractiva, ya que no busca la seducción sino despertar en su víctima los instintos sexuales más bajos y primordiales. Dependiendo el país, el íncubo se representa unas veces como un enano barrigudo, otras como un señor alto, delgado y peludo, otras como un joven apuesto y bien vestido y otras incluso como un pájaro de fuego. En todos los casos, siempre está dotado de un miembro descomunal.
Nombres: Atienden a nombres como Zabulón, Leviatán, Belaam o Alpiel Efelios y, aunque hay varias teorías al respecto, se supone que, tanto ellos como los súcubos, descienden de los Nefelines, ángeles caídos en desgracia que engendraron una raza degenerada.
Modus operandi: El íncubo se cuela en la mente femenina y siembra la lujuria, provocándole sueños húmedos, pensamientos de lubricidad desviada o exagerada, para pervertirla antes de atacar. Tras varias noches de precalentamiento, el íncubo se materializa y copula con la mujer en unos coitos tan salvajes y placenteros que la humana se derrite en mil orgasmos, a veces entrecortados por momentos de lucidez que deriva en auténtico horror. A la mañana siguiente, la interfecta no recuerda casi nada, sólo que ha tenido un sueño húmedo, brutal y extraño y que, a juzgar por la cantidad de semen y sangre que hay en sus orificios, no ha sido una experiencia del todo irreal. Además, la víctima siente debilidad y abatimiento, ya que el íncubo ha empezado a extraer su energía erótica a través del coito.
Víctimas: Los íncubos atacan a todo tipo de hembras, sin importarles su edad, apariencia física o estado civil: lo mismo les da que sea guapa o fea, alta o baja, viuda, soltera o casada, embarazada o infértil, enferma o sana, ninfómana o anorgásmica: el caso es que sea mujer y que tenga una mínima energía sexual para alimentarse de ella, robándosela noche tras noche, de manera que el demonio se va haciendo cada vez más fuerte mientras su víctima (que, enganchada al placer, es capaz de dejar a su marido y todo para consagrarse al demonio) se debilita progresivamente, llegando en ocasiones a sufrir ataques al corazón o una muerte violenta ocasionada por el intenso placer sexual que su cuerpo, ya consumido, no soporta.
Consecuencias: En caso de que la víctima se quede embarazada, puede dar a luz a bebés muertos o a retrasados mentales, pero también a abortos con apariencia medio humana-medio animal, criaturas deformes, perversas y con especial inclinación por el mal. Se dice que el mismísimo Anticristo podría ser engendrado por un demonio lúbrico, si bien hay teorías que sostienen que de estos polvos aberrantes pueden salir seres con increíbles poderes mágicos: no en vano, hay expertos que juran que el mago Merlín era hijo de un íncubo y una prostituta.
SÚCUBO (del latín succubus, de succubare -“yacer debajo”-).
Descripción: Es un demonio con forma femenina que ataca a los hombres durante la noche para robarles su semen. A diferencia del íncubo, el súcubo sí adopta una forma atractiva, pues sabe que los hombres se excitan por la vista y caen más fácilmente a los pies de una chica sexy. Según la zona geográfica, la leyenda varía y, aunque siempre se trata de mujeres hermosas, cambian algunas de sus características y su forma de hacer el mal: algunas mitologías hablan de demonios masculinos que toman la forma de mujeres muertas para consumir al hombre; otras, de beldades que viajan montadas en burro y poseen vaginas dentadas con las que castrar al hombre que las penetre; otras, de mujeres aladas que, cual mantis religiosas, se comen al hombre vivo durante el acto sexual… También hay cuadros que pintan a los súcubos como seres híbridos, mujeres humanas mezcladas con bestias, que lucen cornamentas, colmillos, cascos de caballo, alas de Cthulhu y otros complementos de pesadilla que acentúan su rara belleza.
Nombres: Los súcubos responden a nombrecitos tan exóticos como Ábrahel, Lilit, Rusalka, Florina Vasordiel o Iutzi.
Modus operandi: Es similar al del íncubo, aunque cuenta con la ventaja de que el hombre tiene menos barreras, piensa más con el pene y es más fácil de seducir, por lo que, casi siempre, no hace falta precalentarlo y se le ataca directamente bajo una forma atractiva, llena de curvas y redondeces. Tras una noche de muchas erecciones y eyaculaciones, mezcladas con punzadas de miedo y vértigo, vendrá la bajamar: una mañana de debilidad, cansancio y recuerdos borrosos y morbosos pero inquietantes. Como dice el profesor Manuel Carballa en su aterrador libro El síndrome del Maligno, “a no ser por los restos de semen o sangre encontrados entre las sábanas, la víctima sólo recordará la experiencia como un sueño”. Esto al principio, luego la cosa se convertirá en obsesión y, muchas veces, aún consciente de estar bajo el influjo de un súcubo, el hombre no podrá evitar derramar su energía seminal cada noche, dejando trabajo, mujeres, hijos y amantes para entregarse en cuerpo y alma a su demonio nocturno… hasta la muerte.
Víctimas: Los súcubos atacan a todo tipo de hombres, aunque tienen preferencia por los más espirituales, sobre todo artistas y religiosos. No hay más que echar un vistazo a la clásica novela gótica El monje, escrita por Matthew Gregory Lewis en 1796, en la que un sacerdote acaba en el infierno por culpa de un demonio camuflado bajo la forma de una bella mujer.
Consecuencias: Según el Malleus maleficarum o Martillo de las Brujas (la guía para la caza de brujas más importante del Renacimiento) los súcubos no derraman el semen de sus víctimas, sino que lo recolectan y después lo usan para embarazar mujeres y crear monstruos. En otros textos de la época se especifica que los súcubos, al recibir el semen en su interior, desarrollan un pene y se transforman en íncubos para más tarde reinyectar ese mismo semen en víctimas femeninas.
Diferentes teorías acerca de los demonios lúbricos
Aunque la tradición judeocristiana y la de otras culturas monoteístas ha considerado a los íncubos y a los súcubos como seres malignos, proyecciones monstruosas de la lujuria de los durmientes, metáforas tremendistas de las fantasías que causan las poluciones nocturnas o la parálisis del sueño, las teorías modernas los han descartado, calificándolos de supercherías o (en el caso de Jung) relacionándolos de forma directa con el arquetipo del “ánima”.
Por otro lado, existen teorías profanas que ven a los demonios lúbricos como seres que se pueden dominar y utilizar para alcanzar altas formas de placer sexual y estados alterados de conciencia. William Burroughs es uno de los pocos escritores modernos que trató y redefinió el tema en sus libros, artículos y entrevistas. En su novela El lugar de los caminos muertos (1984), un personaje de Burroughs habla de los espíritus-zorro japoneses, demonios capaces de adoptar cualquier forma (hombre, mujer o niño) para seducir a sus vícitmas y, en una conversación con Victor Bockris el propio escritor dijo lo siguiente:
“Los íncubos y súcubos pueden ser dañinos y destructivos. Como con cualquier situación sexual, el peligro depende de cómo la manipules. Todo sexo es potencialmente peligroso, porque nuestros sentimientos sexuales nos hacen vulnerables. ¿Cuánta gente ha sido arruinada por un amante? El sexo conlleva un punto de invasión y los súcubos y los íncubos simplemente nos hacen intensamente conscientes de esto. (…) El sexo es físico. Si fuera posible para cualquier persona pulsar un botón que hiciera aparecer a un íncubo o a un súcubo, creo que la mayoría de la gente preferiría tener relaciones sexuales con uno de estos demonios a las aburridas cópulas con gente real”.
La invocación de íncubos y súcubos
Botones para llamar íncubos y súcubos, de momento, no hay, pero en la escuela tántrica Kaula existen complicados ritos para invocar a este tipo de demonios sexuales. También en el universo de la magia hay ritos para atraer íncubos y súcubos, por ejemplo a través de la gnosis liminal (un estado intermedio entre el sueño y la razón en el que se puede controlar la acción onírica y hacer viajes astrales), las prácticas chamánicas (en ciertas tribus africanas hay brujos capaces de invocar demonios lúbricos dentro de un espejo para luego exterminarlos) o la evocación erótica (acumular energía e imaginación sexual mediante pornografía, masturbación sin orgasmo y otras técnicas, para concentrarse en la creación mental de una forma-sombra con la que hacer el amor).
Además, hay expertos espiritistas que, como Burroughs, han hablado del uso y dominio de íncubos y súcubos, es decir, agarrar al diablo por los cuernos para usarlo en provecho propio, ya sea para la autoexploración, para el placer o para encomendarle acciones determinadas, bien en el plano psíquico (adivinación, resolución de misterios, etc.), bien en el físico (asignándole tareas determinadas).
Sin embargo, todas estas prácticas son poco recomendables para individuos no curtidos en mil batallas mágicas y espirituales. Invocar y jugar con un súcubo o un íncubo puede ser muy perjudicial para la salud y la cordura, no sólo porque los coitos con la entidad chupen mucha energía (porque el ente la absorbe y también porque trabajar en ciertos estados de conciencia resulta agotador) sino porque el gran placer sexual alcanzado lleve al invocador a generar una dependencia que lo “enganche” a las cópulas con el demonio, arrastrándolo así a la ruina física y mental.
Cómo deshacerse de un diablo erótico 
Resulta extremadamente difícil quitarse de encima (o de debajo) a un demonio lúbrico, en primer lugar porque es necesaria una gran fuerza de voluntad: a nadie le amarga un dulce y los orgasmos que se alcanzan en las cópulas con estos seres son sobrenaturales, así que el primer paso es tener determinación y decidir librarse del demonio a toda costa, haciendo oídos sordos a sus cantos de sirena y rechazando sus ofertas sexuales. Luego hay que tender una trampa ritual para espíritus y encerrarlo en una botella, un cristal o un triángulo, lo cual requiere unos conocimientos de magia bastante avanzados.
También es posible deshacerse de estos demonios usando la gnosis liminal para reabsorber en el propio cuerpo las cualidades y el nombre de la entidad, eliminando toda asociación erótica, aunque sea a base de duchas frías o hielo en los genitales. Aunque suene rara, no es una técnica tan diferente a la que se suele usar para exorcizar amantes de carne y hueso.
http://www.adn.es/sexo/20080821/NWS-1560-incubos-sucubos-demonios-sexuales.html