El señor que vivió con una bruja

Hubo una vez un señor que se enamoró de una muchacha muy bonita a quien amaba con todo su corazón. Ambos eran muy felices juntos, pero cierto día que el señor salió divertirse con sus amigos, ellos le dijeron que su mujer era una bruja y que en la noche se convertía en un animal.

Ante la duda del hombre, sus amigos le aconsejaron que la espiara por las noches para comprobar que lo que le decían era cierto.

El señor intentó seguir a su mujer varios días, pero el sueño lo vencía y se quedaba dormido. Entonces, el señor fue a ver a una señora que era bruja blanca y ella le dijo que, para ver a su novia, se colgara un escapulario en el cuello y cuando la muchacha se quitara su cuero de mujer, que al cuero le echara sal.

En la noche el señor se puso un escapulario y cuando la muchacha se levantó la siguió hasta un árbol de aguacate. Ahí la muchacha se quitó el cuero de mujer y se convirtió en lechuza. El señor esperó a que se alejara. Y cuando lo hizo, le echo sal a el cuero de mujer, tal como le dijo la bruja blanca.

Cuando la muchacha regresó y se puso el cuero, se revolcó y lloró del dolor hasta morir.

Se cuenta que por las noches, cuando la gente pasa por ese árbol de aguacate, se pueden oír los lamentos de la bruja, y quien logra verla retorcerse de dolor, pierde la cordura y termina con su propia vida. Justo como le pasó a ese hombre que vivió con una bruja y que, al verla sufrir y morir por la sal que el mismo vertió en su cuero, vivió con temor por varios días hasta que se ahorcó y puso fin a su vida.

FUENTE: http://www.zocalo.com.mx/

La Leyenda de la Costilla del Diablo

La gente de Tepotzotlán era muy afecta a la narración de leyendas; actualmente esta tradición se ha ido perdiendo, probablemente, quizá debido a la existencia de la radio y la televisión. Antiguamente se contaban leyendas de brujas, nahuales, duendes, lloronas, aparecidos y demonios.

Cuenta una leyenda que el diablo se iba a llevar a su casa una piedra; después de que la hubo atado con mecates, trató de arrancarla del suelo de lava Volcánica donde estaba, pero fue tanto su esfuerzo que dejó marcadas las costillas, y al no poder cargarla antes de que el gallo cantara, la abandonó.

Otra leyenda asegura que existen túneles que van desde el Colegio Jesuita hasta distintas haciendas y parroquias de la periferia; Asimismo, se habla de una campana encantada; al respecto, cuentan que cuando fueron colocadas las campanas en la torre grande, en 1762, una de ellas cayó y se hundió en el suelo, quedando allí encantada. En 1914, cuando llegaron al pueblo los carrancistas, se dice que trataron de sacarla pero que fue inútil, ya que entre más escarbaban, aquella más se hundía.

Se habla también de que en los cerros hacen sus sesiones las brujas y que después salen a chupar la sangre de los niños pequeños, principalmente de aquellos que no están bautizados. También se cuenta de un jinete vestido de negro, con botonadura de oro, que se aparece en algunos caminos, sobre un caballo negro, de cuyos cascos y cola salen chispas; aseguran que seduce con su riqueza a la gente codiciosa.

FUENTE: http://www.leyendasdeterror.net/

Atrapada en una pesadilla

La lluvia pegaba fuerte en las ventanas y las goteras llenaban la casa de rítmicos e insoportables ruidos. Miranda estaba acostada en su cuarto tapada por una manta de lana de alpaca, vestida con un traje de seda negro mientras esperaba a su esposo. De repente el sonido de las gotas comenzaba a ocasionar en ella un embrujo hipnótico, que la hacía caer poco a poco en un sueño profundo.

De un momento a otro, se encontraba en una de las sillas de un teatro con decoración gótica, entre muchos desconocidos. Entonces una de las luces se encendió en el teatro, iluminando el punto en el escenario específico en donde estaba un jorobado con la cara deformada… el anfitrión de la velada, al parecer. “Sean todos bienvenidos a la peor de sus pesadillas” dijo el jorobado con su micrófono. Un grito agudo se escuchó en el auditorio, el cual ocasionó una risa macabra por parte del anfitrión.

“Son ustedes las almas escogidas para este, el único sueño en el cual ustedes saben que están soñando, sin embargo, no podrán despertar. Sin más preámbulo acerca de las oscuras fuerzas que dirigen este evento mundial, nada más y nada menos que en octubre, el mes de las brujas, basta con decir que sólo volverán a sus vidas mundanas, aquellos que derroten sus peores miedos… aquellos que venzan a su propio subconsciente”.

La deforme criatura fijó sus ojos en Miranda como una daga penetrante. Ella, inmóvil, sólo podía percibir sus manos sudorosas incapaces de tocar sus piernas ya adormecidas. Trató de pensar en otra cosa, siempre le gustó creer que estaba en control de todo. Entonces todo el auditorio se levantó y empezó a acercársele.

Pisada tras pisada, Miranda podía verse llena de miedo, tuvo esa sensación escalofriante al pensar que quizá no despertaría. El escenario se tornó rojo, un rojo tan intenso que la cegó por unos instantes, y cuando trató de recobrar la conciencia, el lugar ya era distinto. Llevaba amarrada a su mano un pequeño baúl plateado bastante viejo y oxidado.

“¿Dónde estoy?” continuaba preguntándose de forma constante mientras intentaba asimilar el entorno que ahora la rodeaba. “¡Miranda!” se escuchó una estrepitosa exclamación desde el otro lado de la oscura bóveda, de inmediato reconoció su voz.

Era la voz de su tío Fernando, el abusivo. Tuvo un fuerte dolor en el pecho al recordar todo ese dolor, sin embargo, ella hace años que no veía a su tío. Desde que su padre y toda la familia se enteró, él se había desaparecido. Estaba, como lo había dicho la criatura, en una pesadilla interminable.

“Despiértate Miranda, esto es un sueño”, se decía. “Miraaandaaa…” la voz de su tío se acercaba cada vez más. Cuando ya estaba a casi unos metros Miranda comenzó a llorar. “Déjame quieta maldito enfermo. No quiero jugar contigo”. Entonces sintió en su hombro derecho la mano. Un nudo se formó en su garganta, secó sus lágrimas y volteó.

Para su alivio, no era su tío, sino un doctor. “Miranda, ven conmigo”, le dijo mientras la halaba de su mano. Miranda desprendió la mano del doctor que le incomodaba y cruzó sus brazos. “Yo lo sigo” dijo. “Como prefieras” dijo el doctor. Cuando estaba en un pasillo más aislado, el doctor se quitó el tapabocas. De hecho era muy joven.

“Miranda, toda tu familia ha muerto en un accidente”. “¿Qué?” preguntó Miranda. “Tu madre y tu hermana murieron en el momento del choque. Hicimos lo que pudimos con tu hermanito, pero las heridas eran severas. Murió hace unos minutos en el quirófano”, dijo el doctor. Miranda empezó a sentir nauseas, de pronto se desplomó en el suelo.

Cuando se despertó, se dio cuenta de que estaba acostada sobre una tabla de madera de más o menos 15 centímetros de ancho, que hacía de puente entre un rascacielos y otro. Sintió, de nuevo, cómo su corazón empezaba a latir de forma violenta, seguido de un dolor en el pecho. “Es sólo un sueño. Nada me va a pasar”, se decía Miranda una y otra vez. “Pero si ya sé que estoy soñando… ¿Por qué demonios no me despierto?”.

De forma lenta y cautelosa, se levantó sobre la tabla y comenzó a caminar hacia uno de los edificios. Sin embargo, no podía dejar de pensar en el concreto, 60 pisos debajo de ella. Tras una mirada breve hacia abajo, Miranda perdió el equilibrio y la tabla cayó junto con ella. A una velocidad increíble, el suelo se aproximaba cada vez más y más. Unos segundos después vino el choque.

Cuando Miranda abrió los ojos, todo estaba oscuro. “¿Es esta la muerte?” se preguntó. Entonces escuchó las voces de dos hombres, después el sonido de una llave y después una luz que la cegó. Al parecer se encontraba el baúl de un vehículo y dos hombres la sacaron de forma agresiva de allí, después de haberle puesto la luz de su linterna en sus ojos.

“Camina hacia allá perra y no nos mires la cara” dijo uno de los hombres. Miranda siguió las órdenes, estaba en la mitad de un bosque. Después de caminar unos minutos, encontró lo que era un hueco en la tierra, del tamaño de una tumba. “Entra ahí” dijo el mismo hombre. Miranda comenzó a llorar otra vez. “¿Crees que algo vas a solucionar llorando? ¿Cuántos años tienes ya Miranda?”.

En ese momento Miranda detuvo su llanto. “¿Qué es lo que quieren de mí malditos? ¿Demostrar que soy una cobarde que todavía le tiene miedo a las alturas y a la oscuridad? ¿Que dejo que todos los que conozco me pisoteen una y otra vez? ¿Que tengo un pasado tormentoso que no he podido superar? ¿O que todas las noches un nudo se me forma en la garganta al pensar en mi propia muerte o en la de cualquiera de mis seres queridos?”.

En ese momento Miranda escuchó un sonido metálico, como el de una escopeta. Después, una presión en la parte de atrás de su cráneo. “Chao Miranda…” escuchó, y luego un fuerte disparo”. Cuando despertó, estaba temblando en los brazos de su esposo. “¿Qué te sucede Miranda? Estas sudando” le preguntó su esposo. Miranda estaba agitada, casi no podía respirar. “Pasé la prueba… gracias a dios pasé la prueba”, decía Miranda.

“¿Qué te pasa Miranda? ¿Sigues soñando?”. Entonces Miranda lo agarró fuerte por su camisa. “¿Dónde están mi mamá y mi hermana”, preguntó. “Que yo sepa Sandra sigue bien en Italia con sus estudios y tu mamá debe estar en su casa”. ¿Por qué mi amor? ¿Tuviste un mal sueño?”. Miranda abrazó a su esposo con toda su fuerza y le dijo: “Fue muy real, demasiado real, creo que de verdad me salvé”.

FUENTE: http://www.leyendasdeterror.net/

La Leyenda de la doncella ciega

La leyenda de la doncella ciega, una de las Leyendas urbanas más famosas desde ya hace tiempo. , como se le conoce, hace referencia a una página web denominada Blind Maiden (doncella ciega) a la que no es posible acceder sino mediante algunos tétricos requerimientos: se debe estar solo durante la medianoche de un día sin luna, no tener ningún objeto bendecido y tener todas las luces del hogar completamente apagadas. Si no se cumplen estas condiciones, será imposible acceder al sitio ya sea desde cualquier navegador o computadora, así que si en verdad quieres poner a prueba este “ritual”, deberás de seguir al pie de la letra las instrucciones mencionadas anteriormente.

Una vez hecho lo solicitado, se accede a una web donde se mostraran imágenes de terror  que impactarán hasta al más valiente de los valientes, ya anunciando en el eslogan de la página como “una experiencia real de horror absoluto”. Nunca se debe apretar en el botón aceptar porque de lo contrario será el fin de su vida ya que se verá cómo una siniestra figura se pasea por la casa del navegante, es decir, tu casa.

Esa misteriosa figura se irá acercando hasta la misma habitación donde está la computadora pero no se puede hacer nada para evitarlo y pronto se siente como esta presencia maligna está ubicada a la espalda del pobre individuo que ingresó al sitio. Apenas se de vuelta para observar al espectro, se dará cuenta que lo último que verá de este mundo será el rostro lleno de maldad de la doncella ciega…

Existen un montón de vídeos en internet donde la gente asegura haber entrado al sitio (acompañados de algún amigo) y, claro está, sin ningún efecto. Poco sabemos de la gente que entró al sitio y jamás se volvió a escuchar de ellos.

¿Tú qué opinas? ¿Te atreverías a entrar al sitio de ultratumba?

FUENTE: http://www.leyendasdeterror.net/

La Chica Que Pisó Una Tumba

Un grupo de amigos entre bromas y alcohol comienzan a contar historias de terror. Uno de ellos reta al resto a pisar una tumba en un cementerio cercano. Según cuenta la leyenda si lo haces el muerto te agarrará y llevará con él…

Una noche, unos chicos celebraban una fiesta en un parque, entre risas y alcohol comenzaron a contar historias de terror. En la misma calle, había un cementerio y uno de ellos comentó lo mucho que le aterraba pasar por allí. Aprovechándose del miedo de su amigo otro de los jóvenes advirtió al resto con la siguiente frase:

– No se os ocurra nunca pisar sobre una tumba cuando se ha puesto el sol. Si lo haces, el muerto te agarra y te mete dentro.

– Mentira – replicó Alexandra – Eso son sólo supersticiones.

– Si tan valiente te crees ¿por qué no nos lo demuestras? Te daré 10 euros si te atreves, apostó el chico.

– A mí no me dan miedo las tumbas ni los muertos, respondió ella. Si quieres te lo demuestro ahora mismo.

El chico le tendió su navaja. Clava esta navaja en una de las sepulturas le dijo. Así sabremos que has estado allí. Sin dudarlo Alexandra cogió la navaja y se dirigió con paso firme al campo santo bajo la mirada atónita de sus amigos.

El cementerio estaba lleno de sombras y había un silencio sepulcral y sin quererlo el miedo se fue adueñando de la chica que con cada paso sentía cientos de ojos vigilarla y un aliento helado en la nuca.

– “No hay nada que temer”, se repetía Alexandra para tratar de calmarse a si misma.

Escogió una tumba y pisó sobre ella. Después se agachó rápidamente, clavó en el suelo la navaja y se dispuso a marcharse. Pero no pudo. ¡Algo la retenía! Lo intentó de nuevo, pero seguía sin poder moverse. Estaba aterrada.

– ¡Alguien me sujeta! gritó, y cayó al suelo.

Al ver que no regresaba, los chicos fueron en su busca. Encontraron su cuerpo tumbado sobre la sepultura, fría, rígida y con la cara totalmente desencajada del miedo. Sin darse cuenta, Alexandra se había enganchado la falda con la navaja al clavarla en el suelo. Era la navaja lo que la retenía y ella había muerto de miedo tras sufrir un ataque al corazón.

FUENTE: http://www.leyendas-urbanas.com/

Klaus Schrieber y su grabación de psicoimágenes

Las psicoimágenes es un método para la comunicación con seres espirituales o para captar su energía a través de la televisión. Éste método fue fundado por un alemán Klaus Schrieber.

Empezó sus inicios con intentos de psicofonías para reencontrarse con familiares y amigos que habían fallecido. Había perdido a su primera mujer, su hija de 18 años por una enfermedad grave, su hermano por accidente de moto, su sobrino, su cuñado y por último su segunda mujer. Estos hechos atormentaban a Schrieber y no dejaba de darle vueltas a la cabeza el poder escuchar a sus seres queridos desde el más allá.

Y, según aseguró, obtuvo varias psicofonías que, siempre según su interpretación, le avisaban de un posible contacto visual con ellos a través del televisor, “iremos a través del televisor” o “luego nos verá en la televisión”

A partir de ahí Schrieber introdujo en sus investigaciones un televisor y una cámara de vídeo para captar las posibles imágenes de los fallecidos. Se dedicaba a grabar en lugares dónde su madre se sentaba todo el tiempo, o en las habitaciones más importantes. Pero no consiguió lo que tanto ansiaba, una imagen desde el más allá. Hasta que un día, conducido por los consejos de otra voz de ultratumba, la voz le decía “canal vacío”, cambió el método de filmación. Ahora dirigió su cámara hacia la TV, colocando ésta en el canal de la propia cámara, sin emisión.

Lo que realmente hacía era colocar la videocámara hacia la pantalla del televisor de modo que la propia imagen de la cámara se viese reflejada en la pantalla, como suceden en dos espejos paralelos. A partir de éste método, elaboró un sistema más complejo con el cual afirmaba obtener imágenes que él atribuía al “Más Allá”.

La posición de la cámara de vídeo grabando la televisión, y ésta a su vez emitiendo lo que está grabando produce un suceso llamado retroalimentación. Y se obtienen varias imágenes con formas diversas e incluso parecidas a rostros humanos. Schrieber aseguró que entre todas las imágenes aparecidas, una de ellas se asemejaba al rostro de su hija. Esto le motivo aún más y siguió perfeccionando todo el “invento”. Según él, fue su hija a través de las psicofonías quien le aconsejo como tenía utilizar la tv y vídeo cámara para que “ellos” pudieran ser vistos.

Con la psicoimágenes, Schrieber consiguió visualizar varias personas fallecidas, entre ellas a sus seres queridos y a personajes ilustres y famosos. A lo largo del tiempo y con ayuda del ingeniero Martin Wenzel siguió perfeccionando y agregando otros dispositivos a la configuración inicial.

Y a partir de ahí, muchos investigadores de la parapsicología utilizan ésta técnica para estudiar si hay vida después de la muerte, si existen y comprobar la veracidad de los espíritus o fantasmas, y el por qué de estar ligados aún al mundo terrenal.

El fantasma de la momia de Amen-Ra

Las momias, los jeroglíficos, la fascinación de los descubrimientos arqueológicos, los misterios de las pirámides… la Historia de Egipto desprende un halo de leyendas y misterios que envuelve a su tierra de un misticismo casi sobrenatural. Todos habremos oído alguna historia cautivadora en la que la eternidad de los siglos ha guardado un secreto maldito sólo destapado con el hallazgo de un descubridor.

La historia de un secreto maldito es la que hoy os descubrimos. Aquel año de 1.500 a.C., Amen-Ra, princesa de Egipto, tras morir, fue momificada y enterrada en un sarcófago acorde a su grado de realeza y a su tradición religiosa, en las orillas del Nilo, en Luxor.

Así permaneció durante 34 siglos, ocultos a los ojos humanos, descansando para la eternidad, hasta que en el siglo XIX, durante unas excavaciones se encontró su ataúd. Amen-Ra despertaba de su largo sueño y, con ella, su maldición.

Aquel sarcófago, con su momia, se vendió al mejor postor, un grupo de amigos ingleses. El primero de ellos, nada más recibir su nuevo objeto de colección, se marchó, ante los ojos atónitos de todos, andando en dirección al desierto. Sin más palabras, con la mirada perdida, paso tras paso, se adentró en las arenas ardientes. De él jamás se volvió a saber más por lo que se supone acabó perdiéndose en el desierto. El segundo de los compradores sufrió un accidente y le amputaron un brazo, mientras que el tercero perdió todo su dinero y acabó indigente, vagando por las calles de Londres.

El siguiente rastro que se conoce de aquella momia de Amén-Ra la sitúa en Inglaterra donde una familia adinerada la añadió a su colección. La maldición, o el castigo de la princesa, no tardaría en llegar también a esta familia. Tres de sus miembros perdieron la vida en un trágico accidente, e incluso perdieron la casa en un incendio.

Los accidentes se sucedían uno tras otro, e incluso los transportistas que trasladaron el sarcófago al Museo Británico, murieron. Las leyendas, las extrañas historias, estaban en boca de todos, más aún cuando el espíritu de Amen-Ra comenzó a expresarse. Sollozos, gritos, golpes y arañazos rompían el amenazador silencio de la noche en el Museo. Los objetos, por la mañana, amanecían cambiados de sitio; uno de los vigilantes nocturnos murió e incluso uno de los visitantes del museo que se había atrevido a tocar el sarcófago, perdió un hijo al día siguiente de la visita.

Escondieron el sarcófago en lo más profundo de los sótanos del museo, pero aún así, los sucesos extraños no se detenían.

Cierto periódico quiso hacer un reportaje, por lo que mandaron un fotógrafo. Cuando éste reveló la foto una aparición fantasmal apareció en ella mirándolo fijamente; aquella mirada, aquellos ojos fijos en él… el fotógrafo se suicidó al día siguiente.

El museo acabó por deshacerse del sarcófago, pero curiosamente su rastro se perdió.

Nadie supo nada más de Amen-Ra salvo que una experta psíquica, madame Blavatsky, cuando lo vio y analizó se aterrorizó al descubrir la maldad que encerraba.

Dicen que, comprada por unos americanos, la quisieron llevar a Estados Unidos, y dicen esas nuevas historia que Amen Ra inició su viaje a Norteamérica en abril del año 1912. Sí, aquel barco en el que dicen iba aquella momia, era el Titanic, aunque de ésto último no hay ninguna confirmación.

Hoy, nadie sabe dónde está. Nadie conoce donde reposa Amen-Ra y si finalmente descansa ya… para siempre.

FUENTE: http://sobreleyendas.com/