Leyendas rusas: La Dama de la Nieve

Las primeras leyendas rusas debieron surgir mucho antes de que las tribus eslavas, dispersas entre bosques y estepas al norte de los Cárpatos, se consolidaran creando en Kiev –hoy Ucrania– el núcleo de la inmensa nación de los zares.

A diferencia de los relatos de la mitología griega o escandinava, traducidos a la mayoría de lenguas modernas, la narrativa épica de la antigua Rusia no goza de la misma popularidad. Sin embargo, las leyendas rusas poseen una gran riqueza imaginativa, sorprenden por su expresividad y desenlaces inesperados, describen muy bien el mundo interno de los personajes y aportan datos sumamente valiosos sobre la vida y costumbres de los primeros ancestros del pueblo ruso.

Las noches del invierno son largas en la gleba y el frío no concede respiro en los pueblos de la cuenca del Dniéper. Ni rusos ni ucranianos es gente de muchas palabras, pero las lenguas se desatan con el vodka omnipresente en el último claror del día, dispuestos a combatir las horas gélidas de la dilatada oscuridad.

En cualquier lugar perdido a la orilla del río más helado de Europa, donde el frío muerde como un perro rabioso, no resulta extraño que alguien nos relate, al amor de la lumbre, al crujir del fuego, las andanzas de Sgroya, la dama de la nieve, poseedora de poderes venidos de otros mundos y otros tiempos.

La leyenda la describe como una mujer joven y bella. Una hermosa devochka bien formada, alta y atractiva, con algunos rasgos poco comunes entre los eslavos: cabello azabache, piel morena y el contraste de unos ojos de increíble verde esmeralda. Se aparece a la vera de los caminos nevados, en las frías rutas de jinetes y caminantes, ofreciéndoles su amor. Una invitación irresistible por la que, de ser aceptada, habrán de pagar un precio muy alto.

Dicen que se vale de todos los recursos de seducción de una fémina para atraer a los hombres: sensual y dulce, atrevida y ardiente, capaz de insinuar placeres nunca imaginados por amante alguno.

Provocado el irreprimible deseo de sus víctimas, despojadas de su voluntad, Sgroya se convierte en hielo arrebatándoles la vida, paralizándoles el corazón con el abrazo letal de su cuerpo congelado. En ocasiones, la dama de la nieve los enamora perdidamente hasta hacerlos enloquecer, abandonándolos luego en la gleba donde acabarán devorados por las manadas de lobos.

Algunos la suponen el espíritu vengador de una mujer ofendida. Otros ven en ella una deidad femenina empleándose a fondo para castigar la conducta de los hombres infieles.

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La Leyenda de las muñecas Matrioska

Pasó días y noches sin dormir, hasta que por fin se le ocurrió hacer una muñeca con la madera y así lo hizo. Cuando terminó, estaba tan orgulloso de su trabajo, que decidió no ponerla en venta. Se sentía muy solo y aquel pequeño objeto lo acompañaba en su soledad.

-Te llamaré “Matrioska”- dijo a la pequeña muñeca.

Cada mañana, Serguei se levantaba y saludaba a su amiga:

-Buenos días, Matrioska. Hasta que un día, la Matrioska contestó:

-Buenos días, Serguei. Serguei se quedó muy impresionado y volvió a responder:

-Buenos días, Matrioska.

El viejo carpintero se sentía muy afortunado de tener alguien con quien conversar en su soledad. Pero Matrioska solo hablaba cuando los dos estaban solos.

Un día, Matrioska se levantó muy triste. Serguei, que lo había notado, preguntó:-¿qué te pasa, mi querida Matrioska?-¡que no es justo!-¿el qué?- contestó el carpintero.

-Cada mañana me levanto y veo a la osa con sus oseznos, a la perra con sus perritos… incluso tú me tienes a mí. Yo querría tener una hijita- contestó la Matrioska.

-Pero entonces- le dijo Serguei- tendría que abrirte y sacar madera de ti, y eso sería doloroso.-Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios- contestó la bella Matrioska.

Y así fue como el carpintero abrió a su pequeña muñeca y de ella extrajo madera de su interior, para crear una muñequita más pequeña pero exactamente igual a ella, a la que llamó Trioska.

Desde aquel día, todas las mañanas saludaba:-Buenos días Matrioska, buenos días “Trioska”.-Buenos días, Serguei- respondían al unísono.

Muy pronto ocurrió que Trioska también sintió la necesidad de ser madre. Así, el viejo Serguei volvió a repetir el proceso y de ella sacó otra muñeca exacta a ella pero más pequeña a la que llamó “Oska”.

Al cabo de un tiempo, también el instinto maternal se despertó en Oska, que rogó a Serguei que la hiciera madre. Al abrir a Oska, se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo trozo de madera. Sólo una muñeca más podría realizarse.

Entonces, el viejo carpintero tuvo una gran idea. Fabricó un diminuto muñeco y antes de terminarlo, le pintó unos grandes bigotes. Cuando lo hubo terminado, lo puso delante del espejo y le dijo:-mira , “Ka”,… Tú tienes bigotes. Eres un hombre. Por tanto, no puedes tener un hijo o una hija dentro de ti.

Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska. Un día, Matrioska desapareció misteriosamente de la casa de Serguei.

Si alguna vez encuentras a Mastrioska, Trioska y Oska y en su interior, al pequeño Ka, no dudes en darles cariño.

FUENTE: http://obsturaciones.blogspot.mx/

La Rusalka

La Rusalka es uno de los mitos rusos que hace referencia a los espíritus de las mujeres jóvenes que fueron asesinadas antes del matrimonio y luego condenadas a vivir en un lago y en forma de una sirena.

Allí cantan dulces canciones a los hombres que hipnotizados son atrapados cuando entran en el agua y los ahogan. Según cuenta la leyenda mítica una Rusalka puede ser liberada de su forma demoníaca o estigma, si alguien se venga de su asesinato.

La Rusalka es una figura femenina delgada con el pelo largo, suelto, los ojos encendidos y con pechos magníficos. Su pelo puede ser de color marrón claro, rubio o verde y pueden asumir la forma de un pez o forma humana.

En esta última forma persiguen victimas en los bosques, danza con la luna y se deslizan por las ramas de los árboles, suelen representarse también riendo con sus amigos los duendes de agua. A veces visitan las aldeas locales para unirse a los bailes y atraer a los hombres a sus lagos y allí matarlos.

El mito cuenta que si alguien desea ir a nadar con la Rusalka se debe poner helechos en el pelo para que no pueda ahogarlo, otras historias cuentan que sólo las brujas pueden nadar de forma segura con una Rusalka.

La Rusalka es considerada en la mitología rusa como ninfas del agua que se casan con la Wodjanoj o espíritus masculinos del agua que viven en grandes castillos submarinos y pueden cambiar su forma a voluntad. Se dice también que el matrimonio cambia a la Rusalka, pasando de salvaje y lujuriosa, a la dulce y recatada, cuando encuentra un amor verdadero.

FUENTE: http://www.destinoytarot.com/

El monstruo invitado: Betobeto-san

¿Alguna vez has tenido en Japón la sensación de que alguien te seguía? ¿Has escuchado el ruido del traqueteo de unas sandalias muy cerca de ti? Tanto si te ha ocurrido como si no, tanto si has visitado este país o planeas hacerlo, no tienes porque preocuparte. Seguramente será Betobeto-san.

Tienes tres opciones: Uno, hacer como si nada- cosa difícil porque Betobeto-san es el típico amigo que cuando bebe dos copas de más te escupe en el cuello – es decir, que disfruta de las distancias cortas- dos, invitarle a caminar a tu lado evitando esa molesta sensación pero exponiéndote a un destino incierto, o tres, decirle educadamente algo así como “por favor, Betobeto-san, pase usted primero”- “Betobeto-san, Osakini Okoshi”.

Una vez más el gran Shigeru Mizuki- autor de la ilustración de arriba de estas líneas- es el culpable de que al Betobeto-san se le recuerde con esta imagen tan kawaii-mona- cuando en su origen, probablemente, este youkai de la prefectura de Nara era invisible o mucho más aterrador. Este diseño, que ha colocado a Betobeto-san como el séptimo youkai favorito de los japoneses- según una encuesta que se hizo en Sakaiminato prefectura de Tottori en 2007-2009- me recuerda mucho a aquel personaje de videojuegos español, “inspirado” en Pac-Man y presente en los ordenadores de 8-bits, Mad Mix. Seguro que a alguien le ha venido la misma idea a la cabeza.

Betobeto-san puede manifestarse tanto en zonas rurales como urbanas, aunque su origen, se encuentra en la prefectura de Nara y en algunas zonas montañosas de Shizuoka.

El hecho de sentirse vigilado o de sentir pasos inquietantes detrás de uno, no es precisamente algo excepcional, forma parte de los miedos más primitivos. Seguro que en culturas de diferentes países existen criaturas muy similares a Betobeto-san, historias populares, leyendas.

FUENTE: https://creativoenjapon.com

El monstruo invitado: el Tanuki

Aunque su aspecto recuerda al del mapache, y frecuentemente se le confunde como tal, el tanuki –Nyctereutes Procyonoides– es de la familia de los perros- canidae. De hecho, es la especie de cánido más arcaica que ha sido capaz de sobrevivir hasta la fecha.

Son originarios de China y Japón pero, desde hace medio siglo se pueden encontrar ejemplares en las regiones occidentales de la antigua Unión Soviética y este de Europa debido al lamentable negocio de las pieles.

El tanuki, guarda mucha relación con otro de los personajes clave del folklore japonés, el zorro- kitsune– sin embargo, en líneas generales, tradicionalmente se le ha considerado de forma mucho más positiva que el anterior.

Su fama habla por ellos, juguetones, inquietos, traviesos, pero en la mayoría de ocasiones, totalmente inofensivos.

Al igual que su “hermano”, el kitsune, tiene la habilidad de disfrazarse y cambiar de forma cuando desea, herramienta que le viene fantásticamente bien para engañar al ser humano y conseguir alimento, bebida o llevarse al catre a alguna mujer distraida. Vamos, todo un hedonista.

Pueden adoptar formas humanas, pero su especialidad son los objetos inanimados. El parecido es tan certero que es prácticamente imposible distinguirlos, salvo que tengamos la buena suerte de quemar o pinchar el objeto por error, con la consiguiente reacción y transformación del animal.

Si hay una parte del cuerpo del tanuki característica, que los hace especiales, son sus testículos, desproporcionadamente enormes. Esta fisiología la encontramos en el animal real, pero es en la tradición donde se explota esta característica hasta la exageración más divertida.

Se han escrito muchas líneas o pintado muchos grabados acerca de este tema, ya que la utilidad de esta curiosidad genética es muy variada. Los tanukis, especialmente una variedad muy inteligente de ellos, el mamedanuki, tienen la capacidad de estirar su escroto con múltiples finalidades: utilizarlo como tambor, como manta o choza para protegerse del frío, como capa planeadora- como vimos en la película del estudio Ghibli, Pompoko-, como arma para defenderse de agresiones, como futón o asiento, como barca para desplazarse por los ríos o incluso como diana para practicar el tiro al arco.

Seguro que si habéis visitado Japón, habréis visto en alguna ocasión una de estas estatuas de cerámica que se encuentran en la entrada de restaurantes o vivienda particulares que representan a los tanuki. Son todas muy parecidas, y reúnen ocho atributos de la buena suerte, un gran caparazón de tortuga, a modo de sombrero, en la cabeza, ojos grandes, larga sonrisa, una botella de sake en una mano y bolsa vacía en la otra, gran estómago, cola larga y testículos que tocan el suelo. Actualmente, por desgracia, como vivimos en la era de lo políticamente correcto, las nuevos diseños, omiten su principal rasgo distintivo, los kintama, es decir, los cataplines, bolas, canicas, huevos, nueces, gemelos, los mismísimos, o como quieras llamarlos. Una pena.

El tanuki en los relatos

Son muchas las historias o relatos populares que han circulado oralmente durante años y años de historia. Algunas de estas historias son ambiguas y según la región pueden estar protagonizadas bien por zorros bien por tanukis. Veremos, en algunos casos animales serviciales o simpáticos y en otros verdaderos monstruos.

Uno de los relatos más conocidos es el llamado Bunbukuchagama– algo así como “burbujeante felicidad como una tetera hirviendo” y en él se cuenta la historia de un hombre que caminando por el monte encuentra a un tanuki prisionero de una trampa. Movido por el lamento del animal, lo libera. Esa misma noche, el tanuki hace una visita a la casa de su salvador decidido a recompensarle por su buena acción. Tiene una idea, se convertirá en una preciosa tetera que podrá vender y sacar algo de dinero a cambio. Dicho y hecho, el animal se convierte y a las pocas horas, el hombre consigue un buen precio por ella, vendiéndola a un monje. Una vez en casa, el monje, ansioso por probar el sabor del té en su nueva propiedad, pone a hervir el agua en la tetera. A los pocos minutos el tanuki no puede aguantar más y escapa corriendo, a medio transformar. Vuelve a encontrarse con su salvador y le propone otra idea ¿por qué no montar un espectáculo donde una tetera baile y corra por la cuerda floja? El negocio es todo un éxito, el hombre deja de ser pobre y el tanuki consigue un nuevo amigo. Una vez muere, se queda convertido en tetera para siempre.

El templo Morinji en Tatebayashi, Gunma, tiene otra versión. Aquí, el tanuki se convierte en sacerdote que porta una tetera que nunca se vacía. Este templo mantiene que todavía conserva esta tetera.

Otro relato conocido, pero mucho más tenebroso, es Kachi-kachi Yama– montaña chasqueante.

Cuenta la historia que un hombre atrapó a un tanuki y lo llevo a casa para que su mujer preparara un guiso con él. El cazador, dejó al animal atado en un árbol de su jardín y volvió al monte para seguir cazando. Muy cerca de él, la mujer tenía ciertos problemas para golpear el mochi que estaba preparando- ya vistes como se consigue la textura del mochi al final de este video– y el tanuki, muy astuto, le rogó que le liberara y que a cambio de su ayuda prepararía el mochi por ella. La mujer accedió pero no obtuvo más recompensa que la muerte a manos del animal y el pesado mazo que estaba utilizando para preparar el mochi. Vengativo, no se conformó con esto y urdió un retorcido plan. Se transformó en la mujer que acababa de asesinar,preparó una sopa con la carne de ésta y esperó a la llegada de su captor. Sirvió el plato y una vez el comensal terminó de comer, volvió a su forma original y confesó, con una sonrisa maligna, todo lo que había sucedido.

La historia sigue con un conejo, amigo de la familia, que promete vengar a la mujer pero de una forma también retorcida, haciéndose pasar por amigo del tanuki y torturándolo de diferentes formas, como soltar un nido de abejas sobre él y “curar” las picaduras con pimientos picantes o mediante la acción que da título al relato, quemar la yesca que transportaba en la espalda el tanuki, con el consiguiente kachi-kachi– sonido de las hierbas ardiendo. El tanuki, incapaz de sentir el cambio de temperatura por el efecto de las picaduras y su “medicina”, preguntó a su “amigo” por aquel curioso sonido, a lo que el conejo respondió, eso es la montaña kachi-kachi, y no está lejos de ahí, ¡no me sorprende que puedas oírla”. Al poco tiempo, el fuego alcanzó su espalda y le provocó quemaduras bastante serias, pero sin acabar con su vida. Todavía le quedaría sufrir unas cuantas desgracias más hasta que en una carrera de botes en el río, con el tanuki a punto de ahogarse, el conejo desveló su verdadero plan y los motivos de sus acciones.

Otro relato, también conocido es Shojoji Tanuki Bayashi que cuenta la historia de un grupo de tanukis que se divertían asustando y expulsando a los sacerdotes de un templo, transformándose en diferentes youkai– espectruos/monstruos. Un día, llegó un nuevo sacerdote, Wako, al que le no afectaban estas apariciones y se mantuvo impasible, sin abandonar el templo. Como el terror ya no funciona, los tanukis empiezan a organizar fiestas y hacer mucho ruido por las noches para provocar que de esta forma, Wako se marche. No sólo no se marcha sino que se acerca a los tanukis y reta al líder a un duelo de “ruido”, el sacerdote utilizando su shamisen– instrumento de tres cuerdas similar al banjo-, el tanuki con su estómago – o testículos- a modo de tambor. Empieza la batalla y el tanuki con tal de vencer progresivamente golpea con más fuerza su cuerpo hasta que provoca su muerte. Wako, prepara un funeral en su honor y se termina este curioso episodio.

Las guerras con los zorros

Como he comentado antes, los zorros y los tanukis tienen mucho en común, son los únicos animales de la tradición japonesa que tienen estos poderes de transformación de forma inmediata, y debido a su personalidad y ambición, no resulta raro pensar que están condenados a unirse- frente a sus enemigos los perros- o a enfrentarse en batalla.

¿Recuerdas el duelo entre Merlín y la bruja Mim en la película de Disney The Sword in the Stone– Merlín, el encantador en España? Pues así son exactamente los enfrentamientos entre estos dos mágicos animales. Duelos de inteligencia y habilidad para vencer al rival transformándose en diferentes animales y criaturas. Tradicionalmente los zorros son mucho más poderosos pero la capacidad de engaño de los tanukis ha conseguido equilibrar la balanza a lo largo de los siglos.

Seguramente la batalla más famosa es la de la isla de Sado, con Danzaburo Danuki y los tanukis como protagonistas, tratando de evitar la invasión de los zorros. Se dice de este personaje, legendario pero posiblemente basado en una persona real, que trajo los tanukis a la isla y que en el fondo no era más que un bakedanuki – un tanuki que se transformaba en humano- que tenía el sueño de vivir en una isla con los suyos, libres de perros y zorros.

Hay muchísimas historias que hablan de estos enfrentamientos épicos, pero todas terminan con la incapacidad de los zorros por hacerse con el territorio. Actualmente, en la isla de Sado y- según el gran Shigeru Mizuki- hay muchas especies de tanuki pero ninguna de zorro.

FUENTE: https://creativoenjapon.com

El monstruo invitado: Akaname

Los japoneses tienen fama de ser muy limpios, y esto no ocurre por casualidad.

Si hay una parte de la casa japonesa que se limpia a conciencia, ésta es el cuarto de baño- en general- y la bañera- en particular. No en vano, existe una criatura, un yôkai, que lleva siglos acechando las viviendas de aquellos insensatos que no prestan la suficiente dedicación a algo tan importante como el aseo y la limpieza.

Aunque es probable que la tradición arranque de mucho antes, es en 1776 cuando el Akaname entra con fuerza. Y lo hace gracias a la publicación de uno de los libros más importantes en cuanto a yôkai se refiere, el Gazu Hyakki Yagyô o lo que es lo mismo, El desfile nocturno ilustrado de los cien demonios.

En el libro, aparecía la ilustración de una extraña criatura, seguramente inspirada en el aka-neburi, un yôkai muy similar, por no decir idéntico que aparecía en otro famoso volumen años atrás, el Kokon Hyaku Monogatari Hyō‎ban– Cien cuentos extraños y raros.

El nombre lo obtiene de aka– mugre- y name– lamer- y le viene como anillo al dedo, ya que el Akaname se desvive por chupar toda la mierda que encuentra en el baño. Ojo, cuando digo “baño” hablo del lugar donde uno se baña y arregla, si habláramos de retrete, el monstruo sería todavía más desagradable.

Normalmente se representa de color rojo – la palabra aka en japonés suena como akai: color rojo- con el tamaño de un niño y con una larga lengua que le permite acceder a toda la porquería, por bien escondida que esté.

La presencia del Akaname en Japón tampoco es arbitraria. A día de hoy es difícil de ver, y la principal razón de esta ausencia es que su hábitat natural es la casa tradicional japonesa, donde el baño se solía separar de la estructura principal y solía estar construido en madera. Te puedes imaginar la cantidad de moho y suciedad que puede aparecer en verano con estos índices de humedad tan altos que tenemos por aquí.

Resulta sorprendente, pero el Akaname es un ser inofensivo, ahora bien, como dice Nonnonba en las viñetas que podéis leer aquí arriba, lo terrible del asunto es que los fantasmas atraen a más fantasmas, y aquellos que vengan “invitados” por este yôkai, seguramente, tendrán unos hábitos alimenticios muy diferentes.

Aún así, esto no es lo peor de tener al Akaname como huésped.

Si se corre la voz y los vecinos del pueblo descubren que en nuestra casa habita uno de estos monstruos, rápidamente se propagará el rumor de que somos unos guarros y, ya sabes, en Japón “el que dirán” es muy importante…

FUENTE: https://creativoenjapon.com

El monstruo invitado: Umibōzu

En un país compuesto por casi 7000 islas – entendiendo isla como superficie de tierra con más de 100 metros cuadrados- es lógico que los mitos y leyendas relacionados con el mar cobren especial importancia.  Japón no es una excepción, ni mucho menos, océanos y mares de todo el planeta han maravillado y aterrorizado a diferentes culturas a lo largo de la historia de la humanidad.

Quizás, una de las figuras más curiosas e impactantes – si tienes la mala fortuna de encontrarte con una de ellas- es el umibōzu.

Los monjes del mar, si traducimos del japonés de forma literal, no tienen mucho que ver con los religiosos, más que con el aspecto de sus cabezas redondeadas que recuerdan a la cabeza afeitada de un monje budista.

Curiosamente, se manifiestan en aguas calmadas, e invierten el dicho de “tras una tempestad siempre viene la calma”. Son muchos los signos que presagian la llegada de uno de estos yokai y los marinos más veteranos, una vez detectados estos presagios,se negarán a izar velas hasta que el mar vuelva a su normalidad.

De la misma forma que las sirenas u otras criaturas marinas, las formas que pueden adoptar los umibōzu varían según los testimonios. La más habitual, es la que se representa de forma genial en la ilustración superior, del siempre genial Shigeru Mizuki : grandes cabezas negras, redondeadas con ojos amenazantes que emergen de las profundidades del mar y causan estragos a incautas embarcaciones, pero los testimonios hablan de monstruos peludos que recuerdan a los cachalotes, insinuantes figuras femeninas – tradición de la prefectura de Miyaki-, e incluso una versión en miniatura que queda atrapada en las redes de los pescadores.

Su poder reside en el agua, capaz de crear grandes remolinos que engullen a cualquiera que pase por su lado. Sus apariciones, como comentaba antes, están ligadas a fenómenos atmosféricos como tormentas o tifones, por lo que si tienes la desdicha de estar en el momento y hora justa ya puedes empezar a rezar, porque todo está en tu contra.

Algunos historias hablan de que estos monstruos no sólo son cabezas, sino que bajo el mar, sumergidos, residen grandes brazos que pueden utilizar para destruir embarcaciones de un sólo golpe. Otras, hablan de umibōzu de tamaño medio que se aventuran en tierra firme, adoptando formas humanoides y conviviendo con nosotros durante unos días.

Existen figuras similares alrededor del globo, en China tienen al Kikokutan, en Mongolia, el Mokuri Kokuri y en Europa tenemos dos variantes, el monje del mar y el obispo del mar- curioso “sireno” que parece sacado de un episodio de Futurama.

Los más escépticos asocian a estas criaturas con fenómenos naturales como las cumulonimbus, nubes de desarrollo vertical formadas por una columna de aire cálido y húmedo que les permite adoptar formas caprichosas que pueden recordar a las de una gran cabeza humana. No pensaban igual en Japón hasta hace cuatro días, ya que a finales del siglo XIX, en 1888, en el vigésimo primer año de la era Meiji, el periódico Miyaku Shinbun, informó del avistamiento de una de estas criaturas, describiéndola como un monstruo de 2.4 metros de largo, 263 kilos, de color marrón claro, de grandes ojos con boca de lagarto, una gran cola con forma de gamba y voz de vaca. Bizarro es poco…

También en 1971, el periódico Mainichi Shinbun habló del encuentro de unos pescadores japoneses con una extraña criatura marina. Se encontraban pescando en Nueva Zelanda, cuando una gran cabeza emergió a la superficie. De color marrón, piel arrugada, ojos de 15 centímetros de diametro y sin boca visible. Uno de los pescadores implicados informó a los medios que la parte que apareció ante ellos medía ya más de un metro y medio de largo.

FUENTE: https://creativoenjapon.com