Dar paz y luz a un difunto

Cuando un ser querido nos abandona, algo de nosotros marcha con él. La vida y la muerte no son dos hechos aislados entre sí. La vida es metamorfosis y la muerte es un paso más dentro de la evolución del alma que nos encamina a centros más puros de energía.

No es éste momento ni lugar para comentar y desarrollar la teoría de la reencarnación pero de lo que sí deseamos dejar constancia es de que la muerte sólo es un tránsito que nos descarna de la materia y conduce nuestro espíritu a planos mucho más elevados de consciencia.

Pero, a pesar de lo comentado hasta el momento, es justo reconocer que cuando un ser querido desaparece, el vacío que sentimos en el alma es dolorosamente humano y comprensible. La ausencia física puede llegar a atormentarnos y los recuerdos se amontonan en nuestra mente llenándonos de añoranza.

Aún permanecen en nuestros oídos aquellas palabras dulces y precisas que, hasta hace poco, nutrían de amor nuestra existencia. Aún podemos escuchar el tono de su voz y percibir el suave aroma que invadía el espacio cuando el amado ausente entraba en una estancia o íntimamente se hallaba a nuestro lado. Y dicho olor, dolorosamente deseado, aún impregna nuestras papilas olfativas e invade la memoria de la parte del cerebro destinada al amor y a la evocación.

Nuestro corazón, aun consciente de que la muerte no existe, llora la ausencia aun sabiendo que, mientras en nosotros quede un átomo de vida física, mientras tengamos un recuerdo para la persona que ya no nos acompaña, su vida se prolongará a través de la propia, nuestro corazón ya jamás estará solo y la presencia del amor compartido acompañará todos los actos de nuestra existencia.

No obstante, es conveniente que nuestro amor y las circunstancias terrenales por las que estemos atravesando no anclen el alma del difunto a este plano de existencia terrenal a la que ya no pertenece. Deberemos aprender a amarlo con un sentimiento desprendido y orientar su alma hacia la luz del espíritu que rige y empapa el universo, permitiendo que desencarne totalmente en la seguridad de que nuestro sufrimiento se transmutará en la energía más pura que seamos capaces de ofrecerle.

Rezar por los muertos es una obra de misericordia, es algo que se hace para ayudar a alguien que lo necesita. Es bueno rezar por nuestros muertos, y también por los que no tienen nadie que rece por ellos, para que puedan descansar en paz.

Rezar por nuestros difuntos es algo que ayuda a que tengan paz ellos, y nosotros también.

Si un ser querido tuyo falleció, reza, pídele a Dios que lo reciba en su Gloria; la muerte de un ser querido es una pena muy grande, pero Dios es la fuente de todo amor; ten la seguridad de que ese amor que tú le tienes, viene de Dios, y, por la tanto, en brazos de Dios va a estar en el mejor lugar que existe, seguro y amado, como si estuviera en tus propios brazos. Habla con Dios, y entrégaselo en sus brazos. Y habla con él o ella, dícelo, que lo están esperando en el Cielo, y qe ahí va a estar rodeado de amor, y que tú siempre vas a quererlo, que desde el Cielo va a poder verte y cuidarte y llenarte de bendiciones, y que un día, Dios sabe cuándo,  lo vas a alcanzar.

A veces, las personas se van dejando asuntos pendientes, y, entonces, rezar puede no ser suficiente. También hay que arreglar ese asunto. Si estabas peleado con esa persona, si necesitaban hablar para arreglar un problema, si nunca le dijiste que lo querías, si murió sin recibir tu perdón o sin dártelo a tí… Eso no los va a dejar descansar, ni a tu difunto ni a tí.

Disponte a arreglar ese asunto. Siéntate un día en un lugar tranquilo solitario y diríjete a tu difunto, platica con él, resuelvan el problema; trata de entender sus razones para actuar como lo hizo, o explícale las tuyas; perdónale o pídele perdón… Dile lo que sientes por él o ella, lo que significa para tí, tal vez lo único que necesitan es decirse: te quiero.

El espíritu no tiene las limitaciones del cuerpo; dos almas conectadas, pueden escucharse sin necesidad de verse físicamente, así que no dudes que te va a escuchar. Es posible que lo sueñes o lo sientas y te vas a dar cuenta cuando las cosas se hallan arreglado, porque vas a sentir paz en tu corazón.

Las siguiente es una oracion que te va a servir para rezar por el bienestar de las almas de los muertos, y también por nosotros, los que nos quedamos, porque la muerte de un ser querido es una pena muy grande y para superarla también necesitamos la ayuda de Dios.

ROSARIO DE LA LIBERACIÓN

Este rosario, con licencia eclesiástica, es una oración muy poderosa. De inmediato se siente alivio y calma.

Esta oración puede rezarse por el descanso de los muertos, por la salud de los vivos, o por cualquier cosa que nos esté preocupando, sólo se hace la intención y se cambia el nombre de la persona al hacer la oración. Se trata de solicitar a Jesús que cure nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestra mente, y brinda de inmediato una gran calma, al sentirte escuchado por Dios.Se reza con un rosario, pero en las cuentas en las que va el padre nuestro se dice:

Si Jesús libera a ________, será realmente libre

Y en las cuentas en las que van las Ave Marías, se dice:

Jesús ten piedad de __________, Jesús sánalo, Jesús sálvalo, Jesús Libéralo.

Al concluir los 5 misterios, se pide a Jesus, que por su preciosa Sangre derramada por nosotros, nos conceda lo que le pedimos.

En el caso de los difuntos, podemos rezar:

Señor, por tu preciosa Sangre derramada por nosotros como muestra de tu inmenso Amor, te pedimos que liberes a ésta alma de toda pena, de toda culpa, de todo angustia, de todo pecado, de todo dolor. Te pedimos que cures su alma y la llenes de paz. Llena su alma de tu presencia, recíbelo en tu gloria, en tus brazos, y dale la dicha de sentir tu amor. Y a sus seres queridos, a los que se quedan, te pedimos, Señor, que les des el consuelo, que cures su dolor, que los acompañes siempre y les des tu bendición. Todo ésto te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

FUENTES: http://www.hechizos.us/   https://sarahelga.wordpress.com

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“La zona muerta”: ¿Cómo enviar un mensaje a un ser querido fallecido?

El misterio de la muerte es algo que hoy en día aún no podemos comprender. ¿Por qué algunas almas están con nosotros? Hasta donde sabemos sólo el cuerpo muere, y no el alma. Nuestra relación con un ser querido no es solo basada en la presencia física, también con su personalidad, su amor, su energía, y sobre todo con su espíritu. Y esa relación nunca desaparece, ni con la muerte. Solo que de otra forma.

Si hablamos de la zona muerta lo primero que se nos viene a la mente es las capacidades psíquicas de John Smith, o mejor dicho, de Peter Hurkos. Como ya publicamos en Mundo Esotérico y Paranormal, en 1979 el escritor estadounidense Stephen King publicó una novela basado en hechos reales titulada “La Zona Muerta”, la cual relataba la historia de un profesor de secundaria que despertó de un coma de cinco años tras un terrible accidente de coche, con las sorprendentes habilidades de ver más allá de las personas, como su pasado y su futuro con solo tocarlas. Dicho esto, “la zona muerta” también se la conoce como el lugar que se encuentra entre los vivos y los muertos, el fino velo que separa las diferentes realidades.

Una de las muchas preguntas que nos hacen nuestros lectores es la forma de comunicarse con sus seres queridos fallecidos. ¿Cómo podemos comunicarnos con los que ya han cruzado al otro lado? ¿Y ¿cómo sabemos si han recibido los mensajes?

Generalmente, los seres queridos fallecidos tratan de comunicarse con nosotros después de que hayan cruzado “al otro lado”. Las comunicaciones más fuertes provienen de aquellos que murieron inesperadamente, sin tiempo para decir adiós, pero en cualquier caso, aquellos que ya no están entre nosotros podrían intentar enviar un mensaje a sus seres queridos vivos para que sepan que están bien. Ten en cuenta que enviar un mensaje hacia el más allá no es nada fácil. A continuación, algunas de las mejores técnicas para la comunicación con tus seres queridos en el otro lado:

La meditación

La meditación despeja tu mente y te prepara para ser capaz de comunicarse de manera más efectiva. Hay muchas maneras de meditar, y debes elegir el método que te resulte más cómodo. Algunas personas tranquilizan sus mentes, otros sus chakras, e incluso activan el ojo de su mente. Una vez que la mente está clara y se encuentra en un estado de meditación pacífica, pueden enviar pensamientos o incluso tener conversaciones con los seres queridos fallecidos con más facilidad.

Mediante oraciones

Con las oraciones se modela los pensamientos y energía de los difuntos. Diles cómo te sientes, diles que los amas, diles que deseas el contacto. Pregúntales cómo se encuentran, pregúntales para que te escuchen, pide que te envíen señales de su presencia. Usa tus pensamientos conscientes para enviar mensajes a los mismos. Seguro que lo recibirán. Y, sobre todo, no tengas miedo cuando recibas sus mensajes y señales.

Crear una señal

Algunos expertos en el tema aseguran que una forma muy efectiva para que los seres queridos fallecidos sepan que queremos comunicarnos con ellos es crear una señal para que sepan que cada vez que se activa la señal estás tratando de llegar a ellos. Estas ideas incluyen encender una vela específica para comunicarse con ellos, encendiendo un cierto incienso, sentado en una silla determinada, o escuchando una canción determinada. Puedes elegir la opción que desees, sólo debes de averiguar cuál es el mejor canal de comunicación. Con el tiempo conseguirás que la señal sea más fuerte y más fuerte porque estás infundiendo su energía en ello.

Un objeto con una carga emocional

Mucha gente dice que logra este tipo de comunicaciones mediante la utilización de un objeto que pertenecía al ser querido fallecido. Encuentra algo que todavía podría tener su energía. Una joya, ropa, o un amuleto. Sostenlo en tus manos, piensa en él con tu mente clara, enciende una vela y envía una señal. Cuando hayas terminado, guarda el objeto en un lugar donde nadie lo pueda tocar. Por ejemplo, en un recipiente junto con sus otras pertenencias. Eso mantendrá la energía hasta la siguiente comunicación.

Sueños lúcidos

Una de las técnicas más importantes para enviar mensajes a un ser querido fallecido es mediante el sueño lúcido. En muchas ocasiones, las personas fallecidas tratan de llegar a nosotros en los sueños. Los sueños son una especie de “zona muerta” para una conexión con el más allá. Usa tus sueños para llamar a tus seres queridos fallecidos y pedirles que vengan a ti. Hay una posibilidad muy alta de que seas capaz de hacer contacto en un sueño. Te recomendamos que leas nuestro artículo “Soñar con seres queridos fallecidos, ¿una ayuda desde el más allá?” para más información.

Escribirles una carta

Hay muchas personas que no les gusta la meditación y no recuerdan sus sueños. Entonces, la alternativa es escribir una carta a sus seres queridos fallecidos. El acto de enfocar la intención y la voluntad de escribir los pensamientos ayuda a la comunicación con el más allá. Después de escribir la carta es necesario guardarla en un lugar donde podamos leerla cuando se desee.

¿Cómo saber si han recibido el mensaje?

Lo más importante de la comunicación con los seres queridos fallecidos es cómo saber si han recibido el mensaje. Es cierto que algunos de ellos están más en sintonía con nosotros que otros. Por ejemplo, una persona que ha muerto recientemente estará más sintonizado que alguien que murió hace 40 años. Una persona que murió inesperadamente estará más en sintonía que alguien que murió con tranquilidad. Y si había mucho amor entre ambos, entonces la comunicación será más fácil.

No pares de intentar la comunicación, tarde o temprano sabrás que recibieron el mensaje. Y en el momento de la comunicación podrías sentir una sensación de alivio o escalofríos por toda tu columna vertebral. Incluso hay quien ha llegado a escuchar a su ser querido fallecido hablándoles de nuevo. Pero insistimos en que es importante no tener miedo a estas comunicaciones, ya que de lo contrario podrías atraer a otro tipo de entidades no deseadas. Aunque esto es otro tema. Para quienes estén interesados o necesitan ayuda para comunicarse con sus seres querido fallecidos les recomendamos los servicios de la reconocida psíquica Elise Defer.

¿Alguna vez te has comunicado con tus seres queridos fallecidos? ¿Utilizaste alguna técnica de las anteriormente mencionadas? ¿Otra diferente? ¿O fue una comunicación casual? No dudes en explicar tu experiencia, estamos seguros que ayudaras a otras personas que lo necesitan.

FUENTE: http://www.mundoesotericoparanormal.com/

La fotografía Post Mórtem: LAS FOTOGRAFÍAS DE LOS MUERTOS.

La fotografía post mórtem, también conocida como fotografía de difuntos, memento mori o retrato memorial, fue una práctica fotográfica habitual durante el buena parte del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta práctica consistía en vestir el cadáver de un difunto con sus ropas personales y fotografiarlo en un último retrato grupal junto a sus familiares, amigos o compañeros, o bien en solitario. Para entender este tipo de retratos -que en la actualidad a menudo son considerados como morbosos o, incluso, de mal gusto-, hay que comprender el momento histórico en que fueron realizados y el significado solemne que estas fotografías tenían entre los parientes más cercanos del fallecido, ya que éste, a menudo, se convertiría en el único recuerdo visual que dispondría la familia del fallecido y que permanecería entre ellos, en una época en la que, en el mejor de los casos, cada familia disponía tan sólo de unos pocos retratos o fotografías, o no tenía ninguno en absoluto hasta la muerte del difunto.

Aunque el retrato memorial aún continúa vigente hoy en día, en la actualidad éste se aplica, en su gran mayoría, únicamente a fotografías hechas en vida del difunto. Actualmente, la mayor parte de personas tiene a su disposición todo tipo de retratos y fotografías hechas a lo largo de su vida, y éstas, gracias a la fotografía digital, incluso han pasado a ser y formar parte de nuestra vida diaria. Sin embargo, años atrás, especialmente antes de la aparición de la fotografía automática, un retrato o una fotografía era algo excepcional y valioso, reservado para las ocasiones especiales, y no era extraño el hecho de que una familia sólo se dispusiera de una única o unas pocas fotografías, o de ninguna en absoluto. Las fotografías, entonces, solían ser enmarcadas y expuestas de manera solemne y memorial, ya que su carácter y significado no era tan mundano como hoy en día, en el que algunas personas sacan fotos hasta de su desayuno diario. En este contexto, pues, puede entenderse claramente el valor sentimental que podía llegar a tener el retrato de un difunto, especialmente, en el caso de los bebés y niños de corta edad, cuyas fotografías post mórtem serían, posiblemente, las únicas imágenes disponibles de ellos.

Por otro lado, en la actualidad, aunque se habla mucho de la muerte y ésta se muestra constantemente a través de imágenes diversas, reales o no, a través de los noticiarios, la prensa, los documentales o las películas de ficción, hoy, más que nunca, el hombre está alejado del verdadero concepto o significado de la muerte, de la que ocurre a nuestro alrededor, hasta el punto que nos negamos a ver incluso la muerte de los mismos animales que consumimos, sacrificados en mataderos, sin pensar ya en ellos como seres vivos, sino como simple carne de consumo producto directo de los supermercados. La muerte se ha banalizado, la vemos en todas partes, pero la muerte real, la que nos es cercana, se ha convertido en algo tabú. La muerte, por lo común, ya no ocurre en el seno familiar, sino en lugares apartados, fríos, asépticos –llámense asilos, residencias, clínicas u hospitales-. La persona muere apartada de su grupo familiar, del propio hogar, y ya apenas se lo vela. La visión de su cuerpo suele ser evitada a los niños, mientras que en otros tiempos esto era algo que formaba parte de la vida diaria, e incluso los niños estaban acostumbrados a la visión de los muertos.

Así pues, es en su contexto histórico donde la muerte puede ser entendida en toda su solemnidad.

La fotografía post mórtem floreció especialmente durante las primeras décadas de la fotografía, en la que los familiares de un difunto preferían capturar la imagen de un ser querido fallecido, antes que no tener ninguna imagen suya en absoluto. Esta práctica alcanzó enorme popularidad a finales del siglo XIX y se extinguió cuando la fotografía instantánea se volvió en algo común.

Para entender la fotografía post mórtem, hay que situarse y entender el contexto histórico en que este tipo de retratos se realizan: una época en que la muerte era algo más familiar, ya que ha menudo ocurría en el seno de la misma familia y el muerto moría rodeado de los suyos, y en la que un retrato era considerado algo excepcional, al contrario que hoy en día, en que éstos abundan incluso para la cosa más intrascendental. Las fotografías post mórtem servían como recuerdos para recordar al difunto. Esto era muy común, especialmente, en el caso de bebés y niños de corta edad , ya que las tasas de mortalidad infantil en la esos tiempos eran muy altos , y una fotografía post mórtem posiblemente era la única imagen del niño de la familia conservaría.
La fotografía post mórtem nació, prácticamente, con el nacimiento de la fotografía en 1839, pero su concepto ya había tenido diversos precedentes en algunos ritos funerarios y en el arte. Desde la momificación a la fabricación de máscaras mortuorias, pasando a los retratos y pinturas renacentistas del barroco, a la obtención de moldes de escayola de los difuntos para recordar sus rostros, existía un largo recorrido histórico que pretendía guardar una memoria visual de los seres fallecidos. No sería hasta el siglo XVII, sin embargo, que el retrato pintado como tal cobraría especial relevancia durante el Barroco, con el tema  del memento mori y las pinturas de vanitas, como primeros ejemplos de retratos pintados (que no fotografías) post mórtem.
Las representaciones de difuntos en la historia del arte suele entrar dentro de la categoría de arte conocida como memento mori. Memento mori es una frase latina que significa “Recuerda que morirás”, e intenta recordar al ser humano su propia mortalidad y la fugacidad de la vida. Efectivamente, la pintura de bodegones, que surgió en Europa con los libros religiosos ilustrados, cumplió en esa época la función de persuadir de la vanitas de la existencia. Vanitas es un término latino que puede traducirse por vanidad, entendiéndose como tal no en el sentido de soberbia u orgullo, sino en el sentido de vacuidad o insignificancia. El mensaje de este tipo de arte era claro: la naturaleza se descompone, mas el alma es inmortal; el espíritu habita brevemente en cada cuerpo, pero luego lo abandona y el cuerpo muere.
El detalle que a menudo revela la presencia de una pintura de vanitas es la presencia de un cráneo humano, generalmente acompañado por otros símbolos alusivos a la temporalidad de la vida y la inutilidad del esfuerzo humano: flores caídas, frutas podridas, relojes de arena, etc. En muchos cuadros de vanitas se agrupan los elementos que representan la actividad humana (libros, instrumentos científicos) y los placeres humanos (pipas, instrumentos musicales, etc.) que marcan la futilidad de lo material en una vida tan corta. La vejez y los cadáveres dejan su marca, frecuentemente, en el memento mori. La pintura de bodegones simboliza lo que serán los seres humanos cuando han abandonado el escenario de la vida: vanitas.
Y es en este contexto en que aparecen los primeros retratos de difuntos. Retratos pintados que a menudo representaban a nobles y religiosos fallecidos.
Con la invención del daguerrotipo, el 19 de agosto de 1839, en París, Francia, la práctica del retrato se convirtió en algo mucho más común, ya que muchas de las personas que no podían permitirse el lujo de pagar la comisión de un retrato pintado a mano, podían, al menos, gracias a este invento, permitirse el lujo de hacerse una sesión fotográfica que inmortalizase su imagen, proporcionando, a su vez, un medio para memorializar a sus seres fallecidos más cercanos. Así pues, la fotografía de difuntos o fotografía post mórtem se inició poco después del nacimiento de la fotografía, extendiéndose rápidamente hacia otros países.
En ese tiempo la fotografía mortuoria no era considerado algo morboso. Debido a la ideología social de la época, la muerte se concebía como algo con un aire mucho más sentimental, llegando a ser vista, en algunos casos, como un privilegio (una idea derivada del Romanticismo).
La práctica del retrato o fotografía post mórtem consistía en vestir el cadáver de un difunto con sus ropas personales y hacerlo participe de un último retrato individual o grupal, junto a sus familiares, amigos o conocidos, empleando para ello distintas técnicas y composiciones fotográficas, que serán descritas a continuación.
Las primeras fotografías post mórtem solían ser planos de la cara del difunto, a modo de busto, o fotos completas del mismo, esto es, a cuerpo completo, aunque en estos casos raramente se mostraba el ataúd y el sujeto solía representarse como yaciendo en un sueño profundo, a veces en su mismo lecho de muerte, otras veces en un sofá, como si estuviese reposando, disponiéndoselo para que pareciera lo más realista posible, en una posición más o menos natural; también se los mostraba sentados en sillas o apoyados en marcos especialmente diseñados para ello. Los niños, en estos casos, solían mostrarse reposando en un sofá o una cuna, a menudo junto a su juguete favorito u otro juguete, y tampoco era raro que aparecieran junto a uno o varios miembros de la familia, siendo lo más frecuente que apareciera en brazos de la madre. En ambos casos, las flores eran también un motivo común de la fotografía. Con el tiempo, los retratos irían haciéndose más elaborados, empleándose distintas técnicas para ello.
Posteriormente, se emplearía un menor esfuerzo en mostrar una apariencia natural del difunto, ya que a menudo se mostraba al sujeto en un ataúd. Algunos ejemplos tardíos de este tipo de fotografías muestran al fallecido en un ataúd rodeado, a veces, de un gran grupo de asistentes funerarios. Este tipo de fotografía fue especialmente popular en Europa, pero menos común en los Estados Unidos. Una variación de este último tipo de retrato memorial implicaba fotografiar a la familia en una capilla dedicada a los fallecidos, que incluía un retrato del difunto cuando aún estaba en vida.
Algunos retratos póstumos se caracterizan por los variados artilugios de los que se servían los fotógrafos para embellecer la imagen y despojarla de la crudeza de la muerte, intentando algún tipo de arreglo para mejorar la estética del retrato. En algunos casos se maquillaba al difunto y, tras obtener la fotografía o daguerrotipo, se coloreaba la copia a mano. Los difuntos, por otra parte, eran sujetos ideales para el retrato fotográfico del siglo XIX, debido a los largos tiempos de exposición que requerían las técnicas fotográficas de aquella época (que podían durar alrededor de 5-10 minutos). La toma del daguerrotipo era tan larga que, cuando se trataba de fotografiar a personas (estuviesen vivas o muertas), se construían soportes disimulados para sostener la cabeza y el resto de los miembros de la persona que posaba evitando así que ésta se moviera. Precisamente éste es el motivo por el cual, en los retratos en que aparece un difunto junto a sus familiares, suele reconocerse fácilmente al difunto: por la nitidez de su imagen.
Las fotografías de difuntos los podían mostrar “cenando” en la misma mesa con sus familiares vivos; los bebés difuntos estaban en sus carritos junto a sus padres, en su regazo, o con sus juguetes; los abuelos fallecidos se mostraban con sus trajes elegantes, sostenidos por su bastón. A veces, añadían elementos icónicos -como por ejemplo, una rosa con el tallo corto vuelta hacia abajo, para señalar la muerte de una persona joven, relojes de mano que mostraban la hora de la muerte, etc. Los militares, los sacerdotes o las monjas eran, por ejemplo, usualmente retratados con su vestuario característico. La edad del pariente que acompañaba al difunto era el hito temporal que permitía ubicarlo en la historia familiar. Los deudos que posaban junto al muerto lo hacían de manera solemne, sin demostración alguno de dolor en su rostro, incluyendo a los niños.
Llegados a este punto, podemos decir que los retratos mortuorios privados podían encuadrarse en tres posibles categorías según la manera en que se retrataba al sujeto:
  • Simulando vida. En un intento por simular la vida del difunto se los fotografiaba con los ojos abiertos y posando como si se tratara de una fotografía común, por lo general junto con sus familiares. No es difícil notar cual es la persona sin vida ya que -entre otras diferencias-, al no tener movimiento alguno durante la exposición fotográfica su imagen sale muy nítida en la imagen y no así la de sus familiares. Las tomas se solían retocar a mano usando distintos tintes para dar color a la mejilla del difunto o pintando los ojos sobre los párpados cerrados.
  • Simulando estar dormido. El difunto reposa en una cama, acostado en un sofá o incluso reclinado en un sillón o sobre algún familiar. Por lo general este tipo de fotografías se realizaba con los niños. Se les toma como si estuvieran descansando, y en un dulce sueño del cual se supone que despertarían. En algunos casos los padres los sostenían como acunándolos para aportar naturalidad a la toma.
  • Sin simular nada. Se les fotografiaba en su lecho de muerte, o incluso en el féretro o ataúd, a veces en una capilla. En este tipo de tomas se agregaban flores como elemento ornamental, que no existían en el resto de las fotografías post mórtem. Ese tipo de fotografías también se les tomaban a los niños.
La figura del niño muerto ha sido objeto de culto en las diferentes culturas que existen, ya desde la antigüedad. Este tipo de culto ha variado dependiendo de la época y la cultura con la que tratemos, pero en muchas de ellas era normal que a los niños se los enterrase con juguetes u objetos de uso cotidiano, y se les otorgase un lugar privilegiado debido a su “inocencia”. En la Europa medieval, además de monumentos funerarios, se colocaban epitafios con notas biográficas y frases que expresaban la pesadumbre y el deseo de perpetuar la memoria del niño muerto, invitándolo a tomar su lugar en el coro de ángeles. Por eso, en las fotografías post mórtem de niños, a partir del siglo XIX, a los niños se les llamó “angelitos”.
Debido el alto índice de mortalidad infantil de dicha época, siglo XIX, la mayor parte de cuyos fallecimientos se debieron a los escasos recursos médicos en esos tiempos, así como las condiciones de pobreza y miseria en los que en muchos casos vivían, existe una importante cantidad de fotografías post mórtem de niños, o fotografías de “angelitos”, como se las llamaba. Era normal que una familia común sumase entre 8 y 10 hijos, de los cuales, debido a las condiciones precarias en las que veces vivían, solían fallecer la mitad. Tomando en cuenta ese contexto, las fotografías de los niños fallecidos junto a sus padres y/o hermanos, o simplemente el niño muerto, estaban comprensiblemente aceptadas.
Con la llegada de la fotografía instantánea, decreció la demanda de retratos post mórtem poco a poco. Si en un principio un retrato o una fotografía podía ser algo excepcional en el seno de una familia, con la fotografía instantánea, que requería menor exposición y resultaba mucho más barata, esto era algo que estaba casi al abasto de cualquiera, por lo que la gente empezó a retratar más momentos de la vida, y recuerdos mucho más alegres. ¿Quién podía desear tener la foto de un familiar muerto, cuando podía tener un retrato de momentos más felices compartidos junto a él? A medida que la práctica de la fotografía post mórtem iba cesando y desapareciendo en gran medida en los llamados países occidentales (entiéndase Europa y Norteamérica), poco a poco empezó a ser visto como algo vulgar, morboso, sensacionalista e incluso con ciertos tintes terroríficos o macabros.
Este hecho, este cambio de actitud llama la atención si tenemos en cuenta el marcado contraste de belleza, sensibilidad y serenidad percibida y transmitida en la tradición fotográfica post mórtem más antigua, que en el fondo no reflejaba nada más que el intento de hacer pervivir en la memoria el recuerdo de un ser querido.
Esto marca un cambio cultural y social que indica el malestar cada vez más amplio que genera el concepto de la muerte cuando ésta está cercana dentro del propio núcleo familiar. Se ha deshumanizado a la muerte, que actualmente está presente constantemente en la prensa, la televisión o el cine, mientras que antiguamente se la solía humanizar. Los seres queridos solían morir cerca de los suyos, en su propia cama, mientras que ahora mueren alejados de su hogar o núcleo familiar, en camas ajenas que pertenecen a un hospital o un centro geriátrico. La diferencia cultural entre la vida y la muerte queda así patente en este nuevo siglo frente a siglos anteriores.
Más allá de todo esto, y hablando del retrato memorial, que ya no post mórtem, en la actualidad algunas funerarias continúan ofreciendo la posibilidad de la fotografía memorial, aunque al contrario que en otros tiempos, éstas son fotos hechas del difunto cuando aún estaba en vida. En este caso, puede limitarse a una simple foto, o a un álbum fotográfico mostrando y recogiendo parte de la vida del difunto. Del mismo modo, algunas funerarias ya ofrecen la posibilidad de pegar un código QR en la tumba de un fallecido, de modo que éstos códigos, vía móvil, nos pueden conducir a enlaces que recogen imágenes o videos donde se muestra imágenes del fallecido cuando vivía, así como escenas de su vida.
Las fotografías post mórtem ha pasado a engrosar también la obra de varios artistas contemporáneos, que intentan implicar ciertos mensajes e intenciones en su obra. Desde la controvertida serie “Cadáver” del fotógrafo estadounidense Andrés Serrano, que presenta fotografías de víctimas de muerte violenta en forma de retratos embellecidos, pasando a las fotografías de tabloide del mexicano Enrique Metinides, conocido por sus austeras fotografías de la, a menudo, espantosa vida en la Ciudad de México, con documentos de víctimas mortales en la escena del crimen, con una estética de composición que ha hecho que su obra haya sido expuesta en respuesta a la crítica positiva en galerías de todo el mundo, pasando por otros artistas como el estadounidense Joel-Peter Witkin, o el irlandés Maeve Berry, que encuentra un compromiso estético mediante la captura de las brasas de los cuerpos en el crematorio funeral, y muchos otros.
FUENTE: http://janonomar.blogspot.mx/

Los anillos mágicos y sus poderes místicos.

Los tesoros no tienen porque siempre ser obscenas cantidades de oro o montañas de piedras preciosas. Un tesoro también puede ser un objeto muy valorado por la energía o poder que representa, como el Arca de la Alianza, la Lanza del Destino, la espada de Nuada, el Santo Grial, o algo aún más pequeño: un precioso anillo con poderes mágicos.

El anillo del rey Salomón 

La tradición cuenta que el poder mágico del célebre y sabio rey hebreo radicaba en un anillo que le habría sido entregado —según el apócrifo Testamento de Salomón— por el mismísimo Arcángel Miguel. Gracias a él, Salomón consiguió dominar el mundo de los espíritus y subyugar a demonios con los que pudo llevar a cabo la gran empresa de construir el Templo de Jerusalén. El monarca buscaba consejo en la poderosa joya, que le revelaba todo lo que quería saber de lo humano y lo divino. Un día Salomón se quitó el anillo para bañarse y una fuerte ráfaga de viento arrastró el pequeño objeto a las aguas del río Jordán. Para suerte del rey, un pescador lo encontraría poco tiempo después en las entrañas de un pez y se lo regresaría.

La historia del anillo tras la muerte del rey es un completo misterio. Existe una leyenda talmúdica que asegura que el anillo se perdió en las aguas del mar, que nunca más volvería a ser visto, hasta poco antes del fin del mundo. Pero otra posibilidad es que fuera guardado en el Templo construido por Salomón y que tras su destrucción fuera llevado a Babilionia entre los tesoros saqueados, junto a posiblemente el Arca de la Alianza. Quienquiera que encuentre el precioso objeto —reza la leyenda— se volverá el indiscutido rey del mundo.

El anillo protector de Howard Carter 

Howard Carter es el célebre arqueólogo y egiptólogo inglés mundialmente conocido por descubrir en 1922 la tumba del rey Tutankamón. Cuando la presunta «maldición» del faraón comenzó a cargarse a aquellos que osaron profanar se tumba, uno de los principales argumentos en contra de la existencia de tal superstición fue —y es— que el propio Carter no fue afectado por la misma. Pero podría haber una increíble razón para que la maldición se salteara al arqueólogo.

Se dice que Carter llevaba consigo un anillo encontrado en la tumba de un sacerdote llamado Jua, en Asuán, Egipto. El anillo fue comprado en 1860 por el egiptólogo marqués d’Agrain. El objeto tenía figuras geométricas grabadas, tales como líneas rectas y triángulos, ordenadas de acuerdo a principios del conocimiento esotérico. Se suponía que el diseño protegía a su portador de peligros, maldiciones y magia negra.

Hoy en día es conocido como «el anillo de Ra» y se cree que originalmente fue ideado —en base a principios radiónicos— por los sabios de la Atlántida, tierra mítica desde donde habrían procedido los primeros «dioses» y «semidioses» que gobernaron el Egipto predinástico en tiempos inmemoriales.

Carlomagno y el anillo encantado 

El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella…

El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. Ni bien el anillo estuvo en manos del clérigo, el bello cuerpo de la muchacha comenzó a descomponerse rápidamente. Ante esta situación, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y —delatándose el poder mágico del anillo— volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza. Carlomagno entonces se enamoró del lago Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas.

El anillo del Kan de Kanes 

Los historiadores siempre se han preguntado cómo un hombre carente de educación fue capaz de unificar a las tribus nómadas del norte de Asia, fundando el primer Imperio mongol que, tras innumerables conquistas militares se convertiría eventualmente en el imperio contiguo más extenso de la historia. Algunos piensan que el inmenso poder del Kan provenía de un enigmático anillo decorado con un rubí. Pero no era una piedra preciosa cualquiera la que coronaba el anillo, grabado en ella había un símbolo místico hindú que muchos han asociado con Hiperbórea, el continente perdido.

El símbolo en cuestión es la esvástica destrógira o cruz fylfot, la cual se cree, en el hinduismo y otras religiones antiguas, tiene efectos positivos. A principios del siglo XX el nazismo adoptó la cruz esvástica como emblema y ―a raíz de la Segunda Guerra Mundial― en Occidente se identifica mayoritariamente como un símbolo exclusivamente del Tercer Reich, desconociéndose prácticamente su uso prenazi. En cuanto al anillo, los arqueólogos y políticos lo siguen buscando en la actualidad. Se cree que su último portador fue Kublai Kan, el nieto de Gengis.

FUENTE: http://mysteryplanet.com.ar/

Víctima de una posesión pide ayuda después de fotografiar una mano demoníaca en su habitación.

Hay algo mucho pero que una casa con fantasmas, una casa infestada de demonios. Un demonio es un considerado como una entidad inhumana. A diferencia de los espíritus, las entidades demoníacas pueden ser extremadamente fuertes. Aunque la mayoría de las historias que se derivan de la religión, el folclore, la mitología y el ocultismo describen un demonio como “espíritu malévolo”, muchos expertos en el tema aseguran que estas entidades son “espíritus inmundos”.

Y la realidad es que son muchas las personas en todo el mundo que han sido sometidos a lo que se ha identificado como una obsesión demoníaca. Sobre la base de las experiencias que estos individuos han experimentado, se han identificado muchos signos de una presencia demoníaca.

Y cuando esto ocurre, la víctima puede experimentar la posesión por un demonio. Esto significa que su cuerpo y su mente ha sido “invadida” por al menos una entidad demoníaca y que carecen de control sobre su mente y su cuerpo. Ambas situaciones, combinadas con las señales de la presencia demoníaca puede convertirse en una pesadilla para la vida de un individuo, así como la de todos aquellos que están a su alrededor. En realidad, el verdadero propósito e intención de un demonio es seducir a los seres humanos de una forma u otra para engañarlos. Algunos investigadores creen que hay una batalla constante de naturaleza espiritual en nuestra realidad.

Debido a este conflicto, cualquier persona tiene el potencial de ser poseído por una entidad demoníaca. Como le ha ocurrido a una persona de Illinois, Estados Unidos, una víctima de posesión demoníaca que ha conseguido fotografiar una aterradora garra en la puerta de su dormitorio.

La mano demoníaca

El suceso ha ocurrido en Carpentersville, una ciudad ubicada en el condado de Kane en el estado estadounidense de Illinois. Según ha informado el tabloide británico Daily Express, la víctima, que no ha sido identificada, solicitó la ayuda de investigadores paranormales después de que un cura católico se negara a practicar un exorcismo. La Mutual UFO Network está ahora investigando el suceso. MUFON, con sede en los EE.UU., es la mayor organización del mundo dedicada a la investigación OVNI, pero también reciben informes de otros supuestos hechos paranormales.

Debido a que se ha querido proteger a la víctima, los informes del MUFON no revelan si se trata de un hombre o de una mujer, o de su edad, la única información disponible es que es un habitante de Carpentersville, en Illinois. Pero lo más aterrador es la experiencia descrita por la víctima, que dice lo siguiente:

“No sé exactamente cómo describir lo que me está pasando, pero sé que necesito ayuda. Hay algo que está unido a mí y que no es humano. Ya ni recuerdo cuando se unió a mí. A medida que envejezco cada vez es más y más agresivo. Me despierto con grandes moretones y magulladuras a menudo con formas o patrones geométricos, sin embargo, esto no es lo que más me preocupa.”

Al parecer, las entidades demoníacas toman formas humanas que la persiguen durante la noche. Cuando se despierta y se levanta de la cama para investigar, siente como una fuerza invisible le empuja por las escaleras. Y lo más sorprendente es que hay muchas personas que han sido testigos de todos estos fenómenos. Pero ahora, la victima ha presentado una fotografía como la mejor prueba del infierno que está pasando.

Se trata de una gran huella de una mano inhumana “grabada a fuego” en la puerta de su dormitorio, seguida de otra exactamente igual en la pared sobre su cama. Por lo que la víctima se ha visto obligada a lijar tanto la puerta como la pared después de hacer las fotografías.

“Todo los que me conocen me han dicho que están preocupados por lo que me pueda ocurrir”, explicó la victima a los expertos del MUFON. “Sobre todo debido al riesgo de violencia. La gente está empezando a notar mis moretones inexplicables, arañazos, erupciones cutáneas, y en última instancia como enfermaba de repente e inexplicablemente en su presencia. Incluso alguna vez algunos de mis amigos también han sufrido daños físicos, como ser empujados en las escaleras o las puertas cerrándose delante de ellos. Todo esto se va y viene durante largos períodos de tiempo, pero una vez que se ha hecho presente, las cosas se ponen mal. Tengo muchos testigos que pueden dar fe de esto, y la única prueba que puedo dar son las fotografías. Tenía una gran huella de una mano inhumana grabada a fuego en la puerta de mi dormitorio en mi antigua casa, seguida de otra, exactamente igual en la pared al lado de mi cabecera. Tanto la puerta como la pared han tenido que ser lijadas.”

Por todos estos motivos, al fin la victima decidió solicitar ayuda a la Iglesia Católica, pero los curas se negaron a atender su caso porque su sola presencia les aterraba. También acudió a un psicólogo para hablar de “su problema”, con la esperanza que le declararan psicológicamente inestable. Pero para su decepción, le dijeron que estaba complemente sano y que lo que estaba pasando era muy real.

“Fui tan lejos como para pedir ayuda a la Iglesia Católica, que ni siquiera atendieron mi caso ya que parecían perturbados por mi presencia”, continuó explicando la víctima. “He encontrado la foto de mi familia cuando era un bebé boca abajo en mi tocador. Cuando la recogí para ponerla de nuevo en su sitio suponiendo que había caído por el viento, descubrí que mi cara había sido tachada. Le pregunté a todos en mi familia (abuelos, mi madre y tío) si habían sido ellos y nadie tenía idea de lo que estaba hablando hasta que se la mostré. Tengo miedo a dormir por la noche, porque entro en ataques de convulsiones y gritos. Y cuando me despiertan, no tengo ningún recuerdo de lo que ha ocurrido. También fui a un psicólogo para hablar de este problema, con la esperanza de que me dijeran que estoy loco, pero para mi decepción, me dijeron que estoy completamente en mi sano juicio y que lo que me está pasando es muy real.”

Gracias a la fotografía de la víctima, MUFON puede investigar este sorprendente caso, ya que la Iglesia Católica se ha negado. Esperamos  que, por el bien de esta persona, alguien pueda hacer algo para que tenga una vida normal y corriente. Pero por desgracia, son muchas las personas que están siendo víctimas de este tipo de ataques, y no tienen ningún tipo de ayuda.

FUENTE: http://www.mundoesotericoparanormal.com/

James Stewart y la Mano del Yeti.

El actor participó en una aventura de película a la caza del abominable hombre de las nieves durante un viaje con su esposa a India en 1959

Si mi padre estuviera vivo y le preguntaras si cree en la existencia del yeti, probablemente te diría que sí», me explicaba hace unas semanas la antropóloga estadounidense Kelly Stewart, experta en los gorilas de montaña. Sus progenitores, el actor James Stewart y su esposa, Gloria McLean, participaron en un extraordinario episodio tras los pasos del abominable hombre de las nieves. La aventura, de película, ocurrió a finales de los años 50, en la edad dorada de las expediciones al Himalaya, cuando el Gobierno nepalí otorgaba licencias de caza a quienes quisieran capturar al homínido a un precio de 400 libras por ejemplar.

«Fue en esa época cuando los cuentos populares se apoderaron de la imaginación del público en Occidente y cuando, sospecho, el folclore empezó a degenerar en falso folclore», apunta el primatólogo John Napier en su libro ‘Bigfoot, the yeti and sasquatch in myth and reality’ (Mito y realidad del bigfoot, el yeti y el sasquatch, 1973). Fueron los años en los que montañeros y exploradores fotografiaron huellas de enormes pies en la nieve del Himalaya y creyeron que los monjes budistas guardaban reliquias de un ser para ellos escurridizo. Uno de esos aventureros fue Tom Slick, un heredero texano obsesionado con el yeti.

Slick, cuyo padre había hecho fortuna con el petróleo, organizó en 1959 una expedición a Nepal para cazar al homínido y concluyó que la prueba definitiva de su existencia podía ser una mano que guardaban los monjes del monasterio de Pangboche. Pero los lamas no querían saber nada de ceder la reliquia para un estudio científico, ante lo cual Peter Byrne, su hombre de confianza, dio el cambiazo al pulgar y la falange proximal del índice por huesos humanos. Byrne pasó los restos de Nepal a India sin problemas; pero temía que los hubiera al sacarlos de este segundo país. Ahí entró en escena el matrimonio Stewart.

Encuentro en Calcuta

El actor estaba en India de viaje con su esposa y era amigo de Kirk Johnson, empresario petrolero y copatrocinador de la expedición de Slick. Byrne se encontró con él en el Grand Hotel de Calcuta y le dio los huesos para que los llevara a Reino Unido, ya que presumía que los agentes de aduanas no iban a molestar a una estrella de Hollywood. Acertó. Los restos del yeti volaron a Londres entre la ropa interior de la mujer del actor, según cuenta en el cazador de monstruos Loren Coleman, quien rescató esta historia del olvido en los años 80 mientras preparaba una biografía de Slick.

Los análisis de los restos de la mano de Pangboche realizados en 1960 y en 1991 por dos criptozoólogos -buscadores de seres legendarios- apuntan a que son parecidos a huesos humanos, pero no son humanos. Nada concluyente. Otras reliquias del yeti han resultado ser huesos de leopardo, piel de oso… Kelly Stewart carece de pruebas de que la historia ocurriera como han contado en sendos libros Byrne y Coleman, aunque añade que su «falta de información» no implica que no sucediera. «Me imagino a mi padre haciendo algo así», admite. Coleman asegura, por su parte, que tiene una carta del actor, fechada el 18 de junio de 1989, confirmando los hechos.

El dedo que no perdió el Yeti

Si la exposición de un museo cualquiera suele ser más que interesante, por simple lógica, los sótanos de un museo, con todos los fondos de éste, tienen que ser toda una aventura.

En el año 2008, alguien debía andar sudando la gota gorda en el Museo de Londres, concretamente en las bóvedas del Colegio Real de Cirujanos, reordenando un montón de cajas olvidadas, cuando fue a dar con una marcada por una etiqueta muy atractiva: “Animales de los que no se ha demostrado su existencia”.

Dentro de la caja todo un catálogo para la búsqueda del Yeti, modelos de huella en yeso, restos de pelo, excrementos y la joya de esta colección, un dedo de Yeti. La caja pertenecía al primatólogo inglés William Osman Hill.

En la década de los 50 el magnate americano Tom Slick, enriquecido gracias al petróleo, se obsesionó con el abominable hombre de las nieves y financió expediciones para certificar su existencia. Sobre el terreno lideró estas expediciones el también americano Peter Byrne.

Todos los indicios en la búsqueda del Yeti les llevaron al Monasterio de Pangboche, donde Byrne certificó que los monjes estaban en posesión de una mano de Yeti. Intentaron comprar la mano pero los monjes se mostraron temerosos de perder semejante tesoro argumentando que acarrearía la destrucción del santuario.

La existencia de la mano llegó a oídos de Hill, quien no tardó en contactar con Slick y unirse a este singular equipo. Se le exigió a Byrne que se hiciera con la mano por todos los medios. 100 libras a cambio de uno de los dedos de la mano fue el trato, pero la mano debía quedar intacta, por lo que tuvieron que sustituir el dedo que se llevaban por otro humano y maquillarlo para que no se notara el cambio.

El siguiente problema fue sacar el dedo del país. El mismísimo Byrne lo llevó a pie hasta la frontera con la India y los contactos de Slick hicieron posible el resto. El actor de Hollywood James Stewart se encontraba visitando Calcuta con su mujer. Ellos fueron la pieza clave en este curioso plan de contrabando. Gloria, la mujer de James Stewart, escondió el dedo en su maleta, oculto entre su ropa interior, y no tuvieron problemas para hacerlo llegar hasta Inglaterra.

Pero después de tanto trabajo la fiebre por la búsqueda del misterioso ser se enfrió, y toda la colección de muestras fue a parar a una caja en el sótano del Museo de Londres.

Volviendo a la época actual, tras la aparición del dedo en el año 2008, se le encargó un análisis genético al Doctor Rob Odgen de la Real Sociedad Zoológica de Escocia, quien ha demostrado que el hueso es humano.

“Hemos tenido que coserlas. Teníamos varios fragmentos que pusimos en una gran secuencia y entonces coincidieron con la base de datos y nos encontramos con ADN humano. No era demasiado sorprendente, pero obviamente era un poco decepcionante que no se hubiera descubierto algo nuevo. Humano era lo que esperábamos y justo humano es lo que tenemos”.

FUENTES: http://naukas.com/   http://www.lasprovincias.es/

La Pata de Mono.

La pata de mono (The monkey’s paw) es un cuento de terror escrito por W.W Jacobs en el año de 1902 el cual narra la historia de un hombre que encuentra una pata de mono que puede cumplir 5 deseos pero siempre trae con ellos consecuencias nefastas, Por ejemplo en la historia, el protagonista pide como primer deseo fortuna pero eso ocasiona que uno de sus familiares muera de forma trágica  Hay quieres afirman que Jacobs se baso en una leyenda africana para construir este famoso relato. Esta historia ha tenido tanto impacto que ha tenido muchas apariciones en la actualidad en programas como los Simpsons.

Cuenta la leyenda en la cual presuntamente se baso el libro que un antiguo explorador la encontró en la selva en un día de excursión y la recogió pensando que podría ser un amuleto de buena suerte hasta que se dio cuenta de sus verdaderos poderes…..

Una versión corta de la novela…

Cuenta la historia, que existe una Pata de Mono que puede cumplir 5 deseos, pero trae consigo consecuencias nefastas.

Hace mucho, un Hombre de nombre White y su familia, acogió a un misterioso Hombre que estaba buscando refugio de una molesta tormenta. Cuando White aceptó, el extraño empezó a narrar sobres sus historias y viajes, y entre ellas, les comentó una “Pata de Mono”, que era mágica y que llevaba consigo. El señor White se interesó en ella pensando que se trataba de un cuento, sin embargo, el Forastero dijo que puede conceder tres deseos, pero que tenia sus contrarias.

White, preguntó donde estaba aquel amuleto, así que el Forastero la sacó de su bolsillo y dijo que sus tres deseos se habían cumplido. Pasado un rato, White despidió al forastero pero antes de que se vaya, le rogó que le regalara la Pata de Mono. El Forastero aceptó sin antes advertirle otra vez, que le traería desgracias. Mientras White, su Esposa e Hijo pensaban sobre aquella “Pata”, la Mujer dijo que no les faltaba nada, tenían un buen hogar, familia y dinero, pero si habría algo que les caería bien, seria unos dos mil peniques para pagar la hipoteca de la casa. En ese momento, el señor White, tomó el amuleto y pidió como deseo, aquellos dos mil peniques.

Una vez hecho, no paso nada así que todos fueron a dormir. Al día siguiente, White y su familia seguían sin tener aquel deseo, así que se White se fue a trabajar. Cuando regresó a casa, encontró a su Mujer llorando y a un Oficial que le dijeron, que su Hijo había muerto en el trabajo. White, muy consternado pensaba que hacer hasta que el Oficial dijo que la empresa podía pagar algo que ellos aceptaran. Ambos dijeron dos mil peniques. Tras enterrar a su Hijo, la Esposa cambio drásticamente. Recorría la casa y la habitación de su Hijo constantemente. Un día, se acercó a su Esposo y le dijo que use la Pata de Mono para que reviva a su Hijo.

El señor White, en primera instancia no aceptó, pero la Mujer lo presionó, así que White aceptó y desearon que le entreguen a su hijo vivo. Tras ese momento, no sucedió nada extraño. Al llegar la noche, las luces de la casa se apagaron. El señor White, mientras iba a ver que sucedió, vio a un Ratón, luego se escuchó un ruido molesto por toda la casa. Ambos en silencio estaban, White decidió buscar un fósforo y nuevamente, retumbó el ruido otra vez, pero provenía de la puerta principal de la casa.

La Esposa, decía que era su Hijo Herbert, y que debía ir a la puerta para abrirle, sin embargo, White la detenía. Ella nuevamente, le insistía que su Hijo estaba vivo, que la necesitaba y debía ir al cementerio para liberarlo. Tras su discusión, nuevamente hubo otro ruido estruendoso y tras la persistencia de la Esposa, se liberó huyendo de la alcoba. White buscaba la Pata de Mono mientras ella trataba de abrir los seguro de las puertas, mientras continuaba incandescente aquel ruido misterioso y molesto. Muy temeroso y en voz baja, el señor White pidió el tercer y último deseo. Los ruidos cesaron de inmediato quedando la casa, en absoluto silencio.

FUENTE: http://www.unmitocorto.com