EL MOMOTXORRO

El Momotxorro es un personaje del carnaval del pueblo navarro de Alsasua, que es mitad toro y mitad hombre. El toro es un símbolo recurrente en la mitología europea y se han hallado representaciones parecidas al Momotxorro en época antigua, concretamente en la actual Grecia.

Es un personaje con una alta carga sexual, lo que es común a algunos personajes del carnaval. Hoy el carnaval es una fiesta más, pero desde hace siglos representaba el paso ala Cuaresma, una época de penitencia y abstinencia. De esta forma, el carnaval era una fiesta en la cual se celebraban los últimos días “de libertad” y se permitían ciertas licencias que en otras épocas del año serían duramente castigadas.

En España, durante la época de la Dictadura Franquista, y debido a las licencias de las que hablamos en el párrafo anterior, el carnaval fue prohibido y entró en un largo periodo de decadencia, del que se ha empezado a recuperar sólo en años recientes. De hecho, el Momotxorro desapareció en la década de los años 30 y no fue hasta la década de los 90 cuando se volvió a recuperar, no si cierta oposición de los ancianos que o recordaban las fechorías del Momotxorro o las habían oído de sus mayores.

La indumentaria y apariencia de este personaje es un tanto peculiar. En una mano lleva una horca con la que ataca a todo aquel que se cruza en su camino, y tiene permiso para entrar en las casas de sus vecinos y saquearlas. El rostro está tapado para que los vecinos no lo reconozcan, lleva una camisa manchada con sangre y va ataviado con pieles de ovejas, pantalón azul y cencerros para hacer todo el ruido posible.

Durante la fiesta, no hay sólo un Momotxorro, sino que se junta un grupo con varios de estos personajes que arrasan con todo lo que encuentren a su paso. A la comitiva se unen un macho cabrío y varias brujas, a las que el macho enseña sus atributos durante el desfile.

FUENTE: http://cazamitos.com/

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El Espantapájaros Viviente de Tailandia.

En el año 2005, los aldeanos de una comunidad granjera de Tailandia reportaron una serie de encuentros con un ser espectral que bien puede ser descrito como un Espantapájaros viviente; el cual flotaba en el aire sobre un campo de arroz.

El encuentro.

La aldea de Huay Nam Rak se ubica a 488 millas del norte de Bangkok; justo en el centro de la provincia de Chiang Ra, donde convergen las fronteras de Myanmar, Laos y Tailandia. En la mañana del 31 de agosto del 2005, no menos de diez pobladores de esta aldea pudieron observar a una figura humanoide y extraña que flotaba sobre el risco que corría en medio de un campo de arroz.

El primer testigo fue un hombre de 51 años llamado Sawaeng Bunratchasak, quien dijo haber espiado al ser mientras viajaba en bicicleta por el campo entre las 8 y 8:30 de la mañana. Bunratchasak dijo que no le quedaba duda de que el sera un espantapájaros, pero que estaba vivo y se movía por el aire.

De acuerdo a él, se le heló la sangre cuando el espíritu o entidad lo miró directamente con ojos brillantes de color escarlata. Bunratchasak salió huyendo y le informó a otros pobladores sobre el extraño ser, al cual describió como un humanoide de patas terminadas en puntas y con una enorme cabeza en forma de calabaza.

“Es un monstruo del tamaño de un hombre, un espantapájaros con una gran cabeza y ojos rojos muy grandes.”

-Descripción de un testigo.

Además de Bunratchasak, una mujer llamada Buapan Lawichai dijo haber visto al ser flotando sobre el campo a eso de las 6 de la mañana; poco después del amanecer. Sawaeng, Lawichai y otros pobladores concordaron en que la cabeza de la criatura era grande y redonda; y que asemejaba una calabaza. La criatura flotó sobre el campo por espacio de una hora, sin tomarle importancia a los humanos que lo miraban.

Los testigos, entre ellos un político local llamado Buakaew Intaweng, estuvieron de acuerdo en que el ser era un objeto animado que tenía movimientos como de robot. Unos más insistieron que era una aparición espectral y que desapareció hasta las 10:30 de la mañana; desvaneciéndose en el aire.

Como dato interesante, la noche del 29 de agosto, es decir dos días antes; el espantapájaros de la aldea de Pochailoet desapareció misteriosamente del campo de cultivos de arroz local. ¿Sería acaso que  la efigie estaba viva? ¿O habría sido poseída por una extraña fuerza invisible?

FUENTE: http://mitosmonstruosyleyendas.blogspot.mx/

Asanbonsam y Sasabonsam.

En zonas occidentales de África como Ghana, Costa de Marfil y Togo; la gente de la cultura Ashanti cuenta historias sobre dos monstruosos vampiros que habitan las junglas y bosques de la región, y que a diferencia de otros chupasangres nocturnos; salen del control de cualquier bruja o hechicero.

Asanbonsam y Sasabonsam, horripilantes cazadores nocturnos similares a murciélagos y que merodean entre las copas de los árboles para devorar viajeros y cazadores.

Asanbonsam.

Los Asanbonsam viven en los árboles y se alimentan exclusivamente de aquellos incautos que se atreven a aventurarse en sus dominios selváticos. Los vampiros esperan ocultos en las copas de los árboles, listos para abalanzarse sobre la presa y desgarrarles la garganta con dientes hechos de hierro.

La bestia tiene unos inusuales pies curvos como ganchos, con los cuales se cuelgan de las ramas de los árboles mientras esperan que la presa camine bajo éstos.

Sasabonsam.

Primos de los Asanbonsam, los Sasanbonsam tienen un aspecto similar: humanoides barbados de metro y medio de alto, con una boca repleta de colmillos de hierro. Pero toda la similitud con el hombre acaba ahí: presentan ojos rojos, cuernos, brazos largos y terminados en alas de murciélago, un torso esquelético, y piernas permanentemente dobladas que terminan en tres garras.

El cuerpo del Sasanbonsam está cubierto de manchas blancas y negras que le sirven para camuflarse en los árboles de algodón. Deja sus piernas colgando, para que cuando alguien pase por debajo del árbol; las pueda usar para jalarlo hacia la copa y alimentarse de él arrancándole la cabeza y bebiendo toda su sangre. En Ghana y Costa de Marfil los árboles de algodón crecen hasta alcanzar alturas descomunales gracias a que el temor hacia el Sasanbonsam impide que las personas se acerquen a cortarlos.

El Sasanbonsam puede enfermar a una persona con solo mirarla, y a veces sirven a los designios de un poderoso vampiro conocido como Obayifo. Existe un artículo publicado en un diario de 1939 que habla sobre un Sasanbonsam que fue cazado y asesinado por pobladores de una aldea.

FUENTE: http://mitosmonstruosyleyendas.blogspot.mx/

¿Por qué se celebra el día de los Santos Inocentes el 28 de diciembre?

En el Nuevo Testamento, San Mateo relata cómo, cuando nació Jesús, el rey Herodes ordenó una matanza en Belén para acabar con todos los niños menores de dos años y asegurarse así de que el anunciado Mesías, futuro Rey de Israel, era asesinado. Desde entonces, la Iglesia Católica conmemora cada 28 de diciembre la fiesta de los Santos Inocentes, para recordar esas crueles muertes infantiles.

La tradición popular lo ha convertido también en un día para gastar “bromas inocentes”. En los países anglosajones se celebra una fiesta similar el 1 de abril con el nombre de Fools’ Day (el “día de los tontos”).

La Fiesta de locos, que se celebraba principalmente en Francia el primer día del año para honrar al asno en que cabalgó Jesús el domingo de Ramos para hacer su entrada triunfal en Jerusalén, se considera también precursora del día los Inocentes.

FUENTE: http://www.muyhistoria.es/

Los Kallikantzaros

En el folklore griego, se cree que un niño que nace entre el 25 de diciembre (Navidad) y el 6 de enero (Epifanía o Día de Reyes) se convertirá en un Kallikantzcaro, es decir, un tipo de vampiro que vive en el inframundo y sale a la superficie únicamente en ese mismo periodo para atacar y despedazar con sus uñas a las personas. Cabe destacar que el niño nacido en estas fechas sólo se convertirá en kallikantzaro, cuando llegue a la adultez.

Otras versiones dicen que los Kallikantzaron son una especie de gnomos o goblins del folklore griego, aunque la versión más aceptada es que son vampiros.

No hay un acuerdo en cuanto a la forma de un kallikantzaro, algunos creen que ciertas partes de su cuerpo son de animal, por ejemplo, tener el cuerpo lleno de pelo como un perro, dientes de jabalí o, incluso, patas de caballo; la mayoría son machos y a menudo muestran sexos prominentes. Como se mencionaba en el párrafo anterior, viven debajo de la tierra y sólo salen a la superficie entre Navidad y Día de Reyes, durante este periodo vagan por los poblados y atacan a las personas por las noches, mientras que por el día duermen en cavernas. Al finalizar este periodo, los kallikantzaros vuelven a las entrañas de la tierra a través de los túneles que existen en las cavernas donde duermen.

Es común que las primeras víctimas de estos seres sean sus propios familiares al no tomar las debidas precauciones para evitar que los niños nacidos en estas fechas se convirtieran en kallikantzaros. Además de alimentarse de las personas, los kallikantzaros pueden también robar a las mujeres, convertirlas en sus esposas y tener descendencia (kallikantzaori).

Dado que el periodo comprendido entre la Navidad y la Epifanía, es potencialmente mortal para las personas y peligrosa para los recién nacidos, la gente buscaba cualquier tipo de protección contra estos seres:

  • Para evitar que los recién nacidos se convirtieran en kallikantzaros al llegar a la adultez, el padre ataba los pies de su hijo y los pasaba por fuego hasta que las uñas se chamuscaran.
  • Otra forma de evitar esta maldición era atar a los niños a árboles de ajos.
FUENTE: http://lascosasquenuncaexistieron.com/

Scrooge, el Grinch y por qué algunos odian la Navidad

Los regalos, Santa Claus, el arbolito, las posadas, la convivencia, el espíritu navideño… ¿por qué a algunos nos caen tan mal?

Gran parte del espíritu y las ideas que asociamos con la llegada de la Navidad se originó a mediados del siglo XIX, cuando un escritor inglés publicó una novela que, en origen, pretendía ser una denuncia casi panfletaria sobre las paupérrimas condiciones en las que vivían miles de niños en los barrios bajos londinenses, debido a la explotación que trajo consigo la Revolución Industrial; con el paso del tiempo, la carga social de la novela se diluyó y sólo permaneció una historia con moraleja acerca del amor fraternal y la generosidad navideña como salvadores del alma. Por supuesto, nos referimos a Canción de Navidad —A Christmas Carol—, que fue publicada en Londres en diciembre de 1843.

El propio Charles Dickens —que así se llamaba el autor de la célebre historia de los fantasmas de las Navidades pasada, presente y futura— había sido víctima de la explotación del trabajo infantil: su padre, John Dickens, fue encarcelado en la prisión de Marshalsea por una deuda de 40 libras y 10 chelines con un panadero, y las leyes inglesas de entonces disponían que, junto con el padre, la familia entera debía ser encarcelada también, de modo que el joven Charles —a la sazón, de sólo 12 años— fue obligado a dejar la escuela y a trabajar en una fábrica de grasa para zapatos.

Esta experiencia traumática marcó, hasta cierto punto, el trabajo literario de Dickens: por un lado, generó en él un odio profundo hacia su padre y lo orilló a convivir con los hijos salvajes e iletrados de las clases más bajas de Inglaterra —los Dickens eran una familia de clase media y Charles, un lector voraz—, pero por otro lado, le abrió los ojos a la realidad que vivían día con día los niños trabajadores de las clases obreras más pobres de Londres. Fue tras una visita a la ciudad de Manchester que Dickens —el hijo, desde luego— decidió escribir, no un ensayo político panfletario, sino una historia profundamente emocional acerca de la Navidad que llegara a un público amplio y denunciara la pobreza y explotación en que vivían miles de niños a principios de la Era Victoriana.

La novela se publicó y se convirtió en un clásico. Aunque, obviamente, la gente olvidó toda esa denuncia y se quedó sólo con la historia de un anciano avaro, misántropo, antisocial y de carácter agrio llamado Ebenezer Scrooge, que odiaba profundamente la Navidad. Su frase recurrente “¡Bah, pamplinas!” —en inglés, “Bah, humbug!”—y su apellido se han convertido en un símbolo de todas las personas que comparten los mismos rasgos de personalidad, y lo anterior se reforzó cuando el caricaturista estadounidense Carl Barks creó el personaje de Scrooge McDuck —Rico MacPato, en español—, el millonario y avaro tío del Pato Donald, que es casi o más famoso —e igual de amargado— que el Scrooge original.

Pero, a estas alturas del siglo XXI, ya casi nadie le dice a los amargados antinavideños como yo: “Eres un Scrooge”. Para bien o para mal, ese rol lo ha heredado otro personaje entrañable: el Grinch, creado por otro caricaturista estadounidense, éste autoproclamado el Dr. Seuss. Él mismo refiere que “a la mañana siguiente de la Navidad de 1956, se miró al espejo y se dio cuenta de que él mismo tenía una expresión grinchesca: se había convertido en el Grinch”, y ahí nomás dio con la idea de este personaje verde que, al tener un corazón minúsculo, no entiende por qué los Who hacen tanta alharaca con esa fecha llamada Navidad. Y fue gracias a la versión cinematográfica protagonizada por Jim Carrey —Dr Seuss’ How the Grinch Stole Christmas (2000)— que en este 2015 gente como yo, más o menos por estas fechas, sea recibida con saludos como:

“Hola, grinch. ¿Por qué odias tanto la Navidad?…”

Y ese es el asunto: ¿por qué Scrooge y el Grinch, y la gente que es como ellos —o como nosotros, no sé si deba decirlo— odian tanto la Navidad?

En el caso de Scrooge, le molestaba tener que dejar de ganar dinero por verse obligado a darle el día a sus empleados, y le enfurecía el que tener que gastar su fortuna en regalos, banquetes y donaciones para la gente pobre, y tienen que aparecer ante él tres fantasmas para que recapacite y, a la mañana siguiente, honre y celebre la mañana de Navidad. Por su lado, al Grinch le molestaba la algarabía —es decir, el bullicio; no me malinterprete— y las felices fiestas en Whoville, de modo que se disfraza de Santa Claus y les roba los regalos para que dejen de fregar, pero para su sorpresa los Who siguen celebrando. Ambos, el viejo cascarrabias y la verdosa criatura, comprenden que el verdadero espíritu de la Navidad no está en lo material sino en el amor y la convivencia familiar y comunitaria.

FUENTE: http://www.excelsior.com.mx/

DEFINICIÓN DE NAVIDAD

Navidad es un término de origen latino que significa nacimiento, y da nombre a la fiesta que se realiza con motivo de la llegada de Jesucristo a nuestro mundo. El término también se utiliza para hacer referencia al día en que se celebra: el 25 de diciembre (para las iglesias católicas, anglicanas, ortodoxa rumana y algunas protestantes) o el 7 de enero (para las iglesias ortodoxas que no adoptaron el calendario gregoriano).

Aunque la tradición indica que el nacimiento de Cristo se produjo un 25 de diciembre en Belén, los historiadores creen que la verdadera natividad de Jesús tuvo lugar entre abril y mayo.

Esta teoría se basa en cuestiones geográficas imposibles de negar: por ejemplo, se sabe que en el hemisferio norte el mes de diciembre coincide con el invierno, lo cual pone en duda que los pastores hayan estado al aire libre, que el cielo de esa noche haya sido estrellado, todos elementos de los hechos narrados en los textos bíblicos.

De todas formas, la Iglesia Católica tomó la decisión de mantener la fecha convencional de la navidad. Se cree que sus razones fueron que coincidiera con los ritos paganos por el solsticio. De hecho, existían importantes festejos que se realizaban el 25 de diciembre aún antes del nacimiento de Cristo: el Cápac Raymi de los Incas, el Natalis Solis Invicti de los romanos y otros.

Para el cristianismo, el festejo de la navidad implica varias tradiciones. Suele realizarse un banquete que comienza en la cena del 24 de diciembre y se extiende hasta después de la medianoche (es decir, hasta el día del nacimiento), se arman belenes o pesebres (maquetas de Belén que representan la natividad), se cantan villancicos y se adorna un árbol.

La navidad ha trascendido los límites de la religión y tiene como símbolo a Papá Noel (también conocido como San Nicolás y Santa Claus), un personaje inspirado en un obispo griego, que se encarga de llevar regalos a los niños de todo el mundo a las 0 horas del 25 de diciembre.

Los tintes negativos de la navidad

Como se menciona anteriormente, la celebración de la navidad ya no está necesariamente ligada a la tradición cristiana, ni a una creencia religiosa. Casi por el contrario, los festejos más pomposos son llevados a cabo por ateos, o bien por gente que no practica la religión de manera ortodoxa, y se centran en la comida y los regalos, en lo sofisticado y llamativo del árbol y en lo numeroso de las reuniones familiares.

Una familia tipo de clase media, generalmente compuesta por un padre y una madre que trabajan un mínimo de cuarenta horas semanales cada uno, y dos hijos, suele gastar lo equivalente a un sueldo mínimo entre las decoraciones, la cena de Noche Buena y los regalos. Esta supuesta necesidad, que convierte la navidad en una fecha materialista, acarrea un malestar en los días previos y un obligado ajuste de presupuesto en los siguientes.

La crisis ha ciertamente repercutido en esta costumbre; pero no para entrar en razones y optar por disfrutar de esta fecha icónica de una forma más espontánea, sino para recortar los gastos de manera que no sea necesario prescindir de ningún elemento del festejo.

Resulta curioso que una celebración que comenzó como una tradición religiosa, de alguna manera indispensable para quienes adoptan el cristianismo, preocupe más a los no creyentes y los someta a una serie de obligaciones cuidadosamente diseñadas y estructuradas de forma rígida e inamovible. Independientemente de las creencias místicas, es innegable que en torno a la navidad gira una interesante combinación de actitudes y sentimientos, tales como la entrega, la culpa y el sufrimiento.

FUENTE: http://definicion.de/