“La casa de las brujas”, historias de fantasmas en un edificio de Ciudad de México

Construido hace más de un siglo, es uno de los mayores atractivos de la céntrica colonia Roma y todavía se difunden leyendas sobre los ruidos que se escuchan en su interior. Fue el escenario de novelas de Carlos Fuentes y Sergio Pitol.

Por Juliana Fregoso

“Ahí dicen que espantan”, es lo primero que comenta un trabajador del municipio que participa en el arreglo de las banquetas de una de las esquinas más famosas de la Ciudad de México, la de las calles Río de Janeiro y Durango en la céntrica colonia Roma.

Su construcción tiene un excéntrico estilo y resalta sobre las demás por su color ladrillo y porque la torre que adorna uno de sus costados tiene un extraño diseño que se asemeja al sombrero de una bruja, sus ventanas son como ojos y en conjunto forman la figura de una cara.

La casa no es emblemática solo por el peculiar diseño sino porque también ha inspirado a grandes escritores como José Emilio Pacheco, autor de la novela Morirás Lejos en donde su escenario principal es este edificio al que imagina como un refugio de nazis que escaparon a México. Sergio Pitol, ganador del Premio Cervantes, lo convirtió en el escenario de su novela El Desfile del Amor, sobre un historiador que investiga el asesinato de un joven en 1942. Mientras que en La Cabeza de la Hidra, Carlos Fuentes la describe como una “monstruosidad roja”, refiriéndose a su característico color ladrillo.

El edificio, ubicado frente a la Plaza Río de Janeiro, fue construido en 1908 por el ingeniero R.A. Pigeon y fue el primer complejo de departamentos en la Ciudad de México con un estilo gótico. Sus habitantes originales fueron embajadores y cónsules.

“Yo la conozco desde que era niño. En la Plaza Río de Janeiro desde los años sesenta está un grupo de scouts que operaba todos los sábados y de niño escuché que ese edificio se llamaba la ‘Casa de las Brujas’. De ahí salían mujeres muy mayores”, relató a Infobae el asambleísta Alfonso Suárez del Real, quien conoce mejor que nadie cada piedra de la colonia Roma.

Se decía que esas mujeres visitaban a Bárbara Guerrero, una chamana llamada “Pachita” que vivió durante muchos años en los cuartos de servicio y que era consultada por políticos y famosos quienes la visitaban para pedirle favores.

Según las leyendas urbanas, “Pachita” también practicaba sanaciones para las que usaba un cuchillo con el que abría a sus pacientes para sacarles tumores o quitarles cualquier dolencia.

Pero según Suárez del Real, al edificio se le empezó a relacionar con las brujas antes de “Pachita”, pues en los años cuarenta estaba rodeado de escuelas y fueron los niños quienes por su emblemática torre empezaron a decir que “ahí asustaban”.

El espíritu de “Pachita”

El relato de una supuesta habitante del edificio en un popular programa de radio sobre hechos paranormales, en octubre de 2016, resucitó las historias de fantasmas que han acompañado a este edificio.

Brenda, como se identificó, narró al locutor que se había mudado al edificio hacia apenas 10 días. Como se sentía extraña en su departamento, llamó a una experta en Feng Shui quien le aseguró que había una energía muy pesada. Después de tomar algunas fotografías, en las impresiones presuntamente aparecieron “cientos de rostros” de distintas personas.

Narró que desde el primer momento escuchaba ruidos, pero pensaba que era la madera del piso o los vecinos, pero afirmó que después se enteró que no tenía vecinos a los lados y por eso los pasillos siempre estaban vacíos.

La soledad que describió Brenda en los pasillos es palpable aún desde afuera pues el patio principal luce desierto. Incluso los locales comerciales en su exterior también están solitarios.

“Sí, sí espantan todavía”, señaló una empleada de limpieza, la única persona a la que se pudo ver adentro del edificio durante un amplio rato.

Aseguró que en las noches, en el área de la azotea es donde se escuchan ruidos, pero que tenía prohibido dejar entrar a visitantes.

-¿A usted la han espantado?

-No, porque dicen que todo eso pasa en la noche y yo no estoy aquí en las noches

– ¿Qué le platican los inquilinos?

-Es que casi no hablo con nadie. Hay quien sí cree y quien no. Hay gente que tiene mucho tiempo aquí, pero también mucha que se cambia, se queda poco tiempo y se va.

“Mi hermano vivió en el tercer piso del lado que dicen que asustan, y nunca lo asustaron y a mi nunca me dio miedo. Los departamentos ya arreglados son una belleza”, afirmó Suárez del Real.

“Generalmente se quieren ver fantasmas o historias mágicas en edificios de este aspecto. En el imaginario popular los fantasmas acostumbran a manifestarse en edificios así y es muy gracioso. Me da la impresión de que es más una construcción popular desde fuera que una realidad… Si yo fuera fantasma no me aparecería ahí porque es un edificio muy nuevo para aparecerme”, señaló a Infobae el cronista urbano Jorge Pedro Uribe.

El hermano casi gemelo

Otra de las historias que rodea al edificio se ubica después del terremoto del 19 de septiembre de 1985, que dejó más de 10.000 muertos y destruyó gran parte de las construcciones vecinas, pero “La Casa de las Brujas” se mantuvo sin daño alguno.

El que sí se daño fue un edificio al que se le llama el hermano gemelo de esta construcción, que fue edificado en la colonia Juárez, cercana a la Roma, por el mismo ingeniero. La diferencia es que éste no cuenta con la singular torre.

“A raíz del temblor del 85 se dañó, la mitad está reconstruido y está en un lugar más discreto y no enfrenta de una plaza preciosa como el edificio Río de Janeiro”, explicó Uribe.

El asambleísta recordó que en la parte de abajo del edificio, ahora solitaria, funcionaba una librería llamada “La Casa de las Brujas” que se convirtió en un centro de reunión para los habitantes de la zona, el nombre reforzó la creencia de que algo raro pasaba en el lugar.

Con o sin fantasmas, vivir en “La Casa de las Brujas” no es barato. De acuerdo con información de agencias inmobiliarias, un departamento en el edificio tiene un costo superior a los 3 millones de pesos (USD 158.000). Mientras que las rentas superan los 20.000 pesos mensuales (USD 1.052).

FUENTE: http://www.infobae.com

La casa del duende de esparto primer caso registrado de “poltergeist” en España.1915

La casa del duende del esparto  aunque es un caso conocido por la mayoría y explicado en muchos medios dada la relevancia que tuvo por ser el primero en ser seguido de forma masiva por los medios del momento. Nosotros no podemos dejar de hacernos eco del mismo y hacer referencia al primer caso registrado de “poltergeist” en España, al menos en los medios de comunicación.

Y es además la primera intervención policial española, en este caso de la Guardia Civil,  en una supuesta casa encantada o poltergeist”, En el número 7 de la Plaza del Esparto, Valencia, el Gobernador Civil de la época, Sr. Montilla, ordenó la intervención policial en el

inmueble, ante los supuestos fenómenos paranormales que testificaban numerosos vecinos.

En 1915 la familia Colomero vivía en Valencia, concretamente en el entresuelo del número 7 de la Plaza del Esparto de Valencia, barrio del Carmen.

En Mayo de ese mismo año, el  militar retirado y sus dos hijas, llevaban sin dormir dos noches consecutivas debido a los ruidos nocturnos que se producían en el edificio, aunque los ruidos en cuestión no se limitaban solamente a las noche: también se producían por las mañanas y a últimas horas de la tarde.

Creyendo que los causantes de los mismos eran los inquilinos del principal, tomaron el camino de quejarse a los mismos. La sorpresa fue mayúscula cuando éstos aseveraron que no eran ellos los responsables, declarando además que también eran molestados por extraños ruidos, aunque más atenuados. Y efectivamente así ocurría en el segundo y en la planta baja, amén de los edificios colindantes.

Los ruidos, que parecían no tener punto fijo de procedencia, entraron en el radio del misterio, y para algunos, en el orden sobrenatural, haciendo que los vecinos comenzaran a atemorizarse. Sucesos inexplicables, golpes y ruidos extraños sin una explicación aparente. Estos incidentes no solo los presencio la familia, sino también otros vecinos del mismo inmueble, inclusive de otros edificios adyacentes, estos hechos produjeron el pánico y el terror entre los habitantes del barrio.

La prensa rápidamente se hizo eco de estos sucesos, las personas que se aglomeraban en la Plaza del Esparto para escuchar por ellos mismo “Al Duende de Esparto”, que fue como bautizo la prensa al supuesto origen de los sucesos.

Aunque había diversidad de opiniones, las aglomeraciones de gente que querían ver u oír los sucesos paranormales por ellos mismos era tal, que la policía en más de una ocasión tuvo que tomar medidas drásticas para intentar mantener el orden.

El gobernador civil de Valencia ordeno una investigación, que se llevo a cabo por orden judicial, fue la primera en España ante un caso de estas características, estas exhaustivas investigaciones no arrojaron ninguna luz, nadie negó de la existencia de estos fenómenos extraños pero no pudieron dar explicaciones lógicas para ellos.

Los vecinos del edificio y en particular la familia Colomero, vivieron con terror e impotencia esta pesadilla desde mayo hasta el 13 de julio, momento en el que cesaron de la misma forma en que habían comenzado, sin ninguna explicación lógica aparente, pudiendo así recuperar la tranquilidad y el sosiego de una vida normal.

El 6 de Julio de 1915, unos cuarenta agentes de policia, ordenados por el Gobernador Civil Sr. Motilla, junto con el inspector provincial Rodríguez, el jefe de policía, Oliveras,  el capitán Alicart y el juez municipal García Mustieles, fueron los encargados de registrar el inmueble minuciosamente e investigar el caso. Prescindiendo de mitos y atentos al mundo físico, practicaron, un espectacular despliegue. Se acordonó la zona y se hicieron inspecciones oculares, interrogatorios y registros por todo el inmueble al frente de unos cuarenta agentes de policía.

Según los informes policiales textualmente:

“A las diez de la noche comenzaron los ruidos. Estos eran más perceptibles en los tabiques ligeros que en las paredes llamadas vulgarmente maestras”

La búsqueda no fue como se esperaba, ya que no encontraron ninguna señal de donde podrían proceder aquellos ruidos, por lo que dieron una explicación al suceso

El Gobernador Civil también explicó a la prensa:  “He aquí la causa: Dos camas, un armario que antes no lo era, una pared mediera que divide dos casas, un tabique vibrante, o que debe vibrar. Todo esto produce los ruidos seguramente” Con tal respuesta se marcharon, pero los ruidos no cesaron. Todo lo contrario, estos fueron poco a poco incrementándose cada día en la casa de los Colomero.

Y seguían llegando más y más curiosos a la Plaza del Esparto para poder ver o escuchar con sus propios oídos al “Duende” de la casa. Ya el “Duende del Esparto” era famoso en el lugar, y un aliciente turístico para todo aquel que pasará por Valencia.

La muchedumbre se agolpaba en la plazoleta y en las calles adyacentes de Quartm Alta y travesía de San Miguel, produciéndose a veces verdaderas batallas campales con cargas policiales incluidas, en las que resultaban heridos tanto espectadores como varios guardias de seguridad, Manuel Mullino, Tolsa, Felipe Miño, o Manuel Gamón. Los incidentes se estaban convirtiendo en la vergüenza de la ciudad y de las portadas de los rotativos, en las que se dictaminaba que los espíritus maléficos eran los responsables de todos estos desagradables episodios.

Era la portada de los diferentes periódicos españoles, y todo ello aumentaba los incidentes y los problemas a la ciudad.

Un ejemplo de estos:

  • Las Provincias: “La Casa de los Ruidos. Nueva estrategia de la fuerza pública. Un reto a los espíritus y una contestación inmediata. Las autoridades en ridículo”
  • Levante: “La casa Misteriosa: la cosa se pone cada vez más seria. Los ruidos siguen en distintos sitios. Una inspección y dos registros sin resultados”
  • Pueblo: “La Casa de Tócame Roque: Brujas y almas en pena. Los ruidos del nº 7. El descubrimiento de un juez. Las autoridades en ridículo. Carga brutal de la policía”

Indiferente a la expectación que estaba produciendo, el duende doméstico, más travieso cada vez, daba golpes que parecían acompañar la tonadilla lanzada por los curiosos “¡Que se vaya!”, acabando con un enérgico repique para volver a empezar a los pocos segundos.

Indudablemente los ruidos existían. Unas veces parecían puñetazos que hacían vibrar las paredes y otras resultaban como el golpear constante de cascos de caballos sobre el firme de la cuadra, produciendo varias trepidaciones en los edificios.

Las explicaciones que la gente daba a estos hechos iban en distintas direcciones, desde una provocación para que se marchasen los inquilinos, hasta un secuestro o el repiqueteo de una falsa fábrica de monedas. Otras de las versiones era la de que se trataba de un alma del purgatorio que necesitaba misas, o el supuesto maleficio de seres intermedios entre el espíritu y el hombre, es decir, duendes.

Pero “El Duende del Esparto” en cuestión, no hacía daño ni a niños ni a doncellas, ni pretendía hacer daño, sino que simplemente se dedicaba a tocar el bombo en la pared.

La parte humana de la opinión pública por lo general, apuntaba a que era obra de un chusco, un neurasténico o un malvado. No obstante, la gente seguía acudiendo con avidez, porque resultaba un espectáculo gratuito y fecundo en incidentes cómicos, independientemente de que también había sustos en los enfrentamientos con las fuerzas públicas.

No sin sorpresa se comprobó que, tanto en la catedral como en las iglesias cercanas, realizaban misas y ceremonias especiales para pedir por aquellas almas que se manifestaban en la casa o para ahuyentar a las ánimas del Purgatorio. Aumentaban diariamente el número de feligreses en las misas de cada día. Incluso se llegaron a realizar ceremonias religiosas, encargadas por las beatas, con el fin de cumplir la voluntad del supuesto difunto a quien algunos atribuían las extrañas manifestaciones, pues no faltaba quien suponía que todo aquello era una señal de las ánimas del Purgatorio.

Con todo el revuelo ocasionado por el supuesto poltergeist, el Ayuntamiento tomo parte y mandó al arquitecto jefe municipal, el Sr. Aymami para que se investigara más afondo las calles cercanas al lugar, una brigada de obreros practicara registros en varias calles adyacentes.

El 8 de julio de 1915 se cortó el acceso peatonal y los tabiques del inmueble número siete de la calle del Esparto y las casas lindantes del barrio del Carmen fueron minuciosamente escrutadas. El Sr. Aymami, introdujo micrófonos en diferentes tabiques donde se producían los ruidos y revisó todo el alcantarillado, aparte de diferentes puntos importantes de la estructura de la casa. Pero su búsqueda fue negativa, ya que no pudo encontrar nada para poder dar una explicación a tal suceso. Así pues, nunca se supo de donde procedían aquellos golpes (raps), y tampoco el por qué de estos. El 13 de Julio de 1915, los fenómenos desaparecieron sin dejar rastro. Y a día de hoy no se han vuelto a producir más en la casa nº 7 de la Plaza del Esparto, en Valencia.

La prensa dejo de hablar sobre el tema y las autoridades respiraron por fin tranquilas ante el cese de estos sucesos, que habían puesto en entredicho, tanto por parte de la prensa como de los ciudadanos, sus acciones en más de una ocasión.

Con el paso de los años fueron surgiendo noticias de sucesos similares en otros puntos de España, pero este fue el primer caso documentado e investigado por parte de autoridades civiles y jurídicas, así como por la prensa que siguió la noticia prácticamente desde su inicio hasta algún tiempo después de que los sucesos paranormales hubiesen cesado.

Hoy en día, sabemos que lo más probable es que estos sucesos se debieran a un fenómeno Poltergeist, dado que los Colomero tenían hijos en edad adolescente y pre adolescente, lo más probable es que fuese alguno de ellos el origen de dicho fenómeno y que debido a la expectación este fuese retroalimentándose. Aunque claro pasado casi un siglo es altamente difícil de precisar.

La “Plaza del Esparto” recoge la tradición del gremio que trabajaba las cuerdas y alpargatas.

En la plaza del Esparto se concentraron comercios varios que dieron origen al gremio de los sogueros que fueron aquellos que trabajaban las cuerdas, capazos y alpargatas. Por ello la “Plaza del Esparto” recoge esta tradición entre la “Calle Caballeros” y “Calle Caldereros” .

Se llamó en el pasado “Plaza de la Espartería” pues todos los jueves en ella se celebraba la venta del esparto. También se llamó “Plaza de Anglesola” por la familia de este noble linaje y de “Nuestra Señora de los Ángeles”. De entre los locales más emblemáticos que encontramos aquí tenemos el Café San Jaime que fue la antigua Farmacia Cañizares y la añeja y entrañable Clínica de Bebés que antaño vendía muñecas de porcelana y hoy vende golosinas.

FUENTE: http://www.vlcnoticias.com

La iglesia del Santo Sepulcro.

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La iglesia del Santo Sepulcro (en latín, Ecclesia Sancti Sepulchri), también conocida como basílica del Santo Sepulcro, iglesia de la Resurrección o iglesia de la Anástasis (en árabe: كنيسة القيامة‎‎ [Kaneesat al-Qeyaamah], en hebreo, כנסיית הקבר‎ [Knesiyat ha-Kever], en griego, Ναός της Αναστάσεως [Naos tes Anastaseos], en armenio, Սուրբ Յարութեան տաճար [Surb Harut’ian Tachar]), es un santuario religioso del cristianismo, situado en la ciudad de Jerusalén.

Se encuentra bajo la custodia de diversas confesiones cristianas, entre ellas, católicos, armenios ortodoxos, ortodoxos.

El lugar, llamado también Gólgota (en arameo, Golgotha, ‘calavera’), es el punto exacto donde —según los Evangelios— se produjo la Crucifixión, enterramiento y Resurrección de Cristo. Se halla dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, la cual a su vez se ubica en la línea de confluencia entre la Jerusalén oriental (árabe) y occidental (judía).

Al templo del Santo Sepulcro también se le conoce como Basílica de la Resurrección (en griego: Ναός της Αναστάσεως, Naós tis Anastáseos; en georgiano: Agdgomis Tadzari; en armenio: Surp Harutyun) o de la Anástasis (en griego, ‘Resurrección’). Es uno de los centros más sagrados del Cristianismo y ha sido un importante centro de peregrinación desde el siglo IV. Hoy día alberga la sede del Patriarca Ortodoxo de Jerusalén y es la catedral del Patriarcado Latino de Jerusalén.

En general, cuando se habla del Santo Sepulcro, se pueden distinguir dos cosas:

La iglesia en la que se encuentran el sepulcro de Jesús, el monte Calvario (donde murió), la piedra donde fue ungido antes de ser sepultado y el aljibe donde fue encontrada su cruz tres siglos más tarde. Secundariamente alberga diversas Capillas. Entre ellas destaca la capilla de Santa Elena, el coro de los griegos y la capilla del Santísimo (de los franciscanos, custodios de Tierra Santa), la capilla de Longinos y otras más.

El sepulcro de Jesús (que se encuentra dentro de aquella iglesia).

El lugar hace referencia a la sepultura de Jesús en una época comprendida entre el año 30 y 33. Entre los sitios religiosos de Tierra Santa, el Santo Sepulcro es uno de los mejor datados históricamente entre ellos la tierra del Jerusalén.

El significado religioso dado al Santo Sepulcro dentro del Cristianismo es importantísimo, pues dentro de este recinto se encuentra tanto el Calvario, donde según se afirma Jesucristo murió, como su sepulcro, lugar en el que, según afirman los Evangelios, resucitó al tercer día de su muerte. Por esta razón el sepulcro es el centro principal de la basílica. La capilla que lo contiene, en medio de la llamada «Rotonda» al frente del coro de los griegos, es conocida como la ἀνάστασις (que en griego significa ‘resurrección’).

Reuters y AFP

Según los evangelios, antes de la muerte de Jesús el sitio era una tumba ya habilitada como tal, pero no utilizada todavía, propiedad de un rico judío seguidor de Cristo llamado José de Arimatea. Se trataría de un hueco horadado en la roca, que podía taparse con una gran piedra destinada al efecto para que rodara o se deslizara hasta la abertura del nicho.

Una de las versiones sobre el primer anuncio de la Resurrección de Cristo, según los Evangelios, es el momento en que las mujeres que iban a ungir su cadáver con especias aromáticas —María Magdalena, María de Cleofás, madre de Santiago el Menor y Judas Tadeo, y Salomé (discípula), madre de Santiago y Juan— se encontraron con la piedra desplazada y el nicho expuesto y vacío.

Siempre teniendo como única fuente los Evangelios, pero confirmados por los trabajos arqueológicos , la tumba estaría situada en un jardín próximo a la roca —o montaña, o montículo; los evangelios dicen lugar— donde se produjo la Crucifixión, llamado originalmente Gólgota y luego Calvario (lat. calvaria, «calavera»), o en griego kranion («cráneo»). Ese lugar estaba muy próximo a la muralla herodiana de la ciudad de Jerusalén, e incluso comunicado con ella por una calle, pero extramuros, ya que las normas judías prohibían los enterramientos intramuros, salvo para el caso de los reyes.

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La destrucción de Jerusalén por los romanos, con el General Tito Flavio Sabino Vespasiano, durante el gobierno de su Padre, el Emperador Tito Flavio Vespasiano, trajo la ruina para el Templo de Jerusalén y para otros lugares tradicionales de la antigua ciudad puesta entonces bajo el mando de los paganos. Si bien los primeros cristianos huyeron hacia Pella antes de la destrucción, siguiendo una interpretación profética de Jesús (Lucas 21, 20–22), los mismos dejaron por escrito en los Evangelios la descripción del lugar de la Crucifixión y de la sepultura: Mateo 27, 33; 57–61; Marcos 15, 22; 42–47; Lucas 23, 33; 50–55; Juan 19, 17; 38–42.

Ambos sitios, el Gólgota y la Tumba, están a pocos metros de distancia y entre ellos se encuentra la Piedra de la Deposición, lugar en donde dice la tradición que el cuerpo de Jesús fue preparado después de ser bajado de la cruz para ser enterrado —Mateo 27, 59 passim—. El lugar fue evidentemente una cantera por la enorme riqueza lítica y la red de cavernas que se pueden observar[cita requerida], un sitio ideal para la construcción de tumbas, una actividad muy normal en la época, especialmente entre personas de cierta posición social.

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El nombre «Gólgota», la «Calavera», viene probablemente de la semejanza que las formas de las rocas tenían, como se puede comprobar hoy en día en los paisajes desérticos del Mar Muerto. Los romanos cambiaron el nombre de Jerusalén por el de Aelia Capitolina con el fin de hacer de la ciudad un enclave exclusivamente greco-romano, prohibieron el ingreso de los pueblos semitas y construyeron lugares de culto pagano en donde estaba el Templo de Jerusalén y el Santo Sepulcro.

Dicho acontecimiento es una de las pruebas históricas y arqueológicas que evidencian la historicidad de ambos sitios. En cuanto al Santo Sepulcro, en el año 326, el Emperador Constantino mandó erigir la Basílica del Santo Sepulcro en el lugar prescrito por la tradición y en el cual estaba erigido el culto pagano a la diosa romana Venus, mandado construir por Adriano, hacia el 135.

La emperatriz Elena había acudido a la ciudad tras escuchar el informe presentado por Macario, obispo de Jerusalén, sobre el lamentable estado en el que se encontraban los lugares descritos en los evangelios (santos lugares, para los cristianos), decidida a mejorar personalmente la situación. Tenía también el propósito de localizar la cruz de la ejecución de Jesús; Constantino había empezado a utilizar el signo de la cruz y a considerarlo presagio de victoria.

Elena, tras fracasar en la búsqueda de la cruz, o como parte de ella, inició la del sepulcro. La tradición cuenta que al derruir el templo pagano para aislar el Calvario e iniciar las nuevas edificaciones aparecieron también tres cruces, una de las cuales necesariamente habría[cita requerida] de ser la Vera Cruz o auténtica cruz del martirio de Cristo. Se describe el prodigio que permitió identificar la Vera Cruz, casi siempre basadas en que Una de las Cruces producía curaciones milagrosas, y las otras dos no.

Los sucesos descritos a partir de 325–326, sobre el descubrimiento del sepulcro y la Vera Cruz por la emperatriz Elena se deben al obispo de Cesarea (Palestina) e historiador Eusebio, llamado también el Padre de la historia de la Iglesia.

Las obras en la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, comenzaron en julio de 2016 y fueron supervisadas por Antonia Maropoulou, quien se mostró contenta este lunes por haber cumplido con los plazos que se habían propuesto en un principio.

Además del visible lavado de cara de todo el exterior del armazón, destaca como novedad la cruz greco-ortodoxa sobre lo alto de la cúpula, recién pulida, que no existía antes de la rehabilitación.

También se ha abierto una ventana dentro del habitáculo donde está el lecho de Jesucristo que ahora permite a los visitantes ver la piedra original de la cueva donde se socavó la tumba.

Los bloques dañados del armazón han sido reparados, del mismo modo que se han cubierto las grietas con pegamento, rellenado fisuras y reforzado soportes para un “monumento que durará para siempre”, resaltó la jefa griega de la rehabilitación y profesora de la Universidad Politécnica Nacional de Atenas.

El equipo restaurador ha contado con una financiación total de 6 millones – el doble de los 3 millones presupuestados -, con un 80% procedente de donaciones del exterior, declaró a EFE Bonnie Burnham, ex presidenta del Fondo de Monumentos Mundiales (WMF, por sus siglas en inglés).

Las obras han abordado también las filtraciones de agua subterráneas que afectan a la base pero, según el grupo científico, requerirá de un nuevo acuerdo para “estabilizar los cimientos”.

El Santo Sepulcro ha estado abierto durante todo el proceso de restauración y solo fue cerrado al público 36 horas, cuando se retiró la lápida que cubría la fosa original de Jesucristo, un hecho que no ocurría desde hace cinco siglos.

Imágenes de la Iglesia del Santo Sepulcro en 360°

https://www.360tr.com/kudus/kiyamet_eng/index.html

FUENTES: http://www.infobae.com  https://es.wikipedia.org

El Cenáculo, Jerusalén – El lugar de la Ultima Cena

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Sala situada en el piso alto de la casa donde Cristo celebró la última Cena; del latín coenaculum; en griego anogeon, anágaion mega o hiperoon, que indican sala superior con distintos matices; en árabe `uliyya, que significa lo mismo; la traducción hebrea es tardía y tiene el mismo sentido: `aliyyáh.

“Una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta”

La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13, 1). Estas palabras solemnes de san Juan, que resuenan con familiaridad en nuestros oídos, nos introducen en la intimidad del Cenáculo.

Jerusalén en el año 70 y la Ciudad Vieja en la actualidad. Gráfico: J. Gil.

Jerusalén en el año 70 y la Ciudad Vieja en la actualidad. Gráfico: J. Gil.

¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? (Mc 14, 12), habían preguntado los discípulos. Id a la ciudad —respondió el Señor— y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: “¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?”» Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí (Mc 14, 13-15).

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Conocemos los acontecimientos que sucedieron después, durante la Última Cena del Señor con sus discípulos: la institución de la Eucaristía y de los Apóstoles como sacerdotes de la Nueva Alianza; la discusión entre ellos sobre quién se consideraba el mayor; el anuncio de la traición de Judas, del abandono de los discípulos y de las negaciones de Pedro; la enseñanza del mandamiento nuevo y el lavatorio de los pies; el discurso de despedida y la oración sacerdotal de Jesús…

El Cenáculo sería ya digno de veneración solo por lo que ocurrió entre sus paredes aquella noche, pero además allí el Señor resucitado se apareció en dos ocasiones a los Apóstoles, que se habían escondido dentro con las puertas cerradas por miedo a los judíos (Cfr. Jn 20, 19-29); la segunda vez, Tomás rectificó su incredulidad con un acto de fe en la divinidad de Jesús: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20, 28). Los Hechos de los Apóstoles nos han transmitido también que la Iglesia, en sus orígenes, se reunía en el Cenáculo, donde vivían Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús, y sus hermanos (Hch 1, 13-14). El día de Pentecostés, en aquella sala recibieron el Espíritu Santo, que les impulsó a ir y predicar la buena nueva.

 

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Los evangelistas no aportan datos que permitan identificar este lugar, pero la tradición lo sitúa en el extremo suroccidental de Jerusalén, sobre una colina que empezó a llamarse Sión solo en época cristiana. Originalmente, este nombre se había aplicado a la fortaleza jebusea que conquistó David; después, al monte del Templo, donde se custodiaba el Arca de la Alianza; y más tarde, en los salmos y los libros proféticos de la Biblia, a la entera ciudad y sus habitantes; tras el destierro en Babilonia, el término adquirió un significado escatológico y mesiánico, para indicar el origen de nuestra salvación. Recogiendo este sentido espiritual, cuando el Templo fue destruido en el año 70, la primera comunidad cristiana lo asignó al monte donde se hallaba el Cenáculo, por su relación con el nacimiento de la Iglesia.

Recibimos testimonio de esta tradición a través de san Epifanio de Salamina, que vivió a finales del siglo IV, fue monje en Palestina y obispo en Chipre. Relata que el emperador Adriano, cuando viajó a oriente en el año 138, «encontró Jerusalén completamente arrasada y el templo de Dios destruido y profanado, con excepción de unos pocos edificios y de aquella pequeña iglesia de los Cristianos, que se hallaba en el lugar del cenáculo, adonde los discípulos subieron tras regresar del monte de los Olivos, desde el que el Salvador ascendió a los cielos. Estaba construida en la zona de Sión que sobrevivió a la ciudad, con algunos edificios cercanos a Sión y siete sinagogas, que quedaron en el monte como cabañas; parece que solo una de estas se conservó hasta la época del obispo Máximo y el emperador Constantino» (San Epifanio di Salamina, De mensuris et ponderibus, 14).

Saliendo de la ciudad por la puerta de Sión, una calle conduce al Cenáculo —hacia la izquierda— y a la basílica de la Dormición —hacia la derecha—. Firma: Leobard Hinfelaar.

Saliendo de la ciudad por la puerta de Sión, una calle conduce al Cenáculo —hacia la izquierda— y a la basílica de la Dormición —hacia la derecha—. Firma: Leobard Hinfelaar.

Este testimonio coincide con otros del siglo IV: el transmitido por Eusebio de Cesarea, que elenca veintinueve obispos con sede en Sión desde la era apostólica hasta su propio tiempo; el peregrino anónimo de Burdeos, que vio la última de las siete sinagogas; san Cirilo de Jerusalén, que se refiere a la iglesia superior donde se recordaba la venida del Espíritu Santo; y la peregrina Egeria, que describe una liturgia celebrada allí en memoria de las apariciones del Señor resucitado.

Por diversas fuentes históricas, litúrgicas y arqueológicas, sabemos que durante la segunda mitad del siglo IV la pequeña iglesia fue sustituida por una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias. Además del Cenáculo, incluía el lugar de la Dormición de la Virgen, que la tradición situaba en una vivienda cercana; también conservaba la columna de la flagelación y las reliquias de san Esteban, y el 26 de diciembre se conmemoraba allí al rey David y a Santiago, el primer obispo de Jerusalén. Se conoce poco de la planta de este templo, que fue incendiado por los persas en el siglo VII, restaurado posteriormente y de nuevo dañado por los árabes.

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Los cruzados

Cuando los cruzados llegaron a Tierra Santa, en el siglo XII, reconstruyeron la basílica y la llamaron Santa María del Monte Sión. En la nave sur de la iglesia estaba el Cenáculo, que seguía teniendo dos pisos, cada uno dividido en dos capillas: en el superior, las dedicadas a la institución de la Eucaristía y la venida del Espíritu Santo; y en el inferior, las del lavatorio de los pies y las apariciones de Jesús resucitado. En esta planta se colocó un cenotafio —monumento funerario en el que no está el cadáver del personaje al que se dedica— en honor de David. Reconquistada la Ciudad Santa por Saladino en 1187, la basílica no sufrió daños, e incluso se permitieron las peregrinaciones y el culto. Sin embargo, esta situación no duró mucho: en 1244, la iglesia fue definitivamente destruida y solo se salvó el Cenáculo, cuyos restos han llegado hasta nosotros.

En la planta baja se conserva parte del claustro del convento franciscano del siglo XIV. En la imagen se aprecian, en el primer piso, las tres ventanas del Cenáculo. Firma: Alfred Driessen.

En la planta baja se conserva parte del claustro del convento franciscano del siglo XIV. En la imagen se aprecian, en el primer piso, las tres ventanas del Cenáculo. Firma: Alfred Driessen.

La sala gótica actual data del siglo XIV y se debe a la restauración realizada por los franciscanos, sus dueños legítimos desde 1342. Los frailes se habían hecho cargo del santuario siete años antes y habían edificado un convento junto al lado sur. En la fecha citada, por bula papal, quedó constituida la Custodia de Tierra Santa y les fue cedida la propiedad del Santo Sepulcro y el Cenáculo por los reyes de Nápoles, que a su vez la habían adquirido al Sultán de Egipto. No sin dificultades, los franciscanos habitaron en Sión durante más de dos siglos, hasta que fueron expulsados por la autoridad turca en 1551. Ya antes, en 1524, les había sido usurpado el Cenáculo, que quedó convertido en mezquita con el argumento de que allí se encontraría enterrado el rey David, considerado profeta por los musulmanes. Así permaneció hasta 1948, cuando pasó a manos del estado de Israel, que lo administra todavía.

Se accede al Cenáculo a través de un edificio anexo, subiendo unas escaleras interiores y atravesando una terraza a cielo abierto. Se trata de una sala de unos 15 metros de largo y 10 de ancho, prácticamente vacía de adornos y mobiliario. Varias pilastras en las paredes y dos columnas en el centro, con capiteles antiguos reutilizados, sostienen un techo abovedado. En las claves quedan restos de relieves con figuras de animales; en particular, se reconoce un cordero.

En una de las claves son visibles los restos de un cordero. Firma: Alfred Driessen.

En una de las claves son visibles los restos de un cordero. Firma: Alfred Driessen.

Algunos añadidos son evidentes, como la construcción hecha en 1920 para la plegaria islámica en la pared central, que tapa una de las tres ventanas, o un baldaquino de época turca sobre la escalera que lleva al nivel inferior; este dosel se apoya en una columnita cuyo capitel es cristiano, pues está adornado con el motivo eucarístico del pelícano que alimenta a sus crías. La pared de la izquierda conserva partes que se remontan a la era bizantina; a través de una escalera y una puerta, se sube a la pequeña sala donde se recuerda la venida del Espíritu Santo. En el lado opuesto a la entrada, hay una salida hacia otra terraza, que comunica a su vez con la azotea y se asoma al claustro del convento franciscano del siglo XIV.

En la actualidad no es posible el culto en el Cenáculo. Solamente el beato Juan Pablo II gozó del privilegio de celebrar la Santa Misa en esta sala, el 23 de marzo de 2000. Cuando Benedicto XVI viajó a Tierra Santa en mayo de 2009, rezó allí el Regina coeli junto con los Ordinarios del país. Debido a la existencia del cenotafio en honor de David, que se veneraba como la tumba del rey bíblico, muchos judíos acuden al nivel inferior para rezar ante ese monumento.

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La presencia cristiana en el monte Sión pervive en la basílica de la Dormición de la Virgen —que incluye una abadía benedictina— y el convento de San Francisco. La primera fue construida en 1910 sobre unos terrenos que obtuvo Guillermo II, emperador de Alemania; la cúpula del santuario, con un tambor muy esbelto, se distingue desde muchos puntos de la ciudad. En el convento franciscano, fundado en 1936, se encuentra el Cenacolino o iglesia del Cenáculo, el lugar de culto más cercano a la sala de la Última Cena.
¿Qué distingue esta noche de todas las noches?
Fijaos ahora en el Maestro reunido con sus discípulos, en la intimidad del Cenáculo. Al acercarse el momento de su Pasión, el Corazón de Cristo, rodeado por los que Él ama, estalla en llamaradas inefables (Amigos de Dios, 222). Ardientemente había deseado que llegara esa Pascua (Cfr. Lc 22, 15), la más importante de las fiestas anuales de Israel, en la que se revivía la liberación de la esclavitud en Egipto. Estaba unida a otra celebración, la de los Ácimos, en recuerdo de los panes sin levadura que el pueblo debió tomar durante su huida precipitada del país del Nilo. Aunque la ceremonia principal de aquellas fiestas consistía en una cena familiar, esta poseía un carácter religioso fuerte: «era conmemoración del pasado, pero, al mismo tiempo, también memoria profética, es decir, anuncio de una liberación futura» (Benedicto XVI, Exhort. apost. Sacramentum caritatis, 10).
La sala del Cenáculo conserva la arquitectura gótica con que fue restaurada en el siglo XIV. En la fotografía, hecha desde la zona de la entrada, se ve la construcción para la plegaria musulmana en el muro de la derecha, y la escalera y la puerta que conducen a la capilla de la venida del Espíritu Santo en la pared del fondo. Firma: Jasón Harman (www.jasonharman.com).
 
La sala del Cenáculo conserva la arquitectura gótica con que fue restaurada en el siglo XIV. En la fotografía, hecha desde la zona de la entrada, se ve la construcción para la plegaria musulmana en el muro de la derecha, y la escalera y la puerta que conducen a la capilla de la venida del Espíritu Santo en la pared del fondo. Firma: Jasón Harman (www.jasonharman.com).
Durante esa celebración, el momento decisivo era el relato de la Pascua o hagadá pascual. Empezaba con una pregunta del más joven de los hijos al padre:
—¿Qué distingue esta noche de todas las noches?
La respuesta daba ocasión para narrar con detalle la salida de Egipto. El cabeza de familia tomaba la palabra en primera persona, para simbolizar que no solo se recordaban aquellos hechos, sino que se hacían presentes en el ritual. Al terminar, se entonaba un gran cántico de alabanza, compuesto por los salmos 113 y 114, y se bebía una copa de vino, llamada de la hagadá. Después, se bendecía la mesa, empezando por el pan ácimo. El principal lo tomaba y daba un trozo a cada uno con la carne del cordero.
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Una vez tomada la cena, se retiraban los platos y todos se lavaban las manos para continuar la sobremesa. La conclusión solemne se comenzaba sirviendo el cáliz de bendición, una copa que contenía vino mezclado con agua. Antes de beberlo, el que presidía, puesto en pie, recitaba una larga acción de gracias.
Al tener la Última Cena con los Apóstoles en el contexto del antiguo banquete pascual, el Señor lo transformó y le dio su sentido definitivo: «en efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1340).
FUENTE: http://www.primeroscristianos.com

EL TEMPLO BUDISTA DE WAT PHRA DHAMMAKAYA

En Tailandia se encuentra uno de los templos budistas modernos más espectaculares del mundo, evocando, según algunos observadores extranjeros, un OVNI. Se trata del Wat Pra Dhammakaya o templo de Dhammakaya (el cuerpo del dharma o de la iluminación).

Este templo es el centro del Movimiento Dhammakaya, una secta budista que en 1977 construyó esta capilla que mantiene cierta simpleza y elegancia a la vez que, por un efecto extraño de la repetición geométrica, tiene un aspecto un que remite a una épica de las formas y se antoja un centro cósmico. El domo dorado del templo parece ser una nave ocupando el centro de una pista de aterrizaje. Ahí se congregan miles de monjes para realizar algunas de las meditaciones más concurridas por la paz mundial (el templo conserva esta idea principal y fue erigido a través de donaciones).

Las imágenes aquí mostradas fueron reunidas por el blog de fotografía de The Atlantic y muestran las ceremonias del Makha Bucha, que celebran el sermón que hizo Buda a 1,250 monjes recientemente ordenados hace 2 mil 558 años. Las imágenes muestran una especie de orgía de la simetría y la devoción: miles de pequeñas estatuas de Buda y una iluminación de 100 mil linternas se configuran en círculos e hileras para crear la armonía perfecta para meditar.

Durante los domingos y las principales fiestas religiosas, cerca de 100.000 fieles se congregan en el complejo. Contando una comunidad de 3.000 monjes, novicios, laicos y laicas estos viven dentro de Wat Phra Dhammakaya lo que lo convierte en el templo más grande de Tailandia, en términos de habitantes.

A pesar de las ceremonias extravagantes y la cobertura nacional de estos eventos a través de los canales de televisión, Dhammakaya ha logrado mantenerse bajo el radar del mundo. El cuatro décadas el viejo culto religioso ha escalado a lo espectacular que es ahora, con un retiro de dos semanas en todo el país, celebrada el 25 de diciembre de 2010, se estima que 200.000 personas asistieron.

Wat Phra Dhammakaya es un templo budista de tamaño descomunal en el Distrito de Khlong Luang, a 16 kilómetros al norte del aeropuerto internacional de Bangkok en Bangkok, Tailandia. Es el centro del polémico Movimiento Dhammakaya, una secta budista fundada en la década de 1970, que ha sido atacado por sus pocas convencionales enseñanzas religiosas y comercialización del budismo. El poco ortodoxo monumento religioso de $1 mil millones se parece más a una nave espacial, o un estadio deportivo o incluso un OVNI y no se asemeja a un templo tradicional tailandés.

En el centro de la estructura esta una enorme cúpula (el Dhammakaya Cetiya) cubierto con 300.000 estatuas de bronce de Buda recubiertas de oro – otras 700.000 se encuentran enclavados en el interior del templo. La cúpula de oro es el Salón Conmemorativo del fundador de la secta, Phramonkolthepmuni. Este está rodeado por una plataforma circular de hormigón masivo que funciona como un Anfiteatro para la Meditación. Todo el complejo está situado en un pedazo de mil hectáreas de terreno.
En Tailandia existen alrededor de 40 mil templos dedicados a la enseñanza de la cosmovisión budista; sin embargo, en esta ocasión conocerás un templo cuyas prácticas poco convencionales son reguardadas por una estructura arquitectónica futurista. Así, Wat Phra Dhammmakaya es tan sólo uno de los santuarios que alberga alrededor de mil 400 monjes, 443 novicias, 161 laicos y 650 laicas entregados al conocimiento de Buda.
El templo fue fundado por  Kuhn Yay en los años 70; más tarde, la práctica de la meditación se volvió tan relevante que en poco tiempo era demasiado pequeño para todos los estudiantes y devotos. De esta forma Kunh Yay y sus estudiantes se esforzaron en convertir el Wat Prha Dhammmakaya en un santuario dedicado a la práctica de la paz y la espiritualidad, un refugio en medio de un mundo caótico.
Tradicionalmente los templos budistas son una parte importante de la comunidad tailandesa, ya que representan un punto de encuentro para la enseñanza de los fundamentos éticos y conocimientos del budismo, que tienen trascendencia en cada aspecto de la vida diaria.
El budismo es parte de la cultura en Indochina, cuya filosofía propone el desapego del mundo material para encontrar la iluminación a través de la meditación (nirvana), por lo que a lo largo y ancho de Tailandia podrás encontrar diferentes altares, estatuas, templos que forman parte de esta disciplina espiritual.
FUENTES: http://ruta-33.blogspot.com  http://pijamasurf.com  http://souvenir.buzz

El asombroso laberinto de Reignac-sur-Indre.

En la región del centro del Loira, justo en Reignac-sur-Indre. Este paraje excepcional es rico en densísimos bosques, en un importante río que lo cruza y que lo nutre, y allí donde dejes la mirada, todo estará satinado por suaves colinas de color verde, cerros de piedra caliza, praderas ocres, extensas parcelas de maíz y numerosos campos de girasoles.

Aquí, por si la imaginación natural no fuera ya lo bastante sugerente, la mano humana ha querido también levantar una atracción turística única: el laberinto vegetal más grande en todo el mundo. ¡Asombroso! Te invitamos a conocerlo.

La magia del laberinto de Reignac-sur-Indre

La idea fue original y tuvo un éxito casi inmediato. Fue en 1996 cuando en este campo de girasoles de 4 hectáreas, se alzó el primer laberinto vegetal de la región y el que hasta el momento, es el más extenso que podemos encontrar en todo el mundo. Nadie sabe muy bien por qué, pero a la gente le encanta “perderse” entre sus sinuosos corredores, sus rincones que no llevan a ningún lado, y ese sendero que, para los más afortunados, logran llegar hasta el centro. No obstante, esto puede llevarte de media casi una hora.

Y hay una cosa que queda clara, nos gustan los laberintos, tal vez sea porque es un desafío mental o porque a los humanos, nos encantan las situaciones de “riesgo controlado” y más aún, estos escenarios llenos de belleza y fantasía. No obstante, aquí no hay ningún Minotauro que nos amenace, de ahí que cada año llegue a recibir más de 90.000 visitantes. Cabe decir que este laberinto está hecho a base de maíz y girasoles, una maravilla natural que luce sólo en el buen tiempo, de ahí que durante la estación invernal y otoñal no exista nada, siendo pues el  momento en que los arquitectos y diseñadores, están ideando las formas en que el laberinto de Reignac-sur-Indre, emergerá de cara al verano.

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Cada año cambia. Así que si visitaste en alguna ocasión este laberinto, nunca volverá a ser igual, y te recibirá con un nuevo reto, con un auténtico sistema solar, quizá,  lleno de planetas que cruzar para llegar a una estrella central, o puede que siga las líneas más clásicas del siglo XIX, con una pequeña capilla en el centro para darle una aire más místico y romántico. Pero sea como sea, el laberinto de Reignac-sur-Indre jamás te defraudará.

Los laberintos son un ornamento y un juego muy común desde el Renacimiento, cuando se creaban preciosos jardines italianos donde las parejas se perdían mientras se cortejaban, mientras buscaban esos rincones sin salida para encontrarse en un breve y fugaz instante. Era toda una aventura. No obstante, cabe decir que en la antigüedad, muchos laberintos situados en países del Báltico, por ejemplo, estaban asociados a rituales de sol, ahí donde llevar a cabo también muchos ritos de iniciación.

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El laberinto francés de Reignac sur Indre, sigue siendo a día de hoy el más grande del mundo, y se dice que el laberinto más famoso y asombroso que diseñaron fue aquel en que dieron un homenaje al planeta Saturno (imagen inferior). Su disposición era tan compleja que fueron muchos los turistas que se perdieron entre sus pasillos, pero la experiencia fue tan increíble que aún no se ha podido olvidar. Cada año cambia, así que sería sin duda toda una aventura poder visitarlo en esta ocasión… ¿Te gustaría?

FUENTE: https://supercurioso.com

Las iglesias excavadas de Lalibela en Etiopía.

Las iglesias excavadas de Lalibela; la octava maravilla de Etiopía

A esta parte del mundo la llaman el Techo de África. El Kilimanjaro, cima del continente, queda a casi 2.500 kilómetros hacia el sur, pero no hay otro lugar, en tierras africanas, donde tantos kilómetros cuadrados queden por encima de los 1.500 metros de altura sobre el nivel del mar.

Las Tierras Altas ocupan el extremo norte de Etiopía divididas por esa profunda cicatriz llamada Rift Valley, una costura que, en un afán de millones de años, sigue empujando al Cuerno de África hacia el Índico. Es esta una región marcada por la montaña con un relieve escabroso y difícil donde se alternan los altiplanos, las montañas (algunas con alturas que rozan los 4.000 metros) y los profundos valles verdes que quiebran esa imagen un tanto estereotipada de tierras secas sacudidas por la sed. Etiopía verde; tierras serranas donde se cultiva el qat, esa planta estimulante similar a la coca andina que sirve para engañar al hambre, atraer a los espíritus o, simplemente, adormecer los sentidos de los que lidian mal con los males de la altura.

En este contexto floreció el  antiguo imperio de Askum que, desde el siglo I antes de Cristo, sirvió de nexo entre el mundo romano y el oriente más cercano. Al principio, el comercio fue el eje de esta nación mestiza que bebe de las tradiciones africanas y de las arábigas; el Nilo, al sur, y el acceso al Índico, a través del control del Estrecho de Ormuz, fueron las principales vías de salida y entrada de mercancías e ideas; entre ellas el Cristianismo, que arraigó con fuerza; hasta el punto que tras Armenia, Askum fue el segundo reino cristiano del mundo (a través de la conversión del rey Ezana en el 325 de nuestra era). Fue el inicio de una forma de entender la religión que, gracias al aislamiento de las tierras altas etíopes ha llegado hasta nuestros días. El 60% de los habitantes del país son cristianos ortodoxos.

San Jorge es la imagen más icónica de las iglesias subterráneas de Lalibela, en Etiopía.

Para llegar a Lalibela hay que subir un enorme escalón de piedra volcánica que se levanta casi en vertical desde los valles circundantes. Hoy, los viajeros y viajeras llegan a la ciudad santa de los ortodoxos etíopes en avión o a través del ramal que conecta directamente con la Ruta nacional 2 que asciende desde la lejana Adis Abeba; pero hasta hace apenas unas décadas, esa era una región aislada; encerrada tras un velo de montañas; a merced de las temporadas de lluvia que solían dejar las rutas de comunicación impracticables durante meses o, incluso, años. Ese olvido mantuvo a la sagrada lalibela lejos de las convulsiones; de los viajeros; de los imperialistas europeos del XIX. Y las iglesias pervivieron tal y como los artistas de los siglos XII y XIII las tallaron en la roca volcánica; y las pinturas murales siguieron decorando techos, falsas bóvedas y columnas como cuando el pincel del maestro las dejó ahí; y los túneles que conectan esta fantástica red de templos excavados en la roca siguieron viendo el tránsito de fieles y sacerdotes como si el transcurrir de los siglos se hubiese detenido. Puro capricho de la geografía y el tiempo.

Hoy, las iglesias de Lalibela atraen a un cada vez más nutrido número de viajeros; su catalogación como Patrimonio de la Humanidad en 1978 logró que el olvido se convirtiera en interés y en una buena suma de birrs (moneda actual) gracias a un turismo que no deja de crecer. Dice la tradición que las once iglesias fueron construidas directamente por Dios, pero la verdad es que fueron obra de la Dinastía Zagüe, descendientes directos de los askum, que establecieron aquí la capital y asiento espiritual de un estado que apenas duró siglo y medio. El recinto sagrado se sitúa al suroeste de la ciudad en una meseta de toba volcánica que, gracias a la pericia de los canteros locales se convirtió en una auténtica representación simbólica de tierra santa a miles de kilómetros de Israel.

El Canal de Yordanos, excavado como el resto del conjunto en la dúctil piedra volcánica, divide a la ciudad santa en dos (Este y Oeste) a semejanza de lo que el Río Jordán hace con la propia tierra palestina. A ambos lados se localizan los doce templos que tienen la particularidad única de estar enteramente excavados en la roca; ningún elemento arquitectónico ha sido añadido; todo se debe al paciente y magistral trabajo de los talladores que crearon auténticas maravillas como Biet Medhani Alem, una impresionante basílica de cinco naves que, según la UNESCO, es el templo monolítico más grande del mundo; o impresionantes edificios como Biet Ghiorgis (Casa de San Jorge) que con su forma de cruz es el emblema de este conjunto monumental y el primero de los once templos que visitan los peregrinos por este recorrido simbólico por tierras de Jesús.

Pinturas murales en el interior de una de las iglesias de Lalibela.

Separadas por decenas de metros, los diferentes conjuntos de construcciones se comunican a través de túneles excavados en la roca. Desde la Cruz de Jorge, los peregrinos pasan bajo el ‘Jordán’ para visitar el conjunto Este, en el que se encuentran Biet Amanuel, Biet Mercoreos, Biet Abba Libanos, Biet Gabriel Rafael y Biet Lehem. Al Noreste, tras volver a pasar bajo el Canal de Yordanos, se visitan las iglesias de Biet Medhani Alem, Biet Mariam, Biet Mascal, Biet Denagel, Biet Golgotha y Biet Mikael. A través del camino ritual los fieles representan los principales dogmas del cristianismo, desde la Natividad a la pasión pasando por el Bautismo o la resurrección de Jesús. Esta representación simbólica es única en el mundo; como también lo son las pinturas que decoran dos de los templos y que son una muestra impresionante de mestizaje de tradiciones.

Fachada de Yemrehanna Kristos, mausoleo real de la Dinastía Zagüe.

La cueva de los huesos

Situada a unos 50 kilómetros al norte de Lalibela, la Iglesia y Monasterio de Yemrehanna Kristos, un lugar poco frecuentado por los viajeros y, sin embargo, una de las mejores muestras de la arquitectura y el arte de Lalibela y también es un centro de peregrinación de los ortodoxos etíopes. El lugar, construido bajo un alero de piedra, acoge el mausoleo de los antiguos reyes Zagüe, lo que justifica el impresionante conjunto artístico formado por artesonados pintados, murales en los que predomina la decoración de motivos geométricos y fino trabajo en piedra. La santidad del lugar atrajo, durante siglos, a miles de personas que acudían a Yemrehanna a pasar sus últimos días con la intención de ser sepultados en el lugar; una de las cuevas del monasterio se convirtió, a lo largo del tiempo, en un impresionante osario.

FUENTE: http://www.eldiario.es